Australopithecus Sediba: ¿Una Innovación Evolutiva?

Los medios de comunicación ya han considerado el hallazgo como una “innovación evolutiva”. En una cueva de Sudáfrica en 2008, los paleontólogos descubrieron dos juegos de fósiles, los cuales ellos afirman que pueden ser de una criatura transicional—un “eslabón perdido” entre el hombre moderno y el antepasado antiguo que supuestamente comparte con los simios modernos. Según ABC News y otros medios noticieros, los científicos han proclamado a la criatura fosilizada una “‘innovación evolutiva’ para el entendimiento de la evolución humana”, siendo potencialmente el “mejor candidato hasta ahora para el antepasado inmediato de nuestro género, Homo” (Potter, 2011). Los científicos han clasificado la especie fósil que contiene el hallazgo fósil, Australopithecus sediba. El fósil de interés especial en el hallazgo incluye un “pie, una mano y partes de la pelvis y el cráneo” (Potter). Se dató la cueva, donde se encontró los fósiles, usando datación de uranio-plomo combinada con análisis paleomagnético y estratigráfico (técnicas evolucionistas de datación), y se concluyó que tenía 1,977,000 años de edad, lo cual causó que se diera la misma edad a los fósiles. Según los evolucionistas, esta edad es anterior a “la evidencia indiscutible más antigua para el Homo en África” (Pickering, et.al., 2011, 333[6048]:1421).

Lee Berger de la Universidad de Witwatersrand en Sudáfrica, sosteniendo el cráneo del Australopithecus sediba. Associated Press © 2012

Como hemos documentado una y otra vez (e.g., Harrub y Thompson, 2003; Thompson, et.al., 2002), la verdad es que la evidencia fósil que se necesita desesperadamente para probar la teoría de la evolución simplemente no existe. Como el escritor de ABC News, Ned Potter, admitió en el artículo que divulgaba el hallazgo fósil, los investigadores saben que “[h]ay una brecha en el registro fósil que hasta ahora sigue sin explicar” (2011). Esta realidad causa que los medios de comunicación y muchos científicos se apresuren a sacar conclusiones cuando un hallazgo les parece brindar esperanza. Se pensaría que los científicos y los medios de comunicación serían más prudentes, recordando los muchos errores que los paleontólogos han cometido durante los años al reclamar apresuradamente que han encontrado eslabones perdidos, incluyendo al Hombre de Java, el Hombre de Piltdown, el Hombre de Nebraska, el Hombre “Delfín” y el Hombre de Orce (cf. Thompson y Harrub, 2002). Potter admitió que los “investigadores en el pasado han encontrado muchos hallazgos que les han sido improductivos” (2011). Realmente ese enunciado se queda corto. Parece que algunos científicos están llegando a entender el dilema. El escritor de ciencia y biólogo, Michael Balter, reconoció que “pocos científicos están listos a creer” que estos fósiles representen al antepasado inmediato del género Homos (2010, 328[5975]:154). Después de todo, debe existir precaución, especialmente cuando toda la publicidad y reclamación de “innovación evolutiva” se basa solamente en un pie, una mano y partes pequeñas de una pelvis y un cráneo.

Es importante prestar atención a los “descargos de responsabilidad” pequeños—pero significativos—que aparecen por toda la literatura evolucionista y la cobertura de los medios de comunicación en cuanto a los hallazgos fósiles, como en el caso de este hallazgo reciente. Aunque algunos evolucionistas usan terminología firme cuando hablan de la marcroevolución, como si se hubiera probado que es verdadera (e.g., Potter citó a Darryl De Ruiter de la Universidad Texas A&M, quien dijo: “Esto es una confirmación fuerte de la teoría de la evolución”, 2011, énfasis añadido), lo cierto es que esta es una teoría que no ha sido probada, y aquellos que están informados en la comunidad evolucionista se dan cuenta de este problema. De hecho, es una teoría que nunca será probada como verdadera, (1) ya que no hay evidencia en el registro fósil que haya ocurrido alguna evolución transicional entre las diferentes clases de organismos vivos, (2) ya que la evidencia científica indica que la vida no puede venir de lo inanimado, mucho menos las leyes que gobiernan esa vida, y (3) ya que nadie estuvo presente para atestiguar el origen de la vida; incluso si la evolución atea fuera verdadera, nadie pudiera haberla atestiguado, lo cual significa que el asunto de los orígenes es fundamentalmente inmune a la prueba científica empírica. Al menos algunos, como Potter, han aprendido a usar terminología más prudente al hablar de la evolución y el registro fósil. Las frases como “tal vez” y “pudiera” son importantes, ya que enfatizan el hecho que, en este caso, el que habla o escribe está declarando una suposición—no un hecho probado. Tales palabras enfatizan el hecho que incluso los mismos evolucionistas saben que no han probado su caso y que su creencia en la teoría evolucionista es una creencia ciega—no está basada en los hechos.

 

Uno de los juegos de huesos del Australopithecus sediba en Sudáfrica que supuestamente tiene dos millones de años de edad. Associated Press © 2012

 

Cuando los lectores leen escritos científicos, frecuentemente pasan por alto los descargos de responsabilidad, ya que como se sugiere en gran parte en el sistema escolar, la idea es creer a los científicos en todo caso. Se presiona a las personas a creer en los científicos, cuyas teorías se deben aceptar a pesar de la evidencia en contra. Ellos son semi-dioses. Su “tal vez” guía la certidumbre común del hombre. Nunca se debió haber permitido que esta creencia ciega evolucionista fuera aceptada en la comunidad científica, y especialmente en los 50 años pasados. Mientras la integridad moral y ética en Norteamérica continúa decayendo, se debe poner cada vez menos confianza en las mentes “élites” de nuestra sociedad, quienes frecuentemente tienen prejuicio ante la verdad debido a su deseo de prestigio y dinero, como también a su deseo de eliminar lo que imputa sus conciencias.

Si la macroevolución hubiera ocurrido, entonces habría millones de fósiles transicionales, o miles de millones, que documenten la evolución de varias especies, incluyendo del hombre. El mismo Darwin creía que “el número de variedades intermedias que han existido anteriormente, [debe] ser completamente enorme” (1956, p. 292). Después de más de un siglo de cavar para encontrar fósiles y analizar el estrato geológico, tal verdad nunca ha salido a la luz, y ciertamente, tal situación descarta completamente la Teoría General de la Evolución. Encontrar solamente fósiles cuestionables esporádicamente, fósiles en los cuales incluso la comunidad evolucionista no está de acuerdo, prueba adicionalmente que la teoría evolucionista es incapaz de explicar lo que se ve en el registro fósil. La comunidad evolucionista se encuentra en caos y desacuerdo constante en cuanto a los fósiles y el registro fósil. Si la comunidad evolucionista no puede estar de acuerdo consigo misma, ¿cómo se pude esperar que el estudiante, oyente o lector crea lo que ellos afirman?

Años atrás, muchos en la comunidad evolucionista comenzaron a rechazar a todos los australopitecinos, lo cual incluiría al sediba, como ancestros para el hombre en absoluto. Don Solly Zuckerman, famoso anatomista británico quien estudió a los australopitecinos por más de 15 años, concluyó que si el hombre realmente descendió de un antepasado como simio, lo hizo “sin dejar ningún rastro fósil de los pasos de transformación” (1970, p. 64). El fallecido evolucionista, Ashley Montagu, dijo: “[L]a forma del cráneo de todos los australopitecinos muestra demasiadas características especializadas y parecidas a los simios como para ser un antepasado directo del hombre o de la línea que guió al hombre” (1957, énfasis añadido). Basado gran parte en la naturaleza de los dientes Orrorin tugenensis, Martin Pickford, geólogo evolucionista de la Facultad de Francia en París, y Brigitte Senut, paleontóloga evolucionista francesa del Museo Nacional de Historia Natural de Francia, creen que todos los australopitecinos deberían ser colocados en una rama diferente del “árbol evolutivo” que guía al Orrorin tugenensis y que se extinguió 1.5 millón de años atrás, en vez de la línea evolutiva que guía al Homo sapiens (cf. Senut, et.al., 2001; Balter, 2001; Schuster, 2001). Si es cierto que los australopitecinos no guían al hombre—y es cierto—entonces el Australopithecus sediba es totalmente irrelevante en la discusión de la evolución humana, a pesar de la publicidad de los medios de comunicación.

El tiempo revelará si la mayoría de los mismos evolucionistas considerará este nuevo hallazgo como algo importante para ellos, pero independientemente de eso, la verdad continuará siendo firme: si la evolución fuera verdadera, no sería tan difícil de verificar. Si las explicaciones ateas para el origen del Universo fueran verdaderas, deberíamos ser testigos de la generación espontánea de la vida y la materia por todo lugar, o al menos una vez en algún lugar, como también deberíamos ser testigos de las transiciones entre las clases de organismos vivos. Pero la ciencia verdadera no sostiene tales cosas (vea Butt, 2010).

Referencias

Balter, Michael (2001), “Homínidos Tempranos Plantan División” [“Early Hominid Sows Division”], ScienceNOW, 22 de frebero, http://news.sciencemag.org/sciencenow/2001/02/22-03.html.

Balter, Michael (2010), “Candidato Ancestral Humano de Suráfrica Causa Alabanza y Debate” [“Candidate Human Ancestor from South Africa Sparks Praise and Debate”], Science, abril.

Butt, Kyle (2010), “Australopithecus Sediba: Otro Familiar que Nunca Tuvimos” [“Australopithecus Sediba: Another Relative We Never Had”], Apologetics Press, http://www.apologeticspress.org/APContent.aspx?category=9&article=2872.

Darwin, Charles (1956), El Origen de las Especies [The Origin of Species] (Londres: J.M. Dent & Sons).

Harrub, Brad y Bert Thompson (2003), La Verdad acerca de los Orígenes Humanos [The Truth About Human Origins] (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Montagu, Ashley (1957), El Hombre: Sus Primeros Dos Millones de Años [Man: His First Two Million Years] (Yonkers, NY: World Publishers).

Pickering, Robyn, et.al. (2011), “Australopithecus Sediba en 1.977 Ma e Impliaciones para el Origen del Género Homo [“Australopithecus Sediba at 1.977 Ma and Implications for the Origins of the Genus Homo”], Science, 9 de septiembre.

Potter, Ned (2011), “‘Innovación’ Evolutiva: Fósil Puede Ser Antepasado Humano” [“Evolutionary ‘Game Changer’: Fossil May Be Human Ancestor”], ABC News, 8 de septiembre, http://abcnews.go.com/Technology/fossils-south-africa-called-evolutionary-game-changer/story?id=14474976#.TmouXw8wezs.email.

Schuster, Angela M.H. (2001), “Reporte Especial: ¿Antepasados Antiguos?” [“Special Report: Ancient Ancestors?”], Archaeology, julio/agosto.

Senut, Brigitte, et.al. (2001), “Primeros Homínidos del Periodo Mioceno” [“First Hominid From the Miocene”], Comptes Rendus de l’Academie des Science, Series IIA-Earth and Planetary Science, 30 de enero.

Thompson, Bert y Brad Harrub (2002), “No Hay Eslabón Perdido Aquí…” [“No Missing Links Here…”], Apologetics Press, http://www.apologeticspress.org/apcontent.aspx?category=9&article=1353.

Thompson, Bert, et.al. (2002), “Evolución Humana y el ‘Registro de las Rocas’” [“Human Evolution and the ‘Record of the Rocks’”], Apologetics Press, http://www.apologeticspress.org/apcontent.aspx?category=9&article=153.

Zuckerman, Solly (1970), Más Allá de la Torre de Marfil [Beyond the Ivory Tower] (Nueva York: Taplinger).


Título original en inglés, “Australopithecus Sediba: Evolutionary Game Changer?”, en Reason & Revelation, 32[3]:33-35. Traducción editada por Moisés Pinedo.