¿Por qué Creó Dios Gente Sabiendo que Muchos Irán al Infierno?

Kyle Butt

[NOTA DEL AUTOR: La última parte de esta pregunta, que tiene que ver con el infierno, es una idea que los escépticos usan frecuentemente para provocar duda en cuanto a la veracidad de la Biblia y el Dios que se describe en sus páginas. Abordaremos esta pregunta en dos secciones distintas. Primero, veremos lo que la Biblia dice en cuanto al propósito general de la creación de los seres humanos. Luego procederemos a mostrar que el concepto del infierno, y el conocimiento anticipado de Dios en cuanto a los que escogerán ir allá, no atenta racionalmente o moralmente contra el Dios de la Biblia].

 

Si existe un Dios todopoderoso que lo sabe todo (y realmente existe), entonces esperaríamos, en muchos casos, que desconociéramos las motivaciones de Sus acciones. Ya que hubiera muchas cosas que Él supiera y nosotros no, sería prácticamente imposible entender Sus razones para ciertas acciones al menos que Él decidiera explicárnoslas. Dios dijo a través del profeta Isaías: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos… Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (55:8-9). En cierto sentido pudiéramos comparar la relación de Dios con los seres humanos al conocimiento que un niño de cinco años tuviera de algunas de las acciones de sus padres. Suponga que un niño viera que su madre tomara una chequera rectangular, escribiera algo en un cheque, pusiera el cheque en un sobre, pusiera una estampilla en el sobre y lo llevara al correo. El niño pudiera preguntar, “Mamá, ¿por qué hiciste eso?”. La madre pudiera responder, “Para que podamos seguir conduciendo nuestro auto sin que el banco nos lo quite”. ¿Cómo pudiera el niño conectar lógicamente un pedazo de papel con un auto? Sin saber los detalles de cómo un cheque representa dinero, el proceso en que se adquirió el auto y la manera en que el banco concede préstamos, etc., el niño no pudiera entender el significado del cheque.

De una manera similar, hay algunas cosas que Dios ha hecho que los seres humanos no podemos entender completamente por la razón sencilla que Dios no nos ha dicho por qué. O tal vez, nos ha dicho el por qué, pero Su respuesta no provee todos los detalles que nuestra curiosidad humana desea. Moisés presentó muy bien esta idea cuando escribió: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29). Dios revela algunas cosas, pero no revela otras.

Cuando abordamos la pregunta en cuanto a la razón de la creación de los seres humanos, estamos lidiando con una pregunta para la cual Dios no ha provisto una respuesta extensa. La respuesta sencilla en la Biblia es que Dios creó a los seres humanos, como también al resto de la creación, por Su voluntad y para Su gloria.

POR SU VOLUNTAD

Apocalipsis 4:11 declara: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (énfasis añadido). El mensaje de este versículo es que Dios escogió crearnos voluntariamente, sin ser coaccionado por alguna fuerza externa o debido al deseo de satisfacer algún tipo de deficiencia. Salmos 115:3 dice: “Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho”. La respuesta sencilla, aunque carente de información abundante, es que Dios quiso crear a los seres humanos, así que lo hizo.

En este punto se debe enfatizar que Su deseo de crear seres humanos no fue porque les necesitaba por alguna razón. Especialmente en las religiones antiguas, algunos han sugerido que Dios se sentía solo o que tenía alguna deficiencia y necesitaba a los seres humanos para hacerle compañía o brindarle ayuda. Esta sugerencia no tiene razón de ser. En Hechos 17:24-25, el apóstol Pablo señaló claramente: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas” (énfasis añadido).

Salmos 50:10-12 también indica el hecho que Dios no necesita de seres humanos para “ayudarle”; en estos versos se cita las mismas palabras de Dios: “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes, y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud”. Este pasaje no está sugiriendo que Dios realmente tiene hambre. Al contrario, implica que nunca necesita algo de Su creación.

Dios tampoco se vio “forzado” a crear seres humanos ya que se sentía solo. Ya que es un Ser auto-suficiente, no hay nada que Dios necesite en más proporción. La comunión eterna de Dios consigo mismo (en las personas del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) siempre ha provisto toda la comunión que Dios necesita para ser completo. Podemos ver claramente esta comunión de las Tres Personas de la Deidad en Génesis 1:26: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Jesús repitió esta idea en cuanto a la comunión eterna de Dios cuando oró al Padre: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5, énfasis añadido). El acto voluntario de Dios de crear seres humanos no tuvo nada que ver con alguna necesidad o falta de compañía. Como Stanley Grenz concluyó correctamente, “[p]or ende, la creación divina del universo fue un hecho voluntario, un hecho no producido por la necesidad. Dios no fue forzado a crear el universo” (1994, p. 99).

El hecho que Dios no necesitó (y no necesite) a los humanos para suplir algo que le faltaba, no implica que los humanos no sean importantes para Dios. Una vez que Él escogió según Su voluntad crear seres humanos, les concedió importancia al formarles a Su propia imagen y semejanza (Génesis 1:26-27). Como el teólogo Wayne Grudem comentó,

[a]lguien puede preguntarse, si es que Dios no nos necesita, entonces, ¿por qué somos importantes en absoluto? ¿Hay algún significado para nuestra existencia o para la existencia del resto de la creación? Al responder, se debe decir que realmente somos muy importantes porque Dios nos ha creado y ha determinado que seríamos importantes para él. Esa es la definición final de la importancia genuina (1994, p. 162, itálicas en original).

Dios escogió crearnos por Su voluntad propia. Cuando lo hizo, nos dotó de significado e importancia al crearnos a Su imagen.

PARA SU GLORIA

La Biblia dice que Dios creó a los seres humanos “para Su gloria”. El Dios de la Biblia declaró: “…todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” (Isaías 43:7, énfasis añadido). Debemos admitir en este punto que la frase “para gloria mía” está sujeta a mucha especulación. ¿Qué quiere decir la Biblia cuando declara que los seres humanos (y toda la creación) llegaron a existir para la gloria de Dios? ¿Significa eso que Su creación le alabará y dará gloria? ¿Significa que la misma existencia humana da gloria a Dios como una manifestación de Su poder e ingenio? ¿Significa que nuestra adoración continua a Dios, a pesar de la existencia del sufrimiento y los problemas en este mundo, vindica a Dios y le glorifica en oposición a las especulaciones de Satanás, como se ilustra en el libro de Job? Los seres humanos nunca podrán entender completamente todo lo que se implica en esta idea. Solamente podemos decir que los seres humanos estamos aquí “para Su gloria”.

Algunos han sugerido que si el Dios de la Biblia hizo a los seres humanos simplemente “para Su gloria”, entonces esto implica que Dios es un dictador egoísta que solamente quería más “súbditos” que se postraran a Sus pies y declararan cuán grande es. Esta sugerencia pasa por alto los aspectos importantes de la frase “para Su gloria”. Los seres humanos no solamente están diseñados para dar gloria a Dios, sino también para disfrutar la gloria de Dios y encontrar su satisfacción en ella. Como Jack Cottrell declaró, “[a]quí yace el propósito de la existencia humana; i.e., recibir la bondad de Dios y darle gloria” (2002, p. 109). Dios creó a los seres humanos para tener una vida dichosa recibiendo Su gloria y respondiendo a la vez al regalo de Su gloria. Este es un círculo armonioso de reacción mutua en el cual los humanos reciben la gloria de Dios, responden en obediencia y alabanza, y encuentran satisfacción y plenitud al recibir la gloria de Dios como también debido a su respuesta adecuada. Entonces, podemos decir que Dios creó a los seres humanos para tener vidas dichosas en una relación mutua de dar y recibir. Si se entiende esta situación, entonces se podrá ver la necedad de acusar a Dios de egoísmo.

…SABIENDO QUE LA MAYORÍA DE GENTE IRÁ AL INFIERNO

Una vez que se establece el hecho que Dios creó a los seres humanos para Su voluntad, tener vidas completamente dichosas y recibir y responder a Su gloria, el escéptico todavía estará dispuesto a señalar que mucha gente no es dichosa. De hecho, mucha gente es infeliz. El escéptico declarará no solamente eso, sino que según la Biblia, la mayoría de personas está dirigiéndose al castigo del infierno eterno. Entonces, preguntará: “¿Cómo es posible que un Dios amoroso creara a los humanos sabiendo que la mayoría de ellos irá al infierno? El ateo David Mills escribió:

Si concluimos que Dios crearía el Infierno para impedir el comportamiento humano que no le gusta—sabiendo de antemano que, como resultado, la mayoría de la humanidad sufriría la tortura eterna—entonces también estaremos forzados a calificar a ese dios como malvado y sádico, ya que al mismo tiempo Él habrá torturado inhumanamente a personas con el fin de lograr Sus metas (2006, p. 180).

El escéptico Vistonas Wu escribió ideas similares en la Web en un artículo titulado “El Descrédito de los Argumentos de los Fundamentalistas y Evangelistas Cristianos”: “Si fueras Dios, y fueras omnipotente y pudieras ver a través del tiempo, ¿crearías un mundo en el cual supieras de antemano que la mayoría de gente terminaría en un infierno eterno?” (2009). La respuesta que el escéptico implica es “No”. Pero el problema con este razonamiento es que los humanos no saben todo, y por esta razón no están en la posición de Dios. De hecho, a la luz del conocimiento limitado de la humanidad, fácilmente pudiera ser el caso que la información que no tuviéramos en el presente fuera la misma información que guiaría a un Ser que sabe todo a crear el mundo de la manera que lo es. En realidad, en un sentido legítimo, nunca se puede comenzar una pregunta con, “Si fueras Dios…”, y ciertamente no se puede usar la pregunta como “evidencia” en contra del carácter de Dios. Si una persona realmente pudiera ser Dios, entonces su proceso de pensamiento sería muy diferente de lo que es ahora, y por ende no hay manera de que alguien pudiera decir lo que haría o no. Se debe señalar en este contexto que Dios creó a los seres humanos a Su imagen, otorgándoles la habilidad de discernir lo bueno y lo malo, y las ideas que son racionales o no. No se está afirmando que la elección divina de crear a la gente es irracional para los humanos, sino que es racional para Dios. Simplemente estamos diciendo que la omnisciencia de Dios le capacita a saber todos los detalles que se necesitan saber para tomar una decisión perfectamente racional.

ANÁLISIS DE LAS ACUSACIONES DE LOS ESCÉPTICOS

La acusación del escéptico contra la creación divina de los humanos no pasa el examen profundo. Primero, el escéptico incluye rápidamente la idea que la “mayoría” de personas irá al infierno. Él incluye esta palabra ya que si más personas van al cielo que al infierno, se pudiera argumentar fácilmente (usando la moralidad humanística del mismo escéptico) que el mundo presente está arreglado para el beneficio de la mayoría. Ya que la moralidad humanística declara que una acción es moral siempre y cuando produzca el bien mayor para la mayoría de personas (Butt, 2010, pp. 33-36), entonces, según su propio estándar, el escéptico no pudiera criticar a un Dios que salvara a la “mayoría” de gente en el cielo y escogiera que la minoría fuera al infierno.

¿Podemos estar seguros que la “mayoría” de gente irá al infierno? No, y esta es la razón. Se puede citar muchos versículos que indican que la mayoría de personas escogen ir al infierno. El pasaje más común es Mateo 7:13-14, que declara: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Según este pasaje, muchos escogen el camino de perdición, y solamente pocos escogen el camino de la vida. Sin embargo, lo que se implica en estos versículos es la idea que las personas a quienes se hace referencia son aquellas que tienen la capacidad de escoger. A los que no se está considerando son aquellos que no han llegado a una edad o capacidad mental de escoger—bebés no nacidos, bebés y niños. Si se puede mostrar que los niños van al cielo (y se puede, vea Butt, 2006), y si se puede mostrar que hay al menos una posibilidad que más niños hayan muerto en una condición salva que los adultos que hayan muerto en condición perdida, entonces podemos descartar la idea que la “mayoría” de gente irá al infierno. Si consideramos que mundialmente hay un promedio de 42 millones de abortos cada año (Johnston, 2010), y si entendemos que frecuentemente los niños son los primeros en morir en periodos de hambre y enfermedad, estaremos forzados a concluir que al menos es posible que más humanos hayan muerto en un estado de salvación que en un estado de perdición eterna. [NOTA: En este punto de la discusión, el escéptico frecuentemente cambiará el tema y demandará que Dios no puede ser amoroso y permitir que esos niños mueran. Esta acusación es falsa y ha sido completamente refutada, vea Butt, 2009]. El escéptico no puede saber si la “mayoría” de gente irá al infierno, y por ende, según la moralidad humanística que se basa en la mayoría, no puede acusar a Dios de maldad. Pero en realidad, el concepto de la “mayoría” no tiene mucha relevancia para justificar las acciones de Dios, ya que todavía se puede justificar la moralidad de Dios si la mayoría de gente se pierde y pocos se salvan.

DIOS QUIERE QUE TODA LA GENTE ESCOJA SER SALVA

La Biblia revela claramente que Dios permite que todos los seres humanos responsables escojan su destino final. Moisés escribió: “Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida” (Deuteronomio 30:19). El enunciado de Jesús en Mateo 7:13-14 en cuanto al camino estrecho y al camino ancho implica la idea que Su audiencia tenía la capacidad de “entrar” por la puerta que escogiera o escoger el camino que quisiera. Josué entendió esta idea de elección, y declaró a los israelitas: “Y si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién habéis de servir” (Josué 24:15). A la comunidad escéptica le gusta presentar un cuadro de un dios tirano que arroja arbitrariamente a la gente a la destrucción eterna basado nada más que en el capricho. Esto no es cierto; cada persona que irá al infierno habrá tomado esa decisión conscientemente. El ateo Dan Barker señaló claramente: “De una manera personal, si el cielo y el infierno bíblico existen, yo escogería el infierno” (2008, p. 170). C.S. Lewis señaló perspicazmente: “Solamente habrá dos clases de personas al final: aquellos que dicen a Dios, ‘Que se haga tu voluntad’, y aquellos a quienes Dios dice al final, ‘Que se haga tu voluntad’. Todos los que están en el infierno, lo escogen” (1946, p. 72, itálicas en original). Timothy Keller añadió: “Todo lo que Dios hará al final con las personas es darles lo que más querían, incluyendo la libertad de Él. ¿Qué pudiera ser más justo que eso?” (2008, p. 79).

Dios permite que la gente escoja su destino final, y quiere que toda la gente escoja ser salva. Primera a Timoteo 2:4 dice que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. Segunda de Pedro 3:9 dice que el Señor no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. No solamente no quiere que la gente escoja el infierno, sino también envió a Su Hijo como un sacrificio por el pecado para disuadir a la gente a no escoger el infierno sino optar por el cielo. De hecho, el libro de Hebreos explica que aquellos que escogen el camino de destrucción pisotean al Hijo de Dios en su camino (Hebreos 10:29). El concepto del infierno no descarta el amor o la justicia de Dios (Butt, 2010, pp. 17-24). [NOTA: Entiendo que el escéptico no acepta estos versículos como inspirados y no acepta la historia del sacrificio expiatorio de Jesús. Sin embargo, si el escéptico argumenta que la Biblia representa a Dios como inmoral, él debe permitir que la Biblia responda. Simplemente estoy declarando que la Biblia presenta un argumento convincente y lógico que muestra que la acusación del escéptico es errónea. Si Dios realmente permite que la gente escoja, y si envió a Su Hijo a demostrar Su amor y persuadir a la gente para escoger el camino correcto, entonces no se le puede acusar de inmoralidad].

DIOS NO HACE ACEPCIÓN DE PERSONAS

Otro concepto clave para entender la relación de Dios con la humanidad es Su imparcialidad. El apóstol Pedro señaló correctamente: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35). Este versículo testifica del hecho que la Biblia presenta a Dios como un Ser perfectamente imparcial y justo que da a cada persona una igual oportunidad de responder a la verdad. Pero debemos entender que no estamos sugiriendo que todas las personas tienen el mismo número de oportunidades para oír el Evangelio, que nacen en situaciones socioeconómicas idénticas, etc. Lo que se quiere decir es que Dios juzga justamente a cada persona basado en las oportunidades que tal persona ha recibido. Como Jesús dijo, “porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Lucas 12:48). En todos los ejemplos bíblicos en que la gente respondió adecuadamente a la verdad, Dios proveyó a tales personas la información suficiente para ser salva (cf. Hechos 8:26-38; Hechos 10). Por tanto, Dios considera cada aspecto de la composición inherente y el ambiente externo de una persona al juzgar imparcialmente el comportamiento de esa persona.

SÍ, PERO DIOS SABÍA QUE ALGUNOS ESCOGERÍAN EL INFIERNO…

Una vez que el escéptico se dé cuenta que no puede concluir racionalmente que Dios es injusto por permitir que todas las personas escojan su propio destino, insistirá que el simple hecho que Dios supiera que algunas personas escogerían el infierno debería haber evitado que creara a tales personas. Una respuesta adecuada para tal acusación simplemente es, “¿Quién dice que debe ser así?”. ¿Hay algo en la acusación del escéptico que muestre algún tipo de justicia moral inherente? No hay nada. Y aunque “¿Quién dice?” es una respuesta adecuada, no es la única con la cual el teísta dispone. Aunque es verdad que Dios pudo haber creado solamente a aquellos humanos que sabía que escogerían el cielo, ¿llamaría “justo” a eso el escéptico? ¿Sería justo que Dios no creara a una persona, y por ende le privara de las mismas oportunidades como a otras personas, simplemente porque Dios supiera que esa persona escogería el infierno? Tal curso de acción realmente sería “injusto” y pusiera a Dios en el dilema moral de mostrar parcialidad. En realidad, la única manera de que Dios pudiera ser justo para todas Sus criaturas humanas sería permitir que cada una tuviera las mismas oportunidades para escoger su propio destino final.

  El escéptico luego argumentará que hubiera sido mejor que Dios no creara seres humanos en absoluto. Pero otra vez, la respuesta a tal pregunta es, “¿Quién dice?”. ¿Quién es el escéptico para decir que un mundo sin seres humanos es mejor que un mundo en el cual se da a todos los humanos la misma oportunidad para responder al amor de Dios, con muchos millones que responden obedientemente y que reciben vida eterna? ¿Sobre qué fundamento el escéptico se basa para decir que su mundo sería mejor que el que tenemos? Él no puede apelar a ninguna autoridad mayor que su propia opinión personal. Básicamente, él está diciendo nada más que: “Yo opino que hubiera sido mejor si los humanos no hubieran sido creados ya que algunos escogerán el infierno”. La respuesta a tal opinión es simplemente que Dios, Quien sabe todo y es completamente imparcial y perfectamente moral y amoroso, entiende al menos algo en cuanto al Universo que el escéptico no sabe (o rechaza saber) y que justifica que la situación sea como lo es.

CONCLUSIÓN

No hay manera posible que nuestras mentes finitas entiendan todas las razones detrás de la creación divina de los humanos. Hay suficiente información en cuanto a Dios y los humanos como para concluir adecuadamente que Dios no es inmoral por haber creado a los seres humanos. Podemos saber que los humanos fueron creados por un acto de la voluntad de Dios para recibir y responder a Su gloria. El escéptico no puede sostener su acusación vacía que sugiere que Dios es inmoral por crear a los humanos sabiendo que algunos escogerán el infierno. Dios ha dado a cada persona responsable una igual oportunidad de escoger el cielo. No existe fundamento por el cual el escéptico pueda proponer que un mundo sin humanos sería mejor que uno en el cual los humanos escogen vida eterna y otros escogen destrucción eterna. De hecho, los atributos de Dios—Su omnisciencia, imparcialidad y amor—proveen el fundamento para concluir que Él solamente tiene la capacidad de determinar qué mundo sería mejor. Si se la entiende adecuadamente, se puede ver que la Biblia presenta una descripción completamente consistente de la perfección moral de Dios en cuanto a Su elección de crear a los seres humanos.

Referencias

Barker, Dan (2008), Sin dios [godless] (Berkeley, CA: Ulysses Press).

Butt, Kyle (2006), “¿Van los Bebés al Infierno Cuando Mueren?”, Apologetics Press, http://espanol.apologeticspress.org/espanol/articulos/2900.

Butt, Kyle (2009), “¿Es Dios Inmoral por Matar a Bebés?” [“Is God Immoral for Killing Babies?”], Apologetics Press, http://www.apologeticspress.org/APContent.aspx?category=11&article=260.

Butt, Kyle (2010), Una Guía Cristiana para Refutar al Ateísmo Moderno [A Christian’s Guide to Refuting Modern Atheism] (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Cottrell, Jack (2002), La Fe Una Vez Dada [The Faith Once for All] (Joplin, MO: College Press).

Grenz, Stanley (1994), Teología para la Comunidad de Dios [Theology for the Community of God] (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

Grudem, Wayne (1994), Teología Sistemática: Una Introducción a la Doctrina Bíblica [Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine] (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Johnston, W. Robert (2010), “Resumen de Abortos Registrados Mundialmente, Hasta el 10 de Abril de 2010” [“Summary of Registered Abortions Worldwide, Through April 10, 2010”], Johnston’s Archive, http://www.johnstonsarchive.net/policy/abortion/wrjp3310.html.

Keller, Timothy (2008), La Razón para Dios: La Fe en un Tiempo de Escepticismo [The Reason for God: Belief in an Age of Skepticism] (Nueva York: Dutton).

Lewis, C.S. (1946), El Gran Divorcio [The Great Divorce] (Nueva York: Touchstone).

Mills, David (2006), Universo Ateo: La Respuesta de la Persona Inteligente para el Fundamentalismo Cristiano [Atheist Universe: The Thinking Person’s Answer to Christian Fundamentalism] (Berkeley, CA: Ulysses Press).

Wu, Vistonas (2009), “El Descrédito de los Argumentos de los Fundamentalistas y Evangelistas Cristianos” [“Debunking the Arguments of Christian Fundamentalists and Evangelists”], SCEPCOP, http://www.debunkingskeptics.com/Debunking_Christians/Contents.htm.


Título original en inglés, “Why Did God Create People Knowing that Many Would Go to Hell?”, en Reason & Revelation, 32[3]:26-33. Traducción editada por Moisés Pinedo.