¿Qué Constituye un Matrimonio Según la Biblia?

Moisés Pinedo

Una de las preguntas más recurrentes que recibo en mi buzón electrónico tiene que ver con el tema del matrimonio: “¿Qué constituye un matrimonio delante de Dios y según los principios bíblicos?”. La siguiente explicación es una compilación de algunas respuestas e investigaciones personales sobre el tema. [Se recomienda al estudiante investigación adicional].

Existen tres puntos de vista principales en cuanto a lo que constituye un matrimonio: (1) Una pareja está casada cuando se somete a las leyes civiles en cuanto al matrimonio. (2) Una pareja está casada cuando se une sexualmente. (3) Una pareja está casada cuando se somete a un pacto moral reconocido. Examinemos los tres enfoques.

El Matrimonio Establecido por la Ley Civil

Existen dos extremos peligrosos en este punto de vista. Primero, algunos sugieren que si la ley lo reconoce y aprueba, entonces Dios también lo hace. Sin embargo, hay cosas que la ley civil puede aprobar que Dios no aprueba. Aunque la ley civil apruebe el “matrimonio” entre el mismo sexo, Dios lo condena—en cada dispensación humana (Génesis 19; Levítico 18:22; 20:13; Romanos 1:24-27; 1 Corintios 6:9; 1 Timoteo 1:9-10). Aunque apruebe la poligamia, Dios la condena en la dispensación cristiana (Mateo 19:5; 1 Corintios 7:2; Hebreos 13:4). Aunque apruebe el divorcio y las segundas nupcias por cualquier razón, Dios los condena en el Nuevo Testamento (Mateo 19:9; Juan 4:17-18). Por otra parte, un gobierno cada vez más impío que promueve la homosexualidad pudiera incluso prohibir el matrimonio heterosexual, pero Dios lo aprueba (Mateo 19:5; Efesios 5:22-23). Pedro y Juan establecieron el principio de acción cristiana cuando declararon la máxima: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29; cf. 4:19). Ya que la ley civil puede oponerse a la ley divina cuando (1) legaliza lo que es moralmente equivocado, (2) demanda de un cristiano lo que es moralmente o religiosamente equivocado y (3) prohíbe lo que es correcto (Jackson, 1997-2011), entonces no es el estándar fundamental para determinar lo que constituye un matrimonio.

Segundo, algunos sugieren que ya que la ley civil no es el factor fundamental, entonces el cristiano no necesita procurar su reconocimiento en cuanto al matrimonio—incluso cuando las leyes civiles al respecto armonicen con la ley divina. Tales personas simplemente olvidan que no deben dar “al adversario ninguna ocasión de maledicencia” (1 Timoteo 5:14), que deben sujetarse a las autoridades “por causa de la conciencia” (Romanos 13:5) y que no deben ser “tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (1 Corintios 10:32). Menospreciar el conducto adecuado y reconocido por el gobierno que Dios establece (Romanos 13; 1 Pedro 2:13-17; Tito 3:1) sería una resistencia sin causa e innecesaria.

El Matrimonio Establecido por la Unión Conyugal

Aunque es cierto que las relaciones sexuales son una parte importante del matrimonio, y un deber y derecho de ambos cónyuges (1 Corintios 7:3-5), no es cierto que sean el factor que determina lo que constituye un matrimonio. Los que sugieren que las relaciones sexuales “validan” el matrimonio (vea Bower y Knapp, 1956, 3:261) generalmente apelan a 1 Corintios 6:16, donde el apóstol señaló que “el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella… Porque dice: Los dos serán una sola carne”, y luego enlazan este enunciado con Génesis 2:24, donde Moisés usó la expresión “una sola carne” con referencia a la unión matrimonial. Pero esta conclusión pasa por alto los siguientes puntos.

Primero, el contexto descarta esta noción al calificar la unión de un hombre y una ramera (mujer que se dedica a la prostitución) como “fornicación” (1 Corintios 6:18). Aunque ellos se unen sexualmente y llegan a ser un cuerpo (vss. 15-16), no son un matrimonio. Si la unión sexual determinara lo que constituye un matrimonio, cada vez que un hombre se uniera sexualmente con una ramera (o con cualquier persona que no es su cónyuge) estuviera casándose con ella, y por ende tuviera la responsabilidad de permanecer unido a ella; tal situación descalificaría cualquier noción consistente en cuanto al adulterio y la fornicación.

Segundo, se debe tener cuidado de tratar de enlazar cada aspecto de una comparación que no tiene el propósito de ser un paralelismo absoluto. Por ejemplo, cuando Pablo comparó el bautismo con la circuncisión (Colosenses 2:11-12), obviamente no quiso dar a entender que el bautismo debía ser aplicado a los bebés de ochos días de edad y solamente a los varones (Génesis 17:12; cf. Marcos 16:15-16). El punto de comparación simplemente es la “eliminación de la piel” con la “eliminación del pecado”. En el caso de “una sola carne” en 1 Corintios 6:16, “Aquí se aplican a una unión impura las palabras que se pronunciaron primero en cuanto al matrimonio. San Pablo no coloca a ambos [el matrimonio y la unión adúltera—MP] en el mismo nivel, sino simplemente señala que en este respecto son similares (Dummelow, 1920, p. 902, énfasis añadido). Es decir, el punto de comparación es que ambos son uniones—el primero, una unión santa; el segundo, una unión impura; el primero, una unión matrimonial; el segundo, una unión adúltera.

Tercero, si la unión sexual constituyera un matrimonio real, entonces un matrimonio previo sería anulado cuando un hombre se uniera sexualmente a otra mujer, ya que, según la misma implicación lógica, se ha creado un “nuevo” matrimonio. Lamentablemente, algunos han tomado esta posición absurda (vea Adams, 1980, p. 6). Aunque es cierto que el adulterio es fundamento suficiente para el divorcio y las segundas nupcias de la parte inocente (Mateo 19:9), no es cierto que el matrimonio original se anule porque se ha creado un “nuevo matrimonio” reconocido por Dios—de otra manera, el adúltero tuviera que “divorciarse” de su nuevo compromiso para poder regresar a su esposa original de ser perdonado. Adicionalmente, considere el hecho que un hombre casado pudiera unirse sexualmente y constantemente a una mujer ajena en secreto, y luego pudiera regresar a casa a unirse sexualmente y constantemente con su esposa. ¿Quisiera decir esto que Dios reconocería de manera alternada ambas relaciones como matrimonios? ¡No hace falta decir que tal idea hace burla del razonamiento lógico!

Cuarto, el arreglo matrimonial en el Antiguo Testamento puede tener relación directa a esta controversia. En Deuteronomio 20:7, Dios mandó que los oficiales del ejército israelita enviaran a casa a quien “se ha desposado con mujer, y no la ha tomado”, por ende evitando que el hombre que había asumido responsabilidad matrimonial quedara sin disfrutar los privilegios asociados con tal responsabilidad debido a la posibilidad de muerte en el combate (Woods, 1974, 2:256). Aunque es cierto que el desposorio judío no tiene paralelo en nuestra cultura occidental, es interesante notar que se hacía referencia legalmente a la pareja que todavía no había compartido el “techo y lecho matrimonial” como marido y mujer (cf. Génesis 29:21; Mateo 1:19), y se requería un divorcio formal para disolver el desposorio (Mateo 1:19) [vea Barclay, 2001, 1:22]. En el caso de José y María, es obvio que su matrimonio fue reconocido antes que se consumara la relación conyugal (cf. Mateo 1:24-25).

El Matrimonio Establecido por un Pacto Moral Reconocido

El matrimonio no es simplemente una legalización civil, ni tampoco una unión sexual, sino es un pacto ante Dios entre un hombre y una mujer que se comprometen en una unión exclusiva y para toda la vida, la cual es normalmente reconocida y atestiguada por su entorno social (cf. Malaquías 2:14). ¿Qué implica esto?

Primero, el matrimonio no es simplemente una unión entre dos personas, sino es una unión entre un hombre y una mujer. Los homosexuales y lesbianas pueden tergiversar la constitución política de un país para demandar sus “derechos”, pueden desfilar obscenamente y escandalosamente por las calles de una ciudad congestionada para captar la atención pública, pueden hacer referencias a encuestas públicas e investigaciones de colegas que promueven el mismo comportamiento inmoral, y pueden incluso profanar la Biblia para justificarse y desarrollar un caso a favor de la homosexualidad (vea Myers y Dawson, 2005), pero Dios nunca calificará sus relaciones inmorales como matrimonios (Levítico 18:22; 20:13; Romanos 1:24-27).

Segundo, el matrimonio no es simplemente una unión entre mujeres y hombres, sino es una unión entre un hombre y una mujer. Los musulmanes pueden apelar al Corán para establecer sus raíces polígamas, los mormones fundamentalistas pueden apelar a sus Doctrinas y Convenios en busca de aceptación divina, y los movimientos polígamos religiosos pueden incluso manipular la Biblia para fomentar un “cristianismo” polígamo (vea “Defensor”, s.d.), pero Dios no calificará sus relaciones ilícitas como matrimonios en la dispensación cristiana (Mateo 19:5; 1 Corintios 7:2; Hebreos 13:4).

Tercero, el matrimonio no es simplemente una convivencia, sino es un pacto con intención exclusiva y perdurable. Dos personas pudieran unirse sexualmente y vivir bajo el mismo techo para que nadie les moleste, otros pudieran haberse acostumbrado tanto a la fornicación que sentirían que son marido y mujer, y aun otros pudieran haber sido forzados a convivir sexualmente en la carencia de algún pacto formal, pero esto no convertiría tales relaciones en matrimonios. El matrimonio es un pacto en el cual el hombre y la mujer se prometen mutuamente unidad y fidelidad conyugal por el resto de sus vidas (Génesis 2:24; Romanos 7:2; 1 Corintios 7:39).

Cuarto, el matrimonio no es simplemente un acuerdo ambiguo o dudoso, sino es un pacto reconocido. Si hablamos del matrimonio como un “pacto” (vea Nelson, et.al., 1985, pp. 478-479), entonces debe existir alguna “señal” identificable por la cual se pueda juzgar que se ha realizado un pacto. El Antiguo Testamento sostiene este punto de vista con el enunciado la “señal del pacto”. Por ejemplo, cuando Dios hizo pacto con Noé y toda criatura viva después del Diluvio, puso el arco iris como “señal del pacto” (Génesis 9:9-17) de que nunca más destruiría la Tierra con un diluvio global. Cuando hizo pacto con Abraham, la circuncisión fue la “señal del pacto” (Génesis 17). Cuando hizo pacto con Israel en el Sinaí, el pacto fue ratificado con la señal de la sangre de animales (Éxodo 24:4-8; cf. Hebreos 9:19-21). Y finalmente, cuando hizo pacto con Su nuevo pueblo, la iglesia, la señal del pacto fue la sangre de Su Hijo (Mateo 26:28; Hebreos 10:16-17,29).

En cuanto al pacto matrimonial, las varias narraciones del Antiguo Testamento en cuanto a las ceremonias o procedimientos nupciales confirman este hecho. Por ejemplo, aunque el alma de Siquem se apegó a Dina, hija de Jacob y Lea, y él “se enamoró de la joven, y habló al corazón de ella” (Génesis 34:3), este príncipe pidió a su padre que hablara con Jacob para tomar a Dina por mujer. Además, ofreció la dote y regalos acostumbrados para tomar a la novia (vs. 12; cf. Génesis 24:53; Éxodo 22:16; 1 Samuel 18:25), y aceptó someterse a las costumbres reconocidas de la familia de Jacob (vss. 15-19). En el tiempo de los jueces, Sansón visitó Timnat y vio allí a una mujer que le agradó (Jueces 14). Él también pidió a sus padres que tomarán a esa mujer para sí. Cuando sus padres finalmente aceptaron hacerlo, se realizó la ceremonia cultural que para ese tiempo incluía una cena que el novio organizaba (vs. 10; cf. Génesis 29:22; Barnes, 1847, p. 452). Booz también se sometió a las costumbres sociales reconocidas cuando tomó a Rut por mujer (Rut 4:7-13).

Estas diferentes narraciones bíblicas revelan que no existe una “ceremonia establecida con relación a lo que se debe hacer o decir mientras se entra al matrimonio; cada cultura es libre de establecer un sistema para reconocer que una pareja ha llegado a ser esposo y esposa” (“¿Es un Pecado…?”, 10[6]:4). Pero también enfatizan que existen procedimientos y/o ceremonias reconocidas culturalmente y socialmente que los candidatos al matrimonio deberían considerar. Estas ceremonias añaden el toque formal al pacto matrimonial, y garantizan que el matrimonio ha sido efectuado en una manera armoniosa delante de Dios y los hombres (cf. Rut 4:11).

CONCLUSIÓN

Se debe aclarar que este breve artículo no lidia con todos los aspectos e interrogantes que puedan surgir con respecto al matrimonio, y ciertamente, no tiene el propósito de lidiar con circunstancias hipotéticas extremistas que los críticos puedan imaginar; en cambio, presenta algunos principios básicos que se deben tener en cuenta al abordar el tema. Al considerar el matrimonio, la pareja debe entender que es un pacto formal, que tiene la intención de ser una unión exclusiva entre un hombre y una mujer por el resto de la vida; mientras que los requerimientos sean razonables y no se encuentren en conflicto con la voluntad de Dios, la pareja debería procurar cualquier reconocimiento formal disponible de parte del gobierno; y la pareja debería seguir cualquier práctica saludable cultural o regional que se emplee para el reconocimiento del matrimonio. Las parejas cristianas que se aman y quieren unir sus vidas en matrimonio, no deberían tener problemas u objeciones en hacer público y transparente sus votos nupciales ante Dios y los hombres.

Referencias

Adams, Jay (1980), El Matrimonio, el Divorcio y las Segundas Nupcias en la Biblia [Marriage, Divorce, and Remarriage in the Bible] (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Barclay, William (2001), La Nueva Biblia Diaria de Estudio Bíblico: El Evangelio de Mateo [The New Daily Study Bible: The Gospel of Matthew] (Louisville, KY: Westminster John Knox).

Barnes, Albert (1847), Notas de Barnes: Éxodo – Ester [Barnes’ Notes: Exodus – Esther], ed. F.C. Cook (Grand Rapids, MI: Baker), reimpresión de 2005.

Bower, R.K. y G.I. Knapp (1956), La Enciclopedia Bíblica Estándar Internacional [The International Standard Bible Encyclopedia], eds. Geoffrey Bromiley, et.al. (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

“Defensor de la Poligamia Nacional” [“National Polygamy Advocate”] (sine data), [En-línea], URL: http://www.nationalpolygamyadvocate.com/.

Dummelow, J.R., ed. (1920), Comentario sobre la Santa Biblia [Commentary on the Holy Bible] (Nueva York: Macmillan).

“¿Es un Pecado Vivir Juntos Fuera del Matrimonio?” [“Is It a Sin to Live Together Without Marriage?”] (2005), House to House, noviembre-diciembre.

Jackson, Wayne (1997-2011), “El Divorcio y la Ley Civil” [“Divorce and Civil Law”], [En-línea], URL: http://www.christiancourier.com/articles/581-divorce-and-civil-law.

Myers, David y Letha Dawson (2005), Lo que Dios Juntó: El Caso Cristiano para el Matrimonio Homosexual [What God Has Joined Together: The Christian Case for Gay Marriage] (Nueva York: HarperCollins).

Nelson, Wilton, et.al., eds. (1985), Diccionario Ilustrado de la Biblia (Miami, FL: Caribe), decimocuarta edición. 

Woods, Clyde (1974), El Comentario del Camino Vivo sobre el Antiguo Testamento [The Living Way Commentary on the Old Testament] (Shreveport, LA: Lambert).