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Mateo 9: Lecciones de un Publicano

En el primer siglo, un “publicano” era la persona que colectaba los ingresos públicos e impuestos para Roma. Como es de esperarse, este no era un oficio que los tributarios apreciaban, especialmente los judíos que consideraban el sistema como un medio de opresión imperial. Tiempo antes, el poeta griego Teócrito había señalado que “el oso y el león son las bestias más crueles de la jungla, y los publicanos y los parásitos son las bestias más crueles de la ciudad” (citado en Kitto, 1845, 2:584).

La Biblia confirma este desprecio generalizado al conectar a los publicanos con los “pecadores” (Marcos 2:15; Lucas 15:1), las prostitutas (Mateo 21:31) y los gentiles (Mateo 18:17). Aún así, cuando el Dios del cielo participó de la mesa de los hombres, los publicanos penitentes fueron invitados a tomar asiento para disfrutar del banquete de Su gracia. Un publicano que disfrutó de una “porción” mayor fue Mateo. Él nos enseña:

  • Humildad. Para el tiempo que Mateo escribió su evangelio, él ya se había convertido en uno de los apóstoles selectos y respetados del Señor. Sin embargo, al narrar la ocasión de su llamado, se presentó simplemente como “un hombre” (vs. 9)—al mismo nivel que los demás hombres. Evitó identificarse como un discípulo especial, sino hizo referencia a él como un ex publicano (a quien la comunidad judía en general condenaba) y pecador (por asociación y oficio). Además, evitó tomar crédito por las atenciones que brindó al Mesías en tal ocasión (cf. Lucas 5:29). Ciertamente, Dios “atiende al humilde” (Salmos 138:6).
  • Obediencia. Solo se requirió una palabra del Mesías (“sígueme”, vs. 9) para que este publicano obedeciera. Lucas añade que “dejándolo todo, se levantó y le siguió” (5:28). Mateo había estado “sentado al banco de los tributos”; esa era su vida y su profesión. Pero cuando se le ofreció un lugar a los pies del Maestro, los tributos llegaron a perder su importancia; hasta donde sabemos, esa fue la última vez que ocupó tal banco o cobró una sola moneda más para Roma. Cuando el Señor llama, los verdaderos seguidores no objetan ni dilatan, sino obedecen (cf. Mateo 4:18-22).
  • Gratitud. El gran banquete que Mateo hizo (Lucas 5:29) resalta su gratitud profunda ante el Maestro que se había dignado llamar y exaltar a alguien que la sociedad menospreciaba. En un sentido espiritual, los que gozarán del banquete celestial en las bodas del Cordero (Apocalipsis 19:7-9) son aquellos cuyas vidas reflejan un banquete constante con Cristo (Apocalipsis 3:20). Los que hemos sido rescatados del reino de las tinieblas y hemos llegado a heredar un reino inconmovible, debemos tener “gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia” (Hebreos 12:28).

Jesús todavía es el “amigo de publicanos y de pecadores” (Mateo 11:19), pero para disfrutar de Su mesa debemos tener la humildad suficiente para someternos a Su autoridad, la obediencia suficiente para cumplir Su voluntad, y la gratitud suficiente para servirle con amor.

Referencia

Kitto, John, ed. (1845), Una Ciclopedia de Literatura Bíblica [A Cyclopædia of Biblical Literature] (Edimburgo, Escocia: Adam y Charles Black).