¿Quién No Está Disfrutando?

Los estudiantes escuchan de sus compañeros que aman el pecado que ellos “no están disfrutando de la vida” ya que no se emborrachan, asisten a fiestas desenfrenadas, frecuentan playas públicas y tienen sexo. Se les hace sentir que no están disfrutando si no van de cantina en cantina y de cama en cama. Los pecadores simplemente no pueden entender cómo los cristianos pueden disfrutar la vida sin ingerir abundantemente de la fuente del pecado.

Por otra parte, los cristianos entienden que los pecadores son aquellos que realmente no se divierten. La mejor vida y la más dichosa es de aquellos que aprenden los secretos de Dios para una vida abundante (Juan 10:10; 1 Pedro 3:11). Tal vida está libre de la resaca, los corazones rotos y la decadencia prematura del cuerpo y la mente.

Pablo escribió acerca de las vidas pecaminosas previas de algunos cristianos, haciendo un contraste con su estado presente. El contraste era significativo, y completamente a favor de su nuevo estilo de vida. Pablo declaró: “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz” (Efesios 2:12-14).

¿DE QUÉ DIJO PABLO QUE EL PECADOR NO DISFRUTA?

El pecador está sin Cristo.

El pecador es una oveja sin pastor (Lucas 15:1-7), un viajero sin camino (Juan 14:6) y un hambriento sin pan (Juan 6:41). Es un peregrino cansado sin un lugar de descanso (Mateo 11:28-30), un soldado sin capitán (Hebreos 2:10), una rama sin viña (Juan 15:1-7) y un pecador sin amigo (Lucas 7:34). Es un hijo sin herencia (Hechos 20:32), un estudiante sin maestro (Juan 3:2; Marcos 12:14), un hombre condenado sin abogado (1 Juan 2:1) y un alma sin salvador (Filipenses 3:20).

El pecador no tiene ciudadanía.

“Ciudadanía”(politeia) hace referencia a “los derechos de un ciudadano”. Los norteamericanos creemos que somos ciudadanos del más grande país en la tierra. (Supongo que los patriotas de otras naciones piensan lo mismo). Pero la ciudadanía nacional está limitada a los derechos y libertades políticas. Cada ciudadano terrenal necesita una ciudadanía doble—política y espiritual, temporal y permanente, terrenal y celestial.

Los pecadores son los “extranjeros (apalotrioo) a quienes Efesios 2:19 hace referencia. Esta palabra significa aquellos que están “separados, son extraños o a quienes se les niega la comunión e intimidad con alguien”. Así que los pecadores no tienen ningún derecho en el reino de Dios (cf. Nehemías 2:20), y están fuera de la comunión con Dios. Desde la perspectiva de Dios, tienen “el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón” (Efesios 4:18; cf. Colosenses 1:21). La ciudadanía del cristiano “está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).

El pecador no tiene promesa.

Todas las promesas bíblicas pertenecen a los cristianos, no a los pecadores. “Advenedizos” (xenos) incluye el significado de “sin conocimiento de, sin parte, insólito”. En el Día del Juicio, el Señor dirá que no ha escuchado los nombres de los pecadores que buscan entrar por las puertas del cielo (cf. Mateo 7:23; 25:12). No tendrán parte en las recompensas de los tesoros del cielo (Juan 14:1-2).

El pecador no tiene esperanza.

“Esperanza” (elpis) hace referencia a la “expectativa gozosa y segura de la salvación eterna”. ¡Es lamentable no tener esperanza! Una vez los científicos franceses hicieron experimentos en un criminal que había sido hallado culpable de homicidio y sentenciado a muerte. Se ató al hombre a una mesa y se le dijo que se le cortaría una arteria en su brazo, y que él sangraría hasta morir en solamente algunos minutos.

Los científicos procedieron con su experimento, pero hicieron solamente un corte menor en la superficie de la piel. Ellos no le dijeron cuán superficial era la herida. Luego derramaron agua caliente sobre su brazo, lo cual él pensó que era sangre. En solo unos pocos minutos, el criminal murió porque había estado convencido de que no tenía esperanza en esa situación. Es algo triste no tener esperanza.

En contraste, ¡qué bendición es tener esperanza! Considere estos versículos hermosos:

  • “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3).
  • “…a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio,…a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:5-27).
  • “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13).
  • “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza” (1 Timoteo 1:1).
  • “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:3).

El pecador no tiene a Dios.

La palabra griega atheos es de la cual obtenemos “ateo”, y solamente se encuentra en Efesios 2:12. Significa “no conocer ni adorar a ningún dios; negar a los dioses, especialmente a los dioses que el estado reconoce” (cf. 2 Crónicas 15:3; 1 Corintios 8:4-6).

También puede significar ser “abandonado por los dioses”. Dios puede llegar al punto en que renuncia a cierta gente (Romanos 1:28-32). Salomón escribió: “Sino que desechasteis todo consejo mío, y mi reprensión no quisisteis, también yo me reiré en vuestra calamidad… Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová” (Proverbios 1:25-29). Ciertamente es triste pensar que Dios abandone a algunos.

Lo cierto es que Dios no quiere que nadie se pierda. Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Aceptemos todas las bendiciones que Dios tiene para nosotros, y rechacemos todos los problemas que el diablo tiene al asecho.

¡No deje de disfrutar!