Algunas Preguntas sobre el Divorcio y las Segundas Nupcias

Wayne Jackson

Las siguientes preguntas se relacionan al tema general del matrimonio y el divorcio.

Pregunta:

“Recientemente se ha promovido la idea que cuando dos personas solteras cometen fornicación, debido a este acto, llegan a estar ‘casadas’ y deben mantenerse juntas por el resto de sus vidas. ¿Puede responder a esta idea?”.

Respuesta:

Esta posición es tan absurda que solamente queda preguntarse cómo es que pudo haber “visto la luz del día”. Se debe tener una mente oscurecida para confundir el “matrimonio” con la “fornicación”.

La respuesta más rápida y breve a esta pregunta es apelar a 1 Corintios 7:1et.seq. Se escribió este pasaje a cristianos relativamente nuevos en una iglesia griega en la antigua Corinto. Hablando moralmente, esta ciudad era muy “liberal”; la promiscuidad sexual era muy común.

Sin duda estos cristianos, algunos de los cuales tenían antecedentes inmorales (cf. 6:9-11), habían recibido la instrucción que ahora debían permanecer puros sexualmente. Pero ¿qué podían hacer para prevenir ceder a sus deseos, cometiendo fornicación? La respuesta de Pablo es esta: “…cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido”.

Si la fornicación fuera equivalente al matrimonio, lógicamente el enunciado de Pablo debería decir, “para prevenir el matrimonio, que cada uno se case”, lo cual no tiene sentido.

¿Y qué acerca de esto? Si dos homosexuales se involucraran en la fornicación, ¿estarían casados? Si un hombre llegara a ser infiel a su esposa al cometer fornicación, entonces, ¿tendría dos esposas? ¡Esta teoría no tiene razón de ser!

Esta idea perversa sin duda tiene su origen en el torcimiento del enunciado de Pablo que el hombre que se junta con una prostituta es “un cuerpo” con ella (1 Corintios 6:16). Pero los que sostienen esta idea no se dan cuenta que las palabras pueden tener significados diferentes en contextos variados.

Por ejemplo, se dice que Dios y Cristo son “uno” (Juan 10:30); el hombre y su esposa también son “uno” (Efesios 5:31). Pero no se usa la palabra “uno” de la misma manera en ambos contextos.

Un hombre y una mujer llegan a ser “una carne” a través de la unión sexual, en virtud de la relación de pacto que han hecho (Génesis 2:24; Mateo 19:6; cf. Ezequiel 16:8). No hay relación de pacto en una fornicación.

Se emplea el término “uno” en 1 Corintios 6:16 en un sentido muy limitado. En el acto sexual de la fornicación, los dos cuerpos son unidos y por ende llegan a ser “uno” en pecado—no en matrimonio. Él fornicador es “uno” en carácter con la prostituta. No hay distinción moral entre los dos pecadores.


Pregunta:

“Mi esposo me ha dejado. Descubrí en su computadora más de 800 fotos pornográficas y solicitaciones a mujeres (y también a hombres) para tener sexo, con horas y días de encuentro. Él ha actuado de una manera lasciva delante de nuestras hijas en varias ocasiones. Tengo gran razón para creer que ha sido infiel, pero no puedo probarlo. Algunos dicen que no tengo derecho al divorcio a menos que le sorprenda en el mismo acto. ¿Puede ayudarme con su respuesta?”.

Respuesta:

La Biblia enseña que hay una sola causa de divorcio y segundas nupcias—la fornicación de un cónyuge contra su pareja inocente (Mateo 5:32; 19:9). Ninguna persona racional argumentaría que una esposa tuviera que ver el “acto” real para tener evidencia suficiente para un divorcio escritural. De hecho, probablemente sería muy raro que un esposo o esposa pudiera sorprender al adúltero “en el mismo acto”.

Sin embargo, la parte inocente debe tener un caso fuerte para su propia satisfacción mental, para no persistir en la duda por el resto de su vida—en caso de decidir casarse de nuevo.

Debo decir que en este caso parece haber considerable evidencia “circunstancial” de actividad sexual de parte del hombre con otras personas. Pienso que sería extremadamente improbable que esta actividad ilícita haya estado limitada solamente a las imágenes en la computadora. Pero esta es una evaluación que el cónyuge agraviado debe hacer. Nuestros corazones se unen a cualquiera que haya sido víctima de este tipo de abuso.


Pregunta:

“Siempre se me ha enseñado que hay una sola causa de divorcio, con el privilegio de contraer nuevas nupcias, y que esa causa es si la pareja de una persona comete fornicación. Pero nuestro predicador dice que la ‘fornicación’ es cualquier clase de ‘infidelidad’. Así que si un esposo es infiel (por ejemplo, deja de asistir a los servicios de la iglesia), entonces la esposa está libre de divorciarse y casarse de nuevo”.

Respuesta:

Desafortunadamente, parece que su predicador es uno de muchos que han llegado a ser expertos en torcer las escrituras (2 Pedro 3:16) para justificar el libertinaje y comprometer el enfoque en cuanto al divorcio y las segundas nupcias.

“Fornicación” e “infidelidad” no son términos sinónimos. Toda fornicación es infidelidad, pero no toda infidelidad es fornicación. En el fondo, cualquier pecado es un acto de infidelidad. Ciertamente, el “pecado”—cualquier pecado, uno o muchos—nunca puede ser considerado como “fidelidad”. Todos los pecados son serios.

No obstante, si la “fornicación” mencionada en Mateo 5:32 y 19:9 es una referencia a la infidelidad en general, entonces cualquier esposo o esposa se pudiera divorciar de su compañero en cualquier tiempo y por cualquier pecado (e.g., por mentir, perder la paciencia, faltar a los servicios, no ofrendar adecuadamente en el Día del Señor, etc.). Pero ya que todas las personas son pecadoras (1 Juan 1:8), eso sugeriría que el “infiel” tiene derecho de divorciarse del “infiel”, y luego casarse con una nueva pareja “infiel”.

Es cierto que algunas veces se usa el término “adulterio” figurativamente en la Biblia para hacer referencia a la mundanidad (cf. Santiago 4:4) o lascivia (2 Pedro 2:14). Ya que este es el caso, la pregunta real es: ¿Cómo se usa el término “fornicación” en Mateo 19:9?

Obviamente, se emplea en su sentido literal; esto es evidente por el hecho que los judíos (que estaban acostumbrados a la política relajada del divorcio bajo el régimen mosaico—Mateo 19:8) expresaron el enfoque que la ley de Cristo era demasiada rigurosa. Jesús les informó que algunos pudieran considerarla muy demandante—en cuyo caso tenían la opción de vivir como “eunucos”. Esto define la naturaleza de “fornicación” en este contexto.


Pregunta:

“Ya que el Nuevo Testamento enseña que la única causa justificable de divorcio es la fornicación del cónyuge de alguien, ¿qué debe hacer la mujer cuyo esposo bebe, le golpea en ocasiones y abusa verbalmente de ella constantemente?”.

Respuesta:

Ninguna persona está obligada a sufrir abuso en manos de un matón insensible. La mujer tiene derecho a la seguridad—tanto físicamente y emocionalmente. Si su bienestar está en peligro (por el abuso físico), o su estabilidad emocional es asolada debido al abuso verbal, ella tiene el derecho justificado de buscar refugio y paz. Pablo lidia con una circunstancia similar en 1 Corintios.

Supongamos este caso: una mujer llega al cristianismo, pero su esposo no tiene interés en el cristianismo. ¿Qué debe hacer?

El apóstol dice que si su esposo “consiente en vivir con ella”, ella no debe dejarle, sino debe permanecer en tal relación con la meta de convertirle a Cristo (1 Corintios 7:13-14).

Pero ¿qué hay si el incrédulo no está contento en la relación (y lo refleja por medio de la conducta abusiva)? Pablo sugiere que bajo circunstancias graves, ella puede dejar de vivir “bajo el mismo techo”. Pero en tal caso (ya que no ha habido fornicación), “si se separa, quédese sin casar” (7:11). Se debe señalar la siguiente advertencia: La esposa necesita estar segura que no haya contribuido a la insatisfacción de su compañero. Si ese fuera el caso, su separación no sería justificada.

El apóstol considera la posibilidad de separación (en un matrimonio no quebrantado por la fornicación), y reconciliación potencial, pero no da licencia para el divorcio y segundas nupcias bajo tal circunstancia.

Si un esposo abandona a su esposa (o viceversa), no se requiere que ella sea “esclava” (vs. 15) de esta persona insensible que ha abandonado sus responsabilidades maritales. ¡No se ha diseñado el matrimonio como un arreglo equivalente a la esclavitud! Si el cónyuge que ha abandonado a su pareja llega a ser infiel sexualmente, entonces el cónyuge traicionado puede valerse de la provisión en Mateo 19:9. De otra manera, la unión permanece intacta.

El abuso por sí mismo no quebranta el voto nupcial (cf. Ezequiel 16:38). Solamente la infidelidad sexual puede causar eso. El cristiano consciente navegará cuidadosamente a través de las aguas turbias de la discordia matrimonial para examinar su propia alma en busca de culpabilidad posible. 


Título original en inglés, “Some Questions about Divorce and Remarriage”, en www.christiancourier.com. Traducción editada por Moisés Pinedo.