¿Qué Significa “para Perdón de los Pecados” en Hechos 2:38?

¿Qué Significa “para Perdón de los Pecados” en Hechos 2:38?

Pregunta:

“He escuchado varias interpretaciones en cuanto a la frase ‘para perdón de los pecados’ en Hechos 2:38. ¿Qué realmente significa esta frase?”.

Respuesta:

La frase “para perdón de los pecados” es eternamente importante ya que el entendimiento de una persona en cuanto a esta frase no solamente afectará su creencia personal, sino también sus acciones relacionadas a su preparación para presentarse ante Dios en el Juicio. Los que descartan la esencialidad del bautismo en la salvación sostienen que en Hechos 2:38 la frase “para perdón de los pecados” significa “debido al perdón de los pecados”. Por ende, sugieren que Hechos 2:38 enseña que las personas deben bautizarse porque ya tienen el perdón de los pecados—en vez de bautizarse para recibir el perdón de los pecados. Se puede ver claramente que existe gran diferencia (de hecho una diferencia eterna) en estas dos proposiciones contrarias. Por tanto, importa lo que se entienda y practique en cuanto a Hechos 2:38.

Note Mateo 26:28: “[E]sto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados [eis afesin jamartioon]” (énfasis añadido). Esta misma frase en español y griego aparece en Hechos 2:38. Ahora, en la institución de la Cena del Señor en Mateo 26:28, nuestro Señor no estaba enseñando que iba a derramar Su sangre ya que la humanidad ya tenía el perdón de los pecados. Eso sería absurdo y anularía la necesidad del sacrificio de Jesús en la cruz. En cambio, nuestro Salvador iba a derramar Su sangre para que la gente pudiera tener el perdón de los pecados. En Mateo 26:28, “debido al perdón de los pecados” en vez de “para perdón de los pecados” no tiene sentido. De igual manera, “debido al perdón de los pecados” en vez de “para perdón de los pecados” es incorrecto en Hechos 2:38.

Se puede ver claramente el lugar del bautismo bíblico en el plan de salvación de Dios en muchos pasajes del Nuevo Testamento. La sencillez del enunciado de nuestro Señor en Marcos 16:16 es difícil de malinterpretar: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo”. Esta declaración es comparable a la ecuación matemática 1 + 2 = 3; creer (fe) + bautismo = salvación. Además, considere el momento en el cual el hombre que conocemos como el apóstol Pablo recibió el perdón de pecados: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hechos 22:16). Entonces, no es una sorpresa que el apóstol Pedro señalara el bautismo como el punto de la salvación. Al comparar la salvación de las ocho personas en el arca de Noé, Pedro dijo que “fueron salvadas por agua” (1 Pedro 3:20). Luego escribió: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva” (vs. 21).

Estas citas bíblicas armonizan con otras referencias al bautismo en el Nuevo Testamento. En vez de ser “fe solamente”, la fe verdadera en Jesús como el Cristo (Juan 8:24) nos guía al arrepentimiento (Lucas 13:3) y la confesión de Jesús como Dios (Mateo 10:32), antes de ser bautizados “para [con el fin de, no debido a] el perdón de los pecados”. La fe sola es una fe muerta (Santiago 2:14,17,26), y la única ocasión donde aparece el término “fe solamente” en la Biblia es Santiago 2:24, donde se lee: “no solamente por la fe” (énfasis añadido).

El significado claro de “para perdón de los pecados”, tanto en Mateo 26:28 y Hechos 2:38, es “con el fin de recibir el perdón de los pecados”. La relación del arrepentimiento con el bautismo en Hechos 2:38 es que ambos—el arrepentimiento y el bautismo—preceden al perdón de los pecados. 

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