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Lidiando con el Perfeccionismo

Muchos de nosotros somos perfeccionistas en ciertas áreas—las áreas que nos preocupan o interesan más. Otros son perfeccionistas en casi toda área de la vida. ¿Cómo podemos lidiar con el perfeccionismo?

Otto Klemperer fue un director de orquestra que nació en Alemania y que murió en 1973. Klemperer era demasiado reservado en elogiar a las orquestas que dirigía. Pero en una ocasión, después de una ejecución particularmente excelente, elogió emotivamente a la orquesta al decir: “¡Bien!”. Los músicos aplaudieron espontáneamente, y la sonrisa de Klemperer inmediatamente se transformó en un fruncir de ceño mientras decía de mala gana: “¡No tan bien!”.

Algunas personas no pueden contentarse con nada que sea casi perfecto. En su subconsciente hay una necesidad de control y afirmación. Según una perspectiva espiritual, este es un comportamiento que sugiere que alguien se ha puesto en el lugar de Dios. El perfeccionista piensa o actúa como si supiera todo, tuviera todo el poder y pudiera estar en todo lugar a la vez, y generalmente actúa como si no tuviera ningún defecto.

Pero si somos realistas, debemos entender que nunca alcanzaremos un nivel de perfección permanente y total mientras estemos en la Tierra. Debemos darnos cuenta que Dios nos perfecciona en Cristo (Filipenses 1:6; 2:13), y que no hay otra manera de que alguien sea perfecto. Debemos ser flexibles con los demás.

Lo cierto es que si somos diligentes, entonces nuestras intenciones y debilidades nos molestarán; de otra manera, no nos preocuparíamos por crecer en tales áreas. Pero el punto es que debemos entender que hay momentos en que es correcto ser exactos y exigentes, y hay momentos en que es apropiado ser flexibles.

¿Cómo se puede lidiar con el perfeccionismo?

  1. Aprenda flexibilidad y aceptación. Había un jardinero que era muy perfeccionista en el cuidado de su jardín, pero un año su jardín se llenó de mala hierba. Él usó cada método y producto imaginable. Nada funcionó. Finalmente escribió al Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, explicando todo lo que había hecho y preguntando qué más debía hacer. Se le dio la respuesta: “Trate de acostumbrarse a eso”.
  2. Pregúntese: “¿Qué es lo peor que pudiera suceder?”. ¿Realmente vale la pena preocuparse tanto por eso?
  3. Recuerde que el amor de Dios es incondicional.
  4. Por tanto, nosotros debemos amar a otros incondicionalmente.
  5. Sonría un poco—incluso de sí mismo.
  6. Sea realista. No espere lo imposible; asegúrese que las metas sean viables y razonables.
  7. Determine si el perfeccionismo es apropiado en tal caso. Aprenda a aceptar los resultados que son suficientemente buenos en ciertas tareas.
  8. No siempre es malo cometer ciertos errores; aprenda de ellos.
  9. Asegúrese que su corazón sea recto delante de Dios.
  10. Finalmente, recuerde Hebreos 10:14: “[C]on una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”.