El Origen de la Biblia

El Origen de la Biblia

Una de las leyes mejores conocidas es la Ley de la Causa y el Efecto. En palabra sencillas, esta ley dice que todo efecto debe tener una causa adecuada.

Ahora, apliquemos esta ley a la Biblia. La Biblia es un efecto; fue causada por alguna fuente. Por ende, en cuanto a la Biblia, hay dos posibilidades:

  • La Biblia tuvo un origen puramente humano.
  • O aunque se empleó a escritores humanos, la Biblia tiene un origen divino fundamental.

¿Cómo se puede determinar cuál de estos enfoques es correcto? La única manera es examinar la Biblia misma y ver si porta las marcas de identificación que se esperaría de un libro que tuviera su origen en Dios. ¿Qué se debería esperar de un volumen divino?

Debería ser afirmado.

Si la Biblia fuera de Dios, esperaríamos que nos dijera eso. Lo cierto es que la Biblia reclama ser la Palabra de Dios miles de veces (cf. Jeremías 1:9; Hechos 1:16), y Cristo mismo endorsó este enfoque en cuanto a las Escrituras (vea Mateo 22:31).

Debería ser armonioso.

Ya que Dios es perfecto (Mateo 5:48) y no es autor de confusión (1 Corintios 14:33), y si Él fuera la fuente de la Biblia, esperaríamos que la Biblia fuera perfectamente armoniosa. Aunque se la compuso durante 16 siglos, la Escritura tiene armonía remarcable. Aunque algunos han declarado que la Biblia contiene contradicciones, tal acusación es infundada.

Debería ser exaltado.

Ya que Dios es santo (Isaías 6:3), esperaríamos que la Biblia tuviera un tono moral exaltado. Esto es exactamente lo que se puede encontrar. Sus preceptos—“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” y “todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 22:39; 7:12)—han asombrado a millones de personas a través de los años. Ningún filósofo puede jactarse de la invención de tal estándar moral.

Debería ser irreemplazable.

Si la Biblia fuera de Dios, no esperaríamos que ningún grupo de hombres, independientemente de su genio, pudiera producir un volumen que superara a este documento antiguo. Aunque se terminó de escribir la Biblia algo de 19 siglos atrás, nadie ha podido escribir un libro que relegue a la Biblia como obsoleto. ¡Esto es inexplicable!

Debería ser perpetuo.

Si la Biblia fuera del Dios eterno, esperaríamos que tuviera relevancia perpetua. Esto es cierto. Otros libros llegan a ser anticuados muy pronto, pero el mensaje de la Biblia es tan nuevo y actual como cuando los autores sagrados lo escribieron.

Debería ser honesto.

Si la Biblia tuviera origen divino, se esperaría que describiera fielmente el carácter del hombre. Esto es exactamente lo que la Biblia hace. Aunque el hombre fue creado como un ser bueno, según la imagen de Dios (Génesis 1:26), debido al pecado se separó progresivamente de Su Hacedor (Isaías 59:1-2). Ha llegado a corromperse extremadamente (Jeremías 17:9), y por ende tiene la necesidad profunda de ayuda espiritual. ¡El hombre no hubiera escrito la Biblia si hubiera decidido escribir algo, y no hubiera escrito la Biblia incluso si hubiera podido hacerlo!

Debería ser específico.

Finalmente, si la Biblia fuera de Dios, no esperaríamos que fuera simplemente un tratado filosófico y abstracto, sino que diera información específica del propósito del hombre y la manera en que puede cumplir ese propósito. Asombrosamente, la Biblia señala que el propósito del hombre en la Tierra es servir a Dios (Eclesiastés 12:13; Isaías 43:7), revela la misión de Cristo de salvar a la humanidad del pecado (Lucas 19:10), e insta a responder al mensaje redentor de Su gracia (Marcos 16:16; Hechos 2:38; Hebreos 5:8-9).

La Biblia es de Dios; escuchemos su mensaje.