La Primera Pareja

Allen Webster

La historia del amor comenzó en un lugar hermoso, hace mucho tiempo atrás. El hombre solitario conoció a una mujer disponible—una pareja que se originó en el cielo; ellos fueron creados para estar unidos.

Adán deseaba a una pareja (Génesis 2:18). Es normal y natural que deseemos encontrar a alguien del sexo opuesto con quien compartir la vida. “El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová” (Proverbios 18:22). Los padres deberían animar a sus hijos a interactuar socialmente, salir y desarrollar relaciones saludables. Salomón observó: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?” (Eclesiastés 4:9-11).

Nuestra pareja es una bendición de Dios (Génesis 2:22).

En el caso de Adán, Dios hizo y presentó este regalo personalmente a él. A través de la providencia y la respuesta a la oración, Dios nos guiará a una compañía para toda la vida. Salomón escribió: “La casa y las riquezas son herencia de los padres; mas de Jehová la mujer prudente” (Proverbios 19:14; cf. 3:6; Santiago 1:17).

Debemos amar a nuestra pareja como a nuestro propio cuerpo (Génesis 2:23).

En el caso de Adán, Eva era parte de su cuerpo. Pablo tuvo esto en mente cuando escribió: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida” (Efesios 5:28-29).

Las parejas deben dejar a sus padres (Génesis 2:24).

Adán y Eva no tenían padres que dejar, pero Dios estableció este precedente que tenía la intención de aplicarse a todas las generaciones futuras. “Dejar” significa literalmente “abandonar o desatender”. Los jóvenes que se casan deben dejar a sus padres y madres:

  • físicamente (múdese de la casa de ellos a su propia vivienda). Un predicador anciano dijo: “Ponga tres puentes entre usted y sus suegros, y queme dos de ellos”;
  • psicológicamente (tome sus propias decisiones y lidie con las consecuencias, Gálatas 6:5); y
  • económicamente (el nuevo esposo debe sostener a su esposa y a sus futuros hijos, 1 Timoteo 5:8).

Las parejas deben permanecer unidas y desarrollar sus vidas juntos (Génesis 2:24).

En la creación, Dios hizo dos personas de una sola. En el matrimonio, Dios hace una persona de dos. La idea de la palabra “unir” (de dabaq) es “unir juntos; pegar; adherir; aferrar”. Hace referencia a una unión fuerte de dos objetos, y frecuentemente se usaba para describir la goma o el cemento. Job usó esta palabra cuando habló de sus huesos que se pegaron a su piel y carne (Job 19:20; cf. Salmos 102:5). También puede tener el significado de seguir muy de cerca. Algunas veces se expresa las dos ideas juntas, como cuando Rut se aferró a Noemí (Rut 1:14), o cuando los hombres de Judá se aferraron a David (2 Samuel 20:2).

Platón tenía una idea extraña pero interesante. Creía que originalmente los humanos eran el doble de lo que son ahora. Ya que su tamaño y fuerza les hacía arrogantes, los dioses les cortaron a la mitad. La verdadera felicidad llega cuando las dos mitades se encuentran otra vez, se casan y se complementan. Esto no concuerda con el relato del libro de Génesis, excepto por el hecho que Dios quiere que los dos lleguen a ser uno. Debemos ser uno emocionalmente, legalmente, físicamente y espiritualmente. Al trabajar en unidad, las parejas traen niños al mundo, les instruyen y preparan, y les envían afuera a repetir el proceso. Ellos se unen en el gozo del lecho matrimonial (Hebreos 13:4). Al unir sus manos y corazones, ponen la mirada en el cielo, y nunca miran atrás.

Las parejas deben luchar juntos contra Satanás (Génesis 3:1-6).

En el principio Satanás buscó un momento en que Eva estuviera sola. ¿Hubiera tenido éxito Eva al lidiar con Satanás si Adán hubiera estado con ella? Probablemente. Dos cabezas piensan mejor que una.

Las parejas no deben guiarse mutuamente al pecado (Génesis 3:6).

Satanás tentó a Eva, pero Eva tentó a Adán. Una novia puede presionar a su pareja a tener relaciones sexuales contra la voluntad de Dios (2 Timoteo 2:22). Un esposo puede insistir a su esposa a dejar de ir a la iglesia para que puedan visitar a la familia o ir a ver el juego de su equipo.

Las parejas no deben culparse entre ellos (Génesis 3:12).

Los hombres han estado culpando a sus esposas por sus errores desde el tiempo del Huerto del Edén. Una de las excusas para no asistir a la Gran Cena fue: “Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir” (Lucas 14:20). También se sabe que las esposas culpan a sus esposos en vez de asumir la responsabilidad de sus acciones.

Las parejas deben entender las diferencias que cada uno experimenta y deben ser comprensibles (Génesis 3:16-19).

Imagino a Adán que acerca su mano para tomar la mano de Eva mientras tristemente dejan el huerto. Ellos habían perdido todo, menos el uno al otro. Imagino que cuando Eva lloraba de dolor mientras Caín y Abel nacían, había un aspecto de comprensión en el rostro de Adán. Luego quizás dijo: “Eva, estoy muy orgulloso de ti por haber resistido esto. Sé que debe haber sido terrible”. Imagino a Eva que trae un recipiente de agua para Adán después de un día largo en el campo—quemado del sol, lastimado por las espinas del campo, y vestido con ropas que huelen a sudor. “Cariño, sé que has tenido un día difícil. Desearía que nunca hubiéramos pecado y pasar todos estos problemas”.

Las parejas deben continuar juntas durante los tiempos difíciles (Génesis 3:23-24).

Los matrimonios ya no duran tanto como antes. Considere los siguientes porcentajes de gente casada que alcanza los siguientes aniversarios.

  • 5º: 82%
  • 10º: 65%
  • 25º: 33%
  • 35º: 20%
  • 50º: 5%

Adán no abandonó a Eva ya que ella le costó el paraíso. Eva no se separó y vivió sola. Hasta donde sabemos por la Biblia, ellos permanecieron como pareja por los siguientes 900 años (Génesis 5:5).

Y piense: usted y yo estamos aquí debido a ese primer romance en el huerto hace mucho tiempo atrás.


Título original en inglés, “First Sweethearts”, por www.housetohouse.com; folleto. Traducción por Moisés Pinedo.