El Aborto y la Biblia

Dave Miller

Cada año en los Estados Unidos de América, los doctores que practican el aborto masacran a más de un millón de niños. Desde 1973, cuando la Corte Suprema legalizó el aborto-a-petición, se ha sacrificado a algo de 43 millones de bebés en Norteamérica (vea “Consecuencias…”, 2003). Cada año se realiza un estimado de 46 millones de abortos mundialmente (Instituto Alan Guttmacher, 2002). En tres décadas, se elimina a una generación completa de niños. De hecho, se mata a más del 20% de todos los bebés concebidos en los Estados Unidos (Finer y Henshaw, 2003, p. 6)—y la matanza continúa.

Algunas señales prometedoras han surgido recientemente. En marzo de 2003, por un voto de 64-33, el Senado de los Estados Unidos aprobó una prohibición del procedimiento especialmente bárbaro conocido como aborto de “parto-parcial” (Kiely, 2003). En su esfuerzo por poner en orden los asuntos morales y éticos involucrados en la clonación humana, el Concilio Presidencial sobre la Bioética concluyó que “el caso de tratar la etapa-temprana del embrión como simplemente el equivalente moral de todas las otras células humanas...es realmente erróneo” (Kass, 2002, p. liv). Pero incluso estos intentos plausivos por hacer retroceder la corriente de degradación moral que ha barrido la nación son demasiado pequeños y tardíos.

Una gran parte de norteamericanos considera que el aborto es una opción aceptable. ¿Qué se pudiera esperar? La agenda “políticamente correcta” de los liberales sociales les ha intimidado por décadas. La Corte Suprema en la Tierra ha intervenido en el asunto, legalizando el aborto por medio del poder de “la ley”. La profesión médica ha hecho lo mismo, prestando su prestigio y autorizando la práctica del aborto—en violación directa al Juramento Hipocrático. Pero ¿ha oído la mayoría de norteamericanos el enfoque bíblico? ¿Les importa incluso lo que Dios piensa en cuanto al aborto? ¿Están interesados en investigar Su voluntad en cuanto al tema? Después de todo, la Biblia habla contundentemente acerca del aborto.

La civilización norteamericana ha experimentado una revolución cultural nociva por más de 40 años. Se está reestructurando el sistema moral, y se está alterando las raíces religiosas y la perspectiva espiritual del país. Los fundadores y la población norteamericana de los primeros 150 años de su existencia nacional no hubieran tolerado muchas de las creencias y prácticas que han llegado a ser comunes en la sociedad. Esta lista de prácticas incluye los juegos de azar (i.e., la lotería, carreras de caballos, casinos, etc.), el divorcio, el alcohol y la embriaguez pública, la homosexualidad, el embarazo pre-matrimonial, y la pornografía en películas y revistas. Simplemente la mayor parte de la sociedad norteamericana, desde su fundación hasta la Segunda Guerra Mundial, no hubiera tolerado estos comportamientos. Pero los cimientos morales y religiosos de los Estados Unidos están experimentando erosión catastrófica. La práctica extensa del aborto es simplemente una señal (entre muchas) de este cambio cultural.

Pero todavía existe un Dios en el cielo—el Creador omnipotente y omnisciente del Universo. Él se ha comunicado con la raza humana a través la Biblia, y ha declarado que un día llamará a todos los seres humanos a dar cuenta, y les juzgará según su comportamiento en la Tierra. Por tanto, cada persona es responsable de estudiar cuidadosamente la Palabra de Dios, determinando la manera en que Él quiere que se comporte, y luego obedeciendo a esas directrices. Esto es así de simple.

Aunque la Biblia no habla directamente de la práctica del aborto, sí provee suficiente material relevante para ayudarnos a saber la voluntad de Dios sobre el tema. Zacarías 12:1 dice que Dios no es solamente el Creador de los cielos y la Tierra, sino también el que “forma el espíritu del hombre dentro de él”. Así que Dios es el Dador de vida. Eso causa que la vida humana sea sagrada. Dios es responsable de implantar el espíritu humano dentro del cuerpo humano. Los seres humanos no tenemos derecho de poner fin a la vida humana—a menos que Dios lo autorice. Todos los ejemplos bíblicos de la terminación de la vida humana estuvieron basados en el comportamiento del ser humano. Pero quitar la vida a un bebé no-nacido no se basa en la conducta moral del bebé. Si Dios infunde el espíritu humano mientras la persona está en la matriz de la madre, entones la terminación de esa vida es un intento deliberado de frustrar la acción de Dios por “formar el espíritu del hombre en él”.

Pero ¿cuándo entra el espíritu humano en el cuerpo humano y por ende produce un ser humano? ¿Cuándo implanta Dios el alma en el cuerpo—en el nacimiento o antes del nacimiento? La Biblia presenta evidencia abundante para responder esta pregunta. Por ejemplo, declara: “Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas” (Eclesiastés 11:5). En este pasaje, Salomón comparó el desarrollo fetal a la actividad de Dios. Job describió el mismo proceso en Job 10:11-12. Aquí él atribuyó su crecimiento prenatal a Dios. David fue incluso más específico:

Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.

David declaró que su desarrollo como un ser humano—su calidad de persona—fue logrado por mano de Dios, antes de su nacimiento, mientras él todavía estaba en la matriz de su madre. Algunos han sugerido que Eclesiastés, Job y Salmos son libros de poesía, y que por ende, no se los debe considerar literalmente. Pero el lenguaje profético tiene significado. Salomón, Job y David estuvieron atribuyendo claramente su personalidad prenatal a la actividad creativa de Dios.

Desde luego, muchos pasajes adicionales que expresan el mismo punto no tienen estilo poético. Jeremías declaró: “Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:4-5). Compare este enunciado a la declaración similar de Pablo que indica que Dios le apartó para hacer su ministerio apostólico desde el vientre de su madre (Gálatas 1:15). Isaías hizo la misma declaración: “Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria” (Isaías 49:1).

Estos pasajes no enseñan la predestinación. Jeremías y Pablo pudieron haber ejercido su libre albedrío para rechazar la voluntad de Dios en sus vidas—en cuyo caso Dios hubiera buscado a alguien más para hacer el trabajo. Pero estos pasajes sí enseñan que Dios trata a la gente como seres humanos incluso antes que nazcan. Muestran que un bebé todavía no-nacido es una persona—un ser humano. No existe diferencia significativa entre un bebé humano un minuto antes del nacimiento y el mismo bebé humano un minuto después del nacimiento. Tal estatus de personalidad humana se aplica a un bebé durante todo su desarrollo prenatal desde el momento de la concepción.

Considere adicionalmente la visita que María, la madre de Jesús, hizo a Elizabet, la madre de Juan el bautista. Ambas mujeres estaban embarazadas en ese tiempo.

En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre (Lucas 1:39-44).

Note que se representa al bebé en el vientre de Elizabet como un ser humano vivo. De hecho, el término “criatura” en los versículos 41 y 44 que hace referencia al prenatal Juan es exactamente el mismo término que se usa en el capítulo dos para hacer referencia a Jesús después de Su nacimiento (Lucas 2:12,16). Por ende, ante los ojos de Dios, sea que un bebé esté en su estado de desarrollo prenatal o postnatal, ¡ese bebé todavía es una persona! En Lucas 1:36 se hace referencia a Juan el Bautista como “un hijo” desde el mismo momento de la concepción. Se lista en orden invertido todas las tres fases de la vida humana en Oseas 9:11—nacimiento, embarazo y concepción.

Si el aborto no fuera incorrecto, María pudiera haber tenido el derecho moral y espiritual de abortar al bebé Jesús—¡el Hijo divino de Dios! Alguien pudiera decir, “Pero eso es diferente, ya que Dios tenía un plan especial para ese niño”. Pero la Biblia enseña que Dios tiene planes especiales para cada ser humano. Cada vida humana es preciosa para Dios; una sola alma es más importante que cualquier cosa física en el mundo (Mateo 16:26). Dios dio a Su propio Hijo por cada ser humano según un fundamento personal. Cada vida humana es igualmente valiosa para Dios. El aborto ha eliminado el potencial no-conocido e incomprensible que millones de seres humanos tienen para lograr grandes cosas. El potencial remarcable e ingenioso de una de estas mentes humanas pequeñas—ahora extinguidas—pudo haber producido la cura para el cáncer o alguna otra enfermedad horrible, extenuante y mortal.

Otro pasaje penetrante del Antiguo Testamento es Éxodo 21:22-25. Este pasaje describe la acción que se debía tomar en caso de lesión accidental a una mujer embarazada.

Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.

Se ha traducido mal este pasaje en varias versiones. Por ejemplo, algunas versiones utilizan la palabra “aborto espontáneo” en vez de traducir la frase hebrea literalmente: “y su niño saliera”. El texto está previendo una situación en la cual dos hombres en una pelea hieren accidentalmente a una espectadora embarazada. La lesión causa que la mujer comience su trabajo de parto antes de tiempo, ocasionando el nacimiento prematuro del niño. Si la mujer y el niño no sufrían daño, entonces la Ley de Moisés imponía una multa para el que causó el nacimiento prematuro. Pero si la pelea producía perjuicio o incluso muerte, entonces la ley imponía un castigo paralelo: Si el bebé prematuro moría, el que causaba el nacimiento prematuro debía ser ejecutado—vida por vida. Este pasaje considera claramente al bebé no-nacido como un ser humano; causar la muerte de un bebé prenatal era homicidio bajo el Antiguo Testamento—homicidio penado con la muerte.

Note que esta regulación bajo la Ley de Moisés lidiaba con el agravio causado accidentalmente. El aborto es una terminación deliberada y planeada de la vida de un bebé. Si Dios lidió severamente con el hombre debido a la muerte accidental de un bebé prenatal, ¿qué piensa que Él siente con respecto al homicidio deliberado de un bebé no-nacido a través del aborto? La Biblia declara explícitamente el sentimiento de Dios: “[N]o matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío” (Éxodo 23:7). En realidad, una de las cosas que Dios aborrece es “las manos derramadoras de sangre inocente” (Proverbios 6:17).

El tema del aborto es un asunto serio para Dios. Nosotros debemos basar absolutamente nuestros puntos de vista en la voluntad de Dios—no en la voluntad de los hombres. Los comportamientos antiéticos como el aborto están desgarrando el mismo corazón y alma de la nación norteamericana. Debemos regresar a la Biblia como nuestro estándar de conducta—antes que sea demasiado tarde.

Cuando contemplamos los pasajes examinados anteriormente, y los comparamos con lo que está sucediendo en nuestra sociedad, ciertamente nos asombramos y horrorizamos. Por ejemplo, se ha acusado y declarado culpable de homicidio a algunas mujeres que han puesto fin a la vida de sus bebés nacidos que tenían algunos meses de edad. Los medios de comunicación nacional, y la sociedad en general, se han enfurecido e indignado por la conducta excesiva de las madres que han perjudicado de tal manera a sus bebés pequeños hasta el punto de matarles. Se ha provocado a ira a muchos norteamericanos que han atestiguado la falta de estima de algunas madres ante las vidas de sus propios hijos. ¡Pero la misma sociedad y los mismos medios de comunicación que han mostrado indignación por tal conducta hubieran estado contentos si tales madres simplemente hubieran hecho lo mismo unos pocos minutos o meses antes que sus bebés nacieran! Esa es la locura de una civilización que ha llegado a alejarse de Dios.

En los Estados Unidos existe inconsistencia e incongruencia terrible y trágica. Simplemente apoderarse de un huevo que contenga al águila calva americana prenatal—y mucho más destruir ese pequeño ambiente prenatal y por ende poner fin a la vida del águila bebé que se desarrolla dentro—da como resultado una multa severa e incluso un tiempo en prisión. Sin embargo, ¡alguien puede tomar a un bebé humano en su ambiente prenatal, y no solamente asesinar al bebé, sino también recibir la bendición del gobierno para hacerlo! ¡Los huevos del águila, i.e., águilas todavía no-nacidas, son de mayor valor para la civilización norteamericana que los humanos prenatales! ¿Qué ha pasado con nuestra sociedad? No se puede entender esto de una manera consistente y racional.

La discordancia ética y confusión moral que reina en nuestra sociedad ha agravado la actividad  criminal, como el homicidio de un gran número de personas, la violación de mujeres, y otras cosas terribles. Pero una parte considerable de la sociedad está en contra de la pena capital. Mucha gente siente que estos adultos malvados, quienes se han involucrado en conductas atroces y destructivas, no deberían ser ejecutados—un punto de vista que hace burla de lo que la Biblia enseña (Romanos 13:1-6; 1 Pedro 2:13-14). Dios quiere que se castigue a los malhechores en la sociedad—incluso con la pena capital. ¡Nosotros no ejecutamos a criminales culpables y habituales, pero ejecutamos a bebés humanos inocentes! ¿Cómo se puede aceptar esta discrepancia terrible y la atrocidad horrible del aborto?

La solución fundamental para cada tema moral es el cristianismo genuino del Nuevo Testamento y el estándar objetivo de la Biblia. Si toda la gente organizara sus vidas según los preceptos y principios que la Biblia presenta, la civilización estaría en una mejor situación. No existe ninguna alternativa adecuada. Simplemente no existe otra manera de obtener unidad, enfoque, perspectiva, dirección y entendimiento adecuado del propósito de la vida.

Referencias

“Consecuencias de Roe vs. Wade” [“Consequences of Roe v. Wade”] (2003), National Right to Life, http://www.nrlc.org/abortion/facts/pbafacts.html.

Finer, Lawrence y Stanley Henshaw (2003), “Índice y Servicios de Aborto en los Estados Unidos en 2000” [“Abortion Incidence and Services in the United States in 2000”], AGI, http://www.agi-usa.org/pubs/journals/3500603.pdf.

Instituto Alan Guttmacher (2002), “Aborto Inducido” [“Induced Abortion”], http://www.agi-usa.org/pubs/fb_induced_abortion.pdf.

Kass, Leon (2002), La Clonación Humana y la Dignidad Humana [Human Cloning and Human Dignity] (Nueva York: Public Affairs).

Kiely, Kathy (2003), “Senado Acepta la Prohibición del Aborto Parcial” [“Senate Okays Partial Birth Abortion Ban”] Usa Today, http://www.usatoday.com/news/nation/2003-01-15-abortion-usat_x.htm.


Título original en inglés, “Abortion and the Bible”, en www.apologeticspress.org/. Traducción editada por Moisés Pinedo.