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Los 5 Pasos de la Salvación: Creer

Para leer la primera parte de este artículo, haga clic en Parte 1.

La Escritura revela que la fe es esencial para la salvación. El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento se enfocan en el tema: “[E]l justo por su fe vivirá” (Habacuc 2:4; Romanos 1:17). El versículo bíblico más popular y muy amado dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). El Rey del cielo enseñó: “[S]i no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24).

En palabras simples, la fe salvadora es la aceptación de Jesucristo como Señor y la confianza en Él para hacer lo que Él requiere. El léxico de Thayer define fe (pistis) como:

  • Convicción que Jesucristo es el Hijo de Dios.
  • Confianza en Él como Señor, uniéndose a Él.
  • Obediencia a Sus mandamientos (vea Thayer, 2011).

Considerándolo de otra manera, “creer” (pisteuo) consiste de tres componentes básicos:

  • Aceptar hechos,
  • Confiar en esos hechos, y
  • Actuar según esos hechos.

La fe involucra lo completo del hombre. Se involucra los tres elementos de la personalidad en la fe bíblica y el cristianismo. Estos elementos son el intelecto, las emociones y la voluntad.

La fe que salva comienza con la convicción de que Jesucristo es el Hijo de Dios (intelecto).

La fe implica llegar a poseer el conocimiento de algunos hechos básicos en cuanto al Dios eterno y Jesús de Nazaret, un Hombre que vivió casi 2,000 años atrás. Estas verdades no son complicadas; tampoco requieren un curso de estudio extenso.

Debemos tener convicción en tres cosas:

  • Dios—Para creer en el Hijo “de Dios”, primero debemos creer en Dios. La Escritura dice: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Debemos creer en (1) la existencia de Dios y (2) el carácter benévolo de Dios (Su amor recompensa a aquellos que Le buscan).
  • Jesús—Debemos saber lo suficiente de los detalles de la vida de Jesús (Su nacimiento, enseñanza, carácter, muerte, resurrección) para estar completamente convencidos de Quién es. Se obtiene este conocimiento solamente a través del estudio de la Biblia, especialmente de Mateo, Marcos, Lucas y Juan (Romanos 10:17). Juan registra las palabras de Jesús: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18; cf. 3:16; 8:24).
  • El Evangelio (1 Corintios 15:1-4)—Justo antes de regresar al cielo, el Maestro dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16). Todo lo que debemos saber se encuentra en un libro: la Biblia.

La fe que salva guía a confiar en Jesús para encontrar salvación (emoción).

Elton Trueblood escribió: “La fe no es una creencia sin prueba, sino la confianza sin reservas”. El Espíritu Santo definió la fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe involucra seguridad basada en la evidencia, la cual produce convicción. Fe es confianza (2 Corintios 5:1).

La fe intelectual sola no salva. Algunos afirman mentalmente que Jesús de Nazaret vivió, e incluso están de acuerdo en que es el Hijo de Dios, pero nunca han confiado en Él y en Sus palabras. Satanás cree en Dios (Santiago 2:19), pero nosotros no le veremos en el cielo. Creo en George Washington, pero no soy un seguidor de Washington. Creo en Cristo, y soy un cristiano. ¿Cuál es la diferencia? Nunca he puesto mi confianza en Washington o me he comprometido a seguir al padre de los Estados Unidos. Pero sí creo en Jesús y Le sigo.

La fe que salva concluye en la obediencia (voluntad).

El oír debe estar acompañado. Las Escrituras dicen: “Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (Hebreos 4:2). A.W. Tozer escribió: “La Biblia no admite ninguna fe que no guíe a la obediencia, ni admite ninguna obediencia que no se origine en la fe. Ambas son cosas inaceptables” (2007, p. 24).

La fe salvadora es la fe que se somete (2 Corintios 1:7-10). Cuando las tropas de Lee se rindieron al ejército de Grant, dejaron de pelear. Se sometieron a la voluntad de su oponente. El Rey Agripa creyó pero no se sometió, así que no llegó al cristianismo (Hechos 26:27-28). Algunos líderes creyeron en el Señor, pero Le negaron, así que no fueron salvos (Juan 12:42-43; cf. Mateo 10:33). Pablo dijo que la fe que cuenta es la que obra por amor (Gálatas 5:6). Santiago simplemente dijo: “[L]a fe sin obras está muerta” (Santiago 2:26). Wayne Jackson señaló (al comentar sobre Isaías 53:6: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas”): “Dios no requiere que arreglemos nuestro problema. Él requiere que finalmente nos rindamos y nos sometamos a Su voluntad”.

La “fe” no es fe sino hasta que responda al hacer lo que Dios requiere. Santiago dijo: “Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:18). A veces se presenta dos enfoques diferentes sobre la fe, pero es importante que creamos en el enfoque correcto:

  • Primero: “Solamente se puede recibir la salvación por medio de la fe/creencia”.
  • Segundo: “Se puede recibir la salvación solamente por la fe”.

Estas son dos ideas muy diferentes. La primera enseña exactamente lo que la Escritura dice (somos justificados “por la fe” [Romanos 5:1]); la segunda no lo hace (no somos salvos “solamente por la fe” [Santiago 2:24]).

Por ende, la fe que salva involucra el intelecto, las emociones y la voluntad. Esto es como casarse. Los hombres conocen a las mujeres. A los hombres les gustan las mujeres. A las mujeres les gustan los hombres. Cada uno piensa: “Pudiera pasar toda mi vida con él/ella”. Hay una chispa; ellos se sienten conectados emocionalmente, pero intelectualmente se preguntan: “¿Somos compatibles?”. Se ponen de acuerdo para salir juntos, y otra vez lo hacen, y finalmente deciden llegar a ser una pareja. Cuando pasan más tiempo juntos, se sienten más unidos. Luego el intelecto y las emociones concluyen: “Esta es la persona”.

¿Están casados? No, porque se tiene que realizar el voto final—la voluntad. Cada uno considera la idea de casarse, pero se pregunta: “¿Estoy listo para esto? ¿Qué pasa si alguien más aparece en mi vida? ¿Puedo ser un buen cónyuge?”. Finalmente la voluntad decide: “Estoy listo para el compromiso. No puedo vivir sin esta persona muy especial”. Se hace una proposición y se la acepta; se determina una fecha; se firma un documento; se realiza una boda. ¡Ellos están casados!

La fe es algo indispensable. No la ignore.

Referencias

Thayer, Joseph (2011), Léxico Griego de Thayer [Thayer’s Greek Lexicon] (Biblesoft).

Tozer, A.W. (2007), Caminos al Poder [Paths to Power] (Chicago, IL: WingSpread Publishers).