El Liderazgo Femenino en el Hogar y la Iglesia

Dave Miller

En medio de la divergencia que plaga la civilización moderna en general y la religión en particular, un abismo continúa extendiéndose entre los que desean ajustarse al protocolo bíblico y los que desean modernizar, actualizar, ajustar y adaptar las Escrituras para calzar con la sociedad secular. La reclamación de aquellos que fomentan la agenda feminista es que la iglesia en el pasado ha restringido los roles de liderazgo y adoración para las mujeres simplemente a causa de la cultura y los principios hermenéuticos incorrectos. Dicen que somos el producto de una sociedad dominada por el hombre, y que por ende hemos malinterpretado el significado contextual de los pasajes bíblicos relevantes. Mientras las actitudes se relajan y la convicción bíblica se debilita, se ha comenzado a reinterpretar la Escritura para permitir roles más amplios para las mujeres en la adoración. Al menos parte de esta tendencia se debe a la insistencia escéptica que sugiere que Dios, la Biblia y el cristianismo adolecen de misoginia.

El pasaje central en el Nuevo Testamento que aborda el rol de los géneros en el hogar es Efesios 5:22-33. Un pasaje principal que aborda el rol de los géneros en la adoración es 1 Timoteo 2:8-15. Ambos pasajes indican que los hombres, i.e., varones adultos (andras), deben ser líderes espirituales santos en el hogar y la iglesia, mientras que a las mujeres se amonesta a ser modestas y sencillas, y cumplir las responsabilidades importantes que Dios les ha asignado. ¿Qué razón concebible tuviera el escritor inspirado (Pablo) para poner alguna limitación sea para el hombre o la mujer? ¿Su amonestación se debió a la cultura de su tiempo? ¿Estaba Pablo adaptando la religión a un ambiente ignorante y hostil, o declarando sus tendencias machistas? El Espíritu Santo dio las razones para las limitaciones, y esas razones trascienden todas las culturas y escenarios. Pablo declaró que los hombres debían ser amables, amorosos, líderes proveedores, y que las mujeres debían someterse a su liderazgo en el hogar y en la casa, ya que Adán fue creado antes que Eva. Este es el punto principal en la voluntad divina en cuanto a la manera en que los hombres y las mujeres deben funcionar e interrelacionarse.

El diseño original de Dios para la raza humana implicaba la creación del hombre primero como una indicación de la responsabilidad que el hombre tiene de ser el líder espiritual del hogar y la iglesia. Ese es su propósito funcional. Por otra parte, la mujer fue diseñada específicamente con el propósito de ser una ayuda sumisa (aunque no inferior). Estas características de la creación explican por qué Dios dio enseñanzas espirituales a Adán antes que Eva fuera creada, implicando que Adán tenía la responsabilidad original de enseñar a su esposa (Génesis 2:15-17). Explican por qué se declara dos veces en cuanto a la mujer que ella había sido creada para ser una “ayuda idónea para él”, i.e., una ayuda adecuada para el hombre (Génesis 2:18,20, énfasis añadido). Explican por qué el texto de Génesis claramente indica que en un sentido único, la mujer fue creada para el hombre—no viceversa. Explican por qué Dios trajo a la mujer “al hombre” (Génesis 2:22)—no viceversa—otra vez, como si ella hubiera sido creada “para él”; Adán confirmó esta idea cuando declaró, “La mujer que me diste por compañera” (Génesis 3:12, énfasis añadido). Explican por qué Pablo argumentó según el fundamento de esta misma distinción: “[T]ampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón” (1 Corintios 11:9, énfasis añadido). Además, implican la autoridad del hombre sobre la mujer en su acto de nombrar a la mujer (Génesis 2:23; 3:20). Los judíos entendían este orden diseñado divinamente; esto se puede ver en la práctica de la primogenitura (el varón que nacía primero). El orden de la creación tenía la intención específica de transmitir el principio de autoridad/sumisión para la raza humana (cf. 1 Corintios 11:8). De hecho, los evolucionistas, escépticos, ateos, feministas y teólogos liberales que desprecian este hecho enfrentan la realidad persistente que la distinción de género está incorporada inherentemente en el orden creado por medio de muchas diferencias emocionales, psicológicas y fisiológicas claras—desde los cromosomas hasta el periodo de vida y la fuerza muscular (cf. Jacobsen, 2007). Pablo tal vez indica la característica más prominente y distinta: la capacidad de tener hijos (1 Timoteo 2:15).

La enseñanza bíblica en cuanto a la diferencia de rol de ninguna manera implica diferencia en dignidad, valor o habilidad. Gálatas 3:28 (“no hay varón ni mujer”), 1 Timoteo 2:15 (ella “se salvará”) y 1 Pedro 3:7 (“coherederas de la gracia de la vida”) muestran que los hombres y mujeres son iguales en lo que concierne a su persona y salvación. Algunas veces las mujeres son superiores a los hombres en talento, intelecto y habilidad. Por ende, las mujeres no son inferiores a los hombres, así como Cristo no es inferior al Padre, los ciudadanos inferiores al presidente o los estudiantes inferiores a los maestros. El rol de la mujer en el hogar y la iglesia no es un asunto de control, poder u opresión; es un asunto de sumisión de parte de todos los seres humanos a la voluntad de Dios; es un asunto de buena disposición de parte de las criaturas de Dios, hombres y mujeres, para someterse al arreglo divino en cuanto al género. La diferencia bíblica es puramente un asunto de función, tareas asignadas y límites de responsabilidad. El maltrato lamentable de mujeres en países y culturas alrededor del mundo de parte de hombres que han abusado de su autoridad de ninguna manera desacredita el principio bíblico.

En los Estados Unidos se ha estado reestructurando masivamente los valores y estándares morales y espirituales por algo de 50 años. La destrucción de la diferenciación espiritual de géneros es una faceta de esta erosión de valores bíblicos. Prácticamente se ha afectado negativamente cada área de la cultura norteamericana. Según la extensión a la cual se socave la voluntad de Dios para el orden adecuado de la raza humana, también se socavará los valores fundacionales de la nación, y la confusión y desorientación social crecerán.

Muchas mujeres talentosas y espirituales poseen habilidades que les permitirían superar a muchos de los líderes actuales en las congregaciones. Sin embargo, la Biblia sigue siendo inmutable y eterna en su declaración divina sobre el tema. Por su contenido seremos juzgados (Juan 12:48). Toda la gente debe humillarse y someterse delante del Dios del cielo en conformidad a Su voluntad perfecta para sus vidas.

Referencia

Jacobsen, Joyce (2007), La Economía del Género [The Economics of Gender] (Malden, MA: Blackwell Publishing), tercera edición.

[Título original en inglés, “Female Leadership in the Home and Church”, en Reason & Revelation Resources, 31[2]:5,8. Traducción editada por Moisés Pinedo].