¿Soltero y Triste?

¿Soltero y Triste?

Solamente tuve una cita en la secundaria; solamente una cita en los primeros cinco años de la universidad. Así que se puede entender por qué yo, a la edad de 23 años, pensaba que me quedaría soltero por el resto de mi vida. Celebré mi cumpleaños número 23 como lo había hecho los seis años previos: solo—o al menos con amigos, pero no con ninguna amiga. Eso fue en marzo; tres meses después conocí a Rachel, quien llegaría a ser mi esposa.

Aunque no he sido soltero por los 19 años pasados, recuerdo los sentimientos que se puede tener cuando se ve que otros han encontrado a alguien, pero uno no lo ha hecho: desilusión, soledad, rechazo. Cuando pedí a Rachel que saliera conmigo por primera vez, pensé: “Por favor, sé original; di ‘¡Sí!’”. Tal vez se puede llegar a sentir amargura o falta de fe. Se puede llegar a preguntar: “¿Por qué Dios no me puede dar alguien a quién amar?”.

Hay algunas ventajas para la gente soltera. Por una parte, la gente casada pasa menos tiempo con los amigos; tiene menos tiempo para leer o hacer otras actividades. Según los investigadores, el matrimonio generalmente incrementa la felicidad por algo de dos años, pero luego esa felicidad regresa al estado “normal”.

Los que somos casados debemos tener cuidado de percibir a las personas solteras como gente que se ha perdido de lo mejor de la vida. En realidad, lo mejor de la vida es Jesucristo y la relación con Él, y tal relación está disponible independientemente de que alguien sea casado o soltero. No supongamos automáticamente que los solteros son personas solitarias, tristes, privadas, inmaduras o pervertidas de alguna manera.

Por otra parte, la gente soltera tiene tiempo y oportunidades para estar más cerca de sus hermanos, primos, sobrinos y demás familiares. Tiende a estar más conectada con los amigos, y usualmente tiene amigos que ha escogido—en vez de tener amigos “impuestos” debido a la relación con su cónyuge. Por ejemplo, las mujeres solteras mayores pueden tener una docena de buenas amigas con las cuales han tenido mucho contacto durante años.

¿Pero qué hay de aquellas personas solteras que prefieren no ser solteras? Jesús tiene la respuesta. Como se ha sugerido, todos podemos encontrar satisfacción completa en Él. Las bendiciones espirituales son accesibles debido a nuestra relación con el Señor. Si una persona logra dejar de aferrarse a la meta constante de llegar al matrimonio, todavía puede desarrollar una vida rica y completa en Jesús. Esto todavía le puede permitir dejar la puerta abierta para una posibilidad futura, pero le ayudará a evitar esperar constantemente en la puerta hasta que alguien llegue.

¿Cómo se puede enfocar en lo bueno, lo posible y lo potencial si el matrimonio todavía no ha tocado a su puerta? En su libro, Los Mitos de la Felicidad, Sonja Lyubomirsky sugiere escribir un diario (algo de 10-20 minutos al día) en cuanto a sus esperanzas y sueños. Luego puede visualizarlos mientras se hacen realidad. Usted describe lo que necesita hacer para lograr tales esperanzas y sueños, y luego visualiza la manera en que se sentirá mientras se esfuerza por cumplirlos (Lyubomirsky, 2013).

La confianza es una de las respuestas más importantes y fundamentales del hombre ante Dios. Job ilustra muy bien este punto para nosotros: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15). Si el matrimonio no está en los planes de Dios para nosotros, todavía podemos confiar en que Él proveerá nuestra felicidad, crecimiento y éxito.

El cristianismo está adaptado para el hombre en el estado en que él esté.

Referencia

Lyubomirsky, Sonja (2013), Los Mitos de la Felicidad [The Myths of Happiness] (Nueva York: Penguin).

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