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¿Es la Lascivia Equivalente a la Fornicación?

La palabra “fornicación” se deriva del término griego porneia, una palabra de un grupo cognado de cinco palabras que en conjunto aparecen 55 veces en el Nuevo Testamento. El sustantivo se encuentra 25 veces, generalmente en las epístolas de Pablo. Esta palabra es genérica, es decir, hace referencia a una variedad de actos sexuales físicos entre personas que no están legítimamente casadas. El propósito de este artículo es establecer que cuando “fornicación”, y el término relacionado “adulterio” (moiqueia), se usan literalmente, son actos físicos que constituyen la razón exclusiva para el divorcio y la posibilidad de nuevas nupcias.

En la versión griega del Antiguo Testamento (LXX), se usa una forma de porneia en cuanto a Tamar, con quien Judá había tenido relaciones sexuales al haber pensado que ella era una “ramera” (Génesis 38:15; cf. vs. 24). En la Babilonia antigua se creía que el acto sexual garantizaba la fertilidad de la cosecha. Herodoto, historiador griego, cuenta del requerimiento anual para todas las mujeres de sacrificar sus cuerpos en “fornicación” a un extraño en el templo de la diosa Mylitta (Rawlinson, 1952, 1:199).

Sin embargo, generalmente en el Antiguo Testamento los términos “fornicación” y “adulterio” se emplean simbólicamente para hacer referencia a las acciones de los israelitas que quebrantaron su “pacto matrimonial” con Jehová al adorar a los ídolos (cf. Ezequiel 16:26,29; Oseas 1:2).

La unión sexual con una persona casada (con quien no se tiene derecho a la intimidad sexual) es tanto fornicación como adulterio (cf. 1 Corintios 5:1). Todo adulterio también es fornicación; no toda fornicación es adulterio (cf. 1 Corintios 7:2). La diferencia técnica entre fornicación y adulterio se implica de las listas de pecados, en las cuales se incluye a ambos términos (cf. 1 Corintios 6:9).

Entonces, específicamente la fornicación es cualquier “relación sexual ilícita” (Danker y Bauer, 2000, p. 854), sea que se hable de la acción heterosexual u homosexual (cf. Judas 7), la pedofilia o la prostitución (Brown, 1975, p. 497). La forma plural, “fornicaciones” (1 Corintios 7:2), insinúa los varios medios por los cuales se puede cometer este pecado horrible.

Debo añadir en este punto que las traducciones bíblicas que traducen porneia más generalmente (e.g., “inmoralidad sexual”) inducen al error. Hay varias formas de inmoralidad sexual (e.g., exponer el cuerpo a través de ropas seductivas) que no calzan dentro de la definición de fornicación, aunque claramente son acciones pecaminosas.

¿Es la “Lascivia” Fornicación?

Recientemente algunos han argumentado que la “lascivia” está bajo la categoría de fornicación y/o adulterio. Según este argumento, si una persona casada descubre que su cónyuge ha leído un libro o visto fotos y/o películas que contienen actividad sexual explícita, se sugiere que el ofensor ha cometido lascivia y por ende ha adulterado—incluso si no ha habido contacto físico con otra persona. Por tanto, se concluye que la parte inocente puede divorciarse justamente del transgresor según Mateo 5:27-28; la víctima inocente entonces tiene la opción de casarse otra vez. El texto bíblico dice lo siguiente:

Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

Se debe realizar un breve análisis del pasaje.

Cristo hizo referencia a los Diez Mandamientos, “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14). Claramente esto alude al acto sexual físico por el cual se viola una relación matrimonial. Pero el Salvador expandió el fallo moral al abordar la disposición mental que guía al acto físico manifiesto.

Él habló del hombre que mira con ansia (el verbo está en la forma del tiempo presente) a alguien que no es su esposa—albergando el deseo del acto sexual. Esto no se trata de una mirada casual. La persona que comete lascivia está haciendo mentalmente lo que haría físicamente con mucha probabilidad si se le presentara la oportunidad de hacerlo. Un erudito ha señalado:

Los cristianos deben identificar aquellos pensamientos y acciones que, mucho antes de cualquier pecado sexual físico, hacen más probable la posibilidad de caer en la tentación, y ellos deben actuar drásticamente para evitar tales pensamientos (Blomberg, 1992, p. 109; énfasis añadido).

El pecado del “corazón” es serio, pero no tiene la consecuencia temporal equivalente que el acto físico tiene. El profesor Robert Mounce observó que “el acto del adulterio” tiene “muchas más consecuencias sociales serias” (e.g., muerte bajo el sistema mosaico—Levítico 20:10) que la lascivia, aunque ambos, el deseo y el acto, son pecaminosos (1991, p. 46). La lascivia tiene “la misma naturaleza” que el acto, pero no es el mismo acto (Nixon, 1970, p. 823). F.F. Bruce expresó lo que es obvio cuando dijo que el “pensamiento impuro” no es “castigado por ningún código o corte humana” (1977, p. 25).

Se debe hacer una observación adicional. Algunos eruditos sostienen que es gramáticamente posible que la frase que usualmente se traduce como“para codiciarla” puede conllevar la idea de “hacerla codiciar” (Carson, 1984, p. 151; Blomberg, 1992, pp. 108-109). Esto colocaría una responsabilidad pesada sobre los hombros de aquel que provoca la lascivia, como también de la persona que se permite ese acto. ¿Cómo se aplica esto a la mujer que busca el divorcio basada en la lascivia, pero que ella misma exhibe su cuerpo semi-desnudo en la playa? Ciertamente, usted puede ver que este razonamiento es defectuoso.

Teniendo en cuenta los factores anteriores, presentamos la pregunta crucial nuevamente. ¿Es la “lascivia” de Mateo 5:28 el equivalente por implicación del acto físico del adulterio, por ende una causa para el divorcio y las segundas nupcias de parte de la víctima inocente? Nuestra convicción es que la respuesta es un rotundo “¡No!”. Se puede mostrar esto de manera convincente.

La Consecuencia del Argumento “Lascivia = Fornicación”

  1. En el contexto inmediato Cristo hizo una comparación entre el odio y el homicidio (5:21-22), así como lo hizo con la lascivia y el adulterio. J.A. Alexander señaló que los principios implicados en los dos escenarios son “idénticos” (1861, p. 141). Si el razonamiento reflejado en la teoría bosquejada anteriormente fuera válido, ¿no deberían ambos, el homicida y el que se enoja contra su hermano, ser sometidos a la misma pena temporal (e.g., ejecución o prisión) por medio de las autoridades legales? En otros pasajes el Nuevo Testamento también declara que, en un sentido,  “odiar” al hermano es equivalente al “homicidio” (1 Juan 3:15), pero no sostiene que el odio tenga la misma repercusión legal.
  2. Si se insiste que el “adulterio” en Mateo 5:28 es literal, entonces el remedio que se impone posteriormente (i.e., la extracción del ojo o la amputación de la mano) también debe ser literal. Pero claramente Cristo estaba abordando actos mentales que, aunque son pecaminosos, no se elevan al nivel del homicidio o el adulterio físico, pero que en principio, son pecados serios. Ciertamente existe un enlace entre lo que pasa en el corazón y lo que llega a ser manifiesto en las acciones físicas (cf. Marcos 7:21-23). Cuando se “concibe” la lascivia, se comete adulterio (Santiago 1:15), i.e., un pecado de una naturaleza resultante mayor.
  3. Si una de las personas en este escenario de lascivia/adulterio alberga pensamientos impuros, y el objeto de la lascivia actuara en tal manera como para provocar lascivia, ¿no sugeriría la lógica que los compañeros de ambas personas—la que comete lascivia y el medio de la lascivia—tuvieran derecho de divorciarse y contraer nuevas nupcias? ¿No puede ver el que estudia seriamente la Biblia que esto guía la controversia del divorcio/matrimonio a un laberinto de confusión mientras las personas intentan descifrar los estados mentales y niveles de culpabilidad de los supuestos transgresores?

Mateo 19:9

El uso de literatura y/o películas, etc. obscenas en cualquier contexto es pecaminoso. Pero este tipo de perversión calza bajo la categoría de lascivia, un “término general” que incluye varias aberraciones sexuales (vea Thayer, 1958, pp. 79-80; Balz y Schneider, 1990, p. 169). Usar pornografía ciertamente constituye “adulterio” en el corazón. Sin embargo, eso no es lo que Jesús estaba considerando como la base del divorcio en Mateo 19:9. En ese contexto Cristo estaba haciendo referencia incuestionablemente al acto sexual físico, como es evidente por el hecho que: (a) justo había hablado del hombre y la mujer que llegan a ser “una carne” en el matrimonio; y (2) luego habló del estatus del “eunuco”.

Un principio fundamental de interpretación bíblica es que se debe interpretar literalmente las palabras a menos que exista razón convincente para asignarles un significado figurativo. No se utiliza el término “adulterio” en un sentido metafórico en Mateo 19:9. Por otra parte, en Mateo 5:28 el adulterio del “corazón” es una metáfora del deseo impuro (Danker, et.al., 2000, p. 509; cf. Romanos 1:24).

Aquí hay otro ejemplo. En un sentido, se puede considerar la “amistad” con el mundo como “adulterio” (cf. Santiago 4:4), pero la mundanalidad no es una causa para el divorcio en el matrimonio. Suponga que una mujer declare: “Mi esposo es un hombre muy mundano. Se emborracha y usa su dinero en el juego de apuestas. La amistad con el mundo es ‘adulterio’. Por tanto, tengo fundamento para divorciarme y contraer nuevas nupcias”. ¿No se puede ver que tal mujer ha torcido el término “adulterio” para declarar algo que el escritor sagrado nunca intentó comunicar? Es un error tomar el significado figurativo de la palabra “adulterio” y trasladarlo a un texto que aborda una relación literal.

Si se elaborara el tipo de argumento como el que se acaba de abordar con referencia a Mateo 5:28, y se aplicara el lenguaje metafórico al texto literal, llegaríamos a estar forzados a declarar que el hombre que fornica con una prostituta, y por ende llega a ser “uno” con ella en el acto (1 Corintios 6:16), está “casado” con la persona inmoral y debe permanecer en esa unión. Paradójicamente, ¡muy pocos estudiantes ineptos han intentado sostener esta posición ridícula! Tal posición es absolutamente indefendible.

Referencias

Alexander, J.A. (1861), El Evangelio Según Mateo [The Gospel According to Matthew] (Londres, Inglaterra: James Nisbet).

Balz, Horst y Schneider (1990), Diccionario Exegético del Nuevo Testamento [Exegetical Dictionary of the New Testament], Vol. 1 (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

Blomberg, Craig (1992), Mateo—El Nuevo Comentario Americano [Matthew—The New American Commentary] (Nashville, TN: Broadman).

Brown, Colin, ed. (1975), El Diccionario Internacional de la Teología del Nuevo Testamento [The New International Dictionary of New Testament Theology], Vol. 1 (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Bruce, F.F. (1977), Mateo—Comentario Bíblico de la Devoción Diaria [Matthew—Daily Devotional Bible Commentary], Vol. 3, ed. Arthur Cundall (Nashville, TN: Holman).

Carson, D.A. (1984), Mateo—El Comentario Bíblico del Expositor [Matthew—The Expositor’s Bible Commentary], ed. Frank Gaebelein (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Danker, F.W. et.al. (2000), Un Léxico Griego-Inglés del Nuevo Testamento [A Greek-English Lexicon of the New Testament] (Chicago, IL: Universidad de Chicago).

Mounce, Robert (1991), Mateo—Nuevo Comentario Bíblico Internacional [Matthew—New International Biblical Commentary] (Peabody, MA: Hendrickson).

Nixon, R.E. (1970), Mateo—El Nuevo Comentario Bíblico [Matthew—The New Bible Commentary], eds. D. Guthrie y J.A. Moryer (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

Rawlinson, George, trad. (1952), La Historia de Herodoto [The History of Herodotus] (Chicago, IL: Universidad de Chicago).

Thayer, J.H. (1958), Un Léxico Griego-Inglés del Nuevo Testamento [A Greek-English Lexicon of the New Testament] (Edimburgo, Escocia: T.&T. Clark).