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Mateo 11: Una Invitación Abierta

Mateo 11:28-30 es una de las secciones más conocidas y citadas en el mundo religioso, y también es una de las más dulces e inspiradoras para el seguidor de Cristo. De la manera en que se la conoce, es “La Gran Invitación”, pero también es una invitación abierta del Salvador para que todos gocen de Su compañía eterna. Según sus componentes principales, esta invitación mesiánica es:

  • Voluntaria. Jesús comenzó Su invitación con la palabra “venid” (vs. 28). Él prepara la mesa y extiende la invitación (Salmos 23:5; Lucas 14:16-17; Apocalipsis 3:20), pero no obliga a nadie a participar de Su banquete. Como el padre amoroso que ansiaba la venida del hijo pródigo, Él observa constantemente el horizonte lejano con la esperanza de ver el reflejo del pecador cansado que camina hacia Él, y correr a recibirle (Lucas 15:11-32). Sin embargo, no despojará de voluntad personal al objeto de Su amor; por ende, cada hombre que oye Su llamado debe decidir venir voluntariamente (Apocalipsis 22:17).
  • Real. Recibir una invitación del presidente o una estrella del cine sería algo fascinante, pero esta invitación es aun más grandiosa—es del Amo del Universo, el Señor de señores y el Rey de reyes (Apocalipsis 17:14). Jesús no le invita venir a Mahoma, al Papa, Buda o a un “santo” favorito, ya que no hay descanso y salvación en tales personas (Hechos 4:12). Él dice: “Venid a mí” (vs. 28); Él es el único camino, la única verdad y la única vida (Juan 14:6).
  • Incluyente. Una palabra clave en la invitación del Mesías es “todos” (vs. 28). Cuando Jesús pronunció esta invitación en el primer siglo, “todos” estuvieron incluidos—los judíos, quienes estaban cargados de los ritos de la Ley Mosaica (Hechos 15:10) y de las imposiciones farisaicas de sus líderes religiosos (Mateo 23:4); los pecadores, quienes tambaleaban bajo el peso de su iniquidad; los penitentes, quienes tenían conciencias cargadas de culpabilidad y lamento; los creyentes, quienes estaban llenos de turbación ante la incapacidad de encontrar perdón y sustento por sus propios medios. Aún ahora, “todos” pueden venir a Él (Juan 3:16; Tito 2:11).
  • Activa. Esta invitación demanda acción. El que escucha el llamado del Mesías debe “venir” (vs. 28), “llevar” y “aprender” (vs. 29). Así como nadie puede “venir” a Jesús a favor de otro, tampoco nadie puede “llevar” el yugo de Jesús a favor de otro o “aprender” a favor de otro (cf. Mateo 16:24; 28:19-20; Marcos 16:16). Siempre hay algo que hacer en el camino a la recepción del banquete (cf. Hechos 2:37; 9:6).
  • Confortante. La invitación de Jesús ofrece descanso espiritual y eterno y una carga liviana (vss. 29-30). La carga del pecado consume y aflige la mente y el alma; Jesús ofrece reemplazar esa culpabilidad por la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7). La carga del pecado es pesada, insoportable y extenuante; Jesús ofrece reemplazar ese peso implacable por una carga que el amor puede sobrellevar fácilmente (1 Juan 5:3).

En el primer siglo, Él quitó la carga pesada de muchos y les restituyó la sanidad mental (Marcos 5:1-15), la dignidad personal (Juan 8:1-11), la paz emocional (Lucas 24:36-53) y la esperanza eterna (Lucas 23:38-43). Hoy quiere hacer lo mismo por usted. ¿Aceptará Su invitación?