Causas No-Naturales

Jerry Fausz

[NOTA DEL EDITOR: El Dr. Fausz, científico y escritor auxiliar de A.P., tiene un doctorado (Ph.D.) en Ingeniería Aeroespacial de la institución Georgia Tech].

 

El axioma más fundamental de la ciencia es la Causalidad: la creencia que cada efecto material observado debe tener una causa suficiente que sea anterior o simultánea (Miller, 2011). Por ejemplo, es difícil explicar el movimiento de una carreta a menos que supongamos la existencia de un caballo que la jala. El filósofo científico Don Karl Popper escribió que la “regla” de la causalidad “guía al investigador científico en su trabajo” (1968, p. 61). Realmente, Popper no aceptó la causalidad como un “principio” científico en sí, sino que declaró que ya que es una “regla metodológica”, nunca deberíamos dejar de intentar explicar causalmente ninguna clase de evento que podamos describir” (p. 61). Yo no sería tan inflexible en mi creencia que la causalidad ha sido demostrada completamente y consistentemente como un principio axiomático si no hubiera prueba de esto. Popper claramente indicó por sus comentarios que creía que la causalidad está arraigada profundamente en el pensamiento y método científico. Al definir la causalidad, el Ganador del Premio Nobel, Erwin Schrödinger, comentó:

Algunas veces este postulado es llamado el “principio de la causalidad”. Nuestra creencia en él ha sido confirmada consistentemente una y otra vez por el descubrimiento progresivo de causas que condicionan especialmente cada evento (1957, p. 135).

Los pensamientos que Popper y Schrödinger expresaron ciertamente sostienen la idea que, sin una “causa” concebida, la investigación científica no tuviera rumbo o sería completamente imposible.

Se puede ilustrar adicionalmente la importancia científica de la causalidad con una historia graciosa que el renombrado físico teórico, Stephen Hawking, relató:

Un científico bien-conocido (algunos dicen que fue Bertrand Russell) una vez dio un discurso sobre astronomía. Describió que la tierra rota alrededor del sol, y que a su vez, el sol rota alrededor del centro de un grupo vasto de estrellas conocido como nuestra galaxia. Al final del discurso, una anciana que estaba en la parte de atrás del salón se levantó y dijo: “Lo que nos has dicho son tonterías. El mundo realmente es plano y está sostenido en la espalda de una tortuga gigante”. El científico sonrió superiormente antes de preguntar, “¿Dónde está parada la tortuga?”. La anciana dijo, “Usted es muy inteligente, joven, ¡pero hay tortugas desde arriba hasta abajo!” (1988, p. 1).

La anécdota de Hawking presenta algunas observaciones inmediatas en cuanto a la causalidad:

  1. La causalidad es fundamental para el razonamiento científico. Note la pregunta del científico en respuesta al enunciado de la mujer. ¿Por qué asumir que la tortuga está parada sobre algo si no fuera por la causalidad?
  2. El principio requiere que los efectos sean naturales o materiales (por ende, que los podamos observar). Esta es una inferencia algo trivial, ya que si no se pudiera observar el efecto en la naturaleza, entonces no estuviéramos preocupados en conocer su causa. La observación implicada en la historia es nada menos que la existencia de la Tierra y su lugar percibido en el Universo.
  3. El enunciado de la causalidad no requiere necesariamente una causa natural o material. Las causas solamente necesitan ser suficientes y anteriores o simultáneas al efecto para satisfacer el principio de la causalidad. Por ejemplo, como una consecuencia directa, la hipótesis de la mujer en la historia (una tortuga gigante que sostiene la Tierra) dio como resultado, según su explicación, una torre infinita de tortugas. Aunque esta conclusión no es natural en absoluto (y se puede decir que no es lógica), es aceptable desde un punto de vista causal. [Para un estudio interesante de la analogía de la “torre de tortugas”, vea Davies, 1992, pp. 223-226].

El tercer punto no es realmente el menos importante. Note que incluso los eventos milagrosos que la Biblia registra produjeron efectos que fueron observables o medibles (e.g., agua convertida en jugo de uva, el Mar Rojo que se dividió, la gente que había muerto y resucitado, etc.). De otra manera, las causas milagrosas no serían de mucho interés para nosotros.

Realmente, la aceptación de causas no-naturales es la única manera de evitar un dilema serio en cuanto al enfoque de la causalidad. Considere lo siguiente: Si una causa es, o se cree que es, material (observable), entonces, como en el caso de su efecto, también es contingente—la causa misma debe ser un efecto de otra causa según el axioma científico de la causalidad. Por ende, la predeterminación a suponer solamente causas naturales guiará necesariamente a una secuencia infinita de tales causas. Por ejemplo, la causalidad estrictamente material establece que se puede explicar solamente por medio de la evolución la existencia de la vida en su estado presente de complejidad (aunque la creación especial es una causa aceptable, no es material). Para que la vida evolucionara a su estado presente de complejidad, tuvo que desarrollarse de la materia no viva; la materia inanimada de algún modo tuvo que organizarse de una manera muy específica para proveer los constituyentes necesarios para generar la vida (desde luego, suponiendo que esto sea incluso posible); para organizarse de esa manera, esta materia debió haber existido bajo ciertas condiciones especiales; y así sucesivamente.

La analogía de la tortuga ilustra claramente el dilema de este razonamiento. Si alguien sostiene que la Tierra descansa sobre la espalda de una tortuga gigante, entonces la tortuga necesita estar parada o sostenida por algo. Y ya que la mujer en la historia estaba predispuesta a sostener la suposición de la tortuga, entonces, ¿por qué no suponer también que la tortuga estaba parada en la espalda de otra tortuga, lo cual ella exactamente hizo? Pero ¿en qué estaba parada la segunda tortuga? Si alguien está predispuesto a aceptar la hipótesis de la tortuga (así como cualquier otra causalidad material), las tortugas continuarán amontonándose (así como las causas materiales), hasta que tengamos un número infinito de ellas. Para evitar este dilema, se debe sugerir algo que no involucre tortugas, o según otra analogía, que no esté limitado al materialismo estricto.

Se ha demostrado un principio parecido en el campo de estudio lógicamente consistente de las matemáticas. En 1931, Kurt Gödel, un matemático austriaco, probó un teorema que declaraba que “por cualquier sistema matemático consistente existe dentro del sistema un enunciado bien definido que no se puede probar bajo las reglas del sistema” (Overman, 1997, p. 27). Comúnmente conocido como el Teorema de lo Incompleto de Gödel, este resultado simplemente implica que para progresar en el sistema matemático, se debe aceptar axiomáticamente ciertos hechos (es decir, hechos que no pueden ser probados por otros hechos en el sistema).

Este principio también se aplica en otros campos de razonamiento. De hecho, Paul Davies aplicó esta idea cuando declaró:

Yo preferiría no creer personalmente en eventos sobrenaturales. Aunque obviamente no puedo probar que no sucedan, no veo razón para suponer que sucedan. Mi tendencia es suponer que las leyes de la naturaleza son obedecidas en todo tiempo (1992, p. 15).

Aquí Davies asumió como verdadero algo que según su propio reconocimiento, no puede probar según su sistema de razonamiento: la suposición que los eventos sobrenaturales no ocurren. Sin embargo, una suposición tácita en el enunciado de Davies es la existencia del tiempo. Aunque las leyes naturales pueden ser obedecidas “en todo tiempo” (y los eventos sobrenaturales pueden no ocurrir), ya hemos visto que suponer que esto es cierto hasta el principio del tiempo guiará a un equivalente de una torre infinita de tortugas (una secuencia causal infinita).

Hablando del comienzo del tiempo, la teoría aceptada más comúnmente por la comunidad secular es el “Big Bang”. Se planteó esta hipótesis después de descubrir que el Universo está expandiéndose (Hawking, 1988, p. 38). Específicamente, lo que los astrónomos descubrieron fue que los espectros de luz de la mayoría de estrellas en otras galaxias estaban cambiando a un color “rojizo” (reduciendo en frecuencia), por lo cual ellos supusieron que esto indica que esas estrellas estaban desplazándose más lejos de nosotros con velocidad incrementada. Si se extrapola la expansión supuesta hacia el pasado, entonces se puede suponer que hubo un punto en el tiempo en que toda la materia en el Universo estaba condensada (existía en el mismo punto). Desde luego, esto requiere la suposición no poco significativa que se debe extrapolar el tiempo hasta remontarlo a ese punto. Note que la suposición de expansión no es necesaria ya que se puede proponer otras causas posibles para el cambio rojizo del color de las estrellas, tales como los cambios no-lineares en la “elasticidad” del mismo espacio-tiempo, tal vez como si el Universo hubiera sido “extendido” en su comienzo (cf. Job 9:8; Isaías 45:12; Jeremías 10:12) o “desplegado” (Isaías 40:22; 42:5).

Pero por ahora considere lo que la ciencia piensa en cuanto a su supuesto punto de comienzo, llamado la singularidad del Big Bang. El término singularidad en este contexto denota un punto en el cual alguna propiedad fundamental cesa de existir o ciertos procesos llegan a ser indefinidos. Por ejemplo, en las matemáticas, la división por cero crea una singularidad ya que tal división es indefinida. Para definir esto en una forma matemática más precisa, la operación de división matemática no es definida en cero, por ende el origen (cero) es llamado un punto de singularidad con respecto a la operación de división. En el caso de la singularidad del Big Bang, la extrapolación de tiempo revertido crea un punto en el cual toda la materia en el Universo estaba condensada, o tenía “tamaño cero” (Hawking, p. 117). Esto requeriría por implicación densidad de masa infinita, que según la relatividad general, implica curvatura infinita de espacio-tiempo (Einstein, 1920). Los físicos Stephen Hawking y Roger Penrose han estudiado extensamente las propiedades de singularidad que la relatividad general predice. Hawking observó que en tal punto, “las leyes de la ciencia y nuestra habilidad de predecir el futuro se descompusieran” (p. 88). Ya que las leyes de la ciencia conocidas actualmente serían indefinidas en ese punto, se le llama a tal punto singularidad, o en este caso, la singularidad del Big Bang.

Entonces, no es una sorpresa que parezca que si se podría seguir la cadena de causalidad hasta el comienzo del tiempo como el Big Bang lo define, nos llevaría a un punto en el cual las leyes naturales no se aplicaran. Hawking continuó diciendo: “Esto significa que alguien también puede eliminar el Big Bang de la teoría, y cualquier otro evento antes de él, ya que estos no tienen efecto en lo que observamos” (p. 122). Pero eliminar la singularidad de la teoría simplemente sirve para enredar la teoría otra vez en el dilema de la causalidad material. Cuando la conclusión final de la causalidad resulta ser una causa no-natural, y la eliminamos de la teoría simplemente porque deseamos aferrarnos a la causalidad material, entonces nuestro razonamiento nos guía otra vez a una torre infinita de tortugas. Note que Davies señaló que no tiene sentido hablar de “antes” en referencia a la singularidad del “Big Bang” ya que supuestamente el tiempo comenzó en tal evento (p. 50).

Toda nuestra imaginación y razonamiento, como también nuestra experiencia y observación, nos guían a una descomposición necesaria de la causalidad material estricta. Las teorías de singularidades de un Universo infinito, sistemas incompletos matemáticos y espacio-tiempo testifican de una realidad que no se puede deducir completamente según las reglas del sistema. La conclusión lógica es un modelo cosmológico que admite una causa sobrenatural.

Además, si estamos forzados a suponer una causa no-natural para el comienzo del tiempo, como la evidencia sugiere, entonces, ¿por qué deberíamos suponer de necesidad, y específicamente, que para establecer con exactitud el comienzo del tiempo, se debe remontar a un punto en el cual toda la masa en el Universo estaba condensada? Como hemos visto, Hawking sugiere descartar la singularidad del Big Bang ya que la ciencia no puede predecir sus efectos. Pero Hawking también señala que la teoría de la singularidad implica que el espacio-tiempo tuvo un comienzo y un límite, lo cual causó que preguntara, “¿Cuáles fueron las ‘condiciones de límite’ al comienzo del tiempo?”. Luego comentó: “Una respuesta posible es que Dios escogió la configuración inicial del universo” (p. 122).

Las condiciones de límite como estas pudieran especificar cualquier número infinito de configuraciones y estados para el espacio-tiempo y la materia que contiene. En realidad, por definición, estos tiempos de especificaciones son las condiciones de límite. No veo razón particular para suponer que estas condiciones de límite comenzaron con un punto de densidad de masa infinita y curvatura de espacio-tiempo igualmente infinita, excepto el deseo predeterminado de empujar la causalidad material a su límite no-natural. Con probabilidad equivalente, estas condiciones de límite pueden especificar un Universo al comienzo del tiempo que no era muy diferente de lo que observamos ahora, implicando por ende que el tiempo no se remonta tan lejos en el pasado como algunos han conjeturado. Tal vez por esta razón, al usar una artimaña matemática que él llama “tiempo imaginario”, recientemente Hawking se ha esforzado en crear un modelo consistente de espacio-tiempo que sea finito pero que no tenga un límite, lo cual supuestamente no requeriría ninguna condición de límite. Sin embargo, Hawking señala que esta idea es “solo una propuesta: no puede deducirse de algún otro principio” (p. 136).

El Antiguo Testamento registra que Dios dijo a Job: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia” (Job 38:4). Job entendió muy bien la naturaleza retórica de la pregunta de Dios, ya que él ya había proclamado a sus compañeros:

Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los vivientes. El abismo dice: No está en mí; y el mar dijo: Ni conmigo. No se dará por oro, ni su precio será a peso de plata (Job 28:12-15).

Claramente, Job observó que el entendimiento completo no yace en el materialismo o la naturaleza, y si él no lo sabía antes, Dios le señaló que tampoco se conoce completamente la manera que se estableció la fundación de la Tierra. Incluso el entendimiento moderno presenta evidencia inmutable de sus propias limitaciones para encontrar una explicación plausible para el Universo observable.

Nuestras observaciones y razonamientos nos dicen que la fundación del Universo no pudo haber sido establecida a través de la causalidad estrictamente material o natural. Las teorías cosmológicas, físicas e incluso matemáticas señalan la necesidad de una Causa que opera independientemente de las reglas del sistema. No obstante, aunque estas teorías pueden señalar la necesidad de causas no-naturales, son insuficientes cuando se trata de explicar esas causas. La Biblia cruza la brecha que nuestras teorías no pueden cruzar al contarnos de un Creador omnipotente y omnisciente que es capaz de operar fuera de la naturaleza para hacer todo lo que observamos de lo que no podemos observar. El escritor inspirado de Hebreos expresó este mismo concepto en su enunciado interesante contra la causalidad material estricta: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (11:3).

Si prestamos atención a todo lo que nuestra observación y razón nos dicen, entonces los ojos de nuestra mente “verán” que el Creador, Dios (no la causalidad material o natural), Quien labora fuera de las condiciones limitadas de la naturaleza, estableció la fundación del Universo. Entenderemos que este Creador entonces fijó las condiciones de límite, estableciendo que las leyes naturales moldeen y dirijan Su creación. Y a la vez, nuestro razonamiento no requerirá una torre infinita de tortugas.

Referencias

Davies, Paul (1992), La Mente de Dios: El Fundamento Científico para un Mundo Racional [The Mind of God: The Scientific Basis for a Rational World] (Nueva York: Simon & Schuster).

Einstein, Albert (1920), Relatividad: La Teoría Especial y General [Relativity: The Special and the General Theory] (Nueva York: Barnes & Noble).

Hawking, Stephen (1988), Una Historia Breve del Tiempo: Desde el Big Bang Hasta los Agujeros Negros [A Brief History of Time: From the Big Bang to Black Holes] (Nueva York: Bantam Books).

Miller, Jeff (2011), “Dios y las Leyes de la Ciencia: La Ley de la Causalidad” [“God and the Laws of Science: The Law of Causality”], Apologetics Press, http://www.apologeticspress.org/APContent.aspx?category=9&article=3716.

Overman, Dean (1997), Un Caso Contra el Accidente o la Auto-Organización [A Case Against Accident and Self-Organization] (Lanham, MD: Rowman & Littlefield).

Popper Karl (1968), La Lógica del Descubrimiento Científico [The Logic of Scientific Discovery] (Nueva York: Harper & Row).

Schrödinger, Ernst (1957), La Teoría Científica y el Hombre [Science Theory and Man] (Nueva York: Dover Publications).

[Título original en inglés, “Unnatural Causes”, en Reason & Revelation, 31[5]:38-41. Traducción editada por Moisés Pinedo].