La Historicidad de Job

La historicidad de Job

Durante los varios siglos pasados, muchos han tratado de hacer de la Biblia un libro de ficción. Los ateos atacan fuertemente al relato de Génesis de la Creación, llamándole nada más que una historia ficticia que se debería clasificar con los mitos, tales como el relato babilónico de la creación. Los escépticos se burlan del relato bíblico del Diluvio global, llamándole una copia alterada de la Epopeya de Gilgamesh. Los teólogos liberales se esfuerzan en hacer que la Escritura se ajuste a sus fuentes seculares, declarando que la religión israelita es simplemente una atribución divina de las religiones paganas y sus dioses. Algunos profesores en universidades cristianas incluso han puesto en duda la historicidad de Jonás. Han hecho referencia a este libro como “solamente una historia corta” que “se puede considerar como una ficción histórica”. Ellos dicen: “[M]uchos libros modernos [pueden] tener un aire de exactitud histórica…así como el libro de Jonás, [pero] ¿[l]es hace eso historia? No, no lo hace” (Pemberton, 2002, 22:26-44). Tales intentos de considerar a la Escritura como ficción o poner en duda la naturaleza verdadera de sus registros históricos representan un ataque directo contra la Palabra de Dios, y se los debería refutar con toda diligencia, “mansedumbre y reverencia” (1 Pedro 3:15).

Algunos creen que el libro de Job no es nada más que una porción interesante de literatura no-inspirada. Otros declaran que Dios lo inspiró, pero, como en el caso de Génesis y Jonás, el libro de Job es una historia ficticia de gente, lugares y eventos imaginarios, contados con propósitos espirituales. ¿Qué revelan los hechos? ¿Hay buenas razones para creer que esta historia es un relato real que ocurrió mucho tiempo atrás?

JOB, EL HOMBRE

En un solo día, se informó al patriarca Job de la pérdida de todos sus 10 hijos, todo su ganado y muchos de sus siervos. En el capítulo 1 del libro de Job, aprendemos que mientras uno de sus siervos estaba contándole acerca de un grupo de sabeos que había tomado sus bueyes y asnos, y matado a todos los siervos que cuidaban los animales (excepto a él), otro siervo llegó mientras el otro todavía hablaba. Este segundo siervo dijo a Job que cayó fuego del cielo y consumió a sus ovejas y siervos. Otra vez, mientras este siervo estaba hablando, un tercer siervo vino y relató a Job que un grupo de caldeos había tomado todos sus camellos y había matado a todos los siervos excepto a él. Finalmente, mientras el tercero hablaba, un cuarto siervo vino y trajo noticias peores—todos los 10 hijos de Job habían perecido cuando un gran viento golpeó la casa donde estaban y causó que cayera sobre ellos. Sus 7,000 ovejas, 3,000 camellos, 500 yuntas de bueyes, 500 asnas, muchos siervos y 10 hijos desaparecieron en un pestañear. Y como si ser privado de sus posesiones y sus hijos no fuera suficiente, el cuerpo de Job contrajo una enfermedad desde la coronilla hasta sus pies, su mujer le recomendó “maldecir a Dios, y morirse”, y el consuelo de sus “amigos” dio origen a acusaciones injustificadas.

Debido a la extensión de la destrucción física y el sufrimiento mental, como también al lapso de tiempo limitado en el cual todo esto ocurrió, algunos críticos dudan de que Job hubiera sido una persona real. Creen que simplemente se imaginó a Job para enseñar una lección en cuanto al sufrimiento humano. Ellos dicen que tal vez se le pueda valorar como tales figuras parabólicas como el buen samaritano (Lucas 10:30-37), el hijo pródigo (Lucas 15:11-32) o el rico insensato (Lucas 12:16-21), pero no como quienes realmente vivieron en la Tierra.

Nunca olvidaré una conversación que tuve en cuanto a Job con un cristiano, quien, con un rostro de escepticismo, me informó que no creía que la historia de Job era real. Su idea era: “Nadie jamás ha experimentado tal dolor tan rápidamente”. Simplemente no creo que tal cristiano había considerado la evidencia irrefutable para la realidad de Job.

La Humanidad de Job

A diferencia del buen samaritano, el hijo pródigo, el rico insensato y otros personajes parabólicos, a este patriarca del Antiguo Testamento, cuya historia se registra en 42 capítulos de la literatura más hermosa que este mundo ha conocido, se le dio un nombre: Job. El libro comienza: “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job” (1:1, énfasis añadido). Él no fue simplemente un hombre ambiguo en una tierra lejana de un cuento de hadas. Él fue un hombre real y “mortal” (cf. 4:17), de quien su Creador dijo: “[N]o hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (1:8). Él era el “varón más grande que todos los orientales” (1:3). Dios declaró específicamente que Job era una persona real cuando declaró que el animal imponente, behemot, había sido hecho como él (40:15).

En el libro de Job se cataloga la riqueza del patriarca, se identifica su tierra (cf. Jeremías 25:20; Lamentaciones 4:21), se hace referencia a su padre (Job 15:10), se enumera a sus hijos, se cita a su esposa, se nombra a sus amigos, se registra sus conversaciones y se describe en detalle su sufrimiento. Job habló de su nacimiento, e incluso de su concepción (3:3), y ansiaba la muerte para escapar de su aflicción terrible (6:8-10). Su sufrimiento no llegó un día y se fue el siguiente; tampoco fue perdurable. Duró por “meses” (7:3; 29:2), y estuvo caracterizado por llagas (2:7-8), mal aliento (19:17), pérdida de peso (19:20), desfiguración (2:12), piel oscura y encostrada, infestada de gusanos (30:30; 7:5), y huesos que ardían de dolor agudo (30:17,30). El sufrimiento de Job fue tan real como Job mismo.

El Linaje de Job

Pero alguien pudiera argumentar: “Sabemos que Elifaz fue temanita, que Bildad fue suhita y que Zofar fue naamatita (Job 2:11), y que se llamó ‘hijo de Baraquel buzita de la familia de Ram’ a Eliú (Job 32:2), pero no se revela el linaje de Job. ¿Quién fue su padre? ¿Dónde está su genealogía? ¿Por qué no sabemos más acerca de su linaje si es que fue una persona real?”.

La Biblia está llena de gente histórica y real de quienes se presenta poco o nada de información en cuanto a su linaje. ¿Debemos suponer que Sadrac, Mesac y Abed-nego (Daniel 1:7), Teófilo (Lucas 1:3; Hechos 1:1), Diótrefes (3 Juan 9) y Lidia (Hechos 16:14) fueron personajes ficticios ya que no tenemos información de sus familias? ¿Y qué en cuanto a Melquisedec (Génesis 14:18),  quien fue “sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida” (Hebreos 7:3)? ¿Fue él un personaje imaginario? En realidad, Melquisedec fue tan histórico como Abraham, quien le pagó diezmos (Génesis 14:20; Hebreos 7:2), y como Jesús, Quien fue un sacerdote “según el orden de Melquisedec” (Salmos 110:4; Hebreos 7:17,21).

Así como se omitió intencionalmente la ascendencia de Melquisedec en la Escritura para ilustrar el tipo perfecto de sacerdote que Jesús, el Gran Sacerdote, sería, sin duda la poca información que tenemos en cuanto a Job también fue intencional. Se admite que el texto bíblico presenta a los patriarcas con al menos algo de información genealógica (e.g., Génesis 11:26-29), pero no en el caso de Job. No sabemos en cuanto a sus antepasados o raza. No sabemos con seguridad cuándo vivió o exactamente dónde vivió (i.e., no se puede saber con seguridad exactamente dónde estuvo Uz). Sin embargo, como Perry Cotham concluyó, “en la sabiduría de Dios, esto es mejor para el propósito del gran libro ya que constituye a Job como un hombre universal, en otras palabras, un representante de toda la humanidad en su relación con Dios” (Cotham, 1991, p. 40). La gente de todo color, clase, grupo, país y reino puede encontrar gran fortaleza y ánimo en la historia real de Job.

El Nombre de Job

También se debe señalar el hecho que el nombre “Job” (hebreo Iyob o Iob en la Septuaginta) no fue un invento literario; este fue un nombre real que varios hombres tuvieron a través de la historia. Jacob tuvo un nieto llamado Job (Génesis 46:13). Además, como Francis Anderson señaló en su comentario de Job, “[s]e atestigua el nombre [Job—EL] varias veces a través del segundo milenio a.C. como un nombre cananeo antiguo que personajes reales tenían. Se encuentra en un texto de imprecación egipcia del siglo XIX a.C… Luego el ayab ugarítico confirma el nombre cananeo del sur A-ya-ab en las Cartas de Amarna” (Anderson, 1974, p. 78). Aunque algunos creen que Job significa “objeto de enemistad” o “el que acude a Dios” (Genung, 2006), el arqueólogo eminente y respetado, W.F. Albright, creía que estas referencias antiguas sostienen la explicación que originalmente el nombre significaba: “¿Dónde está (mi) Padre?” (Hartley, 1988, p. 66; Anderson, p. 78). Tal significado encaja perfectamente con el libro de Job, si se considera que (1) no se provee padre ni genealogía para el patriarca, y (2) a través de todos sus discursos, Job ansía hablar con Dios, su Padre por creación (10:2-3,9; 13:3,20-22; 31:35-37).

La Mujer Anónima de Job

Algunos han sugerido que ya que no se menciona el nombre de la mujer de Job (Job 2:9; 19:17; 31:10), entonces el libro de Job califica como parábola en vez de historia literal (cf. Cunningham, 2011). Pero tal declaración pasa por alto los siguientes puntos. Primero, se nombra específicamente a varios personajes en la historia de Job, incluyendo a Jehová, Job, Elifaz, Bildad, Zofar, Eliú, como también a tres hijas de Job: Jemima, Cesia y Keren-hapuc. El hecho que no se incluya el nombre de alguien en la historia no quiere decir que la historia sea una parábola, especialmente cuando se nombra a muchos otros en la historia. Segundo, hay muchas mujeres históricas reales en la Biblia cuyos nombres también son desconocidos, incluyendo, y especialmente, a las mujeres del tiempo de los patriarcas. No se menciona el nombre de las hijas de Adán y Eva (Génesis 5:4) o de Lot (Génesis 19). Se omite los nombres de las esposas de Sem, Cam y Jafet en la Escritura incluso cuando ellas tuvieron un rol importante en el plan de Dios para repoblar la Tierra. Otros hombres que vivieron en el tiempo patriarcal y de los cuales no se menciona el nombre de sus esposas incluyen a Caín, Lot, Labán y Potifar. Además, el nombre de muchas mujeres en el tiempo del Nuevo Testamento permanecen en el anonimato, incluyendo a la madre de Jacobo y Juan (Mateo 20:20), la suegra de Pedro (Mateo 8:14), la hija de Jairo (Mateo 9:18), la mujer samaritana (Juan 4) y muchas otras (Lucas 8:3). Entonces, obviamente el hecho de que no se mencione por nombre a la esposa de Job no tiene relevancia en la historicidad de Job.

Otras Referencias a Job en la Escritura

No solamente hay varias indicaciones en el libro de Job de que este patriarca sufrido fue un ser humano real de carne y hueso (no simplemente un personaje de una parábola), sino también se menciona a Job en la Escritura aparte del libro que lleva su nombre. De hecho, se menciona a Job en tres versículos diferentes en la Escritura (aparte del libro de Job), y ninguno de estos versículos transmite la creencia de que Job fuera un personaje ficticio.

Los primeros dos lugares en que se encuentra su nombre es Ezequiel 14, versículos 14 y 20. En el versículo 14, el profeta declaró: “[S]i estuviesen en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarían únicamente sus propias vidas, dice Jehová el Señor”. El versículo 20 dice casi lo mismo: “[Y] estuviesen en medio de ella Noé, Daniel y Job, vivo yo, dice Jehová el Señor, no librarían a hijo ni a hija; ellos por su justicia librarían solamente sus propias vidas”. El punto de Ezequiel en ambos versículos fue que las condiciones impías en Babilonia tenían tal naturaleza que incluso si Noé, Daniel y Job hubieran vivido en esa ciudad, nadie más aparte de ellos se salvaría. Ezequiel habló de estos tres hombres como personas reales e históricas, no como personajes de una leyenda. Si alguien reconoce que Noé y Daniel fueron personas históricas reales, entonces no hay razón para pensar algo diferente en cuanto a Job. Se escribió la historia de Job en un lenguaje poético hermoso, y se la agrupó con los libros de poesía en la sección de sabiduría del Antiguo Testamento. Sin embargo, el profeta Ezequiel, quien fue inspirado por Dios, creía que la vida de Job era tan genuina como la de Noé o Daniel. [NOTA: Se describe a mucha gente y lugares reales en los libros poéticos de Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantares. Por ende, no es lógico y consistente descartar la historicidad de Job simplemente porque se la describe principalmente en lenguaje poético].

El último lugar en que se menciona al patriarca sufrido en la Escritura (y la única vez que se le menciona en el Nuevo Testamento) se encuentra en la última parte del libro de Santiago. El hermano del Señor escribió: “Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:10-11, énfasis añadido). Santiago no estuvo escribiendo por inspiración acerca de una persona imaginaria; estuvo considerando a Job como una persona real así como Abraham, Elías y Rahab—personas históricas a quienes Santiago también mencionó en su epístola (2:21,25; 5:17).

EL SUFRIMIENTO “INCREÍBLE” DE JOB

Más que cualquier cosa, lo que causa la mayor parte del escepticismo en cuanto a Job es la pérdida intensa que experimentó en tal periodo corto de tiempo. ¿Cómo pudo un hombre perder 7,000 ovejas, 3,000 camellos, 500 yuntas de bueyes, 500 asnas, muchos siervos, y muy trágicamente, sus 10 hijos en solamente un día? Simplemente es demasiado para que algunos lo crean.

Job y la Evolución

No obstante, algunas de las mismas personas que dudan de la historicidad del sufrimiento de Job sostienen que la teoría de la evolución es un hecho. Los ateos y los evolucionistas teístas creen que durante muchos millones de años, una criatura multi-celular evolucionó hasta convertirse en una lombriz, la cual se transformó en un pez, que se transformó en un anfibio, que se transformó en un reptil, que se transformó en una criatura parecida a los simios, y que finalmente evolucionó hasta convertirse en un humano. Supuestamente, un ser humano impresionante con ojos, orejas, brazos, piernas, dedos, pulmones, etc. que funcionan correctamente pudiera evolucionar si se le concediera suficiente tiempo, y si fuera afectado por mutaciones y procesos casuales. Se sugiere que se debe creer esta teoría que está en conflicto con la naturaleza, que no tiene evidencia y que viola las leyes naturales, pero que no se debe creer en la historia de Job. Esto simplemente no tiene sentido.

Otros a Través de la Historia Han Sufrido Grandemente

Puede ser el caso que ninguna persona en la historia haya sufrido tanto como Job en un solo día. Sin embargo, ha habido muchos eventos trágicos en la historia. Ya que casi todos estamos de acuerdo en que hay muchos relatos verdaderos de personas y familias en la historia que han perdido prácticamente todos sus bienes en un “pestañar de ojos” debido a incendios, inundaciones, robos, bancarrotas, depresiones, caídas del mercado bursátil, etc. (e.g., Charles Prestwood, vea Hundley, 2002), entonces no es necesario documentar tales pérdidas financieras. Además, incluso si documentáramos tales acontecimientos desafortunados, la pérdida de todos los hijos de Job los superaría. Cuando se trata de la vida y muerte de aquellos a quienes amamos mucho, incluso los más materialistas entre nosotros ven que la ruina financiera no se compara con la muerte de los seres queridos.

Pero Job tampoco fue el único que alguna vez tuviera que lidiar con una gran tragedia familiar en un periodo corto de tiempo. Yo conozco a una mujer que perdió a su madre y a uno de sus hijos en solamente una semana. Luego perdió a su esposo un año después. Marva David, una madre de Portland, Oregon, perdió a sus dos hijos el mismo día—29 de enero de 2010. Su hijo de 23 años de edad murió de fallo cardíaco y renal en la mañana, y esa misma noche un oficial disparó a su hijo de 25 años (“Mujer de Oregón…”, 2010). Alicia Appleman-Jurman fue una de las muchas personas judías que experimentaron pérdidas crueles y dificultades en el Holocausto. Además de su sufrimiento y marginación, prisión, hambruna, un viaje al centro de exterminación y un pelotón de fusilamiento (todo lo que sucedió en un periodo de cuatro años), ella perdió a todos sus familiares cercanos. Los nazis dispararon a su madre, padre y a dos de sus hermanos. Se ahorcó a uno de sus hermanos, y el otro murió en una prisión en Rusia. Alicia fue la única persona de su familia cercana que sobrevivió al Holocausto (Appleman-Jurman, 1989).

Muchos creyentes fieles Han Experimentado Gran Sufrimiento

La Biblia está llena de hombres y mujeres fieles que sufrieron grandemente. Imagine el dolor que Noé y su familia sintieron mientras miraban y/o escuchaban a las muchas personas (tal vez millones) que perecían en el Diluvio—muchos de los cuales, sin duda, hubieran sido familiares. Considere el dolor que Lot, su esposa y sus hijos habrán sentido mientras el fuego y azufre destruía a miembros de su familia, amigos y hogar—y luego cuando la esposa de Lot se convirtió en una estatua de sal (Génesis 19:24-26).

El apóstol Pablo fue encarcelado y frecuentemente estuvo cerca de la muerte. Cinco veces recibió 39 azotes. Tres veces se le golpeó con varas. Una vez se le apedreó. Naufragó tres veces (2 corintios 11:23-25). Además de enfrentar toda clase de “peligros” (2 Corintios 11:26), experimentó “trabajo y fatiga”, como también “frío y…desnudez” (2 Corintios 11:27). Pablo fue un apóstol perseguido, quien sufrió grandemente, aparte de tener dolor continuo debido a un “aguijón en la carne” (2 Corintios 12:7). En conjunto, los apóstoles fueron hechos “espectáculo al mundo”, fueron despojados de sus ropas, golpeados y despojados de morada (1 Corintios 4:9-11). Fueron maldecidos, perseguidos y difamados (1 Corintios 4:12-13). Fueron hechos “la escoria del mundo, el desecho de todos” (1 Corintios 4:13). Aparte del hecho que la inspiración sagrada nos informa que Jacobo fue muerto a espada (Hechos 12:2), el Libro de Mártires de Fox indica que Mateo fue muerto por medio de la alabarda, Matías fue apedreado y decapitado, Andrés fue crucificado, Tomás fue muerto con una lanza, Pablo fue decapitado y Pedro fue crucificado (muy probablemente boca abajo) [Forbush, 1954, pp. 2-5].

Los hombres y mujeres fieles de Dios han sido “atormentados” (Hebreos 11:35). Anduvieron “errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra” (Hebreos 11:38b). “Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno” (Hebreos 11:36-38a). Ciertamente Job es uno de los ejemplos más grandes de fidelidad en frente del sufrimiento, pero él no fue el único que sufrió severamente.

Una Tragedia del Tiempo Moderno

Una de las tragedias instantáneas más terribles que una familia experimentó en años recientes ocurrió en Milwaukee, Wisconsin, el 8 de noviembre de 1994. Scott y Janet Willis estaban viajando con seis de sus nueve hijos en la Interestatal 94 a Watertown, Wisconsin, para visitar a su hijo mayor, Dan, y a su nueva esposa, y para celebrar dos cumpleaños que se acercaban. Sin embargo, antes de llegar a Watertown, la camioneta de la familia Willis golpeó un pedazo de metal que había caído de un camión. El metal perforó el tanque de gasolina, lo cual causó que la gasolina comenzara a gotear. “Segundos después, las chispas producidas por el metal que era arrastrado contra el pavimento prendieron fuego a la camioneta” (Backoer y Lev, 1994). La camioneta “explotó en llamas” (“Padres Sepultan…”, 1994). Cinco de los niños murieron casi instantáneamente en el fuego. Otro escapó con quemaduras que cubrían el 90% de su cuerpo, pero murió en la noche en el hospital. Scott y Janet fueron hospitalizados por varios días con quemaduras de primer y segundo grado. Pero las heridas físicas no se compararon al dolor indescriptible que sintieron por la pérdida de seis de sus hijos en este accidente insólito (Gillmore, s.d.).

¿Cuáles son las probabilidades de que algo como esto sucediera? El sargento David Lushowitz comentó sobre el accidente, diciendo: “Nunca he visto un accidente como este antes… Las probabilidades son astronómicas” (citado en Backover y Lev, énfasis añadido). Según los escritores del diario Chicago Tribune, Backover y Lev, “[l]as estadísticas de control de carretera sostienen la calificación de los investigadores de Milwaukee sobre el accidente como un suceso insólito” (énfasis añadido).

Las Circunstancias del Sufrimiento de Job

Aunque el hombre ha documentado muchas causas de sufrimiento instantáneo severo a través de la historia, algunos todavía rechazan creer que los eventos de Job (especialmente los del capítulo 1, 2 y 42) pudieran ocurrir. En un artículo titulado, “¿Pudiera la Historia de Job Ser una Parábola?”, Chuck Cunningham escribió: “Cuatro desastres fueron el resultado de la conversación de Dios con el acusador. Hay un sobreviviente en cada calamidad para contar la historia a Job. ¿Cuáles son las probabilidades de que esto suceda?... Job comienza con siete hijos y tres hijas, los cuales mueren. Job termina con siete hijos y tres hijas. ¿Cuáles son las probabilidades de que esto suceda?”. La idea es: “Esto es demasiada coincidencia, demasiado rápida—lo cual es muy irónico” (2011).

Se debe admitir que a la luz de los casos de sufrimiento grave que la historia secular ha registrado para nosotros, la aflicción de Job parece un poco inconcebible. Sin embargo, hay un punto importante que se debe recordar: La historia de Job no comienza en Job 1:14 (cuando los sabeos vinieron a robar los bueyes y asnas de Job y mataron a todos los siervos en el área). La historia del sufrimiento de Job comienza en Job 1:6, el día que Satanás se presentó ante el Señor. Cuando Dios mencionó a su siervo fiel delante de Satanás, este enemigo implicó arrogantemente que Job no servía a Dios a cambio de nada (i.e., que supuestamente el Señor no es inherentemente digno de servicio fiel). Dios había bendecido al patriarca, y aparentemente no había permitido que Satanás le hiciera daño mientras él rodea la tierra (Job 1:7) buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8). Por razones que Dios no revela, Él permitió acceso temporal a Satanás a todo lo que Job tenía (Job 1:12), lo cual luego incluiría su salud (2:4-7). En maneras que no conocemos, Satanás organizó ataques homicidas de los sabeos y caldeos, el fuego del cielo, el gran viento y los sufrimientos que Job experimentó (1:13-19: 2:1-7). El mismo Satanás que tentó a Adán y Eva, el mismo Satanás que buscó arruinar la vida perfecta de Jesús en Su momento más débil (Mateo 4:1-11), el mismo Satanás que había oprimido por 18 años a una mujer con un espíritu de enfermedad (Lucas 13:11,16) y oprimido a muchos otros en el primer siglo (Hechos 10:38), también afligió a Job inmensamente. Si se considera el rol personal de Satanás en el sufrimiento prácticamente instantáneo de Job, este evento “improbable” llega a ser plausible.

¿CÓMO PUDO DIOS HACER ESTO?

Algunos descartan la realidad histórica del libro de Job ya que no pueden reconciliar la idea de un Dios amoroso que permitiera que todo esto sucediera con Job y aquellos alrededor de él. Según Cunningham, “Este no es nuestro Elohim,…sino alguien como un Jehová griego que juega con las vidas de los hombres. Estos relatos contradicen al resto de la Palabra de Jehová, y Jehová no Se puede contradecir a Sí mismo… Nosotros hemos considerado al libro de Job literalmente en vez de considerarlo como una parábola” (2011). De igual manera, Kelvin Stubbs preguntó: “Dios permitió que se le quite a este hombre todo lo que era importante para él, su familia fue muerta…, y ¿se supone que esto es inspirado?... ¿Cómo puede amar a un Dios que trata a sus seguidores más devotos de esta manera?” (2009).

¿Causó Dios el Sufrimiento de Job?

En realidad, Satanás lo hizo. Sí, Dios dijo a Satanás: “[T]ú me incitaste contra él [Job] para que lo arruinara sin causa” (2:3), y luego el libro habla de “todo aquel mal que Jehová había traído sobre él” (42:11). Pero lo cierto es que estos enunciados son ejemplos de lenguaje idiomático, que realmente expresa, “no la realización de algo, sino el permiso de algo que se dice que el agente hace” (Bullinger, 1898, p. 823). Frecuentemente los escritores de la Biblia aluden al permiso de Dios para que algo se realice como algo que el Señor mismo realiza. Por ejemplo, 2 Samuel 24:1 indica que Dios “incitó a David” para censar a Israel, pero 1 Crónicas 21:1 dice que Satanás “se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel”. El significado es: Israel sufrió como resultado directo de la obra de Satanás en la vida del Rey David, lo cual Dios permitió.

Considere también que Moisés registró que “Jehová endureció el corazón de Faraón” (Éxodo 7:3,13; 9:12; 10:1; etc.). Pero Dios no forzó directamente a Faraón para que rechazara Su voluntad. En cambio, endureció su corazón en el sentido de que Dios proveyó las circunstancias y la ocasión para que Faraón aceptara o rechazara Su voluntad. Dios envió a Moisés a presentar Sus demandas ante Faraón, acompañando Sus palabras con milagros, pero Faraón decidió rechazar las demandas de Dios. Dios proveyó la ocasión para que Faraón demostrara su actitud inflexible, pero Él no fue el autor (o causa directa) del desafío de Faraón (vea Butt y Miller, 2003). De igual manera, Dios permitió que Satanás afligiera a Job, pero no causó directamente el sufrimiento de Job. “Satanás” fue quien “salió…de la presencia de Jehová, e hirió a Job” (2:7).

¿Permitiría un Dios de Amor que Job y Otros Sufrieran?

Independientemente de que Dios “permitiera” o “causara” el sufrimiento de Job, algunos no creen que un Dios de amor quitaría Su protección providencial de un siervo fiel, mencionaría su nombre para que Satanás lo considerara y permitiría que Job y muchos otros (i.e., su esposa, hijos y siervos) sufrieran e incluso murieran. Tal Dios que permite el sufrimiento ha guiado a muchos ateos a rechazar completamente a Job y a Dios, como también a ciertos creyentes a interpretar el libro de Job como un drama parabólico. Ya que se ha respondido completamente y lógicamente muchas veces el “argumento del mal, el dolor y el sufrimiento” (cf. Miller y Butt, 2009; Warren, 1972), solamente se responderá el argumento de algunos cristianos de que el libro debe ser una parábola ya que Dios nunca trataría a alguien como trató a Job, sus hijos y sus siervos.

¿Pero cómo pudiera ser una historia parabólica en cuanto a un Dios que permite que Satanás destruya a los hijos y siervos de Job, como también que cause gran dolor físico contra Job, de alguna manera más aceptable que una historia real? Una parábola es una historia ficticia, pero tiene un significado moral o espiritual. La palabra griega parabole (de donde obtenemos “parábola”) significa “arrojar al lado”. Es “una historia por la cual se usa algo real en la vida como medio para presentar un pensamiento moral” (Dungan, s.d., p. 227, énfasis añadido). Incluso si Job fuera una parábola (lo cual la evidencia niega definitivamente), ¿cómo pudiera eso solucionar el “problema” del permiso divino para que Job y otros sufran? Independientemente de que fuera una historia verdadera o parabólica en cuanto a Dios, cualquier historia inspirada por Dios en cuanto a Sí mismo debe reflejar adecuadamente Sus atributos perfectos. Transformar al libro de Job en una parábola de ninguna manera significa que “nada en el libro que se relacione a Dios realmente sea lo que parece ser”.

Lo cierto es que las acciones de Dios en el libro de Job son reales y consistentes con Su naturaleza y el resto de la Escritura. Dios es amor (1 Juan 4:8), pero tal amor no es contrario al permiso de Dios de que Sus siervos fieles sufran. Aunque Él no tienta a Sus hijos al mal (Santiago 1:13), Dios nos prueba (Génesis 22:1; Éxodo 20:20) y disciplina (Hebreos 12:3-11). Él incluso permite que muramos, sabiendo que nos espera una vida mejor más allá de este mundo (Hebreos 11:10,16; Juan 14:1-3). Él permitió que Juan el Bautista, Esteban, el apóstol Jacobo y muchos otros, incluyendo Su Hijo, sufrieran y murieran. Debemos recordar, como Warren observó, que Dios creó el mundo, no como el destino final del hombre, sino como “el ambiente ideal para desarrollar el alma” (1972, p. 16). Las dificultades que Dios permite o incluso produce en esta vida “motiva a que la gente cultive su espíritu y desarrolle su carácter moral—adquiriendo atributos piadosos como la valentía, la paciencia, la humildad y la fortaleza (Santiago 1:2-3; Romanos 5:3-4). El sufrimiento puede servir como disciplina y motivación para estimular el crecimiento y la fortaleza espiritual. Literalmente estimula a la gente a desarrollar compasión, caridad, amor y empatía por su prójimo” (Miller y Butt; cf. Warren, p. 81).

¿Pero por qué permitió Dios que los hijos y siervos de Job murieran? ¿Por qué no les permitió vivir como permitió vivir a Job? Dios no nos da la respuesta de esta pregunta. No nos dice todo lo que sabe, o lo que a nosotros nos gustaría saber (cf. Deuteronomio 29:29; Isaías 55:8-9). Lo que podemos saber es esto: Dios siempre tiene una buena razón para lo que hace. Tal vez estuvo recompensando a los 10 hijos y siervos de Job con una entrada temprana al paraíso (cf. 2 Reyes 2:11; Filipenses 1:21,23). O si los hijos y siervos eran malos, tal vez Dios usó esta ocasión para castigarles con la muerte física, así como lo ha hecho muchas veces durante la historia (Génesis 6-8; 19; Levítico 10:1-2; Números 16; Hechos 5:1-11). El hecho es que no debemos suponer que el permiso de Dios a Satanás es inconsistente con Su naturaleza amorosa.

CONCLUSIÓN

Aunque una gran parte del libro de Job permanece siendo un misterio (exactamente cuándo vivió Job, quién escribió el libro que lleva su nombre, dónde estaba la tierra de Uz, etc.), podemos saber que él fue una persona real que sufrió grandemente—tal vez como ninguna otra persona alguna vez sufriera—pero permaneció siendo fiel. Y allí yace el propósito principal de la historia preservada de Job: el patriarca es una inspiración para cada hijo de Dios que está determinado a seguir al Señor “por sendas de justicia” incluso cuando ande “en valle de sombra de muerte” (Salmos 23:3-4). Saber que Job perseveró a través de todas sus pruebas y tribulaciones nos da esperanza para que hagamos lo mismo cuando las pruebas de menor magnitud nos encuentren (Santiago 1:2-4; 5:10-11).

Referencias

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Título original en inglés, “The Historicity of Job”, en Reason & Revelation, 33[1]:2-12. Traducción por Moisés Pinedo.