Una Guía Cristiana para la TV

Una Guía Cristiana para la TV

Johannes Gutenberg revolucionó la comunicación en masa con la invención de la imprenta. El primer libro publicado fue la Biblia en 1455. A comienzos del siglo XIX, el historiador Alexis de Tocqueville remarcó que los periódicos tenían el poder extraordinario de plantar la misma idea en 10,000 mentes en el mismo día. Esto no se compara al poder del invento más influyente en tiempos modernos (hasta este punto, incluso ha sobrepasado a la computadora)—¡la televisión! La televisión puede plantar la misma idea en cientos de millones de mentes al mismo instante. Y a diferencia de la página escrita, no requiere que los televidentes sean diestros en el arte complejo de la lectura, ni tampoco se les pide que formen sus propias imágenes e impresiones. Presenta sus mensajes con imágenes y sonidos y todas las incentivaciones que pueden producir.

Durante el tiempo que la tecnología ha crecido desde las pantallas pequeñas y borrosas de la década de 1920 hasta el sonido cuadrafónico, el control remoto, la digitalización y las pantallas grandes de hoy, las maravillas de la televisión han llegado a ser una parte integral de la cultura norteamericana. La televisión es una gran herramienta, sea para bien o para mal. Todo lo que sea tan poderoso como la televisión necesita algunas regulaciones. Desde una perspectiva cristiana, necesitamos una “Guía de TV”.

El cristiano mira la TV considerando que Dios está mirándole (1 Pedro 1:17-19; 1 Corintios 6:19-20; Proverbios 4:26).

Debemos temer mirar películas para “adultos” y programas sugestivos ya que el Señor puede regresar cuando estamos a la mitad del programa y llevarnos al Juicio Final. Hay un ojo que siempre nos ve (Hebreos 4:13).

El cristiano mira la TV recordando que lo que tiene en su mano—el control remoto—es una de las cosas más peligrosas en su casa (Efesios 6:10-13).

Las pistolas, los cuchillos y el veneno pueden matar el cuerpo, ¡pero lo que viene de la TV puede arruinar el alma eterna de una persona! La TV involucra más que entretenerse inocentemente o pasar el tiempo. El diablo está organizando una batalla diaria para ganar nuestros corazones, mentes y almas (1 Pedro 5:8). El músico Frank Zappa argumentó a un subcomité del senado del estado de Maryland (cuando se le preguntó en cuanto a algunas de las letras de su música): “Estas son solamente palabras—las palabras no pueden dañar a nadie”. ¡No me diga!

El cristiano mira la TV con su mente bien fundamentada.

Él ya tiene una mente resuelta—el pecado es pecado y el error es error (Salmos 119:97-105). Debemos leer la Biblia antes de mirar la TV, para que nuestras mentes ya estén “dispuestas” (Salmos 57:7). Ya debemos tener una posición en cuanto a los temas morales. La TV no es un maestro confiable cuando se trata de lo que es correcto o incorrecto. (Por esta razón se debe poner límites severos para los niños en cuanto al uso del televisor). Es más fácil conquistar a los enemigos que vienen a la luz del día que a aquellos que son encubiertos por la oscuridad de la noche. La persecución física sería difícil de soportar, pero al menos supiéramos que estamos bajo ataque. Satanás nos ataca a través de la televisión al socavar nuestro carácter, arruinar nuestros deleites inocentes y degradar nuestro concepto de la vida. Él lo hace tan sigilosamente que la mayoría no está consciente de lo que está pasando (2 Corintios 11:3).

El cristiano mira la TV recordando que el diablo usualmente escribe el guión (Gálatas 5:16,19-21).

Los profesores S. Robert Lichter y Stanley Rothman entrevistaron a 240 presentadores y locutores de medios de comunicación en los Estados Unidos, tales como The New York Times, The Wall Street Journal, Time Magazine, Newsweek, CBS, NBC, ABC y PBS. Ellos reportaron que:

  • Muy pocos van a la iglesia regularmente. Solamente el 8% va a la iglesia o sinagoga semanalmente, y el 85% asiste pocas veces o ninguna vez.
  • El 90% está de acuerdo que la mujer tiene el derecho de decidir por sí misma si quiere un aborto; el 79% está de acuerdo firmemente.
  • Aunque la mayoría de norteamericanos está de acuerdo que la homosexualidad es equivocada, Lichter y Rothman descubrieron que el 75% de la élite de los medios de comunicación cree que está bien. Solamente el 9% cree firmemente que la homosexualidad es una conducta equivocada.
  • La mayoría—el 53%—no considera que el adulterio es equivocado. Solamente el 15% cree firmemente que las relaciones extramaritales son inmorales (vea Lichter, et.al., 1990, especialmente pp. 22,29).

¿Cuál fue su conclusión? “Los miembros de la élite de los medios de comunicación destacan como partidarios firmes de la libertad o permisividad sexual”.

Entonces, ¿es una sorpresa que la gran mayoría de programas de mayor audiencia promueva uno o más comportamientos ofensivos que Pablo listó como acciones que evitan la entrada al cielo? ¿Es una sorpresa que las perspectivas de los reporteros de noticias tiendan a favorecer a los homosexuales y abortistas? Cuando miramos la televisión, debemos detenernos a pensar en quiénes están enseñándonos y a nuestros hijos (Proverbios 2:11; Salmos 32:8).

El cristiano mira la TV con su mano al pecho.

Él no disfruta cuando un comediante ataca, hace burla o socava sus valores. Un joven dijo: “Siempre me sorprende saber el número de estudiantes que han venido de ‘buenos hogares’ e incluso han asistido a escuelas cristianas y que han mirado uno o más episodios de películas de porno-liviano—usualmente el 60% de aquellos a los cuales he encuestado”. Es inconsistente disfrutar de las mismas cosas que producen ira a Dios. Pablo escribió: “…quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Romanos 1:32; cf. Colosenses 3:1-6).

El cristiano mira la TV considerando que tiene un botón de “apagado” que necesita usarse.

Él prefiere no ver el final de un programa interesante en vez de tener que mirar alguna parte sucia que el productor incluyó (Salmos 101:2-4; 19:14). Los padres tienen el derecho y la responsabilidad de decir a sus hijos (incluyendo a los adolescentes) lo que pueden o no pueden ver. Un padre se quejó: “Mi hijo está arruinado debido a la música metálica pesada y la exposición a los videos sexuales en MTV a una edad temprana. Usted no puede culparme por sus problemas. ¡Yo nunca estoy en casa!”. Esa es una gran parte del problema (cf. Tito 2:4-5).

El cristiano mira la TV con un ojo en su reloj.

Pablo escribió: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16). ¡La TV es el desperdicio de tiempo más grande en los Estados Unidos! ¡La persona promedio recuperaría 47 horas a la semana (6.7 horas al día) simplemente al apagar la televisión! Los adultos miran la televisión cinco veces más de lo que leen. En un año, el norteamericano promedio lee tres libros, 100 periódicos, 36 revistas, 3,000 noticias y formularios, y mira 2,463 horas de televisión.

  • Más de uno de 10 norteamericanos (13%) admite ser adicto a la televisión. (Por ejemplo, algunos estudiantes universitarios organizan su horario teniendo en cuenta la hora de sus novelas).
  • El 42% admite mirar demasiada televisión.
  • El 40% admite que mirar la televisión no es usar bien su tiempo.

Nosotros podemos decir que no somos el “promedio” y que no miramos mucha televisión. Digamos que este sea el caso y que miramos simplemente la mitad de tiempo que la persona regular mira. Esto todavía significa que podemos recuperar 23 horas a la semana al apagar el televisor.

La mayoría de nosotros no tiene que buscar en otra área de su vida para encontrar el tiempo que necesita. Si solamente redujéramos nuestro tiempo de mirar TV, tendríamos tiempo para ser mejores padres y esposos, leer la Biblia, orar y mostrar interés por otros, y todavía tendríamos tiempo restante. Algunas veces un cristiano dice que no tiene tiempo para leer su Biblia cada día, pero cuando se le pregunta, “¿Tiene tiempo para mirar la TV cada día?”, él mueve la cabeza y dice: “Bueno, sí”. No deberíamos ni siquiera prender el televisor sino hasta que hayamos terminado de leer nuestras Biblias y orar. Si dejáramos de ver TV solamente una noche a la semana y fuéramos a visitar a los enfermos y a las visitas recientes a nuestros servicios, podríamos acelerar el crecimiento de la iglesia, animar las vidas de otros y sentirnos mejor con nosotros mismos.

Se requiere autodisciplina para dejar el mal hábito de la TV, pero la administración cristiana también requiere una administración efectiva del tiempo que le damos a la TV (1 Corintios 4:2). Es fácil entrar a nuestras salas, sentarse en un sofá favorito y tomar el control remoto para ver la programación. Sin que nos demos cuenta, un programa ha conducido a otros, y nosotros hemos desperdiciado una noche completa. Desarrollar cualquier virtud requiere el domino del alma. Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). ¿Cómo podemos ser tan egoístas al consentir horas interminables mirando la TV cuando aquellos alrededor de nosotros se deslizan en oscuridad eterna?

Conserve esta “Guía de TV” a la mano. Esta puede ahorrarle mucho tiempo y ayudarle a servir mejor a Dios.

Referencia

S. Robert Lichter, et.al. (1990), La Élite de los Medios de Comunicación [The Media Elite] (Nueva York: Communication Arts Books).

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