La Muerte de Cristo y la Omnipotencia de Dios

Pregunta:

“Entiendo que Dios es omnipotente, es decir, que puede hacer cualquier cosa. Entonces, ¿no pudo salvar al mundo sin exponer a Su Hijo a la muerte? ¿Fue la muerte de Cristo realmente necesaria?”.

Respuesta:

Esta es una pregunta interesante, y es necesario que los cristianos podamos responderla de manera adecuada. Tristemente, algunos cristianos, incluyendo maestros de Biblia, han fallado en presentar una respuesta bíblica y lógica para esta pregunta. Hace algún tiempo atrás, un maestro de Biblia (con buenas intenciones) respondió la pregunta señalando que “solo Dios lo sabe”, y que cualquier respuesta al respecto es “especulación irresponsable”.

Desde luego, sería imprudente especular interminablemente en cuanto a temas para los cuales no hay evidencia bíblica, pero en el caso de la pregunta que nos concierne, existe evidencia suficiente y adecuada para llegar a una conclusión exacta.

ENTENDIENDO BREVEMENTE LA “OMNIPOTENCIA”

Se ha planteado la pregunta en cuanto a la necesidad de la muerte de Cristo según el punto de vista que Dios es omnipotente, y que por ende, “puede hacer cualquier cosa”. Esto parece una definición adecuada de la “omnipotencia”, pero no lo es. Desde un punto de vista epistemológico, decir que Dios puede hacer cualquier cosa es insostenible; desde un punto de vista bíblico, es erróneo.

La “omnipotencia” se relaciona al poder, y hay cosas o proposiciones que simplemente no están sujetas al poder (vea Warren, 1972, et.seq.). Por ejemplo, ¿podría el Dios omnipotente crear una piedra tan pesada que Él mismo no pudiera levantar? ¿Podría crear un soltero que fuera casado? ¿Podría crear un cuadrado redondo? Si la “omnipotencia” significara que Dios puede hacer cualquier cosa, entonces estas cosas deberían ser posibles. A su vez, tal posibilidad descartaría la misma omnipotencia (es decir, si Dios podría crear algo que no pudiera levantar, entonces no sería omnipotente). Pero el problema con estas proposiciones es que no están sujetas al poder—no son lógicas, sino son absurdas, contradictorias e incoherentes. Simplemente, Dios “no puede realizar contradicciones ya que estas son nada, y anularían Su perfección” (Braun, en Bromiley, 1986, 3:594, énfasis añadido).

Desde un punto de vista bíblico, la “omnipotencia de Dios” quiere decir que Dios tiene todo el poder que se puede tener. Jesús dijo que “para Dios todo es posible” (Mateo 19:26; cf. Lucas 1:37; Job 42:2; Jeremías 32:17), pero, otra vez, tal “posibilidad” está sujeta a lo que el poder puede lograr (lo que es posible hacer); y en el caso de Dios, tal “posibilidad” está regulada armoniosamente por todos los otros componentes de Su naturaleza o carácter divino. Por tanto, se puede definir la omnipotencia de Dios como “el atributo por el cual Dios realiza adecuadamente lo que desea en armonía con Su naturaleza” (Heidegger, en Bromiley, 3:594).

Es un error lógico y escritural pensar en Dios como un ser que solamente es omnipotente—a tal punto de ignorar Sus otros atributos divinos. Dios es la suma y totalidad de Sus atributos, y ninguno de Sus atributos está desvinculado de Su naturaleza—incluyendo la omnipotencia. Dios es omnipotente, pero ya que también es amoroso, santo y justo (Salmos 119:137; Hebreos 1:8; 1 Pedro 1:16; 1 Juan 4:8), entonces Su omnipotencia armónica no puede pisotear tales atributos.

La Biblia es clara en cuanto a los atributos y el poder de Dios; por ende, señala, entre otras cosas, que el Dios omnipotente no puede mentir (Tito 1:2), no puede ser tentado al mal (Santiago 1:13), no puede negarse a Sí mismo (2 Timoteo 2:13) y no puede aliarse a Satanás (cf. Mateo 12:22-37). Sin embargo, esto no significa que Él no sea omnipotente, sino significa que es un Ser cuya naturaleza y atributos son completamente perfectos y coherentes.

RESPONDIENDO LA PREGUNTA

Ya que se ha descartado el concepto erróneo de que la “omnipotencia” significa que Dios puede hacer cualquier cosa, entonces esto abre las puertas a la posibilidad de que la muerte de Cristo haya sido un evento completamente necesario en el plan divino. Y ciertamente, esto es lo que la Biblia indica claramente.

Es cierto que un “Dios puramente omnipotente” pudiera salvar a la humanidad perdida de muchas maneras, pero aquí está el dilema del Dios de la Biblia: Todos los hombres son pecadores (Romanos 3:10-18), y el pago justo del pecado es la separación de Dios y la muerte (Romanos 3:23,26). Y ya que Dios es tan justo como es omnipotente, entonces no puede justificar al pecador bajo la prerrogativa de la “omnisciencia absoluta”. Un Dios que justifica arbitrariamente al pecador pudiera continuar siendo amoroso y omnipotente, pero no pudiera continuar siendo justo. Y si Dios no es justo, entonces no es el Dios de la Biblia.

Entonces, ¿cómo podía Dios seguir siendo justo y justificar al hombre? Este es el tema del libro de Romanos. Pablo describió la solución de Dios con las siguientes palabras inspiradas:

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (3:21-26, énfasis añadido).

La única manera en que Dios puede preservar Su santidad y justicia y a la vez justificar al pecador arrepentido es al ofrecer el pago adecuado por el pecado. Ese pago necesario y único fue el sacrificio de Su Hijo.

Nosotros entendemos este concepto. Cuando alguien hurta algo y es llevado a la cárcel, la justicia demanda restitución. Un juez no puede ser justo y a la vez absolver a alguien de su crimen. El criminal debe pagar por su crimen, o alguien más debe hacerlo. Ya que el hombre es incapaz de pagar el precio del pecado, entonces Alguien más (Jesús) tuvo que hacerlo (Isaías 53).

¿Pero fue el sacrificio de Jesús la única solución disponible para el Dios omnipotente? Aquí se debe señalar correctamente que el hecho de que haya una sola vía de salvación de ninguna manera anula la omnipotencia. En el fondo, si la disponibilidad de una sola vía limitaría a la omnipotencia, entonces esto quisiera decir que la omnipotencia también estaría forzada a conceder vías sin límites. Pero otra vez, la omnipotencia bíblica no demanda tal cosa, y la Biblia indica repetidamente que el sacrificio de Cristo no solamente fue necesario, sino también único. Este fue, y es, el único medio de salvación; simplemente no hubo, ni hay, Plan B en la mente divina para la redención del hombre (Juan 14:6; Hechos 2:23; 4:12; 1 Timoteo 2:5; Hebreos 2:10-14; 7:11,26; 9:22,28; 1 Juan 2:2).

La oración del Señor en la agonía previa a la cruz clarifica adicionalmente este hecho. Jesús clamó al Padre: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú (Mateo 26:39, énfasis añadido). Y otra vez: “Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (vs. 42, énfasis añadido). El silencio divino en la escena de la cruz enfatiza la imposibilidad de la redención sin el sacrificio del Hijo amado (Mateo 27:46).

CONCLUSIÓN

En vista del pecado del hombre y la justicia de Dios, el sacrificio de Cristo fue completamente necesario—a pesar del amor y la omnipotencia divina. Si hubiera existido otra vía de salvación, ¿habría el Padre amoroso escogido la muerte de Su Hijo? ¿Escogería un padre tal recurso extremo si hubiera otra opción disponible que evitara el abuso inhumano y cruel de un ser querido? Lo cierto es que sugerir que el sacrificio de Cristo no fue necesario o esencial en el plan de Dios es insinuar que Dios realiza rituales innecesarios y sin sentido, que Su método es imperfecto, y que Su amor es insuficiente. Para los cristianos, la esencialidad del sacrificio de Cristo debería ser un emblema claro de la naturaleza atroz del pecado, el gran amor del Padre, y la abnegación suprema del Hijo.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).

Referencias

Bromiley, Geoffrey (1986), La Enciclopedia Bíblica Internacional Estándar [The International Starndard Bible Encyclopedia] (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

Warren, Thomas (1972), ¿Han Provado los Ateos que No Existe Dios? [Have Atheists Proved There Is No God] (Jonesboro, AR: National Christian Press).