Vestido para la Ocasión

Vestido para la Ocasión

Lectura bíblica recomendada: Génesis 3:20-21

Introducción

A. Desde que el pecado entró en el mundo, la vestimenta ha sido necesaria para el hombre.

B. Desde ese día en adelante, la vestimenta ha sido un elemento permanente de cada cultura y generación.

C. Desde un enfoque escritural, ¿importa lo que vistamos?

Exposición

I. Sea que nos demos cuenta o no, nuestra vestimenta revela mucho en cuanto a nosotros.

A. Puede revelar nuestro oficio (Génesis 38:13-15; Levítico 8:7-9).

B. Puede revelar algo de nuestra posición social (Génesis 37:3-4; Daniel 5:29; Mateo 11:8; 3:4; Hechos 12:21).

C. También puede revelar nuestra actitud o disposición (Ester 4:1-4).

II. Como cristianos, siempre deberíamos vestirnos adecuadamente.

A. Nuestra vestimenta debería ser adecuada en nuestro caminar diario (1 Timoteo 2:9), ya que nuestros cuerpos no nos pertenecen (1 Corintios 6:19-20).

B. Nuestra vestimenta debería ser adecuada cuando vamos a adorar (Miqueas 6:6; Mateo 22:10-13).

C. Si nos damos cuenta que nuestra vestimenta no es adecuada, deberíamos sentir la necesidad de cambiar (Génesis 35:2).

III. Lo más importante es nuestra vestimenta espiritual.

A. Para llegar al cristianismo, primero debemos deshacernos de nuestra vieja vestimenta (Efesios 4:22-32; Colosenses 3:5-11).

B. Después de esto, debemos vestirnos de Cristo por medio del bautismo (Gálatas 3:26-27; cf. Romanos 6:3).

C. Como sacerdotes del Dios verdadero, nuestros vestidos deben ser santos (1 Pedro 3:3-5) y limpios (Éxodo 19:10-11; Apocalipsis 7:14).

D. Dios nos vestirá de manera gloriosa en el tiempo venidero (1 Corintios 15:50-54; 2 Corintios 5:1-4).

IV. Nuestro Señor cambió Su vestimenta por causa nuestra.

A. Cambio Su vestido de magnificencia por un vestido de carne (Salmos 93:1; 104:1-2; Hebreos 2:9-18).

B. Cambio Su corona de gloria por una corona de espinas (Juan 17:5; 19:2-3).

C. La vestimenta de Jesús era especial, pero fue manchada por hombres pecadores (Mateo 9:20-22; 14:34-36; Juan 19:23-24).

Conclusión

A. El Señor también nos ha vestido con poder (Lucas 24:49; Romanos 1:16).

B. ¿Usaremos lo que el Señor ha escogido para nosotros?

C. ¿Permitirá que sus vestidos sean lavados en la sangre del Cordero?

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