Las Ideas Tienen Consecuencias

Kyle Butt

Alguien pudiera pensar, “¿Qué importa si creo en Dios, la Biblia, la creación o un concepto como la evolución orgánica?”. Usted puede pensar que eso es solamente una creencia—un montón de palabras y argumentos que tienen poco que ver con la vida real. Si piensa así, déjeme sugerirle cortésmente que eso no es cierto. Lo que se cree es la fuerza motriz de la manera en que se actúa. Si cree que el hombre fue creado a la imagen de Dios, entonces valorará mucho la vida humana. Pero si cree que el hombre es solo otro animal que ha evolucionado de una sopa primitiva en el pasado distante, entonces la vida humana perderá su singularidad y valor. Si el hombre fuera simplemente un “animal glorificado”, ¿sería equivocado deshacerse de aquellos considerados como una molestia—niños (no-nacidos), retrasados mentales, discapacitados o ancianos débiles? Si el hombre fuera simplemente un “simio desnudo”, entonces “sacarle de su miseria” no sería un pecado. Después de todo, les disparamos a los caballos cuando se rompen una pata, ¿cierto?

Usted pudiera decir, “No, la creencia en la teoría de la evolución realmente no animaría a nadie a cometer tales crímenes en contra de la humanidad. Primero, miremos los principios en los que la evolución se basa. Por ejemplo, considere la “supervivencia del más fuerte”. Este principio es parte de la misma fundación de la evolución, y básicamente declara que el más fuerte triunfa al sobrevivir por encima del débil, y algunas veces al destruirlo. Si siguiéramos este principio hasta su conclusión lógica, esto significaría que los humanos más fuertes pueden destruir a los humanos más débiles, y permanecer en armonía completa con el “orden natural de las cosas”. Si no cree que alguien pudiera llevar a la teoría de la evolución hasta su conclusión lógica, continúe leyendo.

ADOLFO HITLER—UN CASO DE PRUEBA

Adolfo Hitler tiene su lugar merecido como posiblemente el villano más infame de todos los tiempos. Los estudiantes de todas las edades, y los adultos que les enseñan historia, se estremecen al considerar los actos cometidos por este criminal. Sus atrocidades crueles reclamaron las vidas de más de seis millones de judíos y más de cuatro millones de otros grupos étnicos como los polacos y gitanos. Las cámaras de gas, los campos de concentración, los experimentos humanos atroces, la hambruna despiadada y el trabajo forzado son solo pocas de las imágenes que vienen a la mente cuando se escucha el nombre “Adolfo Hitler”.

Una pregunta que inmediatamente se presenta cuando alguien considera las acciones de Hitler es, “¿Por qué?”. ¿Qué causaría que un hombre pensara que se pudiera justificar tales actos de injusticia? Declarándolo sencillamente, la respuesta es la teoría de la evolución. Hitler creía que la raza aria era superior a las otras razas. Creía que la raza aria “superior” tenía el derecho de exterminar a todas las “razas inferiores”, ya que según la evolución, el “orden natural de las cosas” es que el fuerte sobreviva. Para usar las palabras de Charles Darwin, Hitler vio sus planes macabros como nada más que “la preservación de razas favorecidas en la lucha por la vida”.

Si se estudia seriamente la vida y las acciones de Hitler, se puede ver que la teoría de la evolución tuvo un rol principal en sus hechos atroces. Pero muchos evolucionistas objetan esta idea. Ellos declaran que la teoría de la evolución no pervirtió a Hitler, sino que Hitler pervirtió a la teoría de la evolución.

El problema con esta clase de pensamiento es que Hitler no pervirtió, ni alteró, la teoría de la evolución para sostener sus acciones. Él la siguió hasta su conclusión lógica. Según la teoría de la evolución, la naturaleza no tiene una conciencia que distinga entre lo bueno y lo malo. ¿De dónde conseguiría la “naturaleza” tal conciencia de moralidad? Ciertamente la moralidad no puede evolucionar de la materia inanimada. Ninguna sopa química puede progresar por evolución hasta llegar a tener conciencia. Lo más que la evolución pudiera producir sería la idea que “la fuerza hace el derecho”. Cuando Hitler exterminó aproximadamente a 10 millones de hombres, mujeres y niños inocentes, actuó en armonía completa con la teoría de la evolución—y en desacuerdo completo con el conocimiento humano de lo correcto e incorrecto.

No obstante, muchos evolucionistas objetan y sugieren que usar las acciones de Hitler para demostrar los efectos terribles de la evolución es como usar la Inquisición Española, las Cruzadas o el proceso de brujería de Salem para demostrar los efectos terribles del cristianismo. Pero la diferencia yace en el hecho que las Cruzadas, los procesos de brujería y la Inquisición Española fueron perversiones de las enseñanzas cristianas. Cristo enseñó a Sus seguidores a dar la otra mejilla, orar por sus enemigos y amar a sus prójimos como a sí mismos. Es cierto que a través de la historia, la gente ha cometido crímenes terribles “en nombre del cristianismo”. Pero no es cierto que estuvieron siguiendo los principios de Cristo. De hecho, estuvieron pervirtiendo la enseñanza de Cristo y torciendo esa enseñanza para decir cosas que Cristo nunca dijo. Por otra parte, las obras que Hitler hizo en nombre de la evolución no fueron una perversión de la teoría. Él entendió perfectamente los principios de la evolución y los aplicó consistentemente.

Un escritor dijo: “Si enseña a sus hijos que ellos evolucionaron de los animales, actuarán como animales”. ¡Cuán verdadero! Por otro lado, si enseña a sus hijos que ellos fueron creados a la imagen de un Dios santo, entonces puede esperar que sean santos como Él es santo.


Título original en inglés, “Ideas Have Consequences”, en www.apologeticspress.org. Traducción editada por Moisés Pinedo.