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Comencemos en el libro de Jonás; este puede ser un lugar poco usual para hablar de la existencia de Dios, pero consideraremos un principio. Dios había mandado a Jonás a ir a Nínive y predicar el arrepentimiento, pero Jonás huyó a Tarsis, que se cree que estaba en el borde occidental de la civilización.

Dios creó una tempestad en el Mar Mediterráneo que amenazó volcar la embarcación. Los marineros clamaron a sus dioses (Jonás 1:5), pero ellos no escucharon. Jonás había estado durmiendo, así que ellos le despertaron y le instaron a orar a su propio dios (vs. 6). Jonás sabía cuál era el problema, y les dijo en el versículo 9: “Soy hebreo, y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra”. Él también les declaró que estaba huyendo “de la presencia de Jehová” (vs. 10).

Ellos le preguntaron qué hacer. Jonás sugirió que le arrojaran al mar, pero esos hombres no quisieron hacerlo—al menos no al principio. Así que continuaron luchando contra la tormenta hasta que tuvieron que hacer lo que Jonás había dicho.

Ellos entonces se alistaron para lanzar a Jonás al mar. Considere lo que los versículos 14-16 dicen:

Entonces clamaron a Jehová y dijeron: Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido. Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor.

Los hombres temieron a Jehová grandemente, y ofrecieron sacrificios a Jehová e hicieron votos. La palabra “Jehová” traduce el nombre israelita para Dios. Probablemente estos hombres no llegaron a creer únicamente en el Dios de Israel. Simplemente pudieron haber decidido incluir a Jehová en el panteón de dioses en los cuales ya creían. Pero es claro que ellos llegaron a creer en Dios debido a que vieron un efecto que debió haber sido el resultado de una causa adecuada.

Cada efecto material debe tener una causa adecuada. “Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios” (Hebreos 3:4).

En mayo de 1988, el Presidente Ronald Reagan visitó Moscú, Rusia. Eso fue en el tiempo del Imperio Soviético Comunista. Durante esa visita, el Presidente Reagan habló a un grupo de disidentes políticos en un lugar llamado La Casa Spaso (la residencia del Embajador de los EE.UU.). En ese discurso, Reagan pidió que Gorbachov pusiera término a las restricciones en cuanto a la libertad de expresión, que parara el encarcelamiento de gente por cosas que ellos dicen o escriben, y que permitiera a los ciudadanos la libertad completa de emigración y viaje.

En ese mismo discurso, Reagan dijo a los disidentes que cuando se encontraba con un ateo, se sentía “tentado a invitarle a la mejor cena que alguien pudiera ofrecer. Y cuando acabaran de comer tal cena magnífica, le gustaría preguntar al ateo si creía que existía un cocinero”.

Los cristianos sabemos que Dios existe ya que el Universo demanda un Creador que no esté limitado al Universo material.