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El Espíritu Santo: Una Persona Divina

Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres (Hechos 17:29).

Este y otros versículos (e.g., Romanos 1:20; Colosenses 2:9) hacen referencia específica a la “Divinidad”, e implican personalidad divina. La Escritura revela que hay Tres Personas que constituyen la Divinidad. Por ende, frecuentemente en la comunidad religiosa se habla de la “Trinidad” con referencia a Dios o la Divinidad, lo cual sugiere “Tres Personas en Uno”. La Biblia identifica a estas Tres Personas Divinas como el Padre, el Hijo (Jesucristo) y el Espíritu Santo (Juan 1:1; Hechos 5:3-4; 1 Corintios 8:6).

La Palabra de Dios documenta completamente la doctrina de Tres Personas en la Deidad (Mateo 3:16-17; Juan 15:26; Romanos 15:30). “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). Sin embargo, el hombre experimenta dificultad en entender completamente el hecho de la Divinidad ya que no hay nada en la Tierra a lo cual la podamos comparar completamente. Los estudiantes de la Palabra aceptan: (1) el hecho de la Divinidad y (2) que la Divinidad está compuesta de Tres Personas Divinas. Las cualidades divinas y personales que se atribuyen bíblicamente al Padre y al Hijo también se aplican igualmente al Espíritu. La Escritura no relega al Espíritu como un “esto” o una simple influencia, y los hombres mortales no hacen referencia a Él adecuadamente de esa manera.

El Espíritu Santo tiene personalidad.

Como el Padre y el Hijo (al menos antes de Su encarnación), el Espíritu santo no tiene forma física (Juan 4:24; cf. Lucas 24:39). No obstante, esto no anula la personalidad. La personalidad es el producto de la expresión personal, no solamente de los rasgos físicos. La ausencia de la expresión personal (e.g., entre los que tienen deficiencia mental) no significa que alguien sea un animal, pero la expresión personal verifica el hecho que el que realiza la expresión no es un animal, un “esto” o simplemente una influencia. Ya que se expresa personalmente, el Espíritu Santo no es un “esto” o simplemente una influencia.

La Biblia aplica pronombres personales al Espíritu Santo, dando testimonio de Su personalidad individual (Juan 14:26; 15:26; 16:13). La Escritura también atribuye estas características personales al Espíritu Santo: (1) Él habla (1 Timoteo 4:1); (2) testifica (Juan 15:26); (3) enseña (Juan 14:26); (4) guía (Juan 16:13); (5) escudriña (1 Corintios 2:10); (6) tiene intención (Romanos 8:27); (7) tiene conocimiento (1 Corintios 2:11); (8) tiene afecto (Romanos 15:30); (9) tiene voluntad (1 Corintios 12:11); (10) tiene bondad (Nehemías 9:20); (11) se le puede entristecer (Isaías 63:10; Efesios 4:30); (12) se le puede despreciar (Hebreos 10:29); (13) se le puede blasfemar (Mateo 12:31-32); (14) se le puede resistir (Hechos 7:51); (15) se le puede tratar de mentir (Hechos 5:3; cf. Sweeney, 1982, pp. 35-39); (16) puede escoger a ciertos hombres (Hechos 13:2) y puede interceder (Romanos 8:26; cf. Howard, 1975, pp. 11-12).

Las cualidades divinas del Espíritu Santo se suman a las características personales anteriores. El Espíritu Santo es: (1) eterno (Hebreos 9:14); (2) omnisciente (1 Corintios 2:10-11); (3) omnipotente (Miqueas 3:8); y (4) omnipresente (Salmos 139:7-10). También participó y participa en: (5) la creación (Génesis 1:2; Job 26:13); (6) los milagros registrados en la Biblia (1 Corintios 12:9,11; cf. Sweeney, pp. 39-42); (7) la providencia (Salmos 104:30); (8) la redención (Juan 3:5); (9) la resurrección venidera (Romanos 8:11).

Finalmente, se esperaría que la Palabra de Dios se dirigiera a una Persona, el Espíritu Santo, por nombre. (Aunque es cierto que los animales y objetos también pueden tener nombres, típicamente cada persona tiene uno). Alguien ha sugerido que hay “18 nombres diferentes que el Antiguo Testamento usa para el Espíritu, y el Nuevo Testamento usa 39, haciendo un total de 52 nombres diferentes ya que cinco de ellos son comunes en ambos testamentos” (L’Roy, 1966, p. 6). Estas referencias incluyen: el Espíritu de Dios; el Espíritu del Señor; Mi Espíritu; Espíritu; el Espíritu de Bondad; el Espíritu de Verdad; el Espíritu de Cristo; el Espíritu del Dios Vivo; el Espíritu de Su Hijo; el Consolador; el Espíritu Justo; el Espíritu de Sabiduría y Entendimiento; y el Espíritu de Santidad.

Referencias

Howard, V.E. (1975), El Espíritu Santo [The Holy Spirit] (West Monroe, LA: Central), segunda edición.

L’Roy, Elmer (1966), El Espíritu Santo [The Holy Spirit] (Florence, AL: Lambert).

Sweeney, Z.T. (1982), El Espíritu y la Palabra [The Spirit and the Word] (Nashville, AL: Gospel Advocate).