No Sean Extraños, Sean Diferentes

Brad Harrub

Esta es una epidemia que afecta casi cada congregación en los Estados Unidos—la inmodestia. La vestimenta que antes se reservaba para las personas inmorales ahora se considera “a la moda”. Simplemente, es muy reveladora. Frecuentemente si la ropa no muestra la piel, es tan apretada que se puede ver incluso la silueta de los lunares y cicatrices a través de la ropa. Tristemente, muchos cristianos están abrazando las prácticas paganas y no ven nada malo en imitar al mundo. En todos mis años de enseñanza, este tema ha provocado emociones fuertes en los jóvenes y sus padres, ya que algunos buscan justificar su vestimenta, diciendo que “no pueden encontrar nada más en las tiendas”. Así que semana tras semana sus hijos marchan al servicio de adoración sin lucir diferentes al mundo. Sería muy fácil molestarse con estos jóvenes, pero a menudo son los padres quienes compran sus ropas. Y al observar rápidamente el auditorio de la iglesia, se puede ver que algunos padres también están tratando de hacer un gran esfuerzo por imitar la moda más reciente.

Imagine este escenario. Un hombre se levanta para servir la Cena del Señor pero regresa al frente y pone el plato del pan en el lugar después de haber servido solamente a la mitad de la congregación. ¿Cómo se sentiría si supiera que el hombre paró de servir la Cena del Señor porque no pudo, con limpia conciencia, continuar mirando a la gente que estaba vestida inmodestamente y que revelaba demasiado su cuerpo? No hay excusa por lo que está pasando en nuestros servicios de adoración, y no hay excusa para que los ancianos y predicadores no amonesten a los padres (y adolescentes) por la inmodestia.

Esto es lo que pienso enseñar a mis hijos en cuanto a la inmodestia.

La moda viene y va. Ustedes tal vez nunca vean collares grandes o pantalones caídos, pero les garantizo que algunas cosas estarán culturalmente “a la moda” durante sus vidas. Habrá gran presión para ajustarse a la última moda. Tristemente, algunos de sus amigos buscarán su valor personal en sus ropas (marcas y estilo). Su madre y yo nos esforzamos por criarles con más auto-confianza que eso. ¡Su valor se encuentra en el conocimiento que fueron comprados con la sangre de Jesucristo!

La vestimenta comenzó en el Huerto del Edén. Después de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, Adán y Eva se cubrieron con hojas (Génesis 3:7). Es interesante notar que después que Dios pronunció el castigo por su pecado, les vistió adicionalmente con túnicas de pieles (Génesis 3:21). Desde ese momento en adelante, el hombre se ha cubierto ante otros y ante Dios. La vestimenta ha sido parte de la vida desde esos días en el huerto.

Jesús enseñó que no debemos afanarnos por el vestido (Mateo 6:28-30). Debido a esto, su madre y yo no ponemos un gran énfasis en la vestimenta. Sí, queremos que nuestras ropas estén limpias. Y sí, preferimos que nos queden bien—aunque eso llega a ser más difícil mientras crecen y sus tallas ya no son las mismas. En su ropero encontrarán algunas ropas “pasadas de moda” que todavía pueden usar—e incluso algunas que han sido pasadas de sus hermanos mayores. Eso no cambia quiénes son ustedes.

Los estilos modernos cambian en cada temporada. La razón principal de estos cambios es incrementar las ventas en el mercado de la vestimenta. Los cristianos debemos reconocer el problema con este cambio constante en la industria del vestido. Dios no cambia (Malaquías 3:6), y Su enfoque sobre la modestia tampoco cambia. La ropa apretada, escotada y reveladora nunca está “a la moda” delante de Dios. Además, el hecho que vean a otros cristianos que usan esta clase de ropa no significa que esto sea apropiado. Se amonesta que los cristianos se adornen con modestia (1 Timoteo 2:9-10), y esa belleza no viene principalmente del adorno externo (1 Pedro 3:3-4). Cuando seleccionen ropas, espero que seleccionen algo que glorifique a Dios y no llame atención indebida. Nuestra vestimenta no debe causar lascivia en otros (Mateo 5:27-28).

Su madre y yo no siempre estaremos cerca para seleccionar o comprar sus ropas (¡afortunadamente!). Es mi oración que recuerden de Quién son y a Quién representan. Ciertamente pueden vestir como el mundo y pasar desapercibidos, pero están llamados a ser diferentes (Romanos 12:1-2). Eso no significa que deben vestir de manera extraña—sino que deben ser diferentes. En un mundo enfocado en revelar el cuerpo, los cristianos debemos adoptar un estilo modesto que nos ayude a demostrar nuestro carácter cristiano. La elección sabia de ropa les garantizará respeto ante los hombres y mujeres fieles. No se preocupen de la opinión del mundo y el adorno externo. ¡Preocúpense en cuanto a cómo lucen internamente y externamente ante Dios!

Con amor, papá. 

[Título original en inglés, “Don’t Be Weird, Be Different”, en Think, p. 37, julio de 2009. Traducción editada por Moisés Pinedo].