Cuídate de las Malas Manzanas

Allen Webster

[NOTA DEL EDITOR: Esta es una versión condensada de “¿Quién Es Tu Amigo? ¿Jonatán o Jonadab?”].

Las malas amistades y el cristiano

Todos necesitamos amigos, pero ninguno de nosotros necesita a algunos amigos. Un predicador dijo:

Cuando se me pregunte que nombre el peligro principal de la gran ciudad para los jóvenes y jovencitas que entran en ella, buscando carreras, debo decir, sin dudas, que es el peligro de amistades que se forman precipitadamente y que se escogen equivocadamente… Desearía que pudiera encontrarme con cada tren que viene a la ciudad trayendo su preciosa carga de vidas jóvenes que comienzan la gran aventura del mundo; que pudiera encontrarme con cada joven mientras entra por las puertas de la universidad…; que pudiera encontrarme con ellos mientras se amontonan por entrar a las tiendas, fábricas y oficinas, y mientras regresan a sus…casas, y preguntar a todos, “¿Quiénes son sus amigos?”.

Es mejor no tener ningún amigo que tener un mal amigo.

“Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33); es decir, “las amistades malas corrompen las buenas costumbres”. Comenzar una amistad con una “mala manzana” (una persona impía) es espiritualmente peligroso.

Las mentes impresionables de los jóvenes que todavía están desarrollando una fe fuerte son especialmente susceptibles a la influencia negativa. Los que usan mal lenguaje y tienen una conducta rebelde nos presionarán a ser como ellos. El sabio dijo, “No te entremetas con el iracundo, ni sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma” (Proverbios 22:24-25). Pablo instruyó:

Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros (Tito 2:6-8).

Se puede abusar de la amistad. Como la marea del océano depende de la atracción de la Luna, nuestro comportamiento depende en gran parte de la influencia que otros ejercen en nosotros. Debemos escoger nuestro entorno cuidadosamente. Desde el ladrón y el borracho hasta el hombre que se burla de Dios, casi todos los pecadores reciben su influencia de alguien más. Los pecadores primero respiran la atmósfera envenenada de los pecados de otras personas, y entonces la maldad se infiltra en sus corazones, como la enfermedad física se esparce de una persona a otra a través del contacto físico.

Conserva tus oídos limpios.

De niños, parece que nuestros padres tenían un interés inusual en limpiar nuestras orejas. (Nunca entendimos por qué siempre las orejas y no las rodillas o los dedos del pie). Dios, nuestro Padre celestial, parece tener la misma preocupación. Frecuentemente Jesús dijo, “El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 11:15), y en una ocasión criticó a algunos por tener oídos cerrados (Mateo 13:15).

Para tener “oídos puros”, debes rechazar el consejo malo (Salmos 1:1-3). Job se apartó del consejo de los malos (Job 21:16); David oró para ser escondido “del consejo secreto de los malignos” (Salmos 64:2); y José de Arimatea “no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos” (Lucas 23:51). Por otra parte, Ocozías “anduvo en los caminos de la casa de Acab, pues su madre le aconsejaba a que actuase impíamente” (2 Crónicas 22:3), como Rebeca lo hizo con Jacob (Génesis 27:12-13).

Di “No”, y dilo en serio.

Los adolescentes de Dios deben aprender a decir “No”, y decirlo en serio. Pedro y Juan dijeron a algunos oficiales, “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios” (Hechos 4:19). Nuestra posible consejera puede tener una cita cada semana, pero su consejo puede ser: “Tienes que darles lo que quieran” (2 Timoteo 2:22). Puede tener las mejores notas, pero su consejo puede ser en cuanto a la manera de copiar en los exámenes (Romanos 12:17). Puede tener una carrera exitosa, pero su consejo puede ser, “Sal de la casa y deja a esos niños con alguien más” (Tito 2:4-5; 1 Timoteo 5:14). Puede ser la persona más divertida, pero su consejo puede ser, “Relájate, conéctate, y unas pocas cervezas no dañan a nadie” (Romanos 6:13).

Amnón: Un caso de estudio.

Amnón era un hijo de David, muy perturbado. Alimentaba un deseo sexual malo hacia su propia media-hermana (2 Samuel 13:2). Entre él y ese pecado intervino cada obstáculo que Dios puede colocar entre una persona y un pecado. Su conciencia objetaba; la inocencia de ella le hacía pensar (“ella [era] virgen, le parecía a Amnón que sería difícil hacerle cosa alguna”); la súplica y el razonamiento de ella apeló a su compasión; la amenaza de la ira de su padre y la venganza de su hermano le hacían temer; y desde luego, él sabía que Dios le juzgaría (2 Corintios 5:10).

A pesar de todo esto, Amnón sucumbió a la tentación y cometió un acto brutal. “Mas él no la quiso oír, sino que pudiendo más que ella, la forzó, y se acostó con ella” (2 Samuel 13:14). Violó a su propia hermana.

Antes que continuemos la historia, demos un salto dos años después. Mientras Amnón estaba sentado medio-borracho en la fiesta de su medio-hermano, el siervo de Absalón puso fin a su vida (2 Samuel 13:29). Se apresuró a esta alma cargada de pecado a presentarse delante de su Hacedor. Solamente Amnón murió ese día, pero otro hombre merecía morir, Jonadab. Si él no hubiera ayudado, instigado y hecho arreglos para Amnón, Amnón no hubiera deshonrado a su hermana. El hombre que le había ayudado a comenzar el camino del pecado no estaba allí cuando Amnón llegó a su fin.

Se presenta el comienzo de su fin con estas palabras: “Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab” (2 Samuel 13:3). El método que Jonadab usó para persuadir a Amnón todavía es popular. Cuando Amnón le reveló su deseo pero también sus dudas, Jonadab insinuó, “¿No eres hijo del rey?”.

Cuando estamos cerca de la tentación y nuestras conciencias nos regañan y las lecciones de nuestros maestros de Biblia atraviesan nuestras mentes, puede aparecer un amigo astuto quien nos susurra al oído provocativamente: “¿No eres el hijo de un rey?”. (Realmente dice: “No tienes temor de una lección dominical, ¿verdad? Tu mamá no está aquí. ¡Sé un hombre!”). Dondequiera que un alma perece, en algún lugar acecha un tentador, un Jonadab. Examina a tus amigos antes que te arruinen. Ninguna persona mala puede ser un buen amigo.

El adolescente que no ha determinado en su mente lo que es correcto o incorrecto será influenciado fácilmente por sus amistades. Cuando no se está viajando en una dirección cierta, es fácil que alguien que viaja por el mal camino nos persuada a seguirle.

La separación de las influencias malas es una manera en que Dios conserva la santidad de Sus hijos. Pablo escribió:

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso (2 Corintios 6:14-18).

En vez de permitir que otros te influencien, fija el propósito de influenciarles. Si debes escoger entre no tener amigos o tener uno como Jonadab, escoge a ninguno. Determina no tener a ningún amigo cercano que no te ayudará a ir al cielo.

Un amigo verdadero te guía hacia Cristo, no lejos de Él (Hechos 18:26). Pablo dijo, “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación” (Romanos 14:19; cf. 15:2). Salomón dijo, “Mejores son dos que uno”, porque el amigo “levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Eclesiastés 4:9-10). Por ejemplo, al escalar montañas los alpinistas escalan en parejas y atan cuerdas entre ellos para que si uno resbala, el otro pueda levantarlo.

Busca un buen amigo.

Si eres una persona normal, querrás amigos. Seneca dijo que Dios dividió al hombre entre hombres, para que puedan tener amigos. Si se negara la amistad entre personas, ellos buscarían amigos entre los animales. Los que están separados de otros frecuentemente revelan gran afecto por los caballos, los perros o las aves. Un prisionero encerrado en la soledad de su celda incluso se hizo amigo de una araña. Él llegó a interesarse profundamente por el insecto hasta que sus carceleros “brutales” lo descubrieron y destruyeron a la araña.

Además, una persona normal necesita amigos. Existe un gran peligro en la tendencia del mundo del Internet, los juegos de video y cientos de canales de sonido cuadrafónico que causan que los adolescentes se aparten de la realidad y deseen estar a solas. Es más simple que aquellos que no encajan fácilmente decidan no encajar en absoluto. Dios dijo que no es bueno que estemos solos (Génesis 2:18).

En Hechos y en las cartas de Pablo, encontramos al menos cien diferentes hombres y mujeres que se nombran como parte del círculo de amigos y compañeros de Pablo. La mayoría de nosotros necesita compañía para ser feliz. En el sentido espiritual, necesitamos amigos que nos animen en nuestra vida diaria delante del Señor, y necesitamos evitar a la gente que nos apartará de este camino.

Cuídate de las malas manzanas; estas arruinan a aquellos que las tocan.


Título original en inglés, “Watch Out for Bad Apples”, por www.housetohouse.com; folleto. Traducción editada por Moisés Pinedo.