“Saca Primero la Viga de Tu Propio Ojo”

Moisés Pinedo

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano (Mateo 7:1-5).

Mateo 7 es parte de uno de los discursos más populares de nuestro Señor, conocido como el Sermón del Monte (capítulos 5-7). Lamentablemente, en muchas ocasiones aquellos que tienen vidas cuestionables usan el primer versículo de este capítulo para excusar sus acciones al sugerir que Jesús estaba condenando toda clase de juicio en absoluto. La idea es que solamente Dios es el Juez, y ya que nadie está en la posición de Dios, entonces nadie tiene el derecho de juzgar a nadie.

Aunque es cierto que Dios es el Juez absoluto y final de cada alma humana (Hebreos 12:23), y que nadie está en la posición de Dios (Génesis 50:19), no es cierto que Jesús estaba condenando toda clase de juicio. En cambio, estaba condenando el juicio severo, irreflexivo y farisaico. Jesús no solamente aprobó el juicio justo en otros pasajes, sino también lo requirió (Juan 7:24; cf. 1 Corintios 5:3). Mateo 7 es otro ejemplo de esta demanda de justicia y juicio. La declaración de Jesús no termina con “No juzguéis, para que no seáis juzgados”, y por ende, no se debe utilizar este enunciado como un “absoluto” al descartar su contexto.

El enunciado “saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (vs. 5), aclara el hecho que Jesús quiere que Sus siervos corrijan primero sus propias faltas para que estén capacitados para corregir a otros. Jesús no estaba excusando la “paja” del ojo del hermano; esa paja todavía debía ser quitada. Pero quería que el que intentaba remover la paja analizara su vida para detectar cualquier falta espiritual que primero debía ser removida (cf. Romanos 2:1,3)—en algunos casos, una falta mayor (la viga) que hiciera que el juzgador cayera en hipocresía. Sin embargo, la emisión del juicio no requería perfección absoluta, sino inocencia general (cf. Gálatas 6:1).

En conjunto, este capítulo condena el juicio hipócrita, pero demanda que el cristiano sea juicioso para analizar: (1) sus propias faltas—vss. 1-5, (2) a los demás—vs. 6, (3) la bondad del Padre—vss. 7-11, (4) sus acciones ante su prójimo—vs. 12, (5) su camino—vss. 13-14, (6) la verdad—vss. 15-20, (7) su religión—vss. 21-23, y (8) su disposición—vss. 24-27. ¡“[J]uzgad con justo juicio” (Juan 7:24)!