“En Mi Corazón He Guardado Tus Dichos, para No Pecar Contra Ti”

“En Mi Corazón He Guardado Tus Dichos, para No Pecar Contra Ti”

Estando casi en el medio de la Biblia, el Salmo 119 es un monumento poético a la Escritura Sagrada. Sus 176 versos (exceptuando cinco—los vss. 84, 90, 121, 122 y 132) hacen referencia a la Palabra de Dios con diferentes términos que denotan relevancia, honra y aprecio (“ley”, “testimonios”, “caminos”, “mandamientos”, “juicios”, “palabra”, “dichos”, “ordenación”). Varios versos de este salmo son muy conocidos y amados en la comunidad religiosa (e.g., vss. 9,97,105).

Personalmente, el verso 11 es mi favorito en este salmo, y este verso me ha sido fuente de reflexión diaria. El salmista escribió: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. Analicemos brevemente este enunciado inspirado.

“EN MI CORAZÓN…

El salmista mencionó su “corazón”—la parte más profunda de su ser. Note todo lo que la Palabra de Dios era para el salmista: su gozo (vss. 14,47,70,111,117,162), su meditación (vss. 15,78,99,148), su delicia (vss. 24,77,92,103,143), su vida (vss. 25,40,93,156), su esperanza (vss. 43,81,114,147), su pasión (vss. 47-48,97,113,140,167), su consuelo (vss. 50,52), su tesoro (vss. 72,127), su luz (vs. 105), su temor (vss. 120,161), su deseo (vss. 131,174), su alabanza (vss. 164,171), su prioridad (vs. 173) y su ayuda (vs. 175).

Todo esto indica que la Palabra de Dios ocupaba un lugar profundo, privilegiado y seguro en la vida del salmista. La Palabra no estaba simplemente en sus manos, debajo de su almohada, sobre la mesa de centro de su sala, en un rincón polvoriento de su casa o en algún lugar olvidado de su mente. Él amaba la Palabra de Dios de todo corazón (vss. 34,58,69). ¿Qué acerca de usted?

HE GUARDADO…

El corazón del salmista era un almacén para la Palabra de Dios, pero no era un almacén temporal. Él la leía y escuchaba con discernimiento, la recibía con gozo, la cumplía con perseverancia, la defendía con denuedo y la estimaba con abnegación (cf. Mateo 13:18-23).

Note los enunciados del salmista que revelan la presencia continua de la Palabra en su corazón: “No me olvidaré de tus palabras” (vs. 16); “Guardaré tu ley siempre, para siempre y eternamente” (vs. 44); “busqué tus mandamientos” (vs. 45); “no me he apartado de tu ley” (vss. 51,157); “tus mandamientos he creído” (vs. 66); “tus mandamientos…siempre están conmigo” (vs. 98); “No me aparté de tus juicios” (vs. 102); “Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos de continuo, hasta el fin” (vs. 112); “no me he olvidado de tus mandamientos” (vss. 141,153); y “tus mandamientos he puesto por obra” (vs. 166).

Como Spurgeon señaló, el corazón del salmista “sería guardado por la palabra ya que él guardaba la palabra en su corazón” (1869, 5:159). ¿Qué acerca de usted?

TUS DICHOS…

¿Cuál era el tesoro que el salmista guardaba en lo profundo de su corazón? La ley de Jehová (vs. 1), los dichos de Dios (vs. 11), los caminos del Señor (vs. 15), los juicios de Jehová (vs. 30), los testimonios de la boca del Señor (vs. 88), la ordenación de Jehová (vs. 91), los mandamientos de su Dios (vs. 115) y la palabra de la justicia del Señor (vs. 123).

El voto de lealtad del salmista no era ante la filosofía humana, el consejo del mundo, la ciencia contemporánea, la religión de sus padres, el dictamen de la mayoría, la corrección política, la voz de la tolerancia, la interpretación del clero, la tradición antigua, la última moda o incluso sus propios deseos y pensamientos. En cambio, solamente la Palabra que fluía de la Mente Divina gozaba de la confianza completa del salmista (vs. 160). ¿Qué acerca de usted?

PARA NO PECAR…

¿Cuál era el propósito esencial del salmista? Evitar el pecado. El pecado es el mal perenne de la humanidad; es un acto inicuo (vs. 3), una condición inmunda (vs. 9), un camino torcido (vs. 10), una mirada soberbia y un destino condenado (vs. 21), un deseo vano (vs. 37), un estado de esclavitud (vs. 45), un vínculo de impiedad (vs. 61), una actitud hipócrita (vs. 113), una maquinación maligna (vs. 115), un viaje de opresión (vs. 121), un sendero de mentira (vs. 128), un manantial de violencia (vs. 134) y una vida sin esperanza (vs. 155).

El ejercicio espiritual constante y aprecio de la Palabra del salmista no era un simple esfuerzo por agradar a su esposa o sus padres, no era una simple búsqueda de una vida sana, no era un simple sueño de marcar una diferencia, ni tampoco un simple anhelo de recibir alguna honra personal. El salmista había llenado su corazón de la Palabra de Dios para que el pecado no pudiera penetrarlo o contaminarlo (cf. Proverbios 4:23; Marcos 7:20-22). ¿Qué acerca de usted?

CONTRA TI”

Pecar contra el prójimo ciertamente es una ofensa seria, pero pecar contra el Dios del cielo es una desgracia indescriptible (cf. Hebreos 10:31). Mientras que otros solamente se interesaban en agradar a los hombres o a sí mismos, la meta del salmista era agradar al Señor (vss. 61,70,113,141). Él no apartaría su mirada de Dios para deleitarse en la injusticia (Salmos 101:3); no abandonaría a Dios para conservar a su familia (Mateo 10:37), no desobedecería a Dios para respetar al hombre (Hechos 5:29), no renunciaría a Dios para ganar al mundo (Mateo 16:26; Santiago 4:4), y no ignoraría a Dios para cumplir su propia voluntad (Mateo 26:42).

El salmista guardaba la Palabra de Dios en su corazón para no pecar contra Dios. ¿Qué acerca de usted?

No hay manera de agradar a Dios y evitar el pecado sin atesorar Su Palabra en lo profundo de nuestras mentes y corazones. El Salmo 119:11 ciertamente es un verso en el cual deben meditar todos los que desean alcanzar el favor de Dios y la santidad espiritual. Este es un recordatorio y una motivación constante a guardar la mejor cosa (la Palabra), en el mejor lugar (el corazón), con el mejor propósito (para no pecar) ante el mejor Ser (Dios).

Referencia

Spurgeon, Charles (1869), El Tesoro de David [The Treasure of David] (Londres: Marshall Brothers).