Respuestas a Supuestas Contradicciones en cuanto a Jehová en Génesis

Supuestas contradicciones en cuanto a Dios en el libro de Génesis

Los atributos y las acciones infinitas de Dios no son un asunto trivial. De hecho, el hombre nunca pudiera meditar en ninguna cosa más importante. Como lo hizo Pablo, nosotros nos maravillamos delante de la “¡…profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33). Nos asombramos de Su eternidad. Tememos al pensar en Su omnipotencia. Nos humillamos ante Aquel que conoce cada uno de nuestros pensamientos. Como David reconoció, “[t]al conocimiento es demasiado maravilloso para mí” (Salmos 139:6). Hablando experimentalmente, como seres finitos, nunca podremos ser capaces de entender completamente las maravillas de Dios. Jehová mismo dijo: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos… Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9). Sin embargo, estamos agradecidos de que Dios escogió revelarnos ciertas cosas en cuanto a Él (cf. Deuteronomio 29:29; 1 Corintios 2:10-16), lo cual, tanto como sea humanamente posible, podemos llegar a conocer. Él es amor (1 Juan 4:8). Es lógico (1 Corintios 14:33). Es justo (Hechos 10:34-35). Es digno de alabanza, honor y obediencia (Salmos 18:3; Mateo 10:34-39). Es todo lo que Su Palabra inspirada revela que es.

No obstante, frecuentemente los críticos de la Biblia citan pasajes de la Escritura como “prueba” de la falibilidad bíblica y de la descripción contradictoria que los escritores supuestamente presentan en cuanto a Dios. En su debate de 2009 con Kyle Butt sobre la existencia de Dios, el ateo Dan Barker empleó casi dos tercios de su discurso de apertura de 15 minutos listando 14 supuestas “inconsistencias” entre los versículos que aluden a varias características y acciones de Dios. Cuatro de esas 14 inconsistencias fueron del libro de Génesis (Butt y Barker, 2009). En su libro titulado Falibilidad Bíblica, Dennis McKinsey empleó 44 páginas listando numerosas acusaciones contra Dios y los enunciados bíblicos en cuanto a Él. Dieciséis de esas 44 páginas hacen referencia a un total de 37 pasajes problemáticos en el libro de Génesis (McKinsey, 2000, pp. 133-177). En su sitio Web que intenta exponer la Biblia y a Dios como fraudes, R. Paul Buchman listó 83 “contradicciones” que involucran la “Naturaleza de Dios” y 142 acerca de las “Leyes de Dios” (2011). Cincuenta y un veces hizo referencia a Génesis.

Muchos son los que declaran que la Biblia presenta una descripción inexplicable y paradójica de Dios. Pero cuando se examina las Escrituras honestamente y cuidadosamente, se puede mostrar que todos estos criticismos contra el Creador y Su Palabra son simplemente entendimientos erróneos o contradicciones manufacturadas. Considere algunas de las acusaciones más comunes contra Jehová en el libro de Génesis.

¿REALMENTE CONOCE JEHOVÁ TODO?

Muchos pasajes de la Escritura enseñan que Dios es omnisciente. La Biblia declara que Dios “conoce los secretos del corazón” (Salmos 44:21), que los “ojos de Jehová están en todo lugar” (Proverbios 15:3) y que “su entendimiento es infinito” (Salmos 147:5). El salmista también escribió acerca de Jehová:

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda... Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás (139:1-4,6-8).

El Nuevo Testamento reitera esta verdad, diciendo: “[M]ayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas” (1 Juan 3:20, énfasis añadido). “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). Él no solamente conoce el pasado y el presente, sino también el futuro (Hechos 15:18; cf. Isaías 46:10). No hay nada fuera del conocimiento de Dios.

Algunos se han preguntado: “Si Dios conoce (y ve) todo, ¿por qué hay algunos enunciados en la Escritura que parecen indicar lo contrario? ¿Por qué Dios preguntó a Caín en cuanto al paradero de su hermano Abel si Él sabía dónde estaba (Génesis 4:6)? ¿Por qué el Señor y dos ángeles preguntaron a Abraham en cuanto a la ubicación de su esposa si Él es omnisciente (Génesis 18:9)? Y si Dios conoce todo y ve todo, ¿por qué dijo a Abraham en cuanto a Sodoma y Gomorra: “[D]escenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré” (Génesis 18:21, énfasis añadió; cf. Génesis 22:12)? Si Dios es omnisciente, ¿por qué necesita “ir” a algún lugar y “ver si” la gente es impía o no? ¿Realmente conoce Dios todo?

Primero, cuando los críticos reclaman que las preguntas que Dios hizo a Caín o Sara (o a Satanás—cf. Job 1:7; 2:2) sugieren que el conocimiento de Dios es limitado, suponen que se hacen todas las preguntas con el propósito de obtener información. Sin embargo, el sentido común enseña que se hacen algunas preguntas con otros propósitos. ¿Debemos suponer que el Creador del cielo y la Tierra ignoraba el paradero de Adán cuando le preguntó: “¿Dónde estás tú?” (Génesis 3:9)? Al comienzo del discurso de Dios a Job, Dios le preguntó: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?” (Job 38:4). ¿Debemos creer que Dios no sabía dónde estaba Job cuando Él creó el mundo? ¡Ciertamente no! Ningún padre, después de haber visto que su hijo golpeara la puerta de su auto, implicaría ignorancia al preguntar: “¿Quién hizo eso?”. Obviamente, el padre no hace la pregunta para obtener información, sino para que el hijo admita algo que el padre sabía desde el principio. Si el dueño de un perro, quien viene del trabajo y ve que el forro de su sofá ha sido destrozado, trae a su perro y dice, “¿Hiciste tú eso?”, ¿debemos pensar que el dueño realmente estaba haciendo esa pregunta para obtener información?

En algunas ocasiones, Jesús usó preguntas con el mismo propósito. Cuando preguntó a los discípulos de los fariseos y a los herodianos concerniente a la imagen en una moneda particular, claramente no fue porque no lo sabía (Mateo 22:15-22). De igual manera, cuando preguntó a la multitud que le apretaba, “¿Quién es el que me ha tocado?” (Lucas 8:45), no fue porque la mujer que le había tocado estaba escondiéndose de Él (Lucas 8:47). Jesús sabía que la mujer fue sanada al tocar el borde de Su manto, antes que la mujer confesara que le había tocado (Marcos 5:32). Por ende, Su pregunta tuvo el propósito de enfatizar la gran fe de la mujer y el poder de Dios (Marcos 5:34). De ninguna manera las preguntas que Dios hace indican que Él no sea divino.

¿Qué acerca del enunciado de Jehová a Abraham que Génesis 18:21 registra? ¿No sabía Dios el estado de Sodoma y Gomorra antes de la visita de Sus mensajeros (Génesis 18:22; 19:1-29)? ¿Tuvo que llegar a “saber” si los habitantes de esas dos ciudades eran tan malos como algunos habían dicho? Desde luego que no. Realmente, Moisés y otros escritores de la Biblia usaron las frases “lo sabré” (Génesis 18:21) y “ya conozco” (Génesis 22:12) con referencia a Dios para el beneficio del hombre. Por toda la Biblia, se atribuyen acciones humanas (tales como saber o aprender) frecuentemente a Dios con el propósito de ayudar a los seres finitos a entenderle mejor. Se conoce a esta clase de lenguaje como antropomorfismo (que significa “forma de hombre”). Cuando “descendió Jehová para ver la ciudad y la torre” construida en Babel (Génesis 11:5), no fue con el propósito de obtener conocimiento. Las expresiones antropomórficas como estas no significan que Dios no sepa completamente todo. En cambio, como en el caso de Babel, se usó tal expresión para mostrar que Él estaba “observando y considerando oficialmente y judicialmente la situación en una forma directa, ya que había llegado a ser tan flagrante que existía el peligro (como en el tiempo de Noé) que la verdad de la revelación de Dios fuera completamente destruida si se permitía que la maldad continuara” (Morris 1976, p. 272). El Todopoderoso visitó Sodoma y Gomorra probablemente “por el bien de la apariencia, para que el hombre pudiera saber directamente que Dios realmente había visto la situación completa antes de actuar en juicio” (p. 342). Como Jamieson, Fausset y Brown señalaron en su comentario sobre Génesis, “[e]stas ciudades debían ser ejemplos de la severidad de Dios para todos los tiempos venideros, y por tanto se presenta prueba amplia que el juicio no fue precipitado ni excesivo (Ez. 18:23; Jer. 18:7)” (1997).

Así como Dios nos instruye a orar y hacerle “conocer” nuestras peticiones con el fin de que seamos beneficiados (Filipenses 4:6), incluso cuando Él realmente conoce nuestras oraciones y necesidades antes que le pidamos (Mateo 6:8), el Dios que conoce todas las cosas algunas veces también habla en lenguaje adaptado como si obtuviera conocimiento para nuestro beneficio.

¿SE DIO A CONOCER EL NOMBRE “JEHOVÁ” A LOS PATRIARCAS?

Los escépticos no solamente critican la enseñanza bíblica en cuanto al conocimiento de Dios; también critican lo que la Escritura dice que el hombre ha sabido en el pasado (por medio de la revelación de Dios). ¿Puede imaginar que un amigo al cual ha conocido por años dijera que usted no le conoce? Usted pensaría que este amigo se ha convertido en un mentiroso o un lunático si él indicara que usted no conoce su nombre, incluso cuando usted le ha conocido por muchos años. Los escépticos igualmente dicen que debería indignarnos que Dios diga que Abraham, Isaac y Jacob no le conocieron por Su nombre, incluso cuando el libro de Génesis indica que sí lo hicieron.

Después que Moisés visitó a Faraón concerniente a la liberación de los israelitas, Dios aseguró a Moisés que los israelitas serían liberados. Luego añadió: “Yo soy Jehová. Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos” (Éxodo 6:2-3, énfasis añadido). El problema que los estudiantes de la Biblia tienen con este enunciado es que el nombre “Jehová” (hebreo Yahweh; traducido “Señor” en la mayoría de versiones modernas) aparece aproximadamente 160 veces en el libro de Génesis. Además, se usa más de 100 veces el nombre “Jehová” en los capítulos 12-50 de Génesis (los cuales lidian con la familia de Abraham, Isaac y Jacob).

Génesis 22:14 dice que, después que Dios proveyó un carnero para que Abraham sacrificara (en vez de a su hijo, Isaac) en el Monte Moriah, “llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto” (énfasis añadido). Años después, Isaac preguntó a su hijo Jacob (quien estaba engañando a su padre con la esperanza de recibir su bendición), “¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí” (Génesis 27:20, énfasis añadido). ¿Cómo pudo decir Dios a Moisés que “en mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos” (Éxodo 6:3), si Abraham, Isaac y Jacob conocían bien el nombre de Jehová, e incluso lo usaron en sus conversaciones? ¿Es Dios un mentiroso? ¿Se contradice la Biblia en este punto? ¿Qué respuesta razonable se puede dar?

No se puede negar el hecho que Abraham, Isaac y Jacob conocieran el nombre de Dios, Jehová (Yahweh) [cf. Génesis 15:7; 22:14; 24:50,51; 26:22; 27:20; 49:18; etc.]. Como John J. Davis escribió, “en el libro de Génesis...se introduce el nombre Yahweh en una manera que impide pensar que se use anticipadamente, o que sea algo diferente a un relato correcto del incidente y del término real empleado” (1963, 4[1]:34). Basados en el número de veces que la palabra (Yahweh) aparece en Génesis, y las muchas maneras en las cuales se usa, incluyendo como una parte de nombres compuestos que tienen significados específicos (e.g., Jehová-jireh, que significa “Jehová proveerá”), no es razonable argumentar que los patriarcas de Génesis no conocían el nombre de Jehová. Así que, ¿cuál es la respuesta a este supuesto problema?

Aunque los críticos de la Biblia y los incrédulos puedan mofarse de cualquier intento de explicar este pasaje difícil, el cual ellos creen que es irresoluble, lo cierto es que existe una explicación lógica. Las expresiones “conocer el nombre de Jehová” o simplemente “conocer a Jehová” frecuentemente significan más que simplemente tener conciencia de Su nombre o existencia. “Conocer” (de la palabra hebrea yada) a menudo significa “conocer por experiencia”. La Biblia revela que cuando Samuel era un niño, “ministraba en la presencia de Jehová” (1 Samuel 2:18; 3:1) e “iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres” (2:26). Pero después leemos que “Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada” (1 Samuel 3:7, énfasis añadido). En un sentido, Samuel “conoció” a Jehová desde temprano, pero comenzando desde 1 Samuel 3:7, su relación con Dios cambió. Desde ese punto en adelante, comenzó a recibir revelaciones directas de Dios (cf. 1 Samuel 3:11-14; 8:7-10,22; 9:15-17; 16:1-3; etc.). Al comparar esta relación nueva con Dios a su relación previa y su conocimiento de Él, el autor de 1 Samuel pudo decir razonablemente que antes “Samuel no había conocido aún a Jehová” (3:7).

Según Gleason Archer, la frase “conocer que yo soy Jehová” (o “conocer el nombre de Jehová”) aparece en el Antiguo Testamento al menos 26 veces, y “en cada caso significa aprender por experiencia real que Dios es Yahweh...” (1982, pp. 66,67). Solamente en el libro de Éxodo, la expresión “conocer” (yada) aparece cinco veces en relación a Jehová, y “[e]n cada caso sugiere un conocimiento por experiencia de la persona y el poder de Yahweh. En cada caso el conocimiento de Yahweh está conectado con alguna obra u acto de Yahweh que en alguna manera revela Su persona y poder” (Davis, 4[1]:39). Por ejemplo, en el mismo pasaje que ha causado tanto criticismo, Dios declaró: “[O]s tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto” (Éxodo 6:7, énfasis añadido). Luego, después que Dios envió las diez plagas sobre los egipcios (Éxodo 7:14-12:30), dividió el Mar Rojo (Éxodo 14) y milagrosamente convirtió el agua amarga en agua dulce (Éxodo 15:22-25), dijo a Moisés: “Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios” (Éxodo 16:11-12, énfasis añadido). Después de varias semanas, Dios dijo a Moisés en el Monte Sinaí: “Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo Jehová su Dios” (Éxodo 29:46, énfasis añadido). ¿No sabían los israelitas Quién era Jehová para este tiempo? Sin duda, si sabían. “Ellos ya le habían conocido como libertador; ahora le conocerían como su proveedor” (Davis, 4[1]:39).

Note también lo que Isaías profetizó siglos después del tiempo de Moisés.

Y ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día. Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente (Isaías 52:5-6, énfasis añadido).

Más de 100 años después, posteriormente a la entrada de Judá a la cautividad babilónica, Dios predijo su regreso a Judea y les habló por medio del profeta Jeremías, diciendo: “Por tanto, he aquí les enseñaré esta vez, les haré conocer mi mano y mi poder, y sabrán que mi nombre es Jehová” (Jeremías 16:21, énfasis añadido). ¿Debemos entender por estos enunciados que Israel y Judá ignoraban el nombre de Dios (Jehová) antes de ese tiempo? No. Obviamente, la expresión “conocer (o no conocer) el nombre de Jehová” significa algo más. Esta es una frase hebrea que “generalmente expresa el conocimiento de algún acto particular o atributo de Yahweh revelado en Su relación con el hombre” (Davis, 4[1]:40; vea también Bullinger, 1898, p. 554). Incluso en tiempos modernos es posible que alguien conozca el nombre y oficio de una persona sin realmente “conocer” a la persona (o entender su oficio).

Es verdad que a primera vista Éxodo 6:3 parece contradecir lo que el libro de Génesis enseña acerca del conocimiento de los patriarcas concerniente al nombre Jehová. No obstante, el problema desaparece cuando nos damos cuenta que la expresión hebrea “conocer” (y especialmente “conocer” un nombre) frecuentemente significa más que un reconocimiento de una persona. Abraham, Isaac y Jacob conocieron a Dios como Creador y Gobernante del Universo. Pero no fue sino hasta siglos después que se llegó a conocer el significado completo del nombre Jehová a través del cumplimiento de la promesa de Dios hecha a estos patriarcas al liberar a la nación israelita de la esclavitud egipcia.

¿TENTÓ JEHOVÁ A ABRAHAM?

Uno de los pasajes más criticados a través de los siglos en el libro de Génesis ha sido el capítulo 22. En años recientes, el crítico implacable Dan Barker ha declarado que “sabe” que el Dios de la Biblia no existe porque “hay características y/o propiedades incompatibles de Dios en este libro [la Biblia—EL] que descartan la posibilidad de Su existencia”. Una de las escrituras que Barker frecuentemente cita como prueba de la supuesta descripción inconsistente de la Biblia en cuanto a Dios es el versículo uno de Génesis 22 (Barker, 1992, p. 169; Barker, 2008, p. 230; Butt y Barker, 2009). Según la Reina Valera Antigua, Génesis 22:1 afirma que “tentó Dios a Abraham” para sacrificar a su hijo Isaac. Pero ya que Santiago 1:13 dice, “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie” (énfasis añadido), Barker insiste que Dios es como un soltero casado o un círculo cuadrado—Él no puede existir lógicamente

Si Génesis 22:1 realmente enseñara que Dios tentó a Abraham para cometer maldad y pecado, entonces el Dios de la Biblia sería un “círculo cuadrado”, i.e., una contradicción lógica. Pero lo cierto es que Dios no tentó a Abraham para hacer el mal. Barker formuló su argumento basado en la versión inglesa King James (que, así como la RVA, también traduce “tentar” en Génesis 22:1) y en solamente un significado de la palabra hebrea nissâ en Génesis 22:1. Aunque la palabra puede significar “tentar”, los primeros dos significados que Brown, Driver y Briggs ofrecen para nissâ en su Léxico Hebreo e Inglés del Antiguo Testamento es “probar, poner a prueba” (1993). De la misma manera, el Léxico Teológico del Antiguo Testamento (1997) define la palabra simplemente como “probar” (Jenni y Westermann, 1997, 2:741-742). El Diccionario Teológico del Antiguo Testamento concuerda en que se traduce mejor nissâ, sea en contextos seculares o teológicos, como “probar” (Botterweck, et.al., 1998, 9:443-455). Por esta razón, casi todas las traducciones recientes, incluyendo la VRV1960, la LBLA y la NIV, traducen Génesis 22:1 usando el término “probar”, no tentar.

Cuando David usó la armadura del Rey Saúl antes de luchar contra Goliat, el pastor dijo: “Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué (nissâ)” (1 Samuel 17:39, énfasis añadido). Obviamente el significado no es que David nunca había “tentado” a la armadura; él simplemente no había probado o usado previamente la armadura de Saúl. Dios guió a Israel durante 40 años de vagancia en el desierto para probarles (Deuteronomio 8:2), no para tentarles al pecado. Note también el contraste en Éxodo 20:20 entre (1) la prueba de Dios para el hombre y (2) la provocación al pecado. Después de dar los Diez Mandamientos a los israelitas, Moisés dijo: “No temáis; porque para probaros (nissâ) vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis” (Éxodo 20:20, énfasis añadido). Si se usara el razonamiento de Barker que indica que nissâ significa “tentar”, sin tener en cuenta el contexto, entonces se tuviera que interpretar que el versículo en Éxodo significa que Dios tentó a los israelitas a pecar, para que no pecaran—lo cual es una interpretación absurda.

Si se interpreta la Biblia, o cualquier otro libro, sin pensar que las palabras tienen una variedad de significados y que se pueden usar en sentidos diferentes, es imposible llegar a una interpretación racional. Muchas supuestas contradicciones se explican fácilmente al solo entender que las palabras se usan en maneras diferentes (como se las usan en el tiempo presente). ¿Se debe entender una palabra literalmente o figurativamente? ¿Debe el término en un lugar significar la misma cosa cuando se encuentra en otro contexto, o puede tener significados diferentes? Si los que hablan en español pueden hacer referencia a “salir volando” de un lugar cuando realmente salen corriendo, ¿por qué es difícil que la gente entienda las maneras diferentes en que se usaron las palabras en los tiempos bíblicos? ¿Pudiera ser que algunos críticos de la Biblia (como Barker) simplemente están predispuestos a interpretar la Biblia injustamente? La evidencia revela que esto es exactamente lo que está pasando.

En vez de contradecir a Santiago 1:13, Génesis 22:1 realmente concuerda perfectamente con lo que Santiago escribió cerca del comienzo de su epístola: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (1:2-4, énfasis añadido). Al instruir a Abraham a sacrificar a su hijo prometido (cf. Hebreos 11:17), Dios dio a Abraham otra oportunidad de probar su lealtad ante Él, mientras que Abraham usó esa prueba simultáneamente para continuar desarrollando una fe más completa y madura.

VER A JEHOVÁ “CARA A CARA”

Otros ataques que los escépticos han cometido contra Dios, Génesis y los escritores inspirados, implican las teofanías de Dios. Por todo el libro de Génesis, Moisés registró que Jehová “apareció” al hombre varias veces. Apareció a Abraham cuando él tenía alrededor de 75 años de edad (12:7). Se le apareció otra vez algo de 25 años después (17:1). Antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, Dios apareció a Abraham en Mamre (18:1). El Señor también apareció a Isaac y Jacob (26:2; 26:24; 35:9). En Génesis 32:30, después de pelear con Dios, Jacob incluso declaró: “Vi a Dios cara a cara” (énfasis añadido). Tales apariciones de Jehová en Génesis han causado que algunos cuestionen la exactitud de la Biblia, y en particular del libro de Génesis (Wells, 2012). ¿Cómo pudo Dios aparecer al hombre, y hablar con él “cara a cara”, si es que otros pasajes bíblicos claramente enseñan que no se puede ver el rostro de Dios (Éxodo 33:20-23; Juan 1:18; 1 Juan 4:12)?

Aunque en la actualidad las palabras se usan comúnmente en muchos sentidos diferentes (e.g., caliente, frío, terrible, extraño), los críticos de la Biblia han descartado la posibilidad que los términos en los pasajes previos se usen en sentidos diferentes. Lo cierto es que a través de la Escritura frecuentemente se usan las palabras de maneras diferentes. En Santiago 2:5, el término “pobres” hace referencia a los bienes materiales, mientras que el término “ricos” hace referencia al bienestar espiritual (cf. Lyons, 2006). En Filipenses 3:12,15, Pablo usó el término “perfecto” en sentidos diferentes. Aunque Pablo había obtenido madurez espiritual (“perfección”) en Cristo (vs. 15), todavía no había obtenido la perfección “final, el premio del supremo llamamiento en Cristo Jesús” (Schippers, 1971, 2:62; cf. Filipenses 3:9-11). De manera similar, en un sentido el hombre ha visto a Dios, pero en otro sentido no le ha visto.

Considere el primer capítulo de Juan donde aprendemos que en el principio Jesús estuvo con Dios y “era Dios” (1:1; cf. 14,17). Aunque Juan escribió que Jesús “fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (1:14), indicó poco después que “[a] Dios nadie le vio jamás” (1:18; Juan 4:12). ¿Fue Jesús Dios? Sí. ¿Vio el hombre a Jesús? Sí. Entonces, ¿en qué sentido el hombre no ha visto a Dios? Ningún ser humano ha visto a Jesús en Su imagen verdadera (i.e., como un Ser espiritual—Juan 4:24—en toda Su plenitud, gloria y esplendor). Cuando Dios, el Verbo, apareció en la Tierra 2,000 años atrás, vino en una forma cubierta. En su carta a la iglesia en Filipos, el apóstol Pablo mencionó que Cristo—Quien había existido en el cielo “en forma de Dios”—“se despojó a sí mismo” y se hizo “semejante a los hombres” (Filipenses 2:6-7). La humanidad vio una encarnación de la Deidad cuando Jesús habitó en la Tierra en forma de hombre. Los hombres vieron al “Verbo” que “fue hecho carne”. De igual manera, cuando Jacob luchó “con Dios” (Génesis 32:38), vio solamente una forma de Dios, no al Dios espiritual, invisible y omnipotente que llena el cielo y la Tierra (Jeremías 23:23-24).

Pero ¿qué hay de tales enunciados que indican que el hombre vio o habló con Dios “cara a cara”? Jacob dijo: “Vi a Dios cara a cara” (Génesis 32:30). Gedeón proclamó: “[H]e visto al ángel de Jehová cara a cara” (Jueces 6:22). Éxodo 33:11 afirma que “hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero”. Primero, aunque estos hombres atestiguaron cosas grandiosas e impresionantes, solamente vieron manifestaciones de Dios y una parte de Su gloria (cf. Éxodo 33:18-23). Segundo, las palabras “cara” y “cara a cara” se usan en diferentes maneras en la Escritura. Aunque Éxodo 33:11 revela que Dios hablaba a Moisés “cara a cara”, solamente nueve versículos después Dios dijo a Moisés: “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá” (33:20). ¿Debemos creer que el autor de Éxodo estaba tan equivocado que escribió enunciados contradictorios en solamente el espacio de nueve versículos? No. Entonces, ¿qué quiere decir la Biblia cuando declara que Dios “conocía” (Deuteronomio 34:10), hablaba “cara a cara” (Éxodo 33:11) y “veía” al hombre “cara a cara” (Génesis 32:30)?

Se puede encontrar una  respuesta lógica en Números 12. Aarón y María habían hablado contra Moisés y habían preguntado de manera arrogante: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?” (vs. 2). Dios entonces apareció delante de Aarón y María, y dijo: “Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová” (Números 12:6-8, énfasis añadido). Note el contraste: Dios habló a los profetas de Israel a través de visiones y sueños, pero a Moisés habló “no por figura”. En otras palabras, aunque Dios nunca mostró Su rostro a Moisés (Éxodo 33:20), permitió que Moisés viera “una evidencia inconfundible de Su presencia gloriosa” (Jamieson, et.al., 1997), y le habló “cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” (Éxodo 33:11), i.e., le habló claramente y directamente.

CONCLUSIÓN

Ni el libro de Génesis, ni la Biblia como un todo, revela características incompatibles de Dios—como los escépticos modernos alegan. En realidad, muchos de los comentarios de los enemigos de Dios revelan que ellos interpretan deshonestamente la Verdad (cf. 2 Corintios 4:2; 2 Timoteo 2:15).

Piense en esto: Si los escépticos pueden trabajar “mano a mano” con un colega sin realmente trabajar en el mismo lugar (Barker 2008, p. 335), o si pueden “mirarse las caras” con un oponente sin realmente estar mirándose directamente al rostro, entonces, ¿no pueden entender que Dios podía hablar “cara a cara” con los patriarcas y profetas de antaño sin revelar literalmente Su “rostro” completo y glorioso? Realmente, se debe considerar con sospecha las acusaciones inconsistentes de los escépticos. Ellos aceptan las diferencias no-conflictivas y entendibles en muchos escritos modernos, pero protestan fuertemente contra las diferencias lógicas y explicables en la Escritura.

Las acusaciones de los escépticos de ninguna manera prueban que el Dios de la Biblia no existe o que la Biblia no es fidedigna. De hecho, la verdad es completamente contraria a sus acusaciones. Cuanto más los escépticos ponen a prueba las Escrituras, tratando de encontrar errores de toda clase, más evidencia sale a la luz de que este Libro tiene un origen divino (vea Butt, 2007).

“Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8).

Referencias

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Título original en inglés, “Clearing-Up ‘Contradictions’ about Jehovah in Genesis”, en Reason & Revelation, 32[8]:73-83. Traducción por Moisés Pinedo.