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La Existencia de Dios, el Amor de Dios y la Matanza de Niños Inocentes

Un joven cristiano entra por primera vez a su clase de filosofía en la universidad. El profesor se pone de pie e informa a la clase que solamente la gente de mente simple cree en la Biblia y el Dios de la Biblia. Para probar su declaración, indica que la Biblia registra que Dios mató directamente, y mandó matar, a niños inocentes (e.g., Génesis 7:23; 1 Samuel 15:3). Y ya que la Biblia indica que Dios es perfecto y amoroso (Salmos 18:30; 1 Juan 4:8), y matar a niños inocentes es moralmente malo, ¡entonces el “Dios de amor” de la Biblia realmente no existe!

Este escenario y acusación contra el Dios de la Biblia está llegando a ser cada vez más común. En su libro popular, El Espejismo de Dios, el renombrado biólogo ateo, Richard Dawkins, escribió:

Se puede decir que el Dios del Antiguo Testamento es el personaje más despreciable de toda la ficción: es celoso y está orgulloso de serlo; es un monstruo consentido, injusto, despiadado y controlador; es un arrasador étnico sediento de sangre y vengativo; es un matón misógino, homófobo, racista, infanticida, genocida, filicida, pestilente, megalómano, sadomasoquista y caprichosamente malévolo (2006, p. 31, énfasis añadido).

Así como el profesor de filosofía, Dawkins presenta esta descripción como prueba de que el Dios de amor de la Biblia es simplemente un espejismo o una ilusión.

En vista de estas acusaciones, ¿cómo puede el joven cristiano (o cualquier cristiano) brindar una respuesta adecuada (1 Pedro 3:15) en cuanto a los relatos bíblicos que registran la matanza de niños por mandamiento o acto divino?

UNA RESPUESTA PARA EL ATEO

Pocos ateos están buscando honestamente una respuesta cuando acusan a Dios de inmoral debido a las narraciones bíblicas que registran la matanza de niños inocentes. Y por ende, lo mejor tal vez sea abordar la formulación de tal acusación antes de proveer alguna respuesta.

Si usted y yo estaríamos hablando de los conflictos entre naciones, y yo le dijera que ningún país jamás podrá derrotar a los Estados Unidos ya que nosotros podemos llamar a Superman, el Capitán América y el Increíble Hulk para defendernos, usted pronto señalaría que, en nuestro mundo de humanos regulares, los superhéroes son simplemente ficción. De la misma manera, en el mundo “puramente natural” del ateo, la moralidad objetiva es simplemente ficción.

El profesor de filosofía, o cualquier ateo que presenta tal acusación contra Dios, tuviera que callar vergonzosamente si se le preguntara: “¿Dónde aprendió que es malo o inmoral matar a niños inocentes? Lo cierto es que sin la existencia de un Dios moral, tampoco existiera un estándar objetivo por el cual él pueda concluir que algo es inmoral. Los mismos ateos entienden esta verdad, y por ende, han declarado:

Un sistema ético que basa sus premisas en las declaraciones absolutas usualmente no será aceptado por aquellos que consideran la naturaleza humana por medio de un criterio evolucionista (Motulsky, 1974, 185[4152]:654, énfasis añadido).
La moralidad, o más estrictamente nuestra creencia en la moralidad, es simplemente una adaptación puesta en marcha para promover nuestros fines reproductivos. Por ende, la base de nuestra ética no yace en la voluntad de Dios… En un sentido importante, la ética, como la entendemos, es una ilusión que nuestros genes imponen sobre nosotros para hacer que cooperemos (Ruse y Wilson, 1985, 108:51-52, énfasis añadido).
Frecuentemente los humanos y otros animales hacen elecciones, pero la interacción de la herencia y el ambiente las determinan, no el libre albedrío. No existen leyes morales o éticas inherentes; tampoco hay principios soberanos absolutos para la sociedad humana. Al universo no le importamos y no tenemos significado fundamental en la vida (Provine, 1988, 2[16]:10, énfasis añadido).

Dawkins mismo concluyó que “[e]n el fondo, este universo que observamos tiene exactamente las propiedades que deberíamos esperar que tenga si no existe el propósito, el mal y el bien, nada más que indiferencia despiadada” (1995, 273[5]:85).

Así que por un lado, los ateos rechazan los estándares éticos absolutos y nos dicen que la moralidad es una ilusión y que no existe el mal y el bien; y por otro lado, ¡se atreven a declarar que pueden probar que nuestro Dios es “inmoral”! ¿Pero por medio de qué estándar objetivo puede el ateo lograr eso, o incluso sugerir eso?

El punto es que el ateo ni siquiera puede comenzar a plantear la acusación contra Dios al sugerir que fue “inmoral” que se matara a niños inocentes, sin contradecir su ateísmo desprovisto de estándar moral. En el fondo, en el sistema ateo/evolucionista, el hombre no es nada más que un animal. Y como los ateos evolucionistas admiten, “[e]ntre algunas especies de animales..., parece que la matanza infantil es una práctica natural. ¿Podría ser esto también natural para los humanos—un rasgo heredado de nuestros ancestros primates…?” (Burke, 1984, p. 29, énfasis añadido). Si el hombre desciende de animales que matan a sus crías sin sentir remordimiento, ¿de dónde recibió su sensibilidad de consciencia para catalogar el infanticidio como algo inmoral y detestable? El ateo simplemente no puede probar que Dios sea inmoral ya que ni siquiera está dispuesto a admitir que existe la moralidad objetiva.

Adicionalmente, el hecho que el ateo haga tal argumento es prueba de que la moralidad no pudo haberse originado por medio natural. Así que en vez de ser un argumento a su favor, la acusación del ateo implica desde el principio la existencia de un agente externo que infundió al hombre con un estándar objetivo de moralidad (vea Lyons, 2012).

UNA RESPUESTA PARA EL CRISTIANO

En realidad, es el cristiano, quien cree en un Dios moral y quien posee un estándar moral objetivo en las Escrituras sagradas (Juan 17:17), aquel que necesita una respuesta para este dilema. Desde luego, también se puede presentar esta respuesta al ateo, pero el ateo primero debe reconocer que no puede incluso presentar esta acusación a favor de su ateísmo, ya que su ateísmo carece de un estándar adecuado para juzgar dilemas morales.

Según el Enfoque de la Identidad de Dios

Se puede ofrecer una respuesta adecuada al considerar la identidad de Dios. Se ha creado el dilema de la matanza de niños inocentes debido a las descripciones bíblicas de que Dios es un Dios moral y amoroso (1 Juan 4:8); estas cualidades son parte de la identidad de Dios. Pero también debemos considerar la descripción bíblica de que Dios es el Creador de todas las cosas y el Dueño de cada vida humana (Zacarías 12:1; Hechos 17:25; 1 Timoteo 6:13). Ya que Él es el dueño absoluto de cada persona, no solamente puede dar vida, sino también quitar vida sin incurrir en inmoralidad.

Considere el siguiente escenario. Imagine que viviera en una granja grande y que tuviera muchas cabezas de ganado. Si usted tomara una vaca y la matara para comerla o venderla, ¿quién pudiera acusarle de haber cometido un acto inmoral? Y si nadie pudiera hacerlo, ¿por qué no? La respuesta simple es que usted es el dueño de la vaca. Usted la compró, o tal vez la vaca nació en su granja. Pero ahora imagine que yo llegara a su casa y decidiera matar a la misma vaca para comerla o venderla. Eso sería inmoral. ¿Por qué? Porque simplemente yo no soy el dueño de la vaca.

Aunque se debe reconocer que el animal no está al mismo nivel del hombre, lo cierto es que la vida del hombre es sagrada no porque sea la vida del hombre, sino porque la vida del hombre pertenece a Dios; Él creó al hombre a Su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27). El hombre no puede quitar la vida del hombre sin el permiso de Dios, pero Dios, Quien es el Dueño de cada persona, puede decidir, según Sus propósitos santos, poner fin a la vida de algún individuo. Dios no solamente hizo esto con los impíos, pero también decretó la pena de muerte para algunos de sus siervos (Deuteronomio 34; 1 Reyes 13). Y en ocasiones, Sus decretos involucraron la muerte de niños inocentes.

Según el Enfoque del Amor de Dios y la Eternidad

Se puede presentar una respuesta adicional al apelar al mismo amor de Dios y la eternidad en la matanza de niños inocentes. Para el ateo, la vida física es todo lo que existe; y desde esa perspectiva, quitar a un ser humano todo lo que tiene sería inmoral (algo que se ha concluido que el mismo ateo no puede probar). Por otra parte, el cristiano cree que existe vida después de la muerte, y por ende, cuando Dios quita la vida física a alguien (o alguien experimenta muerte natural), tal persona continúa viviendo en una dimensión diferente.

La Biblia claramente indica que hay dos lugares donde finalmente cada alma humana pasará la eternidad: el cielo para los justificados, y el infierno para los pecadores no arrepentidos (Mateo 25:46). Y en el caso de los bebés y niños, la Biblia es igualmente clara en señalar que ellos no tienen pecado y que por tanto son bienvenidos al reino celestial (Ezequiel 18:20; Mateo 18:3).

Teniendo en cuenta esta verdad bíblica, se puede concluir que los niños inocentes cuyas vidas fueron quitadas por mandato de Dios, realmente fueron salvos de la condición impía que les circundaba y en la cual crecerían hasta convertirse en adultos perversos—acarreando condenación eterna para sus almas. Cuando se habla del Diluvio de Noé, generalmente se piensa en dos grupos: las ocho personas que “fueron salvadas por agua”, y el resto que pereció en el agua (1 Pedro 3:20). Pero se debe recordar que el contexto hace referencia a las personas responsables que tenían la capacidad adecuada de obedecer o desobedecer al llamado de arrepentimiento y bienvenida al arca. Incluso en el Diluvio, una cantidad innumerable de almas inocentes (bebés y niños) fue salvada por medio del agua.

Como en el caso de los justos adultos que mueren en el Señor (Isaías 57:1-2), los que creemos en la Biblia tenemos la seguridad que en los eventos de las matanzas de niños inocentes por acto o mandato divino, solamente hubo una separación del cuerpo con el alma de cada bebé y niño, y que cada alma de cada bebe y niño fue recibido por el Dios de amor al paraíso de descanso y felicidad eterna. Como el salmista escribió, “[e]stimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Salmos 116:15). Por tanto, en vez de ser prueba de violencia o inmoralidad divina, los registros bíblicos de las matanzas de niños prueban la misericordia de Dios para tales almas inocentes que de otra manera hubieran crecido en un mundo de impiedad extrema.

UNA ACLARACIÓN FINAL

Pero si la muerte de alguien inocente no es inherentemente mala, y si Dios da la bienvenida al hogar celestial a los niños inocentes, entonces, ¿no serían el aborto y el infanticidio en manos del hombre actos aceptables o incluso convenientes? ¡Absolutamente no!

Primero, como ya se ha mencionado, solamente Dios, como Creador, tiene la autoridad fundamental sobre cada vida humana. Él ha autorizado que el gobierno civil (Romanos 13) imponga la pena capital por crímenes que demanden tal sentencia. Pero a la vez, ha prohibido que el hombre tome la vida del hombre debido al odio, la venganza o cualquier propósito egoísta o desautorizado (Éxodo 20:13; Romanos 13:9). Específicamente, ha decretado que aborrece las manos derramadoras de sangre inocente (Proverbios 6:16-17), y esto tiene una aplicación obvia y especial en los niños y aquellos bebés en el vientre de sus madres.

Y segundo, como Kyle Butt ha sugerido al abordar este tema, los humanos tienen conocimiento extremadamente limitado como para determinar qué es conveniente o no en este respecto. Ellos no pueden saber la extensión de las consecuencias de la muerte de un ser humano—sea para bien o para mal. Solamente Dios tiene el conocimiento absoluto de la vida completa del ser humano, y por tanto es el único que “está en la posición de hacer una decisión realmente moral” (Butt, 2009).

CONCLUSIÓN

Simplemente, el argumento del ateo contra la existencia, el amor y la moralidad de Dios no pasa la prueba de la razón. Desde la perspectiva atea, es imposible presentar tal argumento sin caer en contradicción. Y desde la perspectiva teísta, los registros de las matanzas de niños tienen una respuesta lógica y adecuada. Dios existe, es un Dios de amor y un Dios moral.

Referencias

Burke, Barbara (1984), “Infanticidio” [“Infanticide”], Science-84, mayo.

Butt, Kyle (2009), “¿Es Dios Inmoral por Matar a Niños Inocentes?” [“Is God Immoral for Killing Innocent Children?”], Apologetics Press, http://www.apologeticspress.org/APContent.aspx?category=12&article=260&topic=95.

Darwin, Charles (1871), El Origen del Hombre [The Descent of Man] (New York: Appleton).

Dawkins, Richard (1995), “La Función Práctica de Dios” [“God’s Utility Function”], Scientific American, noviembre.

Dawkins, Richard (2006), El Espejismo de Dios [The God Delusion] (Londres: Bantam).

Lyons, Eric (2012), “El Argumento Moral para la Existencia de Dios”, EB Global, http://www.ebglobal.org/inicio/el-argumento-moral-para-la-existencia-de-dios.html.

Motulsky, Arno (1974), “¿El Valiente Nuevo Mundo?” [“Brave New World?”], Science, 23 de agosto.

Provine, William (1988), “Científicos ¡Enfrentémoslo! La Ciencia y la Religión Son Incompatibles” [“Scientists, Face It! Science and Religion are Incompatible”], The Scientist, 5 de septiembre.

Ruse, Michaeel y Edward Wilson (1985), “La Evolución y la Ética” [“Evolution and Ethics”], New Scientist, 17 de octubre.