El Argumento Moral para la Existencia de Dios

Eric Lyons

En noviembre de 2006, varios científicos ateos y evolucionistas principales en el mundo se reunieron en La Jolla, California para el primer simposio “Más Allá de la Fe” (vea Lyons y Butt, 2007), el cual la publicación científica New Scientist llamó “El ‘festival ateo’” (Reilly, 2007, 196[2629]:7). Se realizó la conferencia para hablar de la ciencia, la religión y Dios, y específicamente si la ciencia debería “abolir la religión” (Brooks, 2006, 192[2578]:9). El escritor de New Scientist, Michael Brooks, resumió la actitud general de los asistentes en las siguientes palabras: “[L]a ciencia puede enfrentar la religión y ganar” (p. 11). Los participantes estaban listos para remangar sus camisetas y “comenzar la pelea” (p. 11). Estaban listos a “Reemplazar a Dios Con la Ciencia”, como Brooks tituló su artículo.

En el año 2007—en el simposio “Más Allá de la Fe II”—aparentemente algunos de los participantes abordaron la idea de un Ser sobrenatural con más cuidado. Incluso la publicación New Scientist, que cubrió la conferencia por el segundo año, publicó un artículo drásticamente diferente, titulado: “El lugar de Dios en un Mundo Racional” (vea Reilly, 196[2629]:7, énfasis añadido). El autor Michael Reilly reveló detalles de la reunión al registrar lo que un asistente, Edward Slingerland de la Universidad de Columbia Británica (y fundador del Centro por el Estudio de la Evolución, Cognición y Cultura Humana), reconoció abiertamente.

Él anunció: “La religión no va a desaparecer”. Incluso aquellos entre nosotros que nos jactamos de racionalistas y científicos, dependemos de los valores humanos—un grupo de creencias distintivamente poco científicas.
Por ejemplo, ¿de dónde viene nuestra convicción que sugiere que los derechos humanos son universales? “Los derechos humanos para mi son tan misteriosos como la santa trinidad… No se puede escanear el cerebro y mostrar de dónde vienen los derechos humanos, no se puede cortar a alguien en mitad y mostrar sus derechos humanos… Esto no es algo empírico; es simplemente algo que creemos fuertemente. Es una entidad puramente metafísica” (p. 7, énfasis añadido).

Aunque algunos en la conferencia tenían la creencia ingenua que “[c]on el tiempo y persistencia suficiente, la ciencia conquistará todos los misterios de la naturaleza” (Reilly, p. 7, énfasis añadido), es alentador saber que al menos una persona aludió a una de las pruebas más grandes para la existencia de Dios: el argumento moral.

LA MORALIDAD OBJETIVA

¿Por qué la mayoría de gente racional cree en la moralidad objetiva? Es decir, ¿por qué la gente piensa generalmente que algunas cosas son “correctas” y que otras son “incorrectas”, a pesar de las opiniones subjetivas de la gente? ¿Por qué cree la gente que es “malo” (1) que alguien llegue a alguna casa, dispare a una persona y robe lo que hay dentro de la casa; (2) que un hombre golpee y viole a una mujer inocente; (3) que un adulto torture a un niño inocente simplemente por diversión; (4) que los padres tengan hijos con el único propósito de abusar de ellos sexualmente? Porque, como el evolucionista Edward Slingerland señaló, los humanos tienen derechos metafísicos—derechos que son “una realidad más allá de lo que se puede percibir con los sentidos” (“Metafísico”, 2001)—y que “dependen de los valores morales”. Lo cierto es que la mayoría de personas, incluso ateos, ha reconocido que existe el bien y el mal objetivo.

Antony Flew

Durante la última mitad del siglo XX, se consideraba al Dr. Antony Flew, Profesor de Filosofía en la Universidad de Reading en Reading, Inglaterra, como uno de los filósofos ateos más renombrados. Desde 1955-2000, dio conferencias y escribió extensamente en cuanto al ateísmo. Algunas de sus obras incluyen, Dios y la Filosofía (1966), Ética Evolucionista (1967), La Audacia del Ateísmo (1976) y El Ateísmo y el Humanismo (1993). En septiembre de 1976, el Dr. Flew debatió al Dr. Thomas B. Warren, Profesor de Filosofía de Apologética Religiosa y Cristiana en la Facultad de Graduación de Religión de Harding en Memphis, Tennessee. Antes de ese debate de cuatro noches sobre la existencia de Dios, en armonía con las reglas del debate, Warren hizo varias preguntas por escrito a Flew, incluyendo las siguientes: “Verdadero/Falso. Al matar seis millones de hombres, mujeres y niños judíos, los nazis fueron culpables de un mal moral (objetivo)”. Flew respondió “Verdadero”. Él reconoció la existencia del mal moral real (objetivo)” (Warren y Flew, 1977, p. 248). [NOTA: En 2004, Flew comenzó a tomar pasos hacia el teísmo mientras reconocía la imposibilidad de una explicación puramente naturalista para la vida. Vea Miller, 2004 para más información].

Wallace Matson

En 1978, el Dr. Warren se reunió con el Dr. Wallace Matson, Profesor de Filosofía en la Universidad de California en Berkeley, California, para un debate público sobre la existencia de Dios en Tampa, Florida. Otra vez, según las condiciones del debate, se permitió que los contendientes hicieran hasta 10 preguntas antes del debate. Una vez más Warren preguntó: “Verdadero/Falso. Al matar seis millones de hombres, mujeres y niños judíos, los nazis fueron culpables de un mal moral (objetivo)”. Como Flew, Matson respondió “Verdadero”: “la moralidad real (objetiva)” existe (Warren y Matson, 1978,  p. 353). Matson incluso reconoció en la posición afirmativa (i.e., “verdadero”) que “[s]i alguien hubiera sido un soldado durante la Segunda Guerra Mundial, y los nazis (1) le hubieran capturado y (2) le hubieran dado la elección de unirse a ellos en sus esfuerzos por exterminar a los judíos o de otra manera ser ejecutado, tal soldado hubiera tenido la obligación moral objetiva de morir en vez de unirse a ellos en el asesinato de los hombres, mujeres y niños judíos” (p. 353). No pase por alto el punto: Matson no solamente dijo que los nazis fueron culpables de un mal moral objetivo, sino también indicó que una persona tuviera la “obligación moral objetiva de morir” en vez de unirse al régimen nazi atroz.

Tan Fácil como 2 + 2

Aunque la moralidad objetiva puede estar fuera del reino del método científico, todas las personas racionales pueden saber que algunas cosas son innatamente buenas, mientras que otras son innatamente malas. Antony Flew y Wallace Matson, dos de los filósofos ateos principales del siglo XX, reconocieron directamente la existencia de la moralidad objetiva. Aunque parece que en algunos tiempos el ateo Michael Ruse se ha opuesto a la idea de la moralidad objetiva (vea Ruse, 1989, p. 268), incluso él admitió en su libro La Defensa del Darwinismo que “[e]l hombre que dice que es moralmente aceptable violar a los niños pequeños, está tan equivocado como el hombre que dice que 2 + 2 = 5” (1982, p. 275, énfasis añadido). De hecho, una de las razones por las cuales “La religión [i.e., Dios—EL] no va a desaparecer”, para usar las palabras de Edward Slingerland, es porque los valores morales son una realidad metafísica (cf. Romanos 2:14-15). Los filósofos Francis Beckwith y Gregory Koukl lo expresaron muy bien: “Los que niegan las reglas morales obvias—que dicen que matar y violar son cosas morales buenas, que la crueldad no es un vicio y que la cobardía es una virtud—no solamente tienen un punto de vista moral diferente; ellos tienen algo malo dentro de sí mismos” (1998, p. 59, énfasis añadido).

EL ARGUMENTO MORAL

Se ha declarado el argumento moral para la existencia de Dios en una variedad de maneras durante los siglos. Una de ellas es la siguiente (vea Craig, s.d.; Craig y Tooley, 1994; Cowan, 2005, p. 166):

  • Premisa 1: Si Dios no existe, entonces los valores objetivos no existen.
  • Premisa 2: Los valores objetivos existen.
  • Conclusión: Dios existe.

Thomas B. Warren expresó el argumento de una manera positiva y más detallada en sus debates con los ateos Antony Flew (p. 173) y Wallace Matson (p. 285).

  1. Si se puede someter críticamente (como mal moral real) el código y/o acciones morales de una persona, entonces debe haber algún estándar objetivo (alguna “ley superior que transciende el límite y el tiempo”) que es independiente del código moral particular y que tiene un carácter obligatorio que se debe reconocer.
  2. Se puede someter críticamente (como mal moral real) el código y/o acciones morales de una persona.
  3. Por tanto, debe haber algún estándar objetivo (alguna “ley superior que transciende el límite y el tiempo”) que es independiente del código moral particular y que tiene un carácter obligatorio que se debe reconocer.

La sociedad que Warren usó como un ejemplo en sus debates fue el régimen nazi de Adolfo Hitler. En las décadas de 1930 y 1940, la Alemania nazi cometió el genocidio patrocinado gubernamentalmente de lo que llamaban “razas inferiores”. De los aproximados nueve millones de judíos que vivían en Europa al comienzo de la década de 1930, se exterminó a algo de seis millones. Los nazis asesinaron aproximadamente a un millón de niños judíos, dos millones de mujeres judías y tres millones de hombres judíos. Los nazis les amontonaban en vagones de ferrocarril como si fueran ganado, y les enviaban a campos de concentración. Algunas veces se colocaba cal viva en los pisos de los vagones, lo cual quemaba los pies de los prisioneros, incluyendo a los niños. Se les hacía pasar hambre, se les exponía al gas y se experimentaba con ellos como si fueran animales. Hitler mató a otros tres millones de polacos, soviéticos, gitanos y gente deshabilitada (vea “Holocausto”, 2011 para información adicional).

Así que, ¿fueron los nazis culpables de “mal moral real (objetivo)”? Según el ateo Antony Flew, lo fueron (Warren y Flew, p. 248). El ateo Wallace Matson estuvo de acuerdo (Warren y Matson, p. 353). Independientemente de sostener el ateísmo o el teísmo, la gente racional admite que algunas cosas son realmente atroces. La gente simplemente no piensa que las cosas como la violación y el abuso de niños probablemente son malas; tales cosas son malas—inherentemente malas. Así como se puede saber que dos más dos son cuatro, cada persona racional puede saber que algunas cosas son objetivamente buenas, mientras que otras son objetivamente malas. Sin embargo, la razón demanda que el bien y el mal objetivo solamente pueden existir si hay algún punto de referencia objetivo y real. Si se puede someter críticamente (como mal moral real) a algo (i.e., la violación), entonces “debe haber algún estándar objetivo (alguna ‘ley superior que transciende el límite y el tiempo’) que es independiente del código moral particular y que tiene un carácter obligatorio que se debe reconocer” (Warren y Matson, p. 284, énfasis añadido).

¿PROVEE EL ATEÍSMO UN ESTÁNDAR OBJETIVO LEGÍTIMO PARA LA MORALIDAD?

El reconocimiento de los ateos de que algo es moralmente malo conduce a la siguiente pregunta: ¿Cómo puede el ateísmo llamar lógicamente a algo atroz, deplorable, malo o malvado? Según el ateísmo, la humanidad no es nada más que materia en movimiento. Supuestamente, la humanidad evolucionó de las rocas y el cieno durante miles de millones de años. Pero ¿quién ha escuchado de rocas, cieno o minerales “morales”? No se habla de asnos, elefantes o monos depravados moralmente. No se señala como inmorales a los cerdos cuando se comen a sus crías. Los dragones de la Isla de Komodo no son corruptos ya que el 10% de su dieta consiste de dragones pequeños. Las ballenas asesinas no son culpables de homicidio. No se extermina a las viudas negras simplemente porque las hembras frecuentemente matan a los machos después de la cópula. No se procesa a los animales machos por violación cuando parece que fuerzan la cópula con las hembras (cf. Thornhill, 2001). Los perros no son depravados porque roban los huesos de otros perros.

El hecho que los seres humanos incluso consideren el tema de la moralidad testifica a favor de la gran brecha entre el hombre y los animales. Los evolucionistas ateos han reconocido que la moralidad solamente surge en los humanos. Según Antony Flew, el hombre es un ser moral, pero “el valor no existió antes del primer ser humano” (Warren y Flew, p. 248). Flew creía que la moralidad llegó a existir después que el hombre evolucionó, no antes cuando supuestamente solamente los animales existían. Aunque George Gaylord Simpson, uno de los evolucionistas ateos más renombrados del siglo XX, creía que “el hombre es el resultado de un proceso sin propósito y materialista que no le tenía en mente”, confesó que el “[b]ien y el mal, lo correcto e incorrecto, conceptos que son irrelevantes en la naturaleza excepto desde la perspectiva humana, llegan a ser características reales y apremiantes de todo el cosmos según un enfoque moral ya que la moralidad solamente surge en el hombre” (1951, p. 179, énfasis añadido). Los ateos admiten que las personas (i.e., incluso los mismos “ateos”) tienen “su propio sentido innato de moralidad” (“¿Tienen Moralidad…”, s.d.). Ninguna persona racional declara esto en cuanto a los animales. Como el evolucionista Edward Slingerland declaró, “[l]os humanos”, no los animales, “dependen de los valores morales” (citado en Reilly, 2007, 196[2629]:7).

La evolución atea no puede explicar lógicamente la moralidad. La moralidad objetiva real no puede existir si los humanos son los descendientes de animales. Los profesores en las escuelas públicas “hacen recordar” frecuentemente a los jóvenes (a quienes no se les permite actuar como animales en el colegio) que ellos vienen de los animales. Según un libro de texto de ciencia, “[l]os humanos probablemente evolucionaron de las bacterias que vivían más de cuatro mil millones de años atrás” (Earth Science, 1989, p. 356).

Cuando me gradué de la secundaria en 1994, se presentó el libro de texto de Holt, Rinehart y Winston a millones de estudiantes de secundaria en los Estados Unidos. ¿Qué cosas “maravillosas” aprendieron ellos? Primeramente, se les informó: “Tú eres un animal, y compartes una herencia común con las lombrices” (Johnson, 1994, p. 453, énfasis añadido). Supuestamente, el hombre no solamente desciende de los peces o bestias de cuatro patas; somos bestias. Charles Darwin declaró en el capítulo dos de su libro, El Origen del Hombre: “Mi objetivo en este capítulo es solamente mostrar que no hay diferencia fundamental entre el hombre y los mamíferos superiores en sus facultades mentales” (1871, 1:34). Más recientemente, Jo Marchant de la revista en inglés, New Scientist, entrevistó al ambientalista evolucionista, David Suzuki. Suzuki declaró: “[N]osotros debemos reconocer que somos animales… Nos gusta pensar de nosotros mismos como criaturas elevadas por encima de las demás. Pero el cuerpo humano evolucionó” de los animales (citado en Marchant, 2008, 200[2678]:44, énfasis añadido). No se necesita algo más que leer el título de Marchant para entender el enfoque de Suzuki sobre la humanidad. Supuestamente, “Deberíamos Actuar Como los Animales que Somos” (p. 44, énfasis añadido). Lo cierto es, como Thomas B. Warren concluyó en su debate con Antony Flew, “la implicación básica del sistema ateo no permite la moralidad objetiva, sea en cuanto a lo correcto o incorrecto” (1977, p. 49).

EL ATEÍSMO: CONTRADICTORIO O ESPANTOSO

Los ateos no pueden condenar lógicamente a los nazis de maldad moral objetiva, y al mismo tiempo decir que nosotros surgimos de lo inanimado y los roedores. No pueden condenar razonablemente a un acosador de niños de ser inmoral, y al mismo tiempo creer que hemos evolucionado del cieno. La razón demanda que el bien y el mal objetivo solamente pueden existir si también existe un punto de referencia objetivo y real. Como Warren declaró, “debe haber algún estándar objetivo (alguna “ley superior que transciende el límite y el tiempo”) que es independiente del código moral particular y que tiene un carácter obligatorio que se debe reconocer” (Warren y Matson, p. 284).

Los ateos se encuentran en un dilema: (1) Deben reconocer la moralidad objetiva (lo cual fundamentalmente significa que debe existir un legislador moral, i.e., Dios, Quien trasciende el límite y el tiempo); o (2) deben sostener que todo es relativo—que ninguna acción en la Tierra puede ser buena o mala objetivamente. Todo es subjetivo y situacional.

Parece que relativamente pocos ateos han tenido el coraje (o el atrevimiento) de decir claramente que el ateísmo implica que el bien y el mal objetivo no existen. Pero algunos lo han hecho. De hecho, algunos de los ateos y agnósticos principales del mundo entienden que, si Dios no existe, entonces no puede haber estándar final y soberano de moralidad para la humanidad. Charles Darwin entendió perfectamente las implicaciones morales del ateísmo, lo cual presentó como una razón para estar “contento con permanecer siendo un agnóstico” (1958, p. 94). En su autobiografía, escribió: “El hombre que no tiene una creencia segura y constante en la existencia de un Dios personal o de una existencia futura de retribución o recompensa, puede tener por regla de vida, hasta donde puedo ver, solamente aquellos impulsos e instintos que son los más fuertes o los que le parecen mejores” (1958, p. 94, énfasis añadido). Si alguien tiene el impulso de sofocar a un niño inocente, como una serpiente puede sofocar a su víctima (incluyendo a la gente), entonces, si Dios no existe, no hay ley moral contra tal acción. Si una persona ahoga impulsivamente a un anciano amable, entonces, si el ateísmo es verdadero, no se puede considerar tal acción como buena o mala.

Según Richard Dawkins, uno de los ateos más famosos a comienzos del siglo XXI, “la vida no tiene propósito superior que perpetuar la supervivencia del ADN” (1995, 273[5]:80):

Siempre y cuando se transmita el ADN, no importa quién o qué salga herido en el proceso. A los genes no les importa el sufrimiento, ya que a ellos no les importa nada… Al ADN no le importa y no tiene conocimiento. El ADN simplemente existe. Y nosotros bailamos según su música… En el fondo, este universo que observamos tiene exactamente las propiedades que deberíamos esperar si no existe el propósito, el mal y el bien, nada más que indiferencia despiadada (p. 85, énfasis añadido).

Aunque Dawkins no pudo probar que el único propósito de la vida es perpetuar el ADN, él tuvo razón en algo: si no hay Dios, entonces no hay bien ni mal, solamente “indiferencia despiadada”. A la evolución atea “no le importa quién o qué salga herido”.

Como Darwin y Dawkins, el biólogo evolucionista William Provine admitió implícitamente la veracidad de la primera premisa del argumento moral de la manera que Craig y Cowan lo declararon (“Si Dios no existe, entonces los valores objetivos no existen”). En 1988, Provine escribió un artículo para la revista en inglés The Scientist, titulado: “Científicos, ¡Enfrentémoslo! La Ciencia y la Religión Son Incompatibles” (2[16]:10). Aunque la ciencia verdadera y el cristianismo viven en armonía perfecta, Provine estuvo en lo cierto al hacer referencia a la “ciencia” evolucionista y sus implicaciones: la ciencia evolucionista y la religión son incompatibles. Según Provine,

[n]o existen principios intencionales en la naturaleza. La evolución orgánica ha sucedido por medio de varias combinaciones genéticas al azar, la selección natural, la herencia mendeliana y muchos otros mecanismos carentes de propósito. Los humanos son máquinas orgánicas complejas que mueren completamente sin tener un alma o psique que sobreviva. Frecuentemente los humanos y otros animales hacen elecciones, pero la interacción de la herencia y el ambiente las determinan, no el libre albedrío. No existen leyes morales o éticas inherentes; tampoco hay principios soberanos absolutos para la sociedad humana. Al universo no le importamos y no tenemos significado fundamental en la vida (1988, p. 10, énfasis añadido).

Provine continuó su artículo acusando a los evolucionistas por no llevar su teoría a la conclusión lógica. Él supuso que ellos podían estar actuando debido al temor o las ilusiones, o tal vez debido a la deshonestidad intelectual. ¿Por qué? Porque ellos no admitían claramente lo que él admitía: Si la evolución es verdadera, entonces “no existen leyes morales o éticas inherentes”.

El filósofo ateo Jean Paul Sartre resumió el ateísmo muy bien en una conferencia que dio en 1946, titulada “El Existencialismo Es Humanismo”. Sartre declaró: “Todo es permitido si realmente Dios no existe… [N]o se puede encontrar nada dentro o fuera de la persona en lo cual se pueda depender” (1989, énfasis añadido). Sartre reconoció que si Dios no existe, no existen “valores o mandamientos que puedan legitimar nuestro comportamiento. Por ende, no tenemos delante de nosotros un reino claro de valores, ningún medio de justificación o excusa” (1989).

Aunque puedan ser pocos, los ateos como Provine, Sartre y otros rechazan caminar por el sendero de la contradicción. Es decir, en vez de negar la premisa, “Si Dios no existe, entonces los valores objetivos no existen”, lo admiten: “Todo es permitido si realmente Dios no existe” (Sartre, 1989). Sin embargo, si los ateos no admiten que existe la moralidad objetiva, entonces están forzados a admitir que, por ejemplo, los nazis no hicieron nada que fuera inherentemente malo cuando abusaron de los judíos, les torturaron y experimentaron con ellos “como animales” (cf. Marchant, 2008). Usando la expresión de Provine, ellos simplemente fueron mecanismos orgánicos complejos sin propósito que escogieron seguir las órdenes del líder. O aplicando el razonamiento de Dawkins, ¿cómo pudo Hitler haber sido culpable de hacer algo malo si simplemente estaba tratando de perpetuar la supervivencia del mejor ADN posible? “Siempre y cuando se transmita el ADN, no importa quién o qué salga herido en el proceso” (Dawkins, 273[5]:85). ¿No deberíamos simplemente responder con “indiferencia despiadada” ya que el ateísmo implica que no existe el bien o el mal objetivo (p. 85)?

¿Qué acerca de la condenación general de la violación como un mal moral objetivo? ¿Es realmente una acción inherentemente mala? Aunque al evolucionista Randy Thornhill, coautor del libro, Una Historia Natural de la Violación, le “gustaría ver que se erradicara la violación de la vida humana” (Thornhill y Palmer, 2000, p. xi), declaró en un discurso en 2001 en Vancouver que la violación realmente es “evolutiva, biológica y natural… Nuestros antepasados machos llegaron a ser antepasados en parte porque recurrieron a la violación condicionalmente” (2001). Según Thornhill y Palmer, “La teoría evolucionista se aplica a la violación, como también a otras áreas de la vida humana, según fundamentos lógicos y evidentes. No hay razón científica legítima para no aplicar la hipótesis evolucionista o fundamental a la violación… La violación humana surge de la maquinaria evolucionada del hombre con el fin de obtener un número mayor de parejas en un ambiente donde las hembras escogen a los machos” (2000, pp. 55,190). Si Dios no existe, y si el hombre evolucionó de formas vivas inferiores, en parte porque sus antepasados “recurrieron a la violación condicionalmente”, entonces no se puede llamar mal moral a la violación. De hecho, eso es lo que el ateo Dan Barker ha admitido.

En su debate de 2005 con Peter Payne sobre ¿Requiere la Ética a Dios?, Barker declaró: “Todas las acciones son situacionales. No existe una acción que sea correcta o incorrecta. Puedo pensar en una excepción en cada caso” (énfasis añadido). Cuatro años después, Kyle Butt preguntó a Barker en su debate sobre la existencia de Dios: “¿En qué situación la violación sería aceptable?” (2009, p. 33). Aunque Barker trató de dar una respuesta tan agradable como fuera posible, finalmente admitió que se permitiría la violación si, por ejemplo, esto significaba salvar a la humanidad de cierta destrucción (pp. 33-34). [NOTA: Es interesante notar la manera en que Barker puede decir lógicamente que ninguna acción es correcta o incorrecta, pero luego declarar que la ética situacional es correcta. Tal declaración es auto-contradictoria. “Nada es correcto. ¿Pero la ética situacional lo es?”. Además, ¿según qué fundamento Barker piensa que es “correcto” salvar a la humanidad? Su respuesta completa realmente contradice su posición que ya es completamente contradictoria]. Barker continuó admitiendo (e incluso bromeando de manera perturbadora) que sería aceptable violar dos, 2,000 o incluso un millón de mujeres si, por decir, esto daría como resultado la salvación de 6,000 millones de personas de algunos supuestos extraterrestres que deseen invadir la Tierra (p. 34). [NOTA: La invasión extraterrestre realmente no es tan imaginaria en el mundo ateo. Después de todo, si supuestamente la vida evolucionó en la Tierra, según los evolucionistas ateos, tuvo que haber evolucionado en alguna forma u otra en algún planeta distante en el Universo]. No pase por alto el punto principal: Dan Barker admitió que la violación sería aceptable en algunas circunstancias dadas. Una pregunta obvia es: ¿Quién decide que la circunstancia garantiza la violación de mujeres inocentes? ¿Quién es Barker para decir que sería equivocado que un hombre violara a una mujer por venganza si es que, por ejemplo, ella golpeó su auto nuevo? ¿O quién es Barker para decir que sería equivocado violar a una mujer que roba $1,000 de un hombre, etc.? Lo cierto es que una vez que Barker (o cualquier ateo) admita que (1) Dios no existe y (2) que por ende, “[n]o existe ninguna ley moral o ética inherente” (Provine, 1988, 2[16]:10; una deducción lógica si Dios no existe), entonces no se puede criticar a nadie por nada. Como Sartre lo declaró, “todo es permitido si realmente Dios no existe” (1989). Si Dios no existe, no se puede condenar como males objetivos a la violación, el acoso de niños, el homicidio en serie, la pedofilia, el bestialismo, etc.

¿Qué pasa cuando los ateos evolucionistas siguen su filosofía atea a su conclusión lógica, al menos teóricamente? Revelan la naturaleza verdadera y atroz del ateísmo. Por ejemplo, considere los comentarios del ecólogo evolucionista Eric Pianka en 2006 en Beaumont, Texas donde se le reconoció como el Científico Distinguido del Año de Texas. Según Forrest M. Mims, Presidente de la Sección de Ciencia Ambiental de la Academia de Ciencias de Texas, Pianka condenó “la idea de que la humanidad ocupe una posición privilegiada en el Universo”, y “enfatizó su punto al declarar que ‘¡No somos mejores que la bacteria!’” (Mims, 2006). Pianka continuó su comentario al expresar su preocupación que la superpoblación humana está arruinando la Tierra” (Mims). Según Mims,

[e]l profesor Pianka dijo que la Tierra no sobrevivirá sin medidas drásticas. Luego, y sin presentar ninguna información para justificar esta cifra, declaró que la única solución viable para salvar la Tierra es reducir la población al 10% del número actual… Su candidato favorito para eliminar al 90% de la población mundial es el Ébola transportado por medio aéreo (Ebola Reston), ya que es altamente letal y mata en días, en vez de años (2006; para más información, vea Butt, 2008, 28[7]:51-52).

Aunque la mayoría de la gente (al menos, el 90%) pensaría que la sugerencia de Pianka es desagradable, si el ateísmo es verdadero y la humanidad realmente “evolucionó de las bacterias” (Earth Science, 1989, p. 356), no hubiera nada inherentemente malo in intentar matar a miles de millones de personas, especialmente si él lo estuviera haciendo por una razón “buena” (i.e., salvar al único planeta en el Universo en el cual sabemos con seguridad que existe vida). [NOTA: Otra vez, tal razón que se considera “buena” solamente puede existir si Dios existe].

CONCLUSIÓN

El argumento moral para la existencia de Dios expone al ateísmo como la filosofía auto-contradictoria y atroz que realmente es. Los ateos deben rechazar la veracidad de la primera premisa del argumento moral (“Si Dios no existe, entonces no existen los valores morales objetivos”) y aceptar ilógicamente la idea insostenible que la moralidad objetiva de alguna manera surgió de las rocas y los reptiles, o (2) deben rechazar la segunda premisa del argumento (“Existe los valores morales objetivos”) y aceptar la idea demente y completamente repulsiva que el genocidio, la violación, el homicidio, el hurto, el acoso de niños, etc. no pueden ser condenados como “mal” objetivo. Según el ateísmo, las personas que cometen tales acciones simplemente están haciendo lo que su ADN les guía a hacer. Simplemente están actuando según sus impulsos e instintos crudos que supuestamente evolucionaron de sus antepasados animales. Además, si el ateísmo es verdadero, no se pudiera castigar lógicamente a las personas por tales acciones inmorales, ya que “no existen leyes morales o éticas inherentes” (Provine, 1988, p. 10).

Para aquellos que rechazan a Dios en sus conciencias (Romanos 1:28), la vida estará constantemente llena de las mentiras contradictorias, ilógicas e inhumanas de la evolucionista ateísta. Ciertamente, “[d]ice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 14:1a). Cuando los ateos siguen su filosofía impía hasta su conclusión lógica, revelan el rostro real del ateísmo como lo que realmente es: una filosofía corrupta y abominable en que nadie hace lo bueno (Salmos 14:1b). Por otra parte, cuando los teístas siguen la evidencia hasta el Creador (cf. Salmos 19:1-4), descubren al Dios que es benévolo (Salmos 100:5; Marcos 10:18) y que demanda que Sus seguidores obedientes hagan “bien a todos” (Gálatas 6:10).

Referencias

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Título original en inglés, “God, Morality, and Atheism”, en Reason & Revelation, 31[9]:86-96. Traducción editada por Moisés Pinedo.