“No Os Unáis en Yugo Desigual Con los Incrédulos”

Moisés Pinedo

Segunda a los Corintios 6:14 es una de las advertencias más conocidas del apóstol Pablo para la hermandad cristiana: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”. Muchos han visto en este pasaje una aplicación directa al matrimonio, y por ende, han declarado que la unión de un cristiano con alguien que no es cristiano es pecaminosa (e.g., Craig, s.d.). ¿Pero qué estuvo enseñando el apóstol inspirado? ¿Estuvo condenando el matrimonio entre un creyente y un incrédulo?

UN ANÁLISIS BREVE DEL CONTEXTO

Se debe determinar el significado de cada pasaje según su contexto inmediato, y de ser disponible, según el contexto general de las Escrituras (2 Timoteo 2:15).

Uno de los problemas principales de la iglesia en Corinto había sido su fracaso en superar la carnalidad e inmoralidad que eran parte de la vida pasada y que ahora debían pertenecer solamente al mundo. Entre ellos, se podía observar los partidismos mundanos (1 Corintios 1), el orgullo humano (1 Corintios 4), la inmoralidad sexual que incluso se condenaba entre los gentiles (1 Corintios 5), los litigios insensatos y las fornicaciones deshonrosas (1 Corintios 6), el adulterio y la separación condenable (1 Corintios 7), la participación en la idolatría y festividades paganas (1 Corintios 8,10), el desprecio injustificado de los siervos de Dios (1 Corintios 9), el desorden y abuso de las cosas sagradas (1 Corintios 11-12), la carencia de amor cristiano (1 Corintios 13) y la falsa enseñanza (1 Corintios 15). Ciertamente, este fracaso se debía a la fuerte influencia que el mundo había ejercido en la iglesia.

La segunda epístola a los hermanos en Corinto se escribió con el propósito de amonestar nuevamente a la iglesia a desligarse de sus vínculos pecaminosos con el mundo. En el capítulo 6, Pablo estuvo prohibiendo el “compañerismo” y “comunión” (vs. 14) con las obras infructuosas de las tinieblas (cf. Efesios 5:11). El mensaje de Pablo es el mismo que del apóstol del amor:

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:15-17).

La separación del pecado que es característica del mundo (vs. 17) debía ser su respuesta ante el amor del apóstol (vs. 13), pero especialmente, ante el amor de Dios, la comunión con Dios y el temor a Dios (6:18; 7:1). Por tanto, el enfoque del contexto no es las relaciones que son comunes para el cristiano y el incrédulo—como las relaciones matrimoniales o familiares, las relaciones entre empleadores y empleados o entre el gobierno y los ciudadanos. En cambio, es la involucración en las mismas actividades y comunión mundana que identificarían a un cristiano con la injusticia y las tinieblas (vs. 14), Satanás y la incredulidad (vs. 15), la idolatría (vs. 16), la inmundicia (vs. 17) y la contaminación de carne y espíritu (7:1) [cf. también Proverbios 22:24; 1 Corintios 15:33; Santiago 4:4]. Como Barnes ha comentado,

[l]a idea radical es, que debían abstenerse de toda conexión con los incrédulos—impíos, paganos y aquellos que no eran cristianos, que les identificaría con ellos; que no debían tener conexión con ellos en ninguna cosa como incrédulos, impíos o paganos; que no debían participar con ellos en nada que era peculiar para ellos. No debían tener parte en su paganismo, incredulidad, idolatría e impiedad; no debían unirse con ellos en ningún sentido que se entendiera como si fueran participantes con ellos en tales cosas (1847, 2:154, itálicas en original).

Tal compañerismo y comunión impía con el mundo pondría término al compañerismo y comunión santa con la hermandad cristiana y el Padre de los santos (vs. 18; cf. 1 Juan 1:5-7).

EL “YUGO DESIGUAL” Y SUS IMPLICACIONES NECESARIAS

El “yugo desigual” es una ilustración tomada de las Escrituras del Antiguo Testamento (cf. Levítico 19:19; Deuteronomio 22:10). Hace referencia a la práctica que Dios prohibió al pueblo de Israel, en la cual se ayuntaba dos animales de diferente especie, por decir, un buey con un asno (Deuteronomio 22:10), con el fin de arar la tierra. La prohibición no se basaba simplemente en el hecho obvio de las diferencias físicas de estas criaturas (e.g., tamaño, fuerza) y el efecto de tales condiciones inadecuadas en la labranza, sino también en el significado religioso de tal práctica y su efecto inadecuado en la vida espiritual del pueblo de Dios. Los israelitas debían ser un pueblo santo (Levítico 19:2); sus costumbres y los aspectos de su vida regular debían reflejar la santidad a la cual había sido llamados. Por ende, no debían arar su tierra al usar un yugo desigual compuesto de un animal puro (Exodo 22:30) e impuro (Éxodo 13:13), no debían sembrar su campo con mezcla de semillas o usar vestidos de diferentes hilos. Tales prácticas amorales enfatizaban su compromiso con la santidad.

Aunque tales prohibiciones en la labranza, la siembra y la vestimenta no se aplican en el Nuevo Testamento, el principio que enseñan todavía es universal: los cristianos deben separarse de las impurezas y contaminaciones del mundo. Entonces, el “yugo desigual” en 2 Corintios 6 hace referencia a (1) más que una asociación circunstancial con los incrédulos (1 Corintios 5:9-10), (2) más que una convivencia física entre un creyente e incrédulo que están casados (1 Corintios 7:13), (3) más que una relación familiar entre miembros creyentes e incrédulos que forman parte de una familia (1 Corintios 7:14), y (4) más que una relación de responsabilidad recíproca entre siervo y amo, empleador y empleado, gobierno y ciudadano (1 Corintios 7:21; Efesios 6:5-7; Romanos 14).

Por otra parte, si el “yugo desigual” hiciera referencia a toda relación que el cristiano pueda tener con el incrédulo, ¿cuáles fueran las implicaciones? 

  • El matrimonio de un cristiano con un incrédulo sería pecaminoso. En tal caso, la única manera de estar en armonía con Dios sería la disolución de esa “unión pecaminosa”. [Note que el texto amonesta: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré” (vs. 17)].
  • La persona casada que llega al cristianismo pecaría de permanecer con su pareja incrédula. Sin embargo, el mismo apóstol dijo: “Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido” (1 Corintios 7:14).
  • Toda relación familiar o secular con un incrédulo sería prohibida. Tal situación hiciera necesario que los cristianos salieran del mundo (Juan 17:15).
  • Todo esfuerzo por alcanzar a los perdidos llegaría a ser imposible (1 Corintios 9:19-23) ya que cada contacto con ellos fuera prohibido. 

¿Deberíamos cortar todo contacto con el mundo alrededor nuestro? Desde luego que no, y 2 Corintios 6:14 no propone esto. Se ha sugerido los siguientes principios para determinar los límites cristianos según su relación con el mundo: (1) Hay un gran campo de acción, actividad, principio y pensamiento sobre el cual la incredulidad, el pecado, el paganismo y el mundo ejercen control absoluto (i.e., la idolatría, el pecado, el vicio, la lujuria, la deshonestidad, la mentira, los placeres ilícitos). Se prohíbe que el cristiano se involucre en tal campo. (2) Hay un gran campo de acción, pensamiento y plan que son comunes para el mundo y el cristiano—donde no se espera que el cristiano abandone o comprometa sus principios o su conducta santa (i.e., relaciones comerciales y profesionales, búsquedas educacionales, el amor y afecto que se debe a familiares y amigos, las responsabilidades ciudadanas, el bien social) [Barnes, 1847, 2:155-156]. Se permite que el cristiano entre en tal campo.

Así que llega a ser claro que proponer una interpretación que incluya cada aspecto de la interacción humana del creyente con el incrédulo causa que la enseñanza apostólica pierda su enfoque principal y consistencia adecuada.

EL MATRIMONIO ENTRE UN CRISTIANO Y UN INCRÉDULO

Si la frase “yugo desigual” no es una referencia directa al matrimonio entre un cristiano y un incrédulo, entonces, no hay sostenimiento bíblico para aconsejar o proponer que un cristiano no debería casarse con un incrédulo, ¿cierto? Sí lo hay. Hay muchas personas casadas que llegan al cristianismo pero cuyos cónyuges no lo hacen, y por ende, no pueden cambiar su situación matrimonial mixta sino simplemente encomendarse al Señor y tratar de influenciar a su cónyuge incrédulo (1 Corintios 7:13-16; 1 Pedro 3:1). Por otra parte, existe evidencia suficiente para amonestar a la hermandad cristiana soltera a considerar seriamente cualquier unión mixta futura.

Primero, aunque es cierto que el contexto del “yugo desigual” no es el matrimonio, en una aplicación general, la incredulidad y carencia de santidad del inconverso es incompatible con la fe y santidad espiritual del cristiano. Aunque se puede encontrar virtud en muchas personas, lo cierto es que no existe nada en el incrédulo que sea atractivo espiritualmente para el creyente. El creyente que escoge comenzar una relación con un incrédulo está basando tal relación principalmente en el aspecto físico—lo cual, aunque pueda no ser condenado como pecado, revela su falta de madurez espiritual. Adam Clarke ha sugerido que

el sentido común y la piedad verdadera revelan lo absurdo que estas dos personas [el creyente y el incrédulo como candidatos del matrimonio—MP] pretendan caminar juntos en una manera en la que no están de acuerdo. Un hombre muy sabio y santo ha señalado en este punto: “Un hombre que es realmente piadoso, que se casa con una mujer incrédula, regresará al camino de perdición o cargará una cruz durante su vida”. Se puede decir lo mismo de una mujer piadosa que se casa con un hombre incrédulo (1983, pp. 1073,1074).

Segundo, el cristiano que considera una unión sentimental con un incrédulo está revelando que necesita analizar sus prioridades. ¿Debería un cristiano desear una relación intima con una persona que no tiene interés en absoluto por el Dios que es el centro de la vida cristiana (Mateo 22:37-38)? ¿Debería una cristiana desestimar la hermandad espiritual pensando que el mundo puede ofrecer un “mejor candidato” como un compañero para toda la vida(cf. Jueces 14:3)? ¿Revela esta elección irreflexiva que tal cristiano o cristiana tiene una relación más unida con el mundo que con el cristianismo?

Tercero, el cristiano que considera una unión sentimental con un incrédulo está revelando que tiene una vista espiritual corta. La vista corta de Sansón finalmente le guió a la ceguera completa (Jueces 16:20-21); sin duda, su elección afectó negativamente la memoria de Dios para su bien hasta casi el último momento de su vida (16:20,28). Los cristianos que consideran el matrimonio mixto no están previendo la realidad potencial de un ambiente conyugal futuro de hostilidad incrédula, las condiciones familiares desfavorables debido a los estándares pobres del cónyuge incrédulo en cuanto a la moralidad y la ética, los hijos cuyas almas son influenciadas negativamente por el cónyuge incrédulo, el desaliento constante y creciente de sus búsquedas espirituales, el abandono conyugal debido al enfoque mundano diferente en cuanto al divorcio y las nuevas nupcias, o la separación física con un cónyuge incrédulo obstinado que finalmente se despide de este mundo sin la esperanza de una reunión en el más allá.

Cuarto, las Escrituras del Antiguo Testamento están llenas de ejemplos y principios eternos que revelan la imprudencia de considerar la unión matrimonial con alguien que no comparte la fe bíblica. Cuando los hijos de Dios (los descendientes justos de Set) se unieron con las hijas de los hombres (las descendientes impías de Caín), produjeron una descendencia que se olvidó completamente de Dios y que finalmente desató Su ira en la forma de un diluvio que arrasó todo el planeta (Génesis 6-7). Cuando Israel comenzó a fornicar con las moabitas impías, ellas arrastraron al pueblo de Dios a la idolatría profunda y causaron finalmente la muerte de 24,000 personas, incluyendo a todos los príncipes del pueblo (Números 25). Acab se convirtió en el rey más impío de Israel, ya que “Jezabel su mujer [una sidonia impía] lo incitaba” (1 Reyes 21:25). Las mujeres paganas todavía eran un azote impío para el pueblo que había regresado de la cautividad (Esdras 9-10; Nehemías 13). La tragedia lamentable que aconteció al ser humano más sabio debería ser suficiente para disuadir a cualquier cristiano que considera incluso remotamente la posibilidad del matrimonio mixto:

¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Bien que en muchas naciones no hubo rey como él, que era amado de su Dios, y Dios lo había puesto por rey sobre todo Israel, aun a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras (Nehemías 13:26).

Todos estos ejemplos se aplican también a las mujeres cristianas que consideran el matrimonio mixto. Un hombre con costumbres mundanas puede influenciar negativamente la vida de una mujer cristiana así como una mujer incrédula puede hacerlo con el hombre cristiano. Cuando Dina salió a ver a las hijas del país (Génesis 34:1), encontró a un príncipe pagano que “la tomó, y se acostó con ella, y la deshonró” (vs. 2).

ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS

Si buscar una relación con una persona incrédula es una elección imprudente para un cristiano, entonces, ¿qué pueden hacer tales cristianos que se sienten atraídos a alguien que no comparte la fe? Aquí tiene algunos consejos: 

  • Si todavía no se siente atraído a ninguna persona, ahora es un buen tiempo para fijar sus ideales espirituales. Muchos llegan a sentir atracción por personas incrédulas ya que no tienen un sentido de dirección espiritual y metas definidas en su vida cristiana. Responder “¿Cuál es mi meta final en la vida?” ayudará al cristiano a escoger una pareja que le ayude a alcanzar esa meta.
  • Si se siente atraído a una persona incrédula, analice honestamente qué le atrae de tal persona. ¿Es simplemente el aspecto físico? Si lo es, entonces tal vez necesita cambiar su perspectiva (Proverbios 31:30).
  • Considere los peligros potenciales de tales relaciones mixtas. (Vea el tercer y el cuarto punto bajo el subtítulo anterior).
  • Antes de compartir algún sentimiento emocional con una persona incrédula, comparta el Evangelio de Cristo que puede cambiar su vida. No revele sus sentimientos; usted no desea que tal persona obedezca al Evangelio por la razón equivocada. Si la persona obedece al Evangelio, entonces conceda un poco de tiempo para distinguir los frutos de una conversión verdadera y del desarrollo cristiano (Mateo 13; Lucas 6:43-45). Si la persona no está interesada en compartir su vida con Dios, entonces, ¿debería el cristiano estar interesado en compartir su vida con tal persona?
  • Si ya ha comenzado una relación sentimental con alguien que es incrédulo, analice la situación y trate de influenciar a su pareja para llegar al cristianismo. Otra vez, no fuerce al incrédulo a obedecer el Evangelio al “amenazarle” indirectamente queterminará con él si no lo hace. Esto es muy probable que suceda si el incrédulo persiste en su incredulidad y si el cristiano ha comenzado a considerar la seriedad del matrimonio, pero es imprudente usar tal escenario para fomentar una seudo-obediencia.
  • Ore y aprenda a preocuparse desinteresadamente por el alma de tal persona. Una relación emocional no debe ser el fin supremo de ningún esfuerzo evangelístico. Si usted aprende a amar el alma preciosa de tal persona (Mateo 16:26), entonces habrá aprendido a amar sentimentalmente a tal persona cuando las condiciones sean adecuadas.
  • Aprenda a esperar y confiar en el Señor (Salmos 27:11-14). Incluso en nuestras relaciones sentimentales, debemos tener la actitud de Cristo: “[N]o se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). 

CONCLUSIÓN

Aunque no hay texto bíblico en el Nuevo Testamento, incluyendo 2 Corintios 6:14, para condenar y disolver el matrimonio entre un cristiano y un incrédulo, la decisión deliberada de un cristiano de comenzar una relación con alguien que no comparte la fe está plagada de muchos riesgos espirituales potenciales. El incrédulo todavía no ha dejado el mundo y sus placeres para someterse a la voluntad del Dios verdadero. Por ende, al unirse con el incrédulo, el cristiano se arriesga a ser influenciado negativamente por las costumbres impías de su pareja. Los ejemplos bíblicos y la experiencia cristiana nos enseñan que, en la mayoría de casos, el cónyuge incrédulo llega a ser causa de perdición espiritual para el cristiano y su descendencia. En un menor porcentaje, el cristiano permanece fiel, pero pasará el resto de su vida llevando una carga pesada debido a su compañero incrédulo. Y en un porcentaje mínimo, algunos cristianos finalmente llegarán a influenciar las vidas de sus parejas incrédulas. No obstante, la posibilidad de pérdida espiritual para el cristiano y su descendencia es tan alta que ningún cristiano serio debería atreverse a asumir el riesgo (Mateo 6:13). Tal curso de acción no es recomendable, sino es inconveniente, imprudente y extremadamente peligroso.

Referencias

Barnes, Albert (1847), Notas sobre el Nuevo Testamento: 1 Corintios-Gálatas [Notes on the New Testament: 1 Corinthians-Galatians] (Grand Rapids, MI: Baker).

Clarke, Adam (1983), El Comentario Paralelo de Bethany sobre el Nuevo Testamento [The Bethany Parallel Commentary on the New Testament] (Minneapolis, MN: Bethany).

Craig, William (sine data) “Matrimonio Con un Incrédulo” [“Marrying a Non-Christian”], Reasonable Faith, http://www.reasonablefaith.org/marrying-a-non-christian.