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¿Es Suficiente Ser una Buena Persona?

Una de las creencias religiosas más comunes es la siguiente: “Si es una buena persona, irá al cielo cuando muera”.

Si habla con la gente en cuanto a la salvación, muchos le dirán que ellos son honestos en sus negocios, sinceros en su conversación, pagan sus cuentas a tiempo, tratan de ser buenos esposos y padres, e incluso donan a obras de caridad de vez en cuando. Ellos concluyen: “No entiendo por qué debería temer el Juicio”. Ellos están felices de vivir y morir de esta manera.

Algunos llaman a esto la “religión de la balanza”—es decir, si la “parte buena” de su balanza pesa más que la “parte mala” al final de su vida, entonces puede entrar al cielo. Por ejemplo, una vez la publicación Reader’s Digest preguntó a Muhammed Ali lo que significaba su fe para él. Ali respondió:

[S]ignifica [un] boleto al cielo. Un día, todos moriremos, y Dios va a juzgar [nuestras] obras buenas y malas. [Si las] malas pesan más que las buenas, iremos al infierno; si las buenas pesan más que las malas, iremos al cielo. Piense en cuanto al día del juicio y la manera en que trata a la gente donde quiera que vaya. Ayude a alguien a través de las obras de caridad, ya que cuando lo haga, esto es grabado. Yo voy a las fiestas para [ver] a las chicas atractivas. Llevo una caja de fósforos conmigo. Veo una chica con la cual quiero coquetear, lo cual es un pecado, así que [enciendo] mi fósforo. Oh, el infierno duele más que esto [tocando su dedo]. Compre una caja de fósforos y llévelo con usted. Ponga [uno] en su dedo y vea cuánto tiempo puede sostenerlo. Solamente imagine cómo será el infierno. El infierno es más caliente, y es por la eternidad (“Cara a Cara”, 2001).

Hay algunas ideas buenas en esta respuesta, ¿pero será el fundamento del Juicio el hecho que “las buenas obras pesen más que las malas”? ¿De alguna manera debemos terminar nuestras vidas con más peso en el lado correcto de la balanza para escapar del infierno?

Un joven rico llegó donde Jesús con nuestra pregunta en sus labios: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” (Mateo 19:16). Examinemos esta pregunta. ¿Qué dice la Biblia?

Primero, Dios quiere que todos vayamos al cielo, y quiere que todos seamos buenos.

Dios quiere que toda la gente vaya al cielo (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9; Juan 3:16). La lista de invitación del Cielo es tan larga como la lista de nacimiento de la Tierra. El cielo tiene puertas que miran hacia el este, oeste, norte y sur (Apocalipsis 21:13). Dios da “igual oportunidad”—la raza, el sistema político, la geografía, la personalidad, la educación, el color de la piel o la apariencia no importan para Dios. Él quiere que todos vayan al cielo.

Dios es bueno (Mateo 19:17) y quiere que seamos como Él (1 Pedro 1:15-16). De hecho, las palabras “Dios” y “bueno” están relacionadas. Se encuentra la palabra “bueno” más de 700 veces en la Biblia (más de 200 veces en el Nuevo Testamento). Mientras estuvo en la Tierra, Jesús fue bueno (Mateo 20:15) y “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). Se le conoció como el Buen Pastor que hizo “[m]uchas buenas obras” (Juan 10:11,32). Uno de los personajes más queridos de Sus parábolas es el buen samaritano (Lucas 10:33). Los ángeles desean “buena voluntad para con los hombres” (Lucas 2:14).

Jesús dijo que debemos permitir que otros vean nuestras buenas obras para que glorifiquen a nuestro Padre en el cielo (Mateo 5:16). Debemos hacer el bien incluso a aquellos que nos odian (Mateo 5:44). Debemos vencer el mal con el bien (Romanos 12:21), y abundar en toda buena obra (2 Corintios 9:8). “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).

Nuestras manos y lenguas deben producir lo bueno (Efesios 4:28-29). Debemos “retene[r] lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Se debe conocer a las mujeres por sus buenas obras en vez de su adorno externo (1 Timoteo 2:9-10). Las mujeres mayores deben enseñar a las mujeres jóvenes la manera de ser buenas (Tito 2:3-5).

Los hombres que desean el oficio del obispado deben ser irreprensibles (1 Timoteo 3:2). Los que tienen dinero deben ser “ricos en buenas obras” (1 Timoteo 6:18). Debemos ser seguidores del bien (1 Pedro 3:13) y apartarnos del mal y hacer el bien (1 Pedro 3:11).

Santiago informó: “[A]l que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17). “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas” (Mateo 12:35).

Dios quiere que seamos buenos, pero ¿es suficiente ser bueno? Estudiemos adicionalmente.

Segundo, lo que es bueno para nosotros puede no ser bueno para Dios.

Tenemos la tendencia de usar palabras de manera diferente a Dios. Dios reconoce esto: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová” (Isaías 55:8).

Esto es cierto en cuanto a la manera en que usamos la palabra “bueno”. Debemos permitir que Dios defina lo que es bueno o malo, ya que frecuentemente los hombres confunden los conceptos. “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5:20).

Jesús explicó que “lo que los hombres tienen por sublime” puede ser abominación “delante de Dios” (Lucas 16:15). Algunos estaban tan confundidos que mataban a los inocentes y pensaban que estaban sirviendo a Dios (Juan 16:2; cf. Hechos 7:58 con Hechos 23:1). Algunos “justifican al impío” y “al justo quitan su derecho” (Isaías 5:23; cf. Malaquías 2:17); otros “hacen de la luz tinieblas” (Isaías 5:20; cf. Mateo 6:23).

Por ejemplo, muchos ven el orgullo como una virtud, mientras que Dios lo llama un mal (Malaquías 3:15; Proverbios 6:17; 1 Pedro 5:5). Otros aprueban el materialismo, mientras que Dios lo condena (Lucas 12:15). Algunos fariseos incluso deshonraban a los padres y llamaban “buena” a tal actividad (Mateo 15:3-6). Se piensa que la religión falsa es buena, mientras que Dios la considera una abominación (Isaías 1:10-14; Amós 5:21-22; Mateo 15:1-9).

Los abortistas consideran el aborto como algo bueno ya que da a la mujer la libertad de escoger. Dios lo llama “derramamiento de sangre inocente” (Proverbios 6:16-19). La comunidad homosexual declara “buenas” a sus relaciones ya que expresan amor y educación. Dios las considera una abominación (Romanos 1:18-27).

Tercero, nuestro bien no es suficientemente bueno.

Dos mineros de Pennsylvania finalmente fueron rescatados después de la terrible experiencia de estar atrapados en una mina. Uno relató una conversación entre él y otro minero durante una entrevista emotiva con Stone Phillips del programa Dateline NBC.

El joven minero dijo que había preguntado al veterano antiguo durante la experiencia: “¿Iré al cielo…? Sé que la Biblia dice que debo ser bautizado, y yo no he sido bautizado”. En un intento de animar al joven preocupado, su compañero y amigo respondió, “Toda la gente buena va al cielo”, y luego enfatizó, “sin importar lo que sea”. ¿Es verdad esto?

Hablamos de alguien que es un “buen deportista”, un “buen estudiante”, una “buena joven” o un “buen hombre”. ¿Qué queremos decir con esto? Queremos decir que tal persona tiene una buena actitud bajo circunstancias difíciles, es amistosa, tienen un estándar moral alto o es atenta con otros. Todas estas características son admirables, y Dios las elogia, pero ninguna de ellas es suficiente para asegurar un hogar en el cielo.

Todos tenemos problemas con el pecado. Ciertamente algunas personas son mejores que otras. Abraham Lincoln fue un hombre bueno; Osama bin Laden fue un hombre malo. Sin embargo, todos deben admitir que incluso la gente buena es imperfecta. “[N]o hay hombre que no peque” (1 Reyes 8:46). Pablo afirmó:

No hay justo, ni aun uno… Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno…, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:10-23).

Algunos niegan sus pecados (1 Samuel 15:20-21; 1 Juan 1:8); otros tratan de esconder sus pecados (Josué 7; 2 Samuel 11); y muchos demoran en hacer algo para rectificar sus pecados (Hechos 24:25). Pero el mismo hecho que Jesús murió en la cruz nos recuerda de lo serio que es el pecado. Ya que toda persona está incluida en el “mundo” de Juan 3:16, todos compartimos la culpabilidad moral de llevar a Jesús a la cruz (Jackson, s.d.). Según la conclusión de Pablo, “los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:8).

Tratamos de destacar en lo que hacemos. Por ejemplo, reconocemos a los que son buenos en los deportes. Cada año se recompensa a los grandes jugadores de béisbol. En el fútbol americano universitario, se otorga un trofeo Heisman. En la carrera de autos, se otorga una copa Winston. En el fútbol americano profesional, se otorga una copa y una supercopa, y se escoge al jugador “más valioso” cada año. En las olimpiadas, se otorga diferentes medallas. Los hombres y mujeres tratan constantemente de obtener estos premios. Podemos decir que estos ganadores son buenos. Pero cuando se trata de Dios, ser bueno no es suficiente.

Dos vacas estaban pasteando cerca de la carretera cuando un camión de leche pasó en su camino a la distribuidora. En una parte del camión, en grandes letras rojas, decía: “Pasteurizada, homogeneizada, estandarizada, añadida con Vitamina A”. Una vaca volteó a la otra y dijo: “Eso te hace sentir completamente incompetente, ¿no crees?”.

Nosotros somos completamente incompetentes para ser lo suficientemente buenos para salvarnos. Pero gracias a Dios, ¡podemos ser salvos! Pablo explicó:

[Dios] nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador (Tito 3:5-6).

El texto clásico del tema dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

  • La justicia es recibir lo que merecemos.
  • La misericordia es no recibir lo que merecemos.
  • La gracia es recibir lo que no merecemos.

El salmista preguntó: “Jehová, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?” (Salmos 130:3). Aquí “mirar” significa “pedir cuenta estricta” (Jamieson, Fausset y Brown, 1871; cf. Job 10:14; 14:16).

Pablo escribió: “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda” (Romanos 4:4). Romanos 11:6 dice: “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”.

Cuarto, ser bueno no anula el pecado.

El moralista puede no considerarlo de esta manera, pero lo que está diciendo es que él merece ser salvo debido a su bondad meritoria. Esta actitud se podía encontrar en los fariseos que “confiaban en sí mismos como justos”, y también se encuentra en las palabras del individuo autojustificado del cual Jesús habló en una parábola (Lucas 18:9-12). Se ilustra la actitud cristiana por el otro personaje que clamó: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13).

Independientemente de lo bueno que seamos, no merecemos ser salvos. Jesús dijo, “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:10; cf. Isaías 64:6). Nuestros pecados son como una deuda de “diez mil talentos” que no podemos pagar con ninguna cantidad de dinero o buenas obras (Mateo 18:21-35).

Cornelio era un buen hombre, pero no lo suficientemente bueno (Hechos 10:1-48). Incluso teniendo en cuenta un estándar estricto, Cornelio ciertamente calificaría como un hombre bueno. Los que le conocían mejor decían esto; incluso su comunidad reconocía esto (Hechos 10:22). Note la manera que las Escrituras le describen:

  • Era un hombre militar.
  • Era un hombre moral—hombre justo, que temía a Dios.
  • Era un hombre modelo—tenía buena reputación en toda la nación de los judíos.

Cornelio también era un hombre religioso (10:2).

  • Temía—“piadoso y temeroso de Dios”.
  • Daba—“hacía muchas limosnas al pueblo”.
  • Oraba—“oraba a Dios siempre”.

A la luz de esto, ¿qué conversión necesitaba Cornelio? ¿Qué cambio sugeriríamos que hiciera para mejorar su vida? Tal vez no sugeriríamos ninguno.

Pero Cornelio necesitaba oír “palabras por las cuales” él y su casa serían “salvos” (Hechos 11:13-14). Esto implica que él estaba perdido a pesar de su vida buena. Era bueno, pero ser bueno no era suficiente. Era sincero, pero esto no era suficiente. Ayudaba, pero esto no era suficiente. Oraba, pero esto no era suficiente. Era religioso, pero esto no era suficiente.

Saulo de Tarso era bueno, pero no era lo suficientemente bueno. Permítale que le explique:

Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible (Filipenses 3:4-6).

Si las obras y la herencia religiosa pudieran calificar a alguien para ser salvo aparte de la sangre de Cristo, entonces Pablo no hubiera tenido ningún problema.

  • Era de “linaje puro”—la nación de Israel. Esta era la insignia de honor para un israelita verdadero. Era el nombre de la gente con la cual Dios había hecho pacto.
  • Era de un “linaje precioso”—de la tribu de Benjamín. Benjamín fue el hijo de Jacob y Raquel. Fue el único hijo de Jacob que nació en la Tierra Prometida. Benjamín era la tribu más pequeña, pero muy respetada. El templo estaba en la tierra que Benjamín y Judá habitaban.
  • Era de un “linaje orgulloso”—un hebreo de hebreos. Esto significa que ambos de sus padres eran hebreos. También significa que fue criado según la tradición judía más estricta.

Quinto, Dios encontró una manera de hacernos buenos.

Ya que Dios no puede complacerse en el mal (Salmos 5:4-5; Habacuc 1:13)—el pecado nos separa de Dios (Isaías 59:1-2)—, entonces ninguna persona no-perdonada puede entrar en la presencia de Dios en el cielo (Apocalipsis 21:27; cf. Isaías 35:8; Mateo 13:41; 1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:19-21; Efesios 5:5; Hebreos 12:14).

Dios debe ser justo para permanecer siendo Dios. “El no puede negarse a sí mismo” (2 Timoteo 2:13). Eso colocaba a Dios en un dilema. La amnistía no era una solución justa para el problema del pecado. Entonces, ¿cómo se podía resolver el problema del pecado? ¿Cómo podía Su amor llevarnos al cielo, mientras que Su justicia lo prohibiera?

La sabiduría de Dios encontró una manera, aunque una manera costosa. Él puso a Su propio Hijo Jesús en nuestro lugar. La sangre de Jesús nos justificó (Isaías 53) e hizo expiación por nuestros pecados (2 Corintios 5:21). Entonces Dios pudo ser justo y justificador de los pecadores (Romanos 3:23-26).

Aunque ninguna cantidad de buenas obras puede borrar los pecados, la sangre de Cristo puede hacerlo. El antiguo himno que cantamos clarifica este punto:

¿Qué me puede dar perdón?
Solo de Jesús la sangre.
¿Y un nuevo corazón?
Solo de Jesús la sangre.

Precioso es el raudal,
Que limpia todo mal;
No hay otro manantial,
Solo de Jesús la sangre (Lowry y Doane, 1876).

Para obtener los beneficios de la muerte salvadora de Jesús, debemos obedecerle, ya que el Espíritu dice que Cristo es el “autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:9). La obediencia es la compañera de la fe verdadera (cf. Mateo 7:21-23; 21:28-32; Lucas 9:23, 57-62; Juan 8:30-31; 14:15,21,23; 15:10,14; Hechos 6:7; Romanos 1:5; 16:26; Santiago 2:14-26; 1 Juan 2:3-4,19). El último capítulo de la Biblia nos recuerda: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad” (Apocalipsis 22:14).

Para contactar la sangre de Cristo, debemos ser bautizados en Su muerte (Romanos 6:1-6; cf. Marcos 16:16; Hechos 2:38; 22:16; 1 Pedro 3:18-21). El bautismo escritural viene después de la fe, el arrepentimiento y la confesión de Cristo (Juan 3:16; Hechos 3:19; Romanos 10:9-10). ¿Es el bautismo un esfuerzo por tratar de salvarnos por nosotros mismos? No, es lo opuesto. Es someternos a la voluntad de Aquel que puede salvarnos.

Las buenas obras no pueden hacernos dignos de un hogar en el cielo; solamente podemos llegar allá por medio de la gracia de Dios. Pero no podemos llegar al cielo por gracia mientras desobedecemos a Dios.

Mi esperanza está fundada en nada menos
Que la sangre Jesús y la justicia.
No me atrevo a confiar en otra fuente,
Sino completamente en el nombre de Jesús.

Cuando la oscuridad parece esconder Su rostro,
Descanso en Su gracia inmutable;
En cada viento fuerte y tempestuoso,
Mi ancla se mantiene dentro del velo.

Su promesa, Su pacto y Su sangre
Me sostienen en la inundación abrumadora;
Cuando todo alrededor rodea a mi alma,
Entonces Él es toda mi Esperanza y Fuerza.

Cuando venga con el sonido de la trompeta,
Oh, yo oro para que pueda ser encontrado en Él:
Vestido solamente con la justicia,
Sin pecado para presentarme ante el trono (Mote y Bradbury, 1834).

Esto va en contra de los principios de mucha gente. Desde una edad temprana, se nos enseña que para sobrevivir en el mundo, debemos vivir según tales lemas como: el ave más rápida consigue al gusano; sin dolor no hay ganancia; no hay cosa como una comida gratis; demande sus derechos; exija recibir aquello por lo cual ha pagado (Hurr, s.d.). Pero estos lemas no funcionan en el cristianismo.

Somos incompetentes por nosotros mismos. Miguel Ángel comenzó a tallar 44 estatuas pero completó solamente 14. En un museo en Italia se puede encontrar sus 30 trabajos sin terminar. Hay grandes bloques de mármol que solamente tienen una mano o pie (Osborn, s.d.). Nuestros intentos de mejora (por ejemplo, dejar de fumar o usar mal lenguaje o ser más pacientes) pueden ser “estatuas sin terminar” en nuestro pasado. Todos nuestros intentos de ganar el favor de Dios fallarán miserablemente.

Pablo dijo: “[N]o que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios” (2 Corintios 3:5). Jesús usó el ejemplo de una viña para enfatizar este punto: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).

Referencias

“Cara a Cara” [“Face to Face”] (2001), con Muhammad Ali, entrevista por Howard Bingham, Reader’s Digest, diciembre.

Jamieson, Robert, Andrew Fausset y David Brown (1871), Comentario Crítico y Explicativo sobre toda la Biblia [Commentary Critical and Explanatory on the Whole Bible], (E-Sword).

Jackson, Jason (sine data) “Toda la Gente Buena Va al Cielo—Sin Importar lo que Sea” [“All Good People Go to Heaven—No Matter What”, Christian Courier, http://www.christiancourier.com/articles/1172-all-good-people-go-to-heaven-no-matter-what.

Hurr, Jeremy (sine data), “¡La Gracia que le Impresiona!” [“Grace that Makes You Go Wow!”], Sermon Central, http://www.sermoncentral.com/.

Lowry, Robert y William Doane (1876), “¿Qué Me Puede Dar Perdón?” [“Nothing But the Blood”] (Nueva York: Biglow & Main).

Mote, Edward y William Bradbury (1863), “La Roca Sólida” [“The Solid Rock”].

Osborn, Tom (sine data), Sermon Central, http://www.sermoncentral.com/.