¿Quién o Cuál es Nuestra Autoridad Religiosa?

¿Quién o Cuál es Nuestra Autoridad Religiosa?

Vivimos en un mundo en el cual el concepto de la autoridad es muy común. Mientras crecemos, vivimos bajo la autoridad de nuestros padres. Mientras asistimos a un establecimiento de educación secular, recibimos educación bajo la autoridad de nuestros maestros. A la vez, nuestros maestros nos educan bajo la autoridad de un director. Cuando alcanzamos la mayoría de edad, no solamente gozamos de derechos civiles, sino de deberes civiles gobernados por la autoridad constitucional de nuestro estado o nación. De hecho, todas las personas en el mundo están sujetas a alguna clase de autoridad. La autoridad puede relacionarse a los deportes, el tránsito, la escritura, el trabajo, el comercio, etc.

Pero ¿qué acerca de la religión? ¿Existe alguna clase de autoridad religiosa? Y si existe, ¿quién o cuál es nuestra autoridad en religión?

Antes de abordar el tema de nuestra autoridad en religión, debemos definir la palabra “autoridad”. El Diccionario General de la Lengua Española define la palabra “autoridad” como el “derecho o poder de mandar, regir, gobernar o promulgar leyes” (1997). El Diccionario Oxford define la palabra “autoridad” como “el poder o derecho de dar órdenes e imponer obediencia” (Pearsall, 2002, p. 89). La Biblia también nos ayuda a entender el concepto de “autoridad” cuando registra las palabras de un centurión romano en Mateo 8:9. El centurión dijo a Jesús: “Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace”. Esto es autoridad en acción. El centurión no solamente tenía el derecho de mandar, sino también el derecho de hacer cumplir el mandato o imponer obediencia.

Conocer el concepto de la palabra “autoridad” es muy importante. Pero también es importante reconocer la necesidad de autoridad. Hace algo de 2,000 años atrás, cuando Jesús comenzó Su ministerio predicando y realizando muchas maravillas, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo judío se acercaron a Él, y le preguntaron: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?” (Mateo 21:23). Los líderes judíos reconocieron la necesidad de autoridad. Ellos entendieron que para cualquier enseñanza religiosa, debía existir evidencia de autoridad. Es decir, nadie tiene derecho de enseñar o promover una enseñanza religiosa sin la fuente de autoridad adecuada. En realidad, no solamente se debe esperar sino se debe exigir evidencia de autoridad para cualquier enseñanza religiosa que se presente.

Entonces, ¿quién o cuál es nuestra autoridad en religión? ¿Quién tiene la última palabra en asuntos religiosos? ¿Quién tiene el derecho de mandar, establecer leyes e imponer obediencia en asuntos religiosos? ¿A quién o a qué debemos obedecer?

LA AUTORIDAD DEL PADRE

Génesis capítulo uno presenta la Fuente y Origen de toda existencia material y espiritual. La frase “En el principio creó Dios…” señala la presencia de un Ser que no tiene comienzo, pero que sin embargo, es el comienzo de todo lo que existe. Este Ser infinitamente poderoso, al cual llamamos Dios, habló, y por la palabra de Su boca fueron creadas las cosas que vemos y las que no vemos. Éxodo 20:11 declara: “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día”. La Biblia no solamente indica que Dios creó las cosas, sino señala que Él creó todas las cosas. Ya que Él creó todas las cosas, entonces, todas las cosas le pertenecen y están sujetas a Su autoridad. Al hablar acerca de Dios, el salmista escribió: “Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca. Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor” (Salmos 95:4-6).

En una forma exclusiva, Dios es el Creador de todo el Universo y lo que hay en él. En una forma exclusiva, Dios es el Amo del Universo, y el Universo está bajo Su autoridad. Pero Dios no solamente es el Creador del Universo, Él también es el Creador de la religión.

Génesis 3 presenta dos escenas completamente opuestas. Por una parte, la caída del hombre (vs. 6); por otra parte, la redención del hombre (vs. 15). Por una parte, la entrada del pecado al mundo; por otra parte, la entrada de la salvación al mundo. Por una parte, el problema, i.e., el pecado; por otra parte, la solución, i.e., Cristo. Cuando el hombre decidió desobedecer el mandamiento divino y comer del fruto prohibido, Dios, en Su infinito amor y misericordia, le mostró un “rayo de esperanza”. En Génesis 3:15, Dios dijo al engañador: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

La solución al problema del hombre era, y es, la simiente de la mujer, i.e., Cristo (cf. Gálatas 3:16,19). Génesis 3:15 es la revelación del plan de redención de Dios. Este plan fue concebido en la mente de Dios antes de la fundación del mundo. Pedro escribió: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:18-20). Es interesante notar que Dios creó el sistema religioso para la salvación del mundo antes de la fundación del mundo. Es decir, Dios creó o concibió la religión antes de crear los cielos y la tierra y todas las cosas que vemos. Cuando Dios creó al hombre, infundió en el hombre una tendencia religiosa que es parte de la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27). Dios creó al hombre para Su gloria y alabanza (Isaías 43:7). Incluso cuando el hombre se desvía del patrón divino, todavía adora a algo—sea a una piedra, a un árbol o incluso a sí mismo. ¿Cuál es la razón? La razón es que Dios creó la religión, e infundió la religión en el corazón humano.

Por tanto, ya que Dios creó la religión, Él es la autoridad final en asuntos religiosos. De hecho, la palabra “autoridad” viene de la raíz “autor”. Y según el Diccionario General de la Lengua Española, “autor” es la “persona que es causa de alguna cosa” (1997). Es decir, alguien que crea o da existencia a algo. Ya que Dios creó la religión, Él es su autor, y por ende, tiene la autoría o autoridad total en asuntos religiosos.

LA AUTORIDAD DEL HIJO

La Biblia también enseña que el Hijo comparte la misma deidad con el Padre. En Juan 1:1,14, leemos: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Al hablar de los israelitas, el apóstol Pablo señaló: “De quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos” (Romanos 9:5). Y en Hebreos 1:8, el Padre dijo acerca del Hijo: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino”. No existe duda que el Hijo es parte del estado supremo de la Deidad. Ya que es Dios, comparte la autoridad absoluta en asuntos religiosos.

Cuando el Hijo estuvo en la Tierra en forma humana, enfatizó este hecho de muchas maneras y en muchas ocasiones. En Juan 14:24, dijo: “El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”. Las palabras de Jesús no solamente fueron autoritativas por su propia naturaleza, sino fueron autoritativas porque tuvieron su origen en la voluntad del Padre. En Juan 6:63, Jesús dijo: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. ¿Quién pudiera decir que las palabras suyas pueden dar vida al oyente? Repuesta: solo Aquel que tiene la autoridad absoluta de ser oído. En Juan 12:48, Jesús agregó: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero”. Las palabras de Jesús son autoritativas por la naturaleza del juicio—sea bajo la dispensación cristiana o el Juicio Final (cf. Mateo 25:31-46). Un día el Señor reunirá a todas las naciones, y un libro será abierto. Éste será el libro que contiene la autoridad religiosa final (las palabras de Jesús), y por esas palabras seremos juzgados.

Antes de ascender al cielo, Jesús reunió a Sus discípulos y les dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18, énfasis añadido). La palabra “potestad” viene del griego exousia, y se traduce comúnmente como “autoridad” en pasajes como Mateo 21:23, 2 Corintios 10:8 y Apocalipsis 12:10. Mateo 28:18 no solamente enseña que el Hijo tiene autoridad para mandar religiosamente, sino enseña que Él tiene toda autoridad.

Los escritores del Nuevo Testamento también enfatizaron el hecho que Jesús tiene toda autoridad. El escritor del libro de Hebreos escribió: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (1:1-2, énfasis añadido). Ya que Jesús es el verdadero Hijo de Dios, Él ha heredado todas las cosas de Su Padre. Una de ellas es la autoridad total para mandar, promulgar e imponer obediencia religiosa. Pablo expresó la misma idea en Efesios 1:19-23, cuando señaló: “[Y] cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. Cristo tiene el poder y la autoridad sobre todo dominio y principado. Él tiene la autoridad total sobre la iglesia ya que es la Cabeza de la iglesia. Por esta razón la iglesia debe someterse a la autoridad religiosa de Cristo.

El Padre también confirmó la autoridad religiosa absoluta del Hijo. Mateo nos informa que en el momento de la transfiguración, cuando Moisés y Elías se presentaron delante de Jesús, “una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (17:5). El Padre quiso que entendiéramos algo: que cuando se trata de asuntos religiosos, hay Alguien a Quien debemos oír—a Su Hijo. No es una sorpresa que la gente que escuchara a Jesús hace 2,000 años atrás se maravillara al oírle que “les enseñaba como quien tiene autoridad” (Mateo 7:28-29). ¿Por qué enseñaba Jesús como alguien quien tiene autoridad? La respuesta es muy simple: Él enseñaba como alguien quien tiene autoridad porque Él realmente tiene autoridad. Jesús tiene toda la autoridad en asuntos religiosos; a Él debemos oír.

LA AUTORIDAD DEL ESPÍRITU SANTO

En este punto del artículo tal vez se estará preguntando, “¿Y qué acerca del Espíritu Santo? ¿Comparte el Espíritu Santo esta autoridad religiosa? Después de todo, Él es Dios, ¿verdad?”. ¡Absolutamente! La Biblia claramente enseña que el Espíritu Santo posee las características y los atributos de Dios. Hebreos 9:14 enseña que Él es eterno. El Salmo 139:7 enseña que Él es omnipresente, i.e., está en todas partes. 1 Corintios 2:10-11 enseña que Él es omnisciente, i.e., conoce todas las cosas. Romanos 15:19 enseña que Él es omnipotente, i.e., tiene todo el poder. Él estuvo involucrado en la creación del Universo (Génesis 1:2). Por tanto, debido a Su naturaleza divina, forma parte de la autoridad religiosa que debemos obedecer.

En pasajes como Juan 14:16, 1 Corintios 12:4-6, 2 Corintios 13:14 y 1 Pedro 1:2, se habla del Espíritu Santo en relación directa con el Padre y el Hijo. Y en Mateo 28:19, Jesús igualó la autoridad del Padre y del Hijo con la del Espíritu Santo. Por tanto, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan en armonía y unidad para revelar una misma autoridad singular al hombre. Jesús dijo en Juan 14:24 que las palabras que Él hablaba eran las palabras del Padre. En Juan 16:13, Jesús dijo a Sus discípulos que cuando el Espíritu Santo vendría, no hablaría por Su propia cuenta, sino hablaría todo lo que oyere de arriba. Usted puede notar cómo la Deidad trabaja en armonía. Puede notar cómo la Deidad ejerce Su autoridad religiosa en una manera singular. De hecho, si considera el plan religioso divino para la redención del hombre, podrá notar que este plan se logró por la colaboración unida del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—el Padre envió al Hijo (Juan 3:16); el Hijo se entregó voluntariamente por todos nosotros (Gálatas 1:3-4; 1 Timoteo 2:5-6; Tito 2:13-14); y el Espíritu Santo reveló el plan divino para las generaciones futuras (1 Pedro 1:12; cf. Juan 14:26; 15:26; 16:7-15).

LA AUTORIDAD DE LA BIBLIA

Debemos considerar una última pregunta. Hasta ahora sabemos que Dios es nuestra autoridad religiosa. También sabemos que Dios se manifiesta en tres Personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero, ¿cómo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo dan a conocer Su autoridad religiosa al hombre? ¿Lo hacen a través de sueños, a través de una voz audible o a través de nuestros sentimientos? Hebreos 1:1-2 dice: “Dios [el Padre], habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”. El Padre ha escogido hablarnos por medio de Su Hijo. Pero ¿dónde encontramos las palabras del Hijo? Usted estará de acuerdo que la Biblia atesora las palabras del Hijo. En la Biblia, y específicamente en el Nuevo Testamento, podemos encontrar la palabra y autoridad religiosa del Hijo. ¿Dónde se puede encontrar las palabras del Espíritu Santo? Pedro señaló: “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).

Durante Su ministerio terrenal, Jesús transmitió las palabras del Padre a Sus discípulos (Juan 17:7-8). Y al final de Su ministerio terrenal, Jesús prometió el Espíritu Santo a Sus apóstoles (Juan 14:16-17; 16:7). El Espíritu Santo facultó a los apóstoles para conocer toda la verdad y registrar la verdad (o autoridad de Cristo) en las Escrituras que llamamos el Nuevo Testamento (Juan 14:26; 15:26-27; 16:13). El Nuevo Testamento compone la autoridad religiosa que rige hoy para todos los cristianos (cf. Hebreos 8:13; 9:15-17).

La verdad es clara: Dios es nuestra autoridad religiosa, y Él ha plasmado Su autoridad en Su Palabra para que usted y yo la obedezcamos. Es mi oración que al buscar la verdad, usted abra las páginas del Nuevo Testamento para encontrar la voluntad de Dios, para encontrar la autoridad religiosa divina para su vida y adoración, y para someterse a esa autoridad divina.

Referencias

Diccionario General de la Lengua Española VOX (1997), (Biblograf/Microsoft Corporation).

Pearsall, Judy, ed. (2002), Diccionario Inglés Conciso de Oxford [Concise Oxford English Dictionary] (Nueva York: Oxford University Press), décima edición revisada.

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