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¿Fue Jesús un Personaje Real?

La historicidad y existencia de Jesús de Nazaret

Durante los siglos, muchos escépticos han querido socavar la base del cristianismo. Ellos han intentado poner fin a la influencia cristiana al “despojar” a Jesucristo de Su naturaleza divina y representarlo solamente como un “gran maestro de moralidad”. Otros, quienes obviamente albergan una hostilidad mayor contra el cristianismo, han representado a Jesús como el más grande farsante mesiánico que jamás haya existido. Sin embargo, ambos grupos de incrédulos han enfrentado una tarea extremadamente difícil al promover sus reclamaciones: tratar de explicar todos los factores extraordinarios ligados a la existencia de Jesús. Por esta razón algunos escépticos modernos prefieren “ahorrarse” los problemas al simplemente “borrar del mapa” a Jesucristo por completo. Lo cierto es que si ellos lograran convencer al público que Jesús nunca existió, entonces, Sus enseñanzas, Su pureza de vida, Su muerte expiatoria, Su resurrección registrada y Su influencia subsiguiente serían relegadas a pura mitología y superstición.

No obstante, la existencia de Jesús no es algo que se puede suprimir fácilmente. Existe evidencia suficiente para declarar que, hace aproximadamente 2,000 años atrás, existió un Personaje que revolucionó la historia religiosa. F.F. Bruce, profesor de crítica y exégesis bíblica en la Universidad de Manchester, declaró:

Algunos escritores pueden divertirse con la fantasía de un “mito-Cristo”, pero no lo hacen sobre la base de la evidencia histórica. La historicidad de Cristo es tan axiomática para un historiador no prejuiciado como la historicidad de Julio César. No son los historiadores los que propagan las teorías del “mito-Cristo” (Citado en McDowell, 1996, p. 83, énfasis añadido).

Ciertamente, la historicidad de Jesús es un hecho incuestionable entre los historiadores honestos; y la evidencia que establece a Jesús como un personaje histórico está disponible. Consideremos parte de esa evidencia.

EL TESTIMONIO DE LOS ESCRITORES ANTIGUOS

Flavio Josefo (ca. 37-100 d.C.)

Josefo fue un historiador fariseo, descendiente de una familia sacerdotal. Sus obras principales son La Guerra de los Judíos, Antigüedades Judías y Contra Apión (vea “Josefo…”,1997, 6:623). Sus obras están entre los escritos extra-bíblicos más importantes para el cristianismo. En Antigüedades Judías 18.3.3, escribió:

Ahora, hubo alrededor de ese tiempo un hombre sabio, Jesús, si es lícito llamarle un hombre, ya que era un hacedor de maravillas… Atrajo a muchos judíos, así como a muchos gentiles. Él era Cristo; y cuando Pilato, bajo la incitación de los principales entre nosotros, le condenó a morir en la cruz, aquellos que le amaron no le olvidaron, ya que él apareció vivo delante de ellos otra vez al tercer día, como los profetas habían predicho…; y la tribu de cristianos, así-llamados por causa de él, no se ha extinguido hasta el tiempo presente (1987, p. 480).

Aunque algunos historiadores han argumentado que existen algunas “interpolaciones cristianas” en el Testimonio Flaviano (e.g., “si es que es lícito llamarle un hombre”, “él era Cristo”, “apareció vivo delante de ellos otra vez al tercer día”), la verdad es que no existe evidencia textual que pueda garantizar tal conclusión (vea Bruce, 1953, p. 110). En el fondo, el testimonio de Josefo no es trascendental para el cristianismo porque nos revele la perspectiva o convicción correcta acerca de la naturaleza divina de Jesús (ya que las Escrituras proveen esta revelación en mejor detalle), sino porque nos confirma el hecho que Jesús realmente vivió.

En Antigüedades Judías 20.9.1, al hablar de las acciones del sumo sacerdote Ananus, Josefo hizo referencia a Santiago, a quien describió como el “hermano de Jesús”.

Festo estaba ahora muerto, y Albino estaba todavía en camino; así que él [Ananus—MP] reunió al sanedrín de jueces y trajo ante ellos al hermano de Jesús llamado Cristo, cuyo nombre era Santiago, y a algunos otros; y cuando les hubo acusado como quebrantadores de la ley, los entregó para que fueran apedreados (1987, p. 538, énfasis añadido).

Josefo, un historiador que vivió en el primer siglo, dio testimonio evidente que Alguien llamado Jesús, vivió, enseñó, obró maravillas, murió y resucitó.

Cornelio Tácito (ca. 54-117 d.C.)

Tácito fue un orador romano, funcionario político y probablemente el más grande historiador antiguo (“Tácito”, 1997, 11:487). Provino de una familia senatorial de Galia. En su carrera política, desempeñó varios cargos y magistraturas, y destacó como orador antes de dedicarse a la historiografía. Sus obras más importantes son Historias y Anales (“Tácito”, s.d.).

Tácito ha registrado lo que se ha considerado como “probablemente la referencia más importante concerniente a Jesús fuera del Nuevo Testamento” (Strobel, 1998, p. 82). Al hablar de la persecución que Nerón levantó contra los cristianos para suprimir la sospecha por el incendio que devastó Roma en el año 64 d.C., Tácito anotó en Anales 15.44 que,

[c]on este propósito, él [Nerón—MP] castigó con torturas intensas a una clase de hombres que eran detestados por sus prácticas malas, a quienes el populacho llamaba comúnmente cristianos… El nombre se derivaba de Cristo, quien padeció bajo Poncio Pilato, procurador de Judea en el gobierno de Tiberio. A causa de este evento, se reprimió por un tiempo a esta secta, de la cual él fue fundador, y se controló el crecimiento de esta superstición; pero surgió poco después y se esparció con rigor, no solamente en Judea, el lugar donde se originó, sino  también en la ciudad de Roma (1842, pp. 287-288, énfasis añadido).

El testimonio de Tácito es importante ya que a pesar de la aparente hostilidad que sentía hacia el cristianismo, todavía reconoció que existió un Personaje histórico que fue juzgado y condenado en el tiempo de Tiberio César, y que influyó las vidas de aquellas personas que, por causa de Él, tomaron el nombre “cristianos”.

Luciano de Samosata (ca. 120-190 d.C.)

Luciano fue un filósofo que nació en Samosata, Siria. En un principio se ocupó en escribir discursos sofísticos, pero luego se dedicó a componer diálogos, parodias y diatribas muy influenciadas por la sátira menipea. Se conserva alrededor de 80 de sus obras (Fernández, 1991). En una de sus obras burlescas, Sobre la Muerte de Peregrino, se refirió a Cristo y a los cristianos.

Como sabrás, los cristianos adoran a un hombre hasta este día—el personaje distinguido que introdujo sus ritos novedosos y que murió por esa razón… Como podrás ver, estas criaturas equivocadas comienzan con la convicción general que son inmortales por siempre, lo cual explica el menosprecio a la muerte y la auto-devoción voluntaria que son tan comunes entre ellos. Su primer legislador también les convenció que todos eran hermanos, desde el momento que se convierten, y ahora niegan a los dioses de Grecia y adoran al sabio crucificado, y viven según sus leyes (Luciano, 1905, itálicas en original).

Aunque este escritor del segundo siglo usó su habilidad sarcástica para mofarse de los cristianos y de su líder crucificado, él no fue tan lejos como para negar la historicidad de Cristo. De hecho, reconoció que Jesús fue crucificado por causa de Su enseñanza, e identificó a los cristianos como aquellos que niegan a los dioses paganos y adoran a Cristo y viven bajo Sus leyes.

Suetonio Tranquilo (ca. 69-140 d.C.)

Suetonio fue un historiador romano. Perteneció a la orden ecuestre y estudió literatura, gramática y retórica en su juventud. Ejerció como abogado durante el periodo del Emperador Trajano, y como secretario en el periodo de Adriano. Supuestamente en este último puesto tuvo acceso a documentos y correspondencia que usó en su obra Vida de los Doce Césares. Esta es su obra más famosa, y narra la vida de los emperadores romanos desde Julio César hasta Domiciano (vea “Suetonio”, 2001).

En Vida de Claudio 25.4, hizo referencia a Cristo de la siguiente manera: “[Claudio—MP] expulsó de Roma a todos los judíos que estaban causando disturbios continuamente bajo la instigación de Chrestus” (Suetonio, 1901, p. 318, énfasis añadido). Según Sanders, ex profesor de exégesis en la Universidad de Oxford, la palabra Chrestus es un error de deletreo del término griego Christos, “que traduce la palabra hebrea para ‘Mesías’” (1993, pp. 49-50). Esta cita específica de Suetonio no es solamente importante porque confirma la historicidad de Cristo, sino también porque probablemente confirma la veracidad del registro bíblico concerniente al evento en que Claudio César expulsó a los judíos de Roma (cf. Hechos 18:2).

En Vida de Nerón 16.2, Suetonio registró adicionalmente que este emperador “impuso castigos a los cristianos, una clase de hombres entregados a una superstición nueva e impía” (Suetonio, 1901, p. 347). Suetonio, quien tuviera acceso a los archivos imperiales para compilar su obra gráfica acerca de los Césares, dio testimonio relevante acerca de la existencia de Alguien conocido como el Cristo.

Plinio el Joven (ca. 61-114 d.C.)

Fue sobrino de Plinio el Viejo, quien le adoptó, y de quien tomó su nombre. Ejerció muchos cargos administrativos civiles y militares del Imperio Romano, y llegó a ser gobernador de Bitinia en Asia Menor. La importancia de Plinio como escritor reside en las diversas epístolas y cartas que escribió a sus amigos y contemporáneos (vea “Plinio”, 1997, 9:521). En una carta escrita alrededor del año 112 d.C., dirigida al emperador Trajano (pidiéndole consejos acerca de cómo tratar a los cristianos), hizo referencia a la historicidad de Cristo.

Yo nunca he estado presente en un interrogatorio a los cristianos. Por consiguiente, no sé acerca de la naturaleza de la extensión de los castigos que usualmente se imponen sobre ellos… Les he preguntado si son cristianos, y ellos lo admiten. Repito la pregunta una segunda y tercera vez, con una advertencia de un castigo próximo. Si ellos persisten, ordeno que sean ejecutados, ya que cualquiera que sea la naturaleza de su reconocimiento, estoy convencido que su terquedad y obstinación inmutable no deben permanecer impunes… También han declarado que la suma total de su culpabilidad o error consiste en nada más que esto: que ellos se reúnen regularmente antes del amanecer en un día específico para cantar versos alternados en honor a Cristo como a un dios, y también para cumplir un voto, no con algún propósito criminal, sino para abstenerse del fraude, el hurto y el adulterio (citado en Yamauchi, 1995, p. 217, énfasis añadido).

Aparte de confirmar la historicidad de Cristo, el testimonio de Plinio también registra algunos aspectos muy importantes concernientes a los cristianos. Según Plinio, los cristianos eran personas “obstinadas” que habían sido sometidas a duros castigos e incluso a la muerte. No obstante, se debe admitir que la gente que goza de una mínima capacidad racional sobria, no sería tan “obstinada” como para estar dispuesta a recibir crueles castigos e incluso ir a la muerte por causa de un personaje mitológico creado por la imaginación lunática de otros. Ciertamente, los cristianos estuvieron dispuestos a llegar a tales extremos por amor a su Cristo histórico, y por ende, le honraron y adoraron como a Dios, cumpliendo los principios de Su divina enseñanza (cf. Mateo 5:11-12; Lucas 6:22-23; 2 Corintios 11:23-27).

CONCLUSIÓN

Se pudiera prolongar más la lista de escritores antiguos. La línea de evidencia que establece la historicidad de Jesús no solo incluye a los escritos de los personajes mencionados anteriormente, sino es multi-variada—desde los testimonios benévolos y antagónicos antiguos hasta el testimonio de nuestro calendario moderno basado en las siglas a.C. (antes de Cristo) y d.C. (después de Cristo) que presuponen la existencia de Jesús. Adicionalmente, el Nuevo Testamento, que es el documento antiguo con más confirmación histórica y manuscrita (aparte del Antiguo Testamento) [vea Harrub, 2006], registra en sus páginas—de comienzo a fin—la historicidad de Jesús.

Jesús fue un personaje real e histórico. Los escritores antiguos no escribieron mitología o ficción. Y por medio de sus escritos podemos concluir, como Edwin Yamauchi lo ha hecho, que: “(1) Jesús fue un maestro judío; (2) mucha gente creía que él realizaba sanidades y exorcismos; (3) los líderes judíos le rechazaron; (4) Poncio Pilato le crucificó durante el gobierno de Tiberio; (5) a pesar de su muerte vergonzosa, sus seguidores, quienes creían que él todavía vivía, se esparcieron más allá de Palestina ya que había multitudes de ellos en Roma para el año 64 d.C.; (6) toda clase de personas de las ciudades y aldeas—hombres y mujeres, esclavos y libres—le adoraban como a Dios para el comienzo del segundo siglo” (1995, pp. 221-222). En efecto, ¡Jesús fue un personaje real!

Referencias

Bruce, F.F. (1953), Los Documentos del Nuevo Testamento—¿Son Confiables? [The New Testament Documents—Are They Reliable?] (Grand Rapids, MI: Eerdmans), cuarta edición.

Fernández, L. Gil (1991), “Luciano de Samosata”, Enclicopedia Ger, http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=2072&cat=biografiasuelta.

Harrub, Brad (2006), “¿Cómo Obtuvimos la Biblia?”, Apologetics Press, http://www.apologeticspress.org/espanol/articulos/3135.

Josefo, Flavio (1987), Las Obras de Josefo [The Works of Josephus], trad. William Whiston (Peabody, MA: Hendrickson).

“Josefo, Flavio” [“Josephus, Flavius”] (1997), La Nueva Enciclopedia Británica [The New Encyclopædia Britannica] (Chicago, IL: Encyclopædia Britannica).

Luciano (1905), Las Obras de Luciano de Samosata [The Works of Lucian of Samosata], trad. H.W. y F.G. Fowler, (Oxford: The Clarendon Press).

McDowell, Josh, (1996), Evidencia que Exige un Veredicto, trad. René Arancibia (Deerfield, FL: Editorial Vida).

“Plinio” [“Pliny”] (1997), La Nueva Enciclopedia Británica [The New Encyclopædia Britannica] (Chicago, IL: Encyclopædia Britannica).

Sanders, E.P. (1993), La Historicidad de Jesús [The Historical Figure of Jesus] (Nueva York: Lane-Penguin).

Strobel, Lee (1998), El Caso para el Cristo [The Case for Christ] (Grand Rapids, MI: Zondervan).

“Suetonio” [“Suetonius”] (2001), Enciclopedia Encarta 2002 [Encarta Encyclopedia 2002] (Redmond, WA: Microsoft Corporation).

Suetonio Tranquilo (1901), La Vida de los Doce Césares [The Life of the Twelve Cæsars], trad. Alexander Thomson (Londres: George Bell & Sons).

“Tácito” [“Tacitus”] (1997), La Nueva Enciclopedia Británica [The New Encyclopædia Britannica] (Chicago, IL: Encyclopædia Britannica).

“Tacito” (sine data), Scripta, http://www.cnice.mecd.es/eos/MaterialesEducativos/mem2001/scripta/gen/generos/historia.htm.

Tácito, Cornelio (1842), Las Obras de Cornelio Tácito [The Works of Cornelius Tacitus], Notas por Arthur Murphy (Philadelphia, PA: Thomas Wardle).

Yamauchi, Edwin (1995), Jesús Bajo Ataque [Jesus Under Fire], eds. Michael Wilkins y J.P. Moreland (Grand Rapids, MI: Zondervan).