Las Enseñanzas de Cristo Sobre la Falsa Doctrina

Las enseñanzas de Cristo sobre la falsa doctrina

Jesucristo es el ejemplo supremo del cristiano. En cuanto a las pruebas y sufrimientos, Pedro escribió que “también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21). En cuanto al perdón fraternal, Pablo escribió que “[d]e la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13). En cuanto al servicio, Jesús mismo dijo a Sus discípulos: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15). De hecho, como el apóstol Juan declaró, “[e]l que dice que permanece en él [Jesús], debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6).

Surge la pregunta, “¿Cómo “anduvo” o actuó Jesús ante la falsa doctrina?”. ¿Cuáles fueron Sus enseñanzas en cuanto al tema?

DEFINICIÓN DE TÉRMINOS

Antes de abordar el tema de la falsa doctrina, es necesario definir algunos términos. En el Nuevo Testamento generalmente se traduce “doctrina” de dos términos griegos, didaque y didaskalia. La idea simplemente es “enseñanza” o “instrucción” (vea Vine, 1999, 2:293-294). Por ende, hablando teológicamente, la falsa doctrina hace referencia a la enseñanza falsa—aquel mensaje que es contrario o se encuentra en conflicto con la Palabra de Dios.

Aunque el término “falsa doctrina” es una expresión muy común en el campo religioso, es interesante notar que nunca aparece en el Nuevo Testamento. Sin embargo, es obvio que el Nuevo Testamento describe y condena implícitamente y explícitamente esta tendencia.

Entre las alusiones implícitas se encuentran las referencias de los escritores inspirados a la “doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42), la “sana doctrina” (1 Timoteo 1:10; 2 Timoteo 4:3; Tito 2:1; cf. Tito 1:9), la “buena doctrina” (1 Timoteo 4:6), la “doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10; cf. Juan 7:17), la “doctrina de Cristo” (2 Juan 9; Hebreos 6:1) y la “doctrina del Señor” (Hechos 13:12). Es decir, si el Nuevo Testamento distingue a algo como la doctrina apostólica, sana, buena y divina, entonces también debe existir algo como la doctrina anti-apostólica, dañina, mala y diabólica—la falsa doctrina.

Entre las alusiones explícitas se encuentran las referencias a “todo viento de doctrina” (Efesios 4:14), las “doctrinas de hombres” (Colosenses 2:22), la “diferente doctrina” (1 Timoteo 1:3), las “doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1) y las “doctrinas diversas y extrañas” (Hebreos 13:9). Jesús también hizo referencia a los “mandamientos de hombres” que se enseñaban como “doctrina” (Mateo 15:9), y a la “doctrina de los fariseos y de los saduceos” (Mateo 16:12).

Adicionalmente, el hecho que el Nuevo Testamento haga referencia a los “falsos profetas” (Mateo 7:15; 24:11,24; 1 Juan 4:1), los “falsos apóstoles” (2 Corintios 11:13) y los “falsos maestros” (2 Pedro 2:1), prueba fuera de toda duda que existe algo como la “falsa doctrina” que tales mensajeros falsos promueven.

Ya que la falsa doctrina es una realidad religiosa, los falsos maestros también son una realidad religiosa deducible. Pero ¿quién es un “falso maestro”? Ya que la falsa doctrina es cualquier mensaje contrario a la Palabra Dios, ¿quiere decir esto que cualquier cristiano que sostiene, cree o expone un punto doctrinal equivocado debe ser calificado como un falso maestro? Un escritor ha abordado esta pregunta y ha concluido que el falso maestro “es un maestro o profeta que tiene un carácter defectuoso que le motiva con maldad, en vez de ser un maestro sincero que está mal informado y que por ende sostiene una convicción diferente en algún punto o puntos” (Hook, 1984, p. 64).

Por tanto, el falso maestro no es aquella persona que, al esforzarse en exponer las enseñanzas bíblicas, malinterpreta un hecho involuntariamente o sostiene sinceramente un punto equivocado debido a la falta de información adicional sobre el tema. El registro de Lucas en cuanto a la predicación de Apolos en Éfeso clarifica esta idea (Hechos 18:24-28). Aunque Apolos solamente conocía y predicaba el bautismo de Juan, que para el tiempo de su predicación ya había “expirado” (cf. Hechos 19:1-5), Lucas no le calificó como un falso maestro. En cambio, hizo referencia a él como un varón “poderoso en las Escrituras”, que “había sido instruido en el camino del Señor”, que “enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor”, pero quien necesitaba conocer “más exactamente el camino de Dios” (Hechos 18:24-26). Por otra parte, el falso maestro es una persona sin escrúpulos, reverencia o aprecio por la verdad. En otras palabras, probablemente no exista tal cosa como un falso maestro sincero (cf. 2 Pedro 2:1-3).

EL ORIGEN DE LA FALSA DOCTRINA

El origen de la falsa doctrina se remonta al principio de la historia humana. Cuando se extendió la doctrina pura y verdadera a la raza humana, la falsa doctrina se abrió camino violentamente para también encontrar asilo en el corazón humano. Ya que “doctrina” significa “enseñanza”, entonces Dios fue el primero que impartió doctrina al hombre. En Génesis 1:28, Dios dijo a la primera pareja humana: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (énfasis añadido). Casi dos milenios después, la falsa doctrina trató de frustrar tal enseñanza (cf. Génesis 11:4-8).

Pero la falsa doctrina no siempre ha esperado milenios para presentarse. En Génesis 2:16-17, Dios instruyó al hombre, diciendo: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Ya que la instrucción divina implicaba consecuencias espirituales trágicas de la desobediencia, la falsa doctrina vio una oportunidad conveniente para causar daño fundamental e inmediato a la raza humana.

En realidad, la falsa doctrina no es una fuerza independiente que trabaja por sí misma. En cambio, es el producto del “padre de falsedad”. Satanás es el creador, sustentador y promotor fundamental de la falsa doctrina. Jesús aclaró este hecho cuando acusó a los judíos que procuraban matarle:

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira (Juan 8:44).

Note que Jesús declaró que Satanás “ha sido homicida desde el principio”. Esta no es una referencia a Caín, el primer homicida, sino a Adán y Eva—las primeras victimas del homicidio satánico. Pero ¿cuál fue el arma letal que Satanás usó para matar a la primera pareja humana? Jesús indicó que fue la “mentira”. Mientras que la instrucción divina incluía una consecuencia inminente en términos afirmativos (“ciertamente morirás”—Génesis 2:17), la mentira satánica incluía una absolución arbitraria en términos negativos (“No moriréis”—Génesis 3:4). Satanás usó la falsedad en el principio para introducir en el mundo el estado que conocemos como la muerte espiritual, y finalmente la muerte física. Como Barton Johnson explicó, Satanás “causó el primer homicidio, induce a aquellos que matan, y aquellos que [buscaban] matar a Jesús [tenían] su espíritu” (s.d., p. 261, corchetes añadidos).

El principio fundamental de todas las tácticas de Satanás es el engaño. Su falsa doctrina se ha extendido de una manera progresiva y diversa. Desde el principio de la historia humana, cuando se infiltró en el cuerpo de una serpiente, Satanás ha infiltrado su engaño en lo más profundo de muchas mentes humanas, en los sentimientos de muchos corazones crédulos, en los escritos de muchos teólogos, en las interpretaciones de muchas “versiones bíblicas”, en las letras de muchos himnarios “espirituales”, en los programas de muchos canales “cristianos” y hasta en los sermones de muchos predicadores de la iglesia del Señor. Aunque no podemos saber con certeza qué otro aspecto tomará la falsa doctrina en el futuro, podemos estar seguros que su presencia en el pasado, en el presente y en el futuro ha sido, es y será una realidad trágica de proporciones incalculables y consecuencias espirituales terribles.

EL ANTIGUO TESTAMENTO Y LA FALSA DOCTRINA

Nuestro aprecio por las enseñanzas nuevotestamentarias de Cristo en cuanto a la falsa doctrina fuera incompleto si es que no daríamos un vistazo breve a las enseñanzas del Antiguo Testamento en cuanto al tema. En el fondo, “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron” (Romanos 15:4), y se puede encontrar a “Jesús” en cada división general del Antiguo Testamento (Lucas 24:27,44; Juan 5:46).

El Antiguo Testamento presenta la falsa doctrina y a los falsos maestros como una realidad evidente. Antes que Israel llegara a ser una nación, ya existía un grupo organizado de falsos maestros (Génesis 41:8). Pablo hizo referencia a dos engañadores egipcios que “resistieron a Moisés” (2 Timoteo 3:8). Y Juan habló de aquellos que “retienen la doctrina de Balaam”—un profeta gentil que “amó el premio de la maldad” (2 Pedro 2:15), enseñó “a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel” (Apocalipsis 2:14) y se involucró “en el error” (Judas 11).

Pero la falsa doctrina también tuvo sus promotores entre el pueblo escogido de Dios en el Antiguo Testamento. En su viaje a la Tierra Prometida, Coré, un líder israelita, incitó por medio del engaño (Números 16:3,13-14) a un gran número de judíos “contra Moisés y Aarón” (vs. 3), y “contra Jehová” (vs. 11). Para el periodo de los jueces, la acogida israelita de la falsa doctrina llegó a ser una adicción recurrente (Jueces 2:11-13,17,19; 3:7; 10:6). Y para el periodo de la monarquía dividida de Israel, la falsa doctrina se había extendido tanto, que los falsos maestros habían llegado a ser parte del círculo real (1 Reyes 18:19).

¿Cuál fue la actitud divina en el Antiguo Testamento ante el error doctrinal? ¡Dios denunció las perversiones intelectuales religiosas! Como preparación para su entrada a la Tierra Prometida, Dios instruyó a los israelitas a través de Moisés en cuanto a las consecuencias trágicas que sufrirían si se olvidaban de Él y prestaban oído a la falsa doctrina (Deuteronomio 4:15-40; 7:1-5; 8:11-20). Durante la estadía israelita en la Tierra Prometida, Dios denunció constantemente la falsa doctrina a través de Sus profetas (e.g., 1 Reyes 13:1-3; 14:1-10; 18:20-40; 22:19-23; Jeremías 6:13-16; 8:9-12). E incluso durante la cautividad bajo naciones extranjeras, Dios continuó denunciando la falsa doctrina a través de Sus profetas expatriados (Ezequiel, Daniel).

Pero Dios no solamente denunció la falsa doctrina, sino ¡también la condenó! Las dos primeras cláusulas del Decálogo se aplican directamente a la falsa doctrina (Éxodo 20:3-5). Y el conjunto de leyes mosaicas estipulaba aproximadamente 16 crímenes capitales, y al menos tres estaban relacionados directamente a la falsa doctrina (Éxodo 22:18,20, Levítico 19:26,31, 20:27, Deuteronomio 13:1-11 y 18:9-14; cf. Miller, 2007). Deuteronomio 13 presenta la sentencia capital divina en términos muy claros:

Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños,…diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños… Tal profeta o soñador de sueños ha de ser muerto, por cuanto aconsejó rebelión contra Jehová vuestro Dios que te sacó de tierra de Egipto y te rescató de casa de servidumbre, y trató de apartarte del camino por el cual Jehová tu Dios te mandó que anduvieses; y así quitarás el mal de en medio de ti. Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos a dioses ajenos,…no consentirás con él, ni le prestarás oído; ni tu ojo le compadecerá, ni le tendrás misericordia, ni lo encubrirás, sino que lo matarás; tu mano se alzará primero sobre él para matarle, y después la mano de todo el pueblo. Le apedrearás hasta que muera, por cuanto procuró apartarte de Jehová tu Dios (vss. 1-10, énfasis añadido).

Claramente, en el Antiguo Testamento Dios instruyó, motivó y requirió que Su pueblo ejecutara a los que pervertían la verdad. En una ocasión, incluso Él mismo castigó mortalmente a un profeta por dejarse persuadir por la falsa enseñanza después de haber recibido instrucciones divinas claras (1 Reyes 13:8-26). Sin duda, los ejemplos de la severidad divina para con los promotores de la falsedad y los crédulos irreflexivos tenían el propósito que “todo Israel oiga, y tema, y no vuelva a hacer en medio de ti cosa semejante a esta” (Deuteronomio 13:11).

CRISTO Y LA FALSA DOCTRINA

El Antiguo Testamento fija el trasfondo para la actitud de Jesús ante la falsa doctrina. En el Antiguo Testamento, Israel, el pueblo escogido por Dios, era una confederación gubernamental y religiosa, donde el sistema de gobierno aplicaba las sentencias divinas—sea el castigo corporal o la pena capital—por crímenes civiles, morales e incluso religiosos. Aunque el pueblo cristiano en el Nuevo Testamento trasciende los bordes de una nación única, y es una organización exclusivamente religiosa y espiritual (permitiendo que el gobierno secular imponga los castigos correspondientes por las diferentes ofensas criminales), Jesús todavía censuró la falsa doctrina y a sus promotores. Considere lo siguiente.

Jesús No Toleró la Falsa Doctrina

Aunque se presentaron delante de Jesús con malicia, los discípulos de los fariseos y los herodianos calificaron correctamente a Jesús como “amante de la verdad” (Mateo 22:16). Ya que “[l]a verdad no tolera nada que sea incompatible consigo misma” (Chesser, 2001, p. 9), entonces Jesús, Quien amaba la verdad, tampoco pudo tolerar el error.

En varias ocasiones Jesús corrigió las interpretaciones y aplicaciones erradas de los líderes judíos en cuanto a la Ley Mosaica (e.g., Mateo 12:1-8; 19:1-9; Juan 8:3-11), las acusaciones falsas contra Su persona (Mateo 12:22-37), las tradiciones antiguas humanas (Mateo 15:1-20) y las doctrinas erradas (Mateo 22:23-32). Además, advirtió en cuanto a la levadura (doctrina) de los líderes judíos (Mateo 16:6,12) y los mandamientos de hombres (Marcos 7:7).

Sin duda, la verdad era un tesoro invaluable y singular para Jesús (Juan 7:16-17; 8:32; 17:17). Él nunca justificó, ignoró o de alguna manera toleró las perversiones doctrinales. En cambio, motivó a Sus oyentes a edificar sus casas sobre la roca—la verdad de Su Palabra (Mateo 7:24).

Jesús No Toleró a los Falsos Maestros

Jesús nunca tuvo una actitud condescendiente, indulgente o permisiva ante los promotores del error. Tampoco tomó una posición “políticamente correcta” para no “ofender” al que necesitaba reprensión doctrinal. En una ocasión, después de haber reprendido la hipocresía y enseñanza de los fariseos, Sus discípulos le dijeron: “¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?” (Mateo 15:12). En vez de ofrecer una excusa lastimera o una disculpa pública, Jesús respondió: “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (vss. 13-14).

Algunos términos severos enfatizan adicionalmente la inflexibilidad que Jesús mostró ante los falsos maestros. Jesús hizo referencia a ellos como “serpientes” y “generación de víboras” (Mateo 12:34; 23:33), “insensatos” (Mateo 23:17), “hipócritas” (Mateo 15:7; 22:18; 23:13; Lucas 11:44), “hijos del infierno” e “hijos del diablo” (Mateo 23:15; Juan 8:44), “ciegos guías de ciegos” (Mateo 15:14; 23:16), “necios” (Mateo 23:19), “generación mala y adúltera” (Mateo 12:39), “inicuos” (Mateo 23:28; Lucas 11:39), “falsos cristos” y “falsos profetas” (Mateo 24:24; Marcos 13:22), “ignorantes” (Marcos 12:24), “homicidas” (Mateo 23:31,34), “injustos”, “incompasivos” e “infieles” (Mateo 23:23,25; cf. Mateo 9:13), “adoradores falsos” (Mateo 15:8-9; Marcos 7:6-7) y “condenados” (Mateo 23:33; cf. Mateo 5:20).

Aunque Jesús dio la bienvenida a aquellos líderes religiosos que estaban dispuestos a escuchar la verdad (e.g., Juan 3:1-15; Lucas 7:36-50), mostró 0% de tolerancia ante aquellos maestros religiosos que deliberadamente enseñaban y persistían en el error. Jesús mismo declaró: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30).

Jesús Denunció los Peligros de la Falsa Doctrina

Pero ¿por qué Jesús no toleró la falsa doctrina y a sus partidarios? ¿Fue porque detestaba el desafío intelectual o porque deseaba monopolizar la enseñanza? ¿Fue a causa de un “fanatismo dogmático” que no le permitía considerar un punto de vista diferente? ¡Absolutamente no! Jesús no temía el reto intelectual o el debate público. Como Vernon McGee nos recuerda, “Jesús fue la persona más controversial que jamás pisara la tierra” (1982, 3:54). Además, no se reservó el derecho exclusivo de enseñar la verdad; en cambio, comisionó a muchos a hacerlo (Lucas 10:1-12; Mateo 28:19-20; Marcos 16:15). Finalmente, fue un partidario del razonamiento lógico (Mateo 22:41-46; Lucas 20:27-40), el testimonio verdadero (Juan 18:19-23) y la evidencia confirmada (Mateo 11:2-6; Juan 10:37-38). Entonces, ¿cuál fue la razón verdadera de Su oposición?

Se puede decir que Jesús se opuso a la falsa doctrina por dos razones principales. Primero, Jesús es la personificación perfecta de la verdad (Juan 14:6). Él amaba y enseñaba la verdad (Mateo 22:16; Juan 8:45), estaba lleno de verdad (Juan 1:14) y daba testimonio a la verdad (Juan 18:37). Por tanto, Su naturaleza veraz no le permitía tolerar el error en ningún grado. De la misma manera que la naturaleza de la luz es disipar la oscuridad, la naturaleza veraz de Jesús era “disipar” el error doctrinal al exponerlo claramente como una falsedad y corregir al extraviado.

Segundo, no cabe duda que Jesús se opuso a la falsa doctrina debido a sus consecuencias negativas inmensurables. La falsa doctrina no es simplemente una idea equivocada inofensiva que solamente origina una desilusión futura (como creer que saltar 10 veces al día puede añadir 10 centímetros a su estatura en el lapso de un año), sino es un engaño perverso de consecuencias catastróficas espirituales y eternas. A causa de la falsa doctrina, Adán y Eva perdieron su hogar perfecto (Génesis 3:6,24), 3,000 israelitas murieron a filo de espada en el acto idolátrico del becerro de oro (Éxodo 32:4,28), tres familias completas descendieron vivas al seol, 250 hombres fueron consumidos por el fuego y 14,700 personas más fueron heridas mortalmente en la rebelión de Coré (Números 16:1-3,31-33,49), una pareja fue traspasada con la lanza y 24,000 personas murieron en la instigación de Balaam (Números 25:1-3,6-9; cf. Apocalipsis 2:14), un joven profeta fue devorado por un león (1 Reyes 13:8-24), el reino del sur de Israel fue deportado a Babilonia (Isaías 3:12; Jeremías 13:25; 25:4-11; 52:4-30), y el reino del norte de Israel fue llevado en cautiverio hasta que su existencia fue borrada de la faz de la Tierra (Isaías 9:15; 10:5-6; Oseas 4:6,12; 5:13; 9:3; 13:3).

Jesús conocía estos peligros, y por ende, se opuso rigurosamente al error y la apostasía. Hizo referencia a la doctrina de los fariseos, saduceos y herodianos como “levadura” (Mateo 16:6,12; Marcos 8:15)—para denotar la naturaleza agresiva del error, que una vez “absorbido, esparce su infección, y hace al hombre agrio, desagradable, rígido y de naturaleza enferma, y le hincha con orgullo y vanidad” (Gill, s.d.). Habló de los falsos maestros como “lobos rapaces” (Mateo 7:15)—animales salvajes, listos para devorar ferozmente a su presa desprevenida (cf. Hechos 20:29). Y les calificó como “ciegos guías” (Mateo 15:14)—personas sin dirección, que no pueden percibir la verdad y que conducen a sus discípulos al abismo espiritual.

Ciertamente, el enunciado de Jesús en Marcos 9:42 se aplica a los falsos maestros, y es un testimonio que ninguna desventura física puede compararse a las consecuencias atroces espirituales y eternas para aquellos que promueven el error: “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar” (énfasis añadido). La suerte de aquellos que dan la bienvenida al error no es menos angustiosa: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23:15, énfasis añadido).

LOS EMBAJADORES DE CRISTO Y LA FALSA DOCTRINA

Las enseñanzas de Cristo no terminan con las lecciones que Él impartió mientras estuvo en la Tierra; en cambio, continúan con las lecciones que Sus embajadores registraron en el Nuevo Testamento. De hecho, Jesús mismo dijo que el “que a vosotros [Sus embajadores] oye, a mí me oye” (Lucas 10:16). Entonces, si deseamos tener una idea más completa de las enseñanzas de Cristo en cuanto a la falsa doctrina, debemos oír a Sus escritores y voceros inspirados.

Las enseñanzas de los embajadores de Cristo en cuanto a la falsa doctrina son muy claras. Se puede decir que ellos siguieron un método médico común para lidiar con la enfermedad del error: (1) Identificación, (2) corrección y (3) prevención.

Identificaron el Problema

Los embajadores de Cristo no fueron ajenos al problema del error y la apostasía. En Samaria, Felipe encontró a un falso maestro a quien “oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios” (Hechos 8:10). Pablo enfrentó a un engañador que no cesaba “de trastornar los caminos rectos del Señor” (Hechos 13:10). Y algunas de las iglesias en Asia estaban experimentando contaminación debido a las doctrinas erróneas que los falsos maestros promovían (Apocalipsis 2:14-15,20). Otros enunciados inspirados clarifican adicionalmente la presencia de la falsa doctrina al comienzo de la dispensación cristiana (Hechos 20:29; 1 Corintios 15:12; Gálatas 1:7; 2 Tesalonicenses 2:7-12; 1 Juan 4:1).

Corrigieron el Problema

Después de identificar el problema, los embajadores de Cristo realizaron grandes esfuerzos para corregir el error. De hecho, las epístolas del Nuevo Testamento contienen grandes secciones dedicadas a corregir los “ismos” de la falsa enseñanza. Las epístolas de Romanos, Efesios y Gálatas lidian generalmente con la idea equivocada que la justificación se obtiene por medio de las obras del judaísmo; 1 y 2 Corintios lidian con el concepto erróneo del partidismo; Filipenses lidia con el peligro engañoso del presumismo; Colosenses lidia con las filosofías falsas del gnosticismo y el ascetismo; 1 y 2 Tesalonicenses lidian con la noción equivocada del aniquilismo al momento de la muerte; 1 Timoteo a Tito lidian con la falsedad del anarquismo doctrinal y organizativo; Filemón lidia con el engaño social del clasismo; Hebreos lidia con la idea errónea del superiorismo del Antiguo Pacto sobre el Pacto de Cristo; Santiago lidia con los principios deshonestos del fariseísmo; 1 Pedro lidia con la tendencia seductiva del liberalismo; 2 Pedro a Judas lidian directamente con el activismo de los falsos maestros; y Apocalipsis lidia con el concepto falso del imperialismo satánico sobre el imperio divino.

Previnieron el Problema

Finalmente, los embajadores de Cristo dejaron un registro extenso de “recetas” para que su generación contemporánea y generaciones futuras pudieran prevenir el mal de la falsa doctrina. Entre algunas de ellas, se puede leer las siguientes advertencias:

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo [Pablo] sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hechos 20:28-30).
Mas si aun nosotros [los apóstoles], o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema (Gálatas 1:8; cf. vs. 9).
Examinadlo todo; retened lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21).
Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo (1 Juan 4:1).

LAS CARACTERÍSTICAS DE LOS FALSOS MAESTROS

Pero si los partidarios de la falsa doctrina vendrían disfrazados “con vestidos de ovejas” (Mateo 7:15), ¿cómo pudieran los primeros cristianos (y el cristiano en el siglo XXI), identificar la falsa enseñanza, corregirla y prevenirla? El Nuevo Testamento revela una serie de características por las cuales se puede identificar a los falsos maestros.

Son Falsos

Desde luego, esta primera característica es obvia; hasta ahora, se ha hecho referencia a estos maestros como “falsos”. Sin embargo, el cristiano puede pasar por alto la implicación de este término: como en el caso de toda falsificación, se debe esperar que el mensaje de los falsos maestros porte muchas características del mensaje original. Pero en el fondo, la falsa enseñanza nunca será una reproducción 100% exacta. Como un escritor ha señalado,

[m]uy frecuentemente los falsos maestros presentarán cosas muy ciertas en el 90% de su contenido, y declararán aquellas cosas que son de acuerdo general entre todos los santos, y este es el mismo punto en el cual se engaña a algunos hermanos—ellos no investigan el 10% restante y no se preocupan en considerar los frutos que vienen de lo que se ha propuesto (Jackson, 1982, p. 266).

Son Contradictorios e Hipócritas

Como la Corte Suprema de Apelación de Virginia del Oeste reportó en 1902, “[l]a verdad es consistente en todas sus partes, y está en armonía con todos sus entornos. No se opone a nada excepto al error. Se encuentra en armonía perfecta con todas las otras verdades; mientras que la falsedad está en conflicto con todo lo que es verdadero, y es inconsistente consigo misma” (Primer…, 1902, 41:376).

Por tanto, la contradicción e hipocresía de los falsos maestros son evidentes en tres aspectos: Ellos (1) contradicen la verdad.  Los falsos maestros “resisten a la verdad; [son] hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe” (2 Timoteo 3:8); (2) contradicen a otros falsos maestros. Aunque de vez en cuando los falsos maestros unen sus fuerzas para luchar contra la verdad, la naturaleza del error es tan diversa que incluso no existe consenso entre ellos. [Considere a aquellos maestros que se oponen a la doctrina católica errónea de la justificación por medio de las buenas obras y la participación en los sacramentos mientras que al mismo tiempo sostienen la creencia errónea de la salvación por fe solamente (e.g., Rhodes, 1997, pp. 157,177; cf. Santiago 2:24; Marcos 16:16; Hechos 2:38; 1 Pedro 3:21)]; (3) contradicen a sí mismos. Los fariseos hipócritas del tiempo de Jesús condenaban a los inocentes por los mismos actos por los cuales justificaban a los culpables (Mateo 12:1-4,7). De igual manera, los falsos maestros modernos cometen la misma clase de contradicción. [Compárese El libro de Mormón: Jacob 1:15, 2:27 y Mosíah 11:2 con Doctrinas y Convenios 132 como un ejemplo de la auto-contradicción de Joseph Smith en cuanto a la poligamia].

Son Anárquicos

Los falsos maestros carecen de respeto y reverencia por la autoridad—sea divina, escritural, ministerial o familiar. “[R]echazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores” (Judas 8), “desprecian el señorío” (2 Pedro 2:10), no se conforman “a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad” (1 Timoteo 6:3-5), y son “desobedientes a los padres” (2 Timoteo 3:2). Detestan los límites, las restricciones o la sujeción. Les gusta “pensar más de lo que está escrito” (1 Corintios 4:6). Por tanto, no es extraño escucharles despreciar la autoridad con los siguientes enunciados: “No es un gran problema”, “No sea legalista”, “Dios no le condenará por eso”, “Lo único que importa es que sea sincero”, etc.

Son Faltos de Entendimiento y Espiritualidad

Aunque frecuentemente los falsos maestros se presentan como personas “iluminadas” e “intelectuales” que han descubierto una verdad “desconocida” por el cristiano promedio, lo cierto es que no entienden “ni lo que hablan ni lo que afirman” (1 Timoteo 1:7; cf. 2 Pedro 2:12). Ya que su mensaje se basa en la vaciedad intelectual, los falsos maestros engañan a sus víctimas haciéndoles confundir la espiritualidad con el sentimentalismo. Sin embargo, ya que la espiritualidad verdadera se basa en la Palabra de Dios, y los falsos maestros rechazan la autoridad de la Palabra, y no pueden entenderla, entonces no tienen la capacidad de discernir la espiritualidad genuina (cf. 1 Corintios 2:13-14).

Son Codiciosos

Ya que el propósito de sus enseñanzas no es la promoción de la verdad, entonces los falsos maestros tienen una agenda completamente diferente. Como políticos corruptos, los ojos de los falsos maestros se encienden al considerar el provecho material o físico que pueden obtener a causa de su régimen impío. A diferencia de los siervos fieles de Dios que tratan de no aprovechar o abusar de su derecho en el Evangelio (cf. 1 Corintios 9:15-18), los falsos maestros “tienen el corazón habituado a la codicia… Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad” (2 Pedro 2:14-16). “[T]ales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres” (Romanos 16:18), se “apacientan a sí mismos” (Judas 12), “toman la piedad como fuente de ganancia” (1 Timoteo 6:5) y adulan “a las personas para sacar provecho” (Judas 16).

Son Libertinos

A los falsos maestros les encanta presumir que ellos son los dueños de la “libertad religiosa”. “[P]rometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción” (2 Pedro 2:19). “Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes” (2 Pedro 2:14), “mancillan la carne” (Judas 8) y “se corrompen como animales irracionales” (Judas 10). Como en el caso de los falsos maestros antiguos que por medio del error promovían el libertinaje carnal (Apocalipsis 2:14,20; cf. 2 Pedro 2:13), una de las agendas principales de los falsos maestros modernos es promover la promiscuidad sensual (e.g., Joseph Smith, James Baker (Padre Yod), David Koresh, David Berg, Mark Henkel).

Son Orgullosos

Como un escritor ha señalado, “[e]l orgullo es un pecado fundacional. Se ha erigido un mundo de iniquidad sobre el pecado del orgullo. El orgullo posee poder volcánico. El mal se desborda de su seno hacia la ribera de la humanidad, destruyendo todo en su camino. Por ende, cuando la inspiración registró siete cosas que Dios aborrece, ‘los ojos altivos’ [el orgullo—MP] encabezaron la lista (Pr. 6:17)” (Chesser, 2001, p. 175).

Parece que el orgullo fue la clase de pecado que ocasionó la rebelión y caída de Satanás (1 Timoteo 3:6; cf. Thompson, 1999, p. 13). Satanás usó la seducción del orgullo para tentar a Eva en el principio (Génesis 3:5). Y los falsos maestros no solamente usan esta misma táctica para engañar a sus víctimas, sino ellos mismos son el orgullo encarnado. Son “hombres amadores de sí mismos,…vanagloriosos, soberbios” (2 Timoteo 3:2), “envanecidos” (1 Timoteo 6:4) y “atrevidos y contumaces” (2 Pedro 2:10-11).

Son Infructuosos

Desde luego, esto no quiere decir que los falsos maestros no produzcan ningún tipo de fruto. De hecho, al advertir a Sus discípulos en cuanto a la naturaleza camuflada de los falsos maestros, Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). Luego añadió: “[E]l árbol malo da frutos malos” (vs. 17). Los falsos maestros producen frutos malos porque su enseñanza es mala (2 Timoteo 2:16; cf. Judas 13). Pero en un sentido, los falsos maestros son infructuosos—carecen de todo fruto espiritual. Son “árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados” (Judas 12). Son inútiles y espiritualmente estériles; carecen de fruto doctrinal y práctico bueno. Están completamente muertos en un sentido espiritual (cf. Hebreos 6:4-6); no tienen frutos ni hojas, y no pueden ni siquiera servir para dar sombra al cansado.

Además, así como en el caso de las “nubes sin agua” (Judas 12) para el agricultor, los falsos maestros son una decepción para el que espera “lluvias del cielo y tiempos fructíferos” (Hechos 14:17). Así como en el caso de las “estrellas errantes” (Judas 13) para el navegante, los falsos maestros son una decepción para el que espera ser guiado en un mar de confusión doctrinal.

LA RESPONSABILIDAD CRISTIANA ANTE LA FALSA DOCTRINA

La responsabilidad cristiana ante la falsa doctrina se deriva de la responsabilidad cristiana ante la verdad. Ya que el cristiano tiene la responsabilidad de proteger la verdad (1 Timoteo 3:14-15; 4:16; 2 Timoteo 2:15; Judas 3), entonces debe oponerse a la falsa doctrina (Gálatas 1:6-9). Lo cierto es que siempre ha existido una batalla espiritual e intelectual entre los partidarios de la verdad y los partidarios del error (2 Corintios 10:4-5). Pablo resumió la responsabilidad cristiana ante la falsa doctrina en Tito 3:8-11:

Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho. Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.

Por tanto, el cristiano tiene la responsabilidad de reprender la falsa doctrina (cf. Efesios 5:11), amonestar al extraviado doctrinalmente, y apartarse de aquel que persiste en el error. El fin noble de esta actividad es evitar la perdición de los oyentes (2 Timoteo 2:14) y convencer a los que contradicen y se oponen (cf. Tito 1:9-11), “por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Timoteo 2:25-26). Aquí hay algunos ejemplos de siervos de Dios que hicieron exactamente eso (tablero en Grizzell, p. 223, adaptado).

Ejemplo 1
Texto Bíblico 1 Samuel 15:1-33
Reprensor Samuel
Reprendido Saúl
Falsa Doctrina La obediencia parcial es aceptable (vs. 13)
Reprensión Jehová te ha desechado como rey (vss. 22-23)
Ejemplo 2
Texto Bíblico Números 16:1-35; Judas 11
Reprensor Moisés
Reprendido Coré
Falsa Doctrina Se puede ignorar el plan divino para el liderazgo (vs. 13)
Reprensión Te has juntado contra Jehová (vs. 11)
Ejemplo 3
Texto Bíblico 2 Samuel 11:6-15
Reprensor Natán
Reprendido David
Falsa Doctrina Dios puede aceptar la hipocresía
Reprensión “Tú eres aquel hombre” (2 Samuel 12:7)
Ejemplo 4
Texto Bíblico Mateo 14:1-12
Reprensor Juan el Bautista
Reprendido Herodes
Falsa Doctrina Es aceptable vivir en matrimonio no-escritural (vs. 4)
Reprensión “No te es lícito tenerla” (vs. 4)
Ejemplo 5
Texto Bíblico Gálatas 2:1-5
Reprensor Pablo
Reprendido Judaizantes
Falsa Doctrina La Ley de Moisés todavía rige en cuanto a la circuncisión
Reprensión Aquellos son falsos hermanos (Gálatas 2:4 y Hechos 15:2)

Aunque la historia bíblica y la experiencia evidencian que la mayor parte del tiempo el falso maestro y/o el extraviado doctrinalmente rechazará la reprensión, todavía debemos aplicar la reprensión y limpiarnos de la vieja levadura (1 Corintios 5:7). En este caso, como Marshal Keeble ha señalado, “[n]o hace daño que una manzana muerta caiga de un árbol” (citado en Gough, 2001, p. 205).

EL CASTIGO DE LOS FALSOS MAESTROS

Finalmente, el Antiguo y el Nuevo Testamento son claros en cuanto al castigo de los falsos maestros. Jeremías pronunció el juicio divino para los falsos maestros de Judá: “Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores…; por tanto, caerán entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová” (6:13-15; cf. 8:8-13). Isaías se le unió en su lamento (cf. 3:12-15). Por otra parte, Ezequiel pronunció la sentencia para los engañadores de Israel:

¡Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto!... Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: Ha dicho Jehová, y Jehová no los envió; con todo, esperan que él confirme la palabra de ellos… Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto vosotros habéis hablado vanidad, y habéis visto mentira, por tanto, he aquí yo estoy contra vosotros, dice Jehová el Señor. Estará mi mano contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentira; no estarán en la congregación de mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni a la tierra de Israel volverán; y sabréis que yo soy Jehová el Señor (13:3-9).

En el Nuevo Testamento, los profetas cristianos pronunciaron sentencias inminentes eternas contra los falsos maestros:

Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente,…sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio (2 Pedro 2:1-9, énfasis añadido; cf. Judas 6).

La sentencia para los falsos maestros ya está fijada; su castigo futuro es tan inminente y real como el castigo que los ángeles rebeldes, la humanidad antediluviana pecadora y Sodoma y Gomorra experimentaron. Por ende, la exterminación final y total de la falsa doctrina llegará a ser una realidad cuando Dios arroje al “falso profeta…dentro de un lago de fuego que arde con azufre”, donde será atormentado “día y noche por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 19:20; 20:10).

CONCLUSIÓN

Mientras continuemos viviendo en este mundo controlado “bajo el maligno” (1 Juan 5:19), siempre existirá la falsa doctrina, siempre existirán los falsos maestros y siempre existirán aquellos que sigan sus enseñanzas—ya que siempre habrá aquellos que no aman la verdad, sino que se complacen en la injusticia (2 Tesalonicenses 2:10-12). Pero en medio de esta realidad trágica, los cristianos fieles debemos recordar que: (1) la verdad siempre saldrá victoriosa; (2) los maestros fieles merecen nuestro aprecio y respeto; (3) la sana enseñanza y la reprensión doctrinal pueden rescatar al extraviado; (4) la falsa doctrina no tiene nada que ofrecer; y (5) los falsos maestros recibirán la justa retribución por su engaño.

Referencias

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Grizzell, Gary (1997), “Tapándoles Sus Bocas” [“Stopping Their Mouths”], Liderazgo (Leadership), ed. Michael Hatcher (Pensacola, FL: Bellview Chruch of Christ).

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Thompson, Bert (1999), Satanás—Su Origen y Misión [Satan—His Origin and Mission] (Montgomery: AL: Apologetics Press).

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