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El Holocausto del Aborto

Bruno no entendía por qué el hombre débil en la cocina había “decidido” dejar de ser doctor para pelar papas en la casa de Bruno. No entendía por qué el niño que vivía en la “granja” cercana detrás de la cerca siempre vestía “pijamas” a rayas—como también todas las personas que vivían y trabajaban en la misma “granja”. No entendía por qué el humo que salía frecuentemente de las dos grandes “chimeneas” en la “granja” olía tan mal. Y no entendía por qué su padre, quien era un comandante nazi importante, decía que habían algunas personas (los judíos) que no eran realmente personas, y por qué no hizo nada cuando otro soldado golpeó brutal y fatalmente al hombre que pelaba papas.

El nuevo amigo en “pijamas”, que Bruno había conocido detrás de la cerca, siempre estaba hambriento, y siempre tenía que marcharse empujando una carretilla cuando el silbato sonaba. Aunque era amable, su amigo nunca sonreía—hasta que los emparedados, la pelota y el juego de damas que Bruno trajo a escondidas para compartir y jugar a través de la cerca pronto produjeron sonrisas mágicas.

Pero la sonrisa del amigo de Bruno pronto se desvaneció cuando su padre no regresó del trabajo en la “granja”. Bruno ofreció ayudar a encontrar al padre de su amigo, pero a la granja solamente entraban los que vestían “pijamas” a rayas. Al día siguiente, Bruno escapó de su casa trayendo una pala para cavar su entrada a través de la cerca, y su pequeño amigo trajo una muda de “pijamas” para Bruno.

Una vez dentro, los soldados reunieron a la multitud de “granjeros”, incluyendo a Bruno y su amigo, y comenzaron a dirigirles salvajemente a un salón oscuro. Era hora de quitarse las “pijamas” y prepararse para un “baño” imprevisto. La multitud fue dirigida a través de una puerta pesada de metal a una cámara aun más oscura. Los dos niños se miraron y se tomaron de la mano. Un soldado alemán quitó la tapa de una abertura pequeña en el techo de la cámara, y Bruno miró hacia arriba, mientras el soldado vertía el gas letal (Herman, 2008).

Como en el caso de la película El Niño de las Pijamas a Rayas, Hollywood ha presentado numerosas veces la atrocidad perpetrada contra la raza humana en manos del régimen nazi alemán bajo la dirección de Adolfo Hitler. Los espectadores de tales películas descriptivas no pueden evitar sentir repulsión por tal crueldad, brutalidad y genocidio en masa de hombres, mujeres y niños inocentes.

El Holocausto “fue la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de aproximadamente seis millones de judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores”, como también el homicidio de otros grupos debido a su “inferioridad racial” (“El Holocausto”, s.d.). Y aunque este evento enfermizo e inhumano ha pasado a los anales infames de la historia hace más de medio siglo atrás, todavía penetra los rincones más profundos de la susceptibilidad humana. Hoy, todavía lloramos, honramos y conmemoramos a tales víctimas en un intento de proveer algo de vindicación por tal sufrimiento extremo.

EL HOLOCAUSTO NAZI; NUESTRO HOLOCAUSTO

Sin embargo, mientras El Holocausto nazi provoca condena inflexible, otro holocausto bárbaro ha llegado a ser parte de nuestra sociedad “civilizada”. Aunque nos indignamos en extremo (y con mucha razón) por la masacre nazi de gente inocente, pocas veces reflexionamos y nos conmovemos por la masacre moderna y extendida de bebés inocentes a través de la práctica brutal del aborto.

Sus Números; Nuestros Números

El enfoque actual en cuanto al aborto refleja el dicho infame: “La muerte de uno es una tragedia; la muerte de millones es una estadística”. El Holocausto cobró las vidas de algo de seis millones de judíos, dos a tres millones de prisioneros soviéticos, algo de dos millones de polacos (“Polacos”, s.d), y algo de dos millones de otros grupos (Jones, 1999, p. 173). En total, al menos 11,000,000 de personas fueron torturadas y muertas en El Holocausto nazi. Esta no es simplemente una estadística, sino una tragedia intensificada millones de veces.

Pero la tragedia más terrible es que la sociedad moderna no haya aprendido la lección que cada una de estas muertes inocentes enseña: la vida es valiosa y sagrada. Solamente en los Estados Unidos, cada año las vidas de más de 1,000,000 de bebés inocentes son interrumpidas por medio de la práctica legal del aborto. De hecho, desde la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos en el caso Roe vs. Wade que legalizó el aborto, se ha realizado algo de 55,000,000 de abortos legales en la nación (“Aborto Inducido…”, 2014). Mundialmente, la cifra es más alarmante, superando los 40,000,000 de abortos cada año (“Información…”, 2012).

Si se evaluara el horror de estas tragedias solamente al comparar sus números de víctimas, entonces nuestra legalización y promoción del aborto superaría al Holocausto nazi en extensión y destrucción.

Sus Víctimas; Nuestras Víctimas

Principalmente, las víctimas del Holocausto fueron los judíos, quienes eran considerados como una raza inferior y una amenaza extranjera para la prosperidad de la sociedad alemana. Pero pronto el genocidio de la Alemania nazi llegó a incluir a otras razas y grupos, y se extendió hasta incluir a pacientes alemanes que eran mental o físicamente discapacitados, quienes fueron eliminados por medio del programa de eutanasia (“El Holocausto”, s.d.). En resumen, se puede decir que sus víctimas fueron los desconocidos, los “inferiores”, los débiles y los no-necesitados.

¿Quiénes son las víctimas del aborto? Como nación, y mundialmente, las víctimas del aborto no son solamente aquellos de nuestra misma raza y comunidad, sino también son nuestra propia descendencia. En una tendencia despiadada similar, como nación estamos dispuestos a matar a nuestros propios hijos—aquellos a quienes debemos proteger y amar. Como los nazis insensibles y brutales, patrocinamos estatalmente el aborto para la eliminación del no-amado, el débil, el inocente y el “inferior”.

Nos escandalizamos al aprender que una sociedad pudiera llegar a ser tan cruel como para perseguir, torturar y matar a los ciudadanos de otras naciones, pero a la misma vez, observamos con indiferencia a nuestra sociedad que mata a los suyos con la misma crueldad y fanatismo.

Sus Métodos; Nuestros Métodos

Para implementar lo que llamaron la “Solución Final”, los nazis emplearon métodos terribles para eliminar a las poblaciones “indeseables”. Se empleó los disparos masivos. En este método, usualmente se forzaba a las víctimas a cavar sus propias tumbas, y luego se les disparaba para que cayeran dentro. También se usó camiones de gas. Las víctimas eran introducidas en las cámaras traseras selladas de camiones, y se dejaba fluir dentro los gases del tubo de escape, causando la sofocación de las víctimas. Uno de los métodos más eficaces fue los campos de exterminación. Las víctimas eran forzadas a entrar a cámaras donde generalmente se usaba Zyklon B, un pesticida altamente letal a base de cianuro. Luego los cuerpos eran incinerados en crematorios (vea Vogelsang y Larsen, 2002). Otros métodos y factores, como el ahorcamiento, el trabajo exorbitante, el hambre, las condiciones insalubres, los golpes, los azotes, la experimentación, la tortura médica y la presión psicológica también contribuyeron a la masacre (vea Goldhagen, 1997, pp. 317-323).

¿Qué clase de métodos usa nuestra sociedad “civilizada” y avanzada tecnológicamente para eliminar a bebés indeseables? La organización americana Planificación Familiar, que ofrece servicios de aborto, trata de presentar descripciones “leves” de dos métodos comunes. En el método de aspiración, se inserta un espéculo para separar las paredes de la vagina. Se dilata el útero, y se inserta un tubo. El aparato de succión vacía “suavemente” el útero, y finalmente se remueve cualquier tejido restante. En el método de dilatación y evacuación, se puede usar una inyección a través del abdomen para “asegurarse que el corazón del feto [el bebé—MP] se detenga antes que el procedimiento” de aspiración comience (“Procedimientos…”, s.d.).

Pero así como en el caso del Holocausto nazi, la realidad dentro de la clínica de exterminación es aun más cruda. En el método de aspiración, el accesorio de punta aguda destroza al bebé y la placenta en pedazos pequeños que son succionados por la aspiradora. Luego los restos son desechados. En el método de dilatación y evacuación, se inserta fórceps en el útero para asir al bebé. Los dientes del instrumento tuercen y rompen los huesos del bebé. Se repite el proceso hasta desmembrar completamente al bebé antes de removerlo. Usualmente se debe triturar el cráneo del bebé para poder extraerlo. El método de inyección salina envenena al bebé y corroe su piel. Dentro de 24 horas, la madre usualmente da a luz a un bebé muerto. Otros métodos químicos intensifican las contracciones, haciéndolas tan violentas que generalmente causan la muerte del bebé. En el método de histerectomía, se remueve al bebé por cesárea, cortando el cordón umbilical del bebé cuando está en el vientre, y por ende despojándole de su suministro de oxígeno. En el método de aborto por nacimiento parcial, se jala las piernas del bebé al canal de nacimiento, y se extrae el cuerpo excepto por la cabeza. Los abortistas luego cortan el cráneo del bebé y succionan su cerebro, lo cual causa que su cráneo colapse. Luego el bebé muerto es removido y desechado (“Métodos de Aborto”, s.d.).

El homicidio de bebés inocentes ciertamente es un crimen abominable (cf. Proverbios 6:16-17), y el fingimiento, disimulo y minimización de los procedimientos salvajes del aborto revelan cuán profundamente vil y grotesco es nuestro estado moral general.

Sus Pensamientos; Nuestros Pensamientos

¿Pero qué causó que la nación alemana se embarcara en una persecución militante infame de otros grupos humanos? Tal vez la respuesta se encuentre en el mismo escrito del líder que desató tal proyecto perverso. En Mein Kampf, Adolfo Hitler señaló: “[P]or medio de la propaganda constante y hábil, se puede hacer creer a la gente que el cielo es el infierno (o viceversa), y que la vida más miserable es el paraíso… En la simplicidad primitiva de su corazón, las masas serán víctimas más fáciles de una mentira grande que de una pequeña” (Hitler, 1939). Aunque Hitler promovió su campaña homicida como verdadera, es interesante notar que sus propias palabras se apliquen correctamente al Holocausto. En realidad, la Alemania nazi había llegado a creer la propaganda de que los judíos eran una raza inferior, malvada, diabólica, parasitaria y dañina para la sociedad aria, y que merecían su destrucción. “Por tanto, los nazis consideraban que todos los seres humanos no eran igualmente humanos, y que algunos de ellos solo parecían ser humanos” (Mineau, 1999, p. 131). Tal convicción permitió que muchos nazis fomentaran la masacre sin remordimiento, y que continuaran sus vidas en indiferencia (Goldensohn, 2004, p. xxvii).

¿Son nuestras convicciones nacionales en cuanto al bebé en el vientre, diferentes a las convicciones de la Alemania nazi en cuanto a los judíos y otras razas supuestamente inferiores? Como en el caso del Holocausto, la propaganda abortista moderna constante y hábil quiere que creamos que: (1) la existencia continua del bebé pone en peligro la supervivencia, metas, sueños y felicidad de la madre—y por ende, extinguimos los sueños, metas y felicidad futura del bebé; (2) que una mujer es demasiado joven para tener hijos—aunque suficientemente adulta para tener relaciones sexuales; (3) que una persona más en el mundo empeora la superpoblación—así que estamos dispuestos a tomar una decisión por los demás para “asegurar” nuestra supervivencia personal; (4) que la salud potencial débil del bebé es causa suficiente para interrumpir su existencia por completo—pero al mismo tiempo corremos al hospital más cercano para recibir atención médica cuando nos sentimos débiles o enfermos; (5) que el cuerpo del bebé es el cuerpo de la madre, y que por ende, ella tiene la decisión final—supuestamente matar a su “cuerpo” para “salvar” su cuerpo; (6) que el ataque sexual a la madre justifica el ataque físico al bebé—es decir, que la violación justifica el homicidio; (7) que el “feto” que crece dentro del vientre de la madre no está vivo—aunque tenemos que matarlo; (8) que tal “cosa” realmente no es humano—aunque actúa como humano y continuará luciendo humano si se lo deja intacto; (9) que matar a la “cosa” está bien ya que ni siquiera puede sentir dolor—pero lamentamos racionalmente las muertes de cientos de pasajeros que murieron en los aviones que colisionaron en las torres gemelas, incluso cuando el impacto repentino hubiera evitado toda percepción de dolor; (10) que la madre puede matar a la “cosa” con la bendición del gobierno—pero que el intento del padre de matar a la misma “cosa” es homicidio premeditado (vea Vawter, 2013).

Somos lo que pensamos (Proverbios 23:7); nuestros pensamientos guían nuestras acciones (Marcos 7:20-22). Si ingerimos la propaganda social inmoral, entonces cosecharemos corrupción moral. Irónicamente, los nazis no fueron los únicos en presentar el infierno como el cielo; todavía ahora, como antes, hay muchos “que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo” (Isaías 5:20).

Su Castigo; Nuestro Castigo

Después del término del Holocausto, los tribunales militares procesaron y sentenciaron a varios perpetradores nazis desde 1945-1949, en lo que se conoce como los Procesos de Nuremberg. Se procesó a líderes prominentes de la masacre, jueces y legisladores involucrados en la implementación de leyes racistas, y doctores involucrados en experimentos con víctimas. Aunque la defensa argumentó que los acusados estuvieron siguiendo solamente órdenes en conformidad con las leyes alemanas, los demandantes argumentaron exitosamente, que aunque tales atrocidades no violaban sus propias leyes, todavía eran crímenes en contra de la humanidad. La idea era que existía una ley superior y fundamentalmente humana que los perpetradores deberían haber conocido y cumplido (vea MacKinnon, 2013, p. 56).

Aunque las leyes alemanas aprobaron el Holocausto, los jueces internacionales entendieron que tal manifestación de crueldad era un crimen que trascendía la ley de un país y que era digna de la pena más severa. Pero a diferencia del veredicto condenatorio para muchos líderes nazis debido a sus hechos infames, hoy se exime la responsabilidad por la matanza de millones de bebés inocentes. ¿Qué clase de castigo merece una generación insensible y sangrienta que transforma un lugar de seguridad y paz—el vientre de una madre, en un campo de batalla contra su propia descendencia? ¿Qué clase de castigo merece el personal médico de la muerte que levanta un instrumento de carnicería para cortar en pedazos y triturar a un bebé inocente? ¿Qué clase de castigo merece un gobierno impío y absurdo que aprueba, promueve y “aplaude” tal holocausto de bebés, pero que al mismo tiempo penaliza y encarcela a aquellos que destruyen, perturban o molestan a los polluelos o huevos de la águila calva (“Leyes Federales...”, s.d.)?

Tal vez los oídos embotados de la justicia nacional nunca lleguen a escuchar el clamor silencioso de los millones de bebés sacrificados, pero todavía hay un Dios en el cielo que hace justicia y venga a los débiles (Deuteronomio 10:17-18; Jeremías 22:3; Malaquías 3:5). Aunque nuestra maldad nacional extendida no nos encuentre en esta vida, ciertamente esta ofensa no pasará desapercibida cuando nos presentemos delante del tribunal supremo.

Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio (Isaías 1:15-17).

Referencias

“Aborto Inducido en los Estados Unidos” [“Induced Abortion in the United States”] (2014), Instituto Guttmacher, http://www.guttmacher.org/pubs/fb_induced_abortion.html.

Goldensohn, Leon (2004), Las Entrevistas de Nuremberg [The Nuremberg Interviews] (Nueva York: Vintage Books).

Goldhagen, Daniel (1997), Los Verdugos Dispuestos de Hitler [Hitler’s Willing Executioners] (Nueva York: Vintage Books).

Herman, Mark, dir. (2008), El Niño de las Pijamas a Rayas [The Boy in the Striped Pajamas], Miramax Films.

Hitler, Adolfo (1939), Mein Kampf, traducción al inglés en http://americannaziparty.com/about/MeinKampf%20english.pdf.

“El Holocausto” (sine data), Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos, http://www.ushmm.org/wlc/es/article.php?ModuleId=10005751.

“Información sobre el Aborto Inducido en el Mundo” [“Facts on Induced Abortion Worldwide”] (2012), Instituto Guttmacher, http://www.who.int/reproductivehealth/publications/unsafe_abortion/induced_abortion_2012.pdf?ua=1.

Jones, David (1999), Responsabilidad Moral en el Holocausto [Moral Responsibility in the Holocaust] (Lanham, MD: Rowman & Littlefield).

“Leyes Federales que Protegen a las Águilas Calvas” [Federal Laws that Protect Bald Eagles] (sine data), Servicios de Pesca y Vida Salvaje de los EE.UU., http://www.fws.gov/midwest/eagle/protect/laws.html.

MacKinnon, Barbara (2013), Etica: Teoría y Temas Contemporáneos [Ethics: Theory and Contemporary Issues] (Boston, MA: Wadsworth).

“Métodos de Aborto” [“Abortion Methods”] (sine data), Life Site News, http://www.lifesitenews.com/abortiontypes/.

Mineau, André (1999), La Creación del Holocausto [The Making of the Holocaust] (Atlanta, GA: Rodopi).

“Polacos” [“Poles”] (sine data), Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos, http://www.ushmm.org/m/pdfs/2000926-Poles.pdf.

“Procedimientos de Aborto en Clínica” [“In-Clinic Abortion Procedures”] (sine data), Planned Parenthood, http://www.plannedparenthood.org/health-topics/abortion/in-clinic-abortion-procedures-4359.asp.

Vawter, Eve (2013), “Diez Razones para Tener un Aborto” [“10 Reasons to Have an Abortion”], Mommyish, http://www.mommyish.com/2013/10/29/10-reasons-to-have-an-abortion/#comment-1102135398.

Vogelsang, Peter y Brian Larsen (2002), “Métodos de Homicidio en Masa” [“Methods of Mass Murder”], El Centro Danés por los Estudios del Holocausto y el Genocidio, http://www.holocaust-education.dk/holocaust/massedrapsmetoder.asp.