Contar No Sale a Cuenta

Contar No Sale a Cuenta

“Contaré hasta tres para que me des ese juguete: 1…2…3…”. El pequeño niño de cabello crespo continúa jugando con su camión. “4…5…6…”. Él mueve su camión en el piso mientras hace ruidos de motor. “Tito, ¡estoy hablando en serio! ¡No me hagas contar hasta 10!”.

El método de la cuenta es muy popular, ¿pero es una buena opción? Incluso si algunas madres que acostumbran a contar han tenido algo de éxito, ¿pudieran estar enseñando lecciones que no desean enseñar? Considere algunas razones por las cuales debe pensar dos veces antes de contar hasta tres.

Contar socaba su autoridad.

Su hijo ha aprendido a no tomarle en serio. Él sabe que no tiene que hacerlo hasta que usted comience a contar. Los niños deben entender tan pronto como sea posible que los padres tienen autoridad. Dios manda: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo” (Efesios 6:1).

Contar transfiere el control al niño.

Él escoge cuándo obedecer. El niño controla la situación al no hacer lo que debe hacer hasta que quiera hacerlo. A nuestra sociedad le gusta representar a los padres como impotentes, pero Dios creó un orden en el hogar. Él dio el control a los padres, no a los hijos. “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Proverbios 1:8).

Contar da una impresión equivocada de Dios.

Aunque Dios es paciente (2 Pedro 3:9), también manda obediencia: “Escuchad mi voz…para que os vaya bien” (Jeremías 7:23). “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Contar permite que el niño dilate la obediencia. ¿Quiere que su hijo llegue a ser alguien que obedezca a Dios inmediatamente para que le vaya bien? Esa clase de obediencia respetuosa comienza en el hogar.

Contar causa confusión.

¿Cuándo cruza el niño el límite de la desobediencia? ¡Incluso he escuchado a una madre contar hasta 17! Me pregunto hasta cuánto estaba dispuesta a contar. ¿Hasta 25? ¿50? Muy probablemente su hijo ya sabía el número mágico, ¡pero que prejuicio para él! ¿En cuántas otras situaciones/relaciones de vida será indulgente? Un día se sorprenderá al ver que su jefe recurre a la acción disciplinaria después de una falta en vez de tres (o 17).

Contar puede ser peligroso.

Si un niño aprende que no debe obedecer hasta que se le haya advertido varias veces, ¿qué pasa cuando su misma vida depende de la respuesta inmediata? Si se acerca a una calle transitada y usted dice “¡Para!”, le gustaría que él obedeciera inmediatamente. De la misma manera, le gustaría que su hijo adulto obedeciera al Señor con diligencia. Como el himno muy conocido ruega, “hoy es el día de salvación; mañana podría ser demasiado tarde”. No se nos garantiza el mañana. “[N]o sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece… [A]l que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:14,17).

En vez de contar, ayude a su hijo a entender que debe obedecer la primera vez. Si no responde, disciplínele. La próxima vez que no le obedezca tan pronto como le hable, disciplínele otra vez. Hágalo las veces que se requiera. Asegúrese de que él sepa que “la obediencia dilatada es desobediencia”. Esto no es cruel en absoluto. Él debe aprender a respetar la autoridad. Entonces disfrutará la seguridad que se produce al entender los límites definidos y la importancia de la obediencia.

De Sabio a Necio

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