“Cuidado los Oídos lo que Oyen”

Moisés Pinedo

La música ejerce una gran influencia en la vida humana. Desde algunas semanas después de la concepción, nuestras madres tal vez cantaban dulces canciones cuando nos “acariciaban” a través de sus vientres. Después del nacimiento, frecuentemente nos hacían dormir con sus canciones de cuna o con un aparato electrónico que reproducía música suave por varios minutos. En la escuela, nuestros maestros nos enseñaban a cantar el himno nacional y otras canciones escolares, o tal vez éramos parte de la banda de la escuela. Con el tiempo, comenzamos a desarrollar un amor más profundo por la música—cantamos cuando estamos alegres, cantamos cuando estamos enamorados, cantamos cuando nos sentimos solos, y algunas veces, cantamos sin ninguna razón aparente.

Los adolescentes tal vez están en el grupo más influenciado por la música popular. “La extensión de la influencia de la música popular en el comportamiento de adolescentes se muestra en el hecho que el 80 por ciento de los que tienen 14-25 años de edad cree que la música ha tenido una influencia más fuerte en su vida que las películas y el deporte, y el 31 por ciento piensa que es más importante que cualquier otra cosa” (Pincus, citado en Hodges y Sebald, 2011, p. 322).

Ya que la música popular puede afectar el comportamiento y enfoque de la vida, los adolescentes y jóvenes cristianos necesitan, como la canción que los niños aprenden en la escuela dominical advierte, tener cuidado de lo que sus oídos escuchan. Deben abordar la música popular teniendo en cuenta tres factores importantes:  

1. La Música Puede Ser Adictiva

Hace algunas décadas atrás tener un radio era un evento inusual en la vida de un adolescente. Ahora, mientras la tecnología avanza sin límites, los adolescentes, e incluso menores, pueden ser propietarios de estéreos, grabadoras, radios portátiles, reproductores de discos compactos, reproductores de MP3, MP4 y Ipods del tamaño de una galleta. Realmente, la exposición a la música está al alcance de cualquier adolescente promedio. Teniendo en cuenta esta realidad, los adolescentes cristianos no deben permitir que la música popular llegue a ser una adicción que les impida gozar de la vida abundante que Cristo ofrece (Juan 10:10). Walt Mueller, Presidente del Centro por el Entendimiento de los Padres/Jóvenes, ha señalado que por ejemplo,

los jovencitos que miran mucho la televisión, se aburren cuando el aparato está apagado; ellos no saben qué hacer con su tiempo. Cuanto más ven, más quieren ver. Es casi como una adicción a las drogas, en la cual el consumo constante guía a la tolerancia creciente. Se necesita más droga para llegar a la satisfacción, y el abandono de tal actividad es doloroso (1999, p. 184).

Ciertamente, esto también se aplica a la música. Así como el ojo nunca se cansa de ver, el oído nunca se cansa de oír (Eclesiastés 1:8). Existe un mundo emocionante más allá de los audífonos para cada jovencito que está dispuesto a emplear sus talentos y tiempos para la gloria de Dios (Mateo 5:16; Colosenses 3:17).

Además, ya que nuestro tiempo realmente no es “nuestro” (cf. Efesios 5:16; Colosenses 4:5; Santiago 4:13-17), cada adolescente cristiano debe administrar su tiempo sabiamente. Algunos estudios muestran que los adolescentes usualmente pasan algo de tres horas al día escuchando música (Hallam, 2006, p. 184). Por otra parte, el promedio de tiempo de todos los que leen la Biblia (jóvenes hasta ancianos) es aproximadamente siete minutos al día, y más del 70% de adolescentes y jóvenes adultos ni siquiera abre su Biblia durante una semana completa (Gallup y Simmons, 2000).

¿Cuál sería la posición en el Juicio Final del adolescente o joven cristiano que ha pasado horas al día escuchando los mensajes del mundo mientras que ha rechazado escuchar el mensaje de su Creador contenido en la Biblia? ¡También hay música en la Biblia (e.g., los Salmos)! Desde luego, esta es una clase de música más sublime y beneficiosa. Como el sabio declaró, “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1).

2. La Música Puede Ser Sugestiva

La música es una expresión del corazón humano. Los seres humanos fueron creados con la habilidad de expresar sus sentimientos a través de la melodía. La primera indicación bíblica en cuanto a la música es el registro de “Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta” (Génesis 4:21). Pero desde el momento en que el hombre creó un instrumento para componer una melodía, o alzó su voz para entonar un canto, el diablo también ha usado la música para influenciar negativamente la mente del hombre. De hecho, muy frecuentemente la música del mundo es un sacrificio ante el altar del diablo (Éxodo 32:5-6,18-19).

Las artimañas del diablo son muy sutiles (2 Corintios 11:3; Efesios 4:14), y él frecuentemente introduce su engaño en las vidas de muchos jovencitos a través del ritmo contagioso, la melodía atractiva y el estilo provocador. Una gran parte de las letras de canciones populares son un tributo sugestivo al desenfreno, la rebelión, la promiscuidad sexual y otras tendencias juveniles. Joe Stuessy y Scott Lipscomb han identificado cinco temas básicos que son causa de preocupación: (1) las drogas, (2) el sexo, (3) la rebeldía violenta, (4) el satanismo y (5) el suicidio (2008).

El adolescente cristiano debe escuchar música teniendo en cuenta que el “diablo” es quien generalmente escribe la letra de canciones populares. A veces el mensaje no es directo, y puede ser un poco difícil de descifrar, pero puede ser insinuante y provocador (cf. Génesis 3:1).

3. La Música Puede Ser Destructiva

Finalmente, muchos adolescentes cristianos han muerto espiritualmente (y algunos literalmente) en el campo de batalla de la música mundana. Otros han sido tomados como “prisioneros de guerra”, viviendo en tortura mental y esperando la ejecución final. Algunos tipos de música tienen incluso un mayor poder destructivo espiritual y físico que otros. Por ejemplo, una investigación sobre la música rap reveló los siguientes hallazgos:

[L]os adolescentes que estuvieron más expuestos a esta clase de música fueron 3 veces más propensos a haber golpeado a un maestro; más de 2.5 veces más propensos a haber sido arrestados; 2 veces más propensos a haber tenido múltiples compañeros sexuales; y más de 1.5 veces más propensos a haber adquirido una nueva enfermedad trasmitida sexualmente y consumir drogas y alcohol durante un periodo de seguimiento de 12 meses (Wingood, et.al., citado en Hodges y Sebald, p. 323).

Los mensajes negativos en canciones populares no solamente tienen el poder de devaluar y deteriorar la vida de muchos adolescentes, sino también, si se permite, pueden extinguir literalmente sus vidas. Por ejemplo, una canción escrita en 1933 (“Domingo Oscuro” [“Gloomy Sunday”]) por un compositor húngaro inspiró un total de 18 suicidios en Hungría (Poland, 1989, p. 45). Una de las canciones que claramente fomenta el suicidio, y que ha estado vinculada con el suicidio de al menos una adolescente en California (Polland, p. 46), lleva el título “La Solución del Suicidio” [“Suicide Solution”] y fue escrita por Ozzy Osbourne. Esta canción incluye las siguientes palabras:

Rompes las reglas, tocas la puerta pero nadie está en casa.
Arreglas tu cama, acomodas tu cabeza pero te acuestas allí y lloras.
¿Dónde esconderse? El suicido es la única salida.

No hace falta decir que este es un mensaje que ningún adolescente debería escuchar, mucho menos aquellos quienes enfrentan problemas familiares, depresión, soledad o decepción.

CONCLUSIÓN

Como adolescente cristiano, debes abordar la música teniendo en cuenta que serás juzgado por la manera en que administras tu tiempo. La música, dentro de las limitaciones de tiempo y de la discriminación de su contenido, es un pasatiempo saludable. Pero debes asegurarte que no ocupe el tiempo que debes dedicar a las actividades productivas y espirituales. También debes considerar que generalmente el mensaje del mundo es contrario a la voluntad de Dios (Santiago 4:4; 1 Juan 2:15-17). Por ende, debes tener cuidado de lo que entra a tu mente por el conducto de tus oídos (cf. 1 Corintios 15:33). Hay mensajes en canciones que no solamente no son saludables, sino que deben ser reprendidos y desechados (cf. Efesios 5:11). Debes evaluar por medio de la Palabra de Dios todo lo que escuchas, retener lo bueno y desechar lo malo (1 Tesalonicenses 5:21), comprobando lo que es agradable al Señor (Efesios 5:10).

Referencias

Gallup, Alec y Wendy Simmons (2000), “Seis de Diez Norteamericanos Leen la Biblia al Menos Ocasionalmente” [“Six in Ten Americans Read Bible at Least Occasionally”], encuesta de Gallup, publicada el 20 de octubre.

Hallan, Susan (2006), La Psicología de la Música en la Educación [Music Psychology in Education] (Londres: Universidad de Londres).

Hodges, Donald y David Sebald (2011), La Música en la Experiencia Humana [Music in the Human Experience] (Nueva York: Routledge).

Mueller, Walt (1999), Entendiendo La Cultura Juvenil de Hoy [Understanding Today’s Youth Culture] (Mueller), versión revisada y expandida.

Polland, Scott (1989), Intervención de Suicidio en las Escuelas [Suicide Intervention in the Schools] (Nueva York: Guilford Press).

Stuessy, Joe y Scott Lipscomb (2008), La Música Rock [Rock and Roll] (Upper Saddle River, NJ: Pearson Prentice Hall).