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¿No Creen los Musulmanes y Cristianos en Jesús?

Pregunta:

“En un seminario musulmán, un Imán declaró que los cristianos y los musulmanes creen en Jesús, pero que tienen diferente fe. ¿Qué me puede decir al respecto?”.

Respuesta:

Los musulmanes son rápidos en enfatizar que ellos también creen en Jesús. Después de todo, el Corán alude varias veces a Jesús de una manera favorable (e.g., Sura 3:45-51; 5:110; 21:91; et.al.). Pero esta reclamación es engañosa, ya que encubre el hecho que el cristianismo y el islamismo están en conflicto crudo en la proposición cristiana más importante del Nuevo Testamento: la divinidad de Cristo. En este punto, el islamismo y el cristianismo, la Biblia y el Corán, no están de acuerdo. Este desacuerdo tiene importancia solemne y magnitud inmensa, relegando a esta incompatibilidad como inexorable y permanente.

Aunque el Corán habla favorablemente de Jesús como profeta de Dios, denuncia vehementemente la deidad de Cristo. Por ejemplo, considere la Sura 18:1-5:

Alabado sea Alá, que ha revelado la Escritura a Su siervo y no ha puesto en ella tortuosidad, sino que la ha hecho recta, para prevenir contra una grave calamidad que procede de Él, anunciar a los creyentes que obran bien que tendrán una bella recompensa, en la que permanecerán para siempre, y ¡para advertir a los que dicen que Alá ha adoptado un hijo! Ni ellos ni sus predecesores tienen ningún conocimiento de eso. ¡Qué monstruosa palabra la que sale de sus bocas! No dicen sino mentira (énfasis añadido).

Y lea la Sura 19:88-93:

Dicen: “El Compasivo ha adoptado un hijo”. Habéis cometido algo horrible, que hace casi que los cielos se hiendan, que la tierra se abra, que las montañas caigan demolidas, por haber atribuido un hijo al Compasivo, siendo así que no le está bien al Compasivo adoptar un hijo. No hay nadie en los cielos ni en la tierra que no venga al Compasivo sino como siervo (énfasis añadido).

O lea la Sura 23:91:

Alá no ha adoptado un hijo, ni hay otro dios junto con Él. Sino, cada dios se habría atribuido lo que hubiera creado y unos habrían sido superiores a otros. ¡Gloria a Alá, que está por encima de lo que cuentan! (énfasis añadido; cf. también 25:2, et.al.).

Estas referencias demuestran que el Corán describe a Jesús como solamente un hombre—un profeta como Mahoma—que fue creado por Dios como cualquier otro ser creado (Sura 5:75; cf. 42:9,13,21). De hecho, cuando se compara a Jesús con cualquiera de los profetas (listados como Abraham, Ismael, Isaac y Jacob), se representa a Alá quien declara: “No hacemos distinción entre ninguno de ellos” (Sura 2:136; 3:84). Aunque parece que el Corán acepta la noción de la concepción virginal (Sura 21:91), la atribución de divinidad a Jesús, o la asignación a Jesús de un estado comparable a Dios, es pronunciar algo “monstruoso” u “horrible”—¡expresar nada más que “una mentira”!

Ciertamente este es el conflicto número uno entre el islamismo y el cristianismo—la deidad, la persona y el rol redentor de Cristo. Si Cristo es Quien la Biblia declara que es, entonces el islamismo y el Corán son una ficción completa. Si Cristo es quien el Corán dice que es, entonces el cristianismo no tiene fundamento y es una religión blasfema. Sin considerar otro punto, estas dos religiones no pueden lograr armonía. Pero el Nuevo Testamento es muy claro: el centro, fundamento y alma de la religión cristina es la lealtad a Jesucristo como Dios, Señor y Salvador. Jesús Se identificó como el “Yo Soy” del Antiguo Testamento (Juan 8:58; cf. 20:28-31). En Colosenses, Pablo afirmó firmemente en cuanto a Jesús:

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten (1:15-17). Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (2:9).

Tales descripciones de Jesús son frecuentes en el Nuevo Testamento. Jesús fue un profeta, como el Corán afirma (Sura 4:163), pero no solamente fue un profeta; Él fue Dios en la carne. De hecho, la confesión oral de la deidad de Cristo es un prerrequisito para llegar al cristianismo (Romanos 10:9-10). Este punto único revela incompatibilidad eterna entre el cristianismo y el islamismo. El hombre necesita ser cristiano para ser salvo (Juan 14:6; Hechos 4:12), pero nadie puede ser cristiano sin creer y confesar verbalmente la deidad de Cristo, y luego sumergirse en Cristo (Romanos 6:1-4; Gálatas 3:27). La Biblia declara que Jesús es la revelación final de Dios para el hombre (Hebreos 1:1-3). No ha habido otra revelación después del Nuevo Testamento.