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Nadie Tiene que Vivir de Tal Manera

Cuando se trata de las circunstancias económicas que están más allá de la capacidad personal, alguien simplemente puede no tener la capacidad de cambiar sus condiciones de vida. Pero hay varias oportunidades de hacer cambios positivos en el estilo de vida—cambios que, en muchos casos, no tienen nada que ver con las limitaciones económicas. Ciertamente, una persona puede dejar a un lado el comportamiento inmoral que conlleva males, y toda persona puede optar en llegar al cristianismo y permanecer siendo un hijo fiel de Dios (Marcos 16:16)—a pesar de los inconvenientes o riesgos personales (2 Timoteo 3:12; Apocalipsis 2:10).

Las letras de las canciones populares reflejan la destrucción del hogar y la depravación del mundo alrededor nuestro. Los tiroteos son una epidemia; los homicidios se han extendido desde las ciudades grandes a los pueblos pequeños y zonas rurales. El mundo está inundado de alcohol y drogas. El planeta completo está loco por el sexo; los comerciales sexuales venden desde galletas y hamburguesas hasta cualquier otra cosa imaginable. Se pudiera prolongar la lista, pero usted puede comprender la idea. Sería difícil pensar en que el mundo prediluviano de Noé fuera más depravado que el mundo del siglo XXI (Génesis 6:5). Sin embargo, ¡la humanidad no tiene que vivir de tal manera!

Más específicamente, ni los hombres ni las mujeres tienen que explorar los bares, las calles y el Internet para encontrar amantes y aventuras de una noche—y experimentar lamento debido a algún remanente sensible de la conciencia (1 Timoteo 4:2). No tienen que vivir de tal manera una y otra vez, noche tras noche, semana tras semana, mes tras mes y año tras año. ¡Nadie tiene que vivir de tal manera!

Nadie tiene que levantarse en la mañana preguntándose dónde está o qué hizo o qué permitió que le hicieran mientras estaba en un estado de embriaguez la noche anterior (Gálatas 5:19-21; 1 Tesalonicenses 5:5-8). Nadie tiene que aceptar esto como algo “normal” y predecible, como un escenario diario por el resto de su vida. ¡Nadie tiene que vivir de tal manera!

Nadie tiene que ser asolado por la culpabilidad de un embarazo ilegítimo o por traer a un bebé al mundo sin planeamiento y amor, y sin un padre que pueda proveer para las necesidades básicas de la vida. El aborto solamente empeoraría una decisión mala que ya se ha tomado debido a la pasión carnal de un momento pasajero (Hebreos 11:25; 1 Juan 2:16). ¡Nadie tiene que vivir de tal manera!

Nadie tiene que optar por una vida en la sombra de las desviaciones culturales erróneas que están muy lejos de las virtudes humanas (Romanos 13:3; 1 Pedro 2:13-14; 3:13). Nadie tiene que vivir de una manera paranoide debido al temor de dónde, quién y cuándo llegará la venganza violenta e inevitable por el mal recibido: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12). ¡Nadie tiene que vivir de tal manera!

Nadie tiene que vivir en soledad y egoísmo en este mundo de dolor. ¡Nadie tiene que vivir de tal manera! En cambio, nuestro destino es superior a la ley de la supervivencia que tiene diversión pasajera, ya que cada uno de nosotros tiene un alma en esta morada de carne y hueso (Romanos 7:22; Efesios 3:16). Esta alma finalmente regresará a Dios (Eclesiastés 12:7), Quien le dará una morada eterna (Mateo 25:46). Hablando espiritualmente, ninguno de nosotros es dueño de un hogar en la Tierra, sino es un peregrino (Hebreos 11:13; 1 Pedro 2:11) que viaja en la “Interestatal del Cielo” o en el “Desvío del Diablo” (Mateo 7:13-14). Lamentablemente, la mayor parte de la población mundial está tomando tal desvió que Satanás mismo construyó, el cual conduce rápidamente a los viajeros a un final ardiente (Mateo 13:41-42). ¡Nadie tiene que vivir de tal manera!

Cada persona puede escoger por sí misma (Josué 24:15) dejar la carnalidad de este mundo, y en cambio optar voluntariamente por la justicia (Apocalipsis 22:17), la cual tiene promesas para esta vida y la vida venidera (Hechos 14:17; 2 Pedro 1:3). Además, incluso la “gente moralmente buena” necesita regresar a Jesucristo con todas sus fuerzas, comenzando con la llegada al cristianismo verdadero (Romanos 10:17; Juan 8:24; Lucas 13:3; Mateo 10:32-33; Marcos 16:16), y optando solamente por el cristianismo (Hechos 11:26; 26:28; 1 Pedro 4:16). Incluso los cristianos verdaderos necesitan ánimo para mejorar: “Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida” (Filipenses 2:14-16). El mundo que se hunde y languidece en pecado está por todos lados alrededor nuestro, pero ¡nadie tiene que vivir de tal manera!