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¿Qué Debe Decir el Predicador en el Bautismo?

Hace muchos años atrás, participé en un panel televisado en el oeste de Tennessee. Era nuestro propósito responder preguntas bíblicas. Una de las preguntas que se me hizo fue: “¿Qué debe decir el predicador al momento del bautismo?”. Mi respuesta causó quejas de algunos televidentes. Sin embargo, si la respuesta que proveí fue bíblicamente correcta entonces (y lo fue), también es bíblicamente correcta hoy.

Básicamente, la pregunta es: “¿Qué enseña la Biblia que se debe decir cuando se bautiza a una persona?”. La Biblia, específicamente el Nuevo Testamento, es la base de autoridad para todo lo que el ser humano hace o dice en el campo de la religión (2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:3). Entonces, ¿qué enseña el Nuevo Testamento que se debe decir al administrar el bautismo? Por favor, note que hay una diferencia sutil entre lo que se “debe hacer”, lo que se “debe decir”, y lo que se “debe hacer y decir”.

Sin duda, el que hizo la pregunta tenía en mente uno o dos pasajes específicos, tales como Mateo 28:18-20 y Hechos 2:38. El primero dice en parte, “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, y el segundo dice en parte, “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados”. Al leer los pasajes cuidadosamente, se puede notar que ninguno dice algo en cuanto a lo que el administrador del bautismo debe decir. En el relato de Mateo, Jesús instruyó a Sus apóstoles en cuanto a lo que debían hacer; ninguna parte del discurso de Jesús indica lo que ellos debían decir al hacerlo. De la misma manera, la referencia en Hechos lidia con lo que los receptores del mensaje de Pedro debían hacer y por qué debían hacerlo. Hechos 2:38 tampoco registra alguna palabra que alguien deba decir al administrar el bautismo.

Entonces, de manera estricta, el Nuevo Testamento no revela ninguna combinación particular de palabras que un predicador que bautiza a alguien deba decir. En cambio, ha llegado a ser una costumbre (que no es mala en absoluto) que el predicador que bautiza a alguien diga algo como lo siguiente: “Te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo para el perdón de tus pecados”. Por ende, cuando alguien hace algo diferente de lo cual estamos acostumbrados a hacer por generaciones, a pesar de que ningún libro, capítulo y versículo de la Biblia aborda tal actividad, algunas veces la gente se alarma innecesariamente, y supone que el “ofensor” es un hereje. (De manera similar, ocasionalmente algunos se ofenden cuando se cambia el orden de los actos de adoración en el servicio, o cuando se canta menos de las estrofas completas de un himno).

No obstante, para evitar quejas y asegurarse que todos los presentes entiendan lo que está sucediendo cuando se bautiza a alguien, es prudente anunciar (como lo hacemos de costumbre) precisamente lo que estamos haciendo cuando bautizamos a la gente. Después de todo, el apóstol Pedro observó que aunque el bautismo (ya que es una inmersión) pueda parecer un baño, nos limpia la conciencia, no la carne (1 Pedro 3:21).

Poco después que comenzara a predicar muchos años atrás, trabajé con una congregación que usaba una tina larga como bautisterio. Esto requería que el predicador se parara fuera del bautisterio mientras sumergía al candidato, lo cual causaba mucha tensión en la espalda del que bautizaba. En una ocasión, yo estaba diciendo lo que los predicadores acostumbran decir mientras comenzaba a sumergir a un hombre. Involuntariamente, ¡le dejé caer, y el hombre fue a parar al fondo del bautisterio! Rápidamente, dejé de decir las palabras, y traté de “rescatar” al hombre. En tal ocasión, no volví a “bautizar” al hombre aterrorizado por la experiencia. No necesité hacerlo, y él no necesitó ser sumergido nuevamente ya que hicimos lo que Mateo 28:18-20 requería que yo haga y Hechos 2:38 requería que él haga. No había otra razón por la cual estábamos haciendo eso. Todos los presentes entendían por qué se estaba sumergiendo al hombre. Independientemente de lo que dije o de lo que no terminé de decir, bauticé a ese hombre “en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados”.

Mateo 28:18-20 y Hechos 2:38 enseñan lo que el que bautiza y el que es bautizado deben hacer, pero no mencionan nada en cuanto a lo que el que bautiza debe decir. Sin embargo, es recomendable decir lo que estamos haciendo cuando bautizamos a alguien. Pero a la vez, debemos ser cuidadosos de no hacer reglas religiosas que Dios, Cristo, el Espíritu Santo, los apóstoles y los otros escritores inspirados del Nuevo Testamento no hicieron.