Los Roles del Hombre y la Mujer: El Género en la Biblia

Los Roles del Hombre y la Mujer: El Género en la Biblia

En un poco más de medio siglo, la cultura americana ha experimentado restructuración masiva de valores y reorientación de estándares morales y espirituales. Una faceta de esta erosión variada ha sido el cambio dramático de los roles del género. La agenda feminista ha penetrado el ámbito social americano. De hecho, el arranque del movimiento feminista en la década turbulenta de 1960 provocó un ajuste significativo de normas sociales que dio como resultado la transformación de prácticamente toda esfera de la cultura americana—desde el hogar hasta la iglesia, el mundo de los negocios y mucho más. Ahora es común que las mujeres laboren en áreas que históricamente solo los hombres laboraban, como el ejército, la política, los deportes y una cantidad de servicios comunitarios, incluyendo el servicio de bomberos, la policía, la ambulancia, etc.

Debemos reconocer que se puede considerar como beneficios y positivos muchos cambios en cuanto al género. Sin embargo, el impacto general en la civilización americana ha sido negativo, y la erosión de la feminidad ha guiado a una cantidad de males que están dirigiendo a los Estados Unidos a la destrucción moral (e.g., el aborto y la homosexualidad). Simultáneamente con el esfuerzo de erradicar la diferencia de género ha llegado la degradación de la masculinidad y la restructuración de la unidad familiar (el fundamento de la humanidad—Génesis 1:27; 2:24). Ya que se ha degradado y alterado la función de la mujer, el resto de la sociedad también ha sufrido drásticamente. Después de todo, la mujer ejerce inevitablemente influencia profunda en la cultura y la sociedad—para bien o para mal. La feminidad virtuosa es la goma que une a la civilización. En las palabras del poema inmortal del famoso poeta norteamericano, William Ross Wallace, “la mano que mece la cuna gobierna el mundo” (“La Mano...”, 1865). Tristemente para los Estados Unidos, el feminismo ha volcado la cuna, arrojando al bebé al suelo del cuarto, ha golpeado al padre en el rostro, y ha salido de la casa frunciendo el ceño.

LA BIBLIA TODAVÍA TIENE LA PERSPECTIVA CORRECTA

En medio de esta polarización que plaga a la civilización norteamericana en general, y al cristianismo en particular, todavía existe una separación inmensa entre los que desean aceptar el protocolo bíblico y aquellos que desean modernizar, actualizar y adaptar la Escritura a una sociedad cambiante. El clamor de aquellos que promueven la agenda feminista es que en el pasado la iglesia ha negado los roles de liderazgo y adoración a las mujeres simplemente debido a la cultura y la hermenéutica errónea. Ellos dicen que somos el producto de una sociedad dominada por los hombres, y que por ende hemos malinterpretado el significado contextual de los pasajes bíblicos pertinentes.

El catalizador fundamental de esta agitación social, y la confusión resultante en cuanto al género, es el rechazo de la Biblia como la Palabra auténtica del Ser divino que creó el Universo y a los seres humanos. Incluso entre los que profesan lealtad al cristianismo, grandes números se han rendido ante la corrección política y han abandonado la descripción tradicional (bíblica) de los roles del género que el Creador definió. En su búsqueda de conservar relevancia en el mundo secular cambiante, ellos han absorbido el espíritu de esta época, siendo infectados por la filosofía humanística, y por ende han puesto en peligro las enseñanzas claras de la Escritura sobre el rol de la mujer (cf. “Iglesias Igualitarias…”,  2013; “Créalo…”, 2006; Pauls, 2013; “El Rol de…”, 2006; Stirman, 2010).

Mientras las actitudes se relajan y las convicciones bíblicas se debilitan, se ha comenzado a reinterpretar las Escrituras para permitir la expansión de los roles de las mujeres en la adoración. Si alguien que estudia el texto bíblico concluye que no se debe restringir a las mujeres en la adoración, entonces tal persona es aclamada como un “erudito iluminado”. Pero el que estudia la Biblia y concluye que Dios quiso que las mujeres se sometan al liderazgo del hombre en la adoración es considerado como culpable de prejuicio e influenciado indebidamente por la “tradición eclesiástica” o la “cultura antigua”.

En realidad, no es difícil descubrir la enseñanza bíblica sobre este tema. Los intentos modernos de redefinir el rol de la mujer no pueden sobrevivir al estudio de la Palabra, como tampoco a la evaluación de algo de 2,000 años de historia del cristianismo, en la cual, generalmente, se mostró un entendimiento casi global de los parámetros de la voluntad de Dios sobre el tema. Este fue el caso en los Estados Unidos del siglo XVIII cuando los hombres y mujeres abrazaban el enfoque cristiano, y creían que la “integridad de la familia era indispensable para la seguridad y felicidad pública” (West, 1997, p. 85).

PASAJES BÍBLICOS RELEVANTES

Es imposible realizar un estudio exhaustivo de los textos bíblicos en un solo artículo. Sin embargo, la Palabra de Dios es sencilla en cada tema bíblico significativo. [NOTA: Para algunos estudios útiles, vea Hicks y Morton, 1978; Piper y Grudem, 1991; Cottrell, 1992; Highers, 1991; Laws, 1994; Warren, 1975; Miller, 1994; Miller, 1996]. De hecho, los “eruditos” que recientemente han emergido con sus complejidades intelectuales y prejuicios importados han contribuido a la confusión en cuanto al tema (e.g., Osburn, 1993). Carroll Osburn resumió su estudio de 1 Timoteo 2 con las siguientes palabras: “Simplemente, cualquier mujer que tenga información suficiente y exacta puede enseñar esa información en un espíritu amable a quien sea en la situación que sea” (1994, p. 115). ¿Se debe permitir que tal actitud atrevida descarte la distinción histórica y bíblica entre los géneros? El lector debe considerar el siguiente resumen de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre el rol de la mujer en el liderazgo, la adoración y la iglesia.

1 Corintios

Los capítulos 11 y 14 de 1 Corintios abordan los desórdenes en la adoración. El texto completo de los capítulos 11:2-14:40 tiene que ver con la reunión de adoración, i.e., “cuando os reunís” (cf. 11:17,18,20,33; 14:23,26). Pablo expresó el principio transcultural para el cristianismo a través de toda la historia en el capítulo 11:3—“Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”. “Cabeza” claramente hace referencia a la “autoridad”, no a la “fuente” (vea Grudem, 1985, pp. 38-59). Por tanto, Dios desea que las mujeres se sometan a los hombres. [NOTA: La igualdad del hombre y la mujer en Gálatas 3:28 se relaciona al estado de la salvación, no al rol]. Obviamente las mujeres corintias estaban quitándose sus velos y saliendo adelante para liderar con sus habilidades milagrosas que el Espíritu Santo les había impartido, i.e., la profecía (12:10; 14:31) y la oración (14:14-15). Tal actividad era una violación directa del principio de sumisión que Pablo expresó en el capítulo 14. En el capítulo 11, Pablo se enfocó en la decencia de la mujer con respecto a la remoción del símbolo cultural de sumisión.

Las mujeres estaban removiendo sus velos ya que ellas entendían que pararse y ejercer un don espiritual en la asamblea era un acto autoritativo de liderazgo. Ellas entendían que llevar un símbolo de sumisión ante la autoridad (el velo) mientras se involucraban en un acto de autoridad (dirigir en la adoración) era algo contradictorio. La insistencia de Pablo para que las mujeres conservaran sus velos durante el servicio de adoración era un mandamiento explícito a refrenarse de cualquier acto de dirección en la asamblea—unmandamiento declarado explícitamente en 1 Corintios 14:34. Las alusiones a la ley de la Creación (11:7-9; cf. 14:34) subrayan que Pablo consideró que la raíz de la restricción de la mujer estaba en el orden de creación, no en la cultura. Además, Pablo clarificó que tal restricción se aplicaba igualmente a todas las iglesias de Cristo (11:16).

Luego, en el mismo contexto (capítulo 14), Pablo abordó adicionalmente la confusión sobre los dones espirituales, y retomó el tema de la participación de las mujeres en el ejercicio de tales dones en la asamblea. Otra vez enfatizó la práctica universal de las iglesias de Cristo: “Como en todas las iglesias de los santos” (14:33). Gramaticalmente, “Como en todas las iglesias de los santos” está enlazado a “vuestras mujeres callen en las congregaciones” (vs. 34). Las mujeres que poseían dones milagrosos no debían ejercerlos en la adoración mixta de la iglesia. Hacerlo era vergonzoso—“es indecoroso” (14:35). Insistir en hacer esto era (1) presumir que ellos eran los autores de la Palabra de Dios, y (2) suponer que los estándares de Dios no se aplicaban a todos (14:36).

Se debe reconocer que los capítulos 11 y 14 de 1 Corintios abordan una situación única; después de todo, la iglesia ya no dispone de dones espirituales milagrosos (1 Corintios 13:8-11; vea Miller, 2003a), y los velos, en la sociedad occidental, no son un símbolo cultural de sumisión femenina (vea Miller, 2003b; cf. Moore, 1998). Sin embargo, ambos pasajes demuestran la aplicación clara del principio transcultural (la sumisión femenina en la adoración) a una circunstancia cultural específica. El principio fundamental de sumisión permanece intacto como un componente inherente del orden creado.

1 Timoteo 2: La Escritura Central

Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda. Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad. La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia (1 Timoteo 2:8-15).

El pasaje principal en el Nuevo Testamento que aborda el rol de la mujeres en la adoración es 1 Timoteo 2:8-15. El contexto general del libro es el comportamiento adecuado en la iglesia (1 Timoteo 3:15). El contexto inmediato del capítulo dos es la adoración, especialmente la oración (1 Timoteo 2:1,8). El contexto no limita la adoración al servicio de la iglesia, sino también incluye la vida general de la iglesia.

En este pasaje, Pablo afirmó que los varones adultos (andras) debían dirigir las oraciones en todo lugar que los hermanos se reunieran para adorar. “[L]evantando manos santas” es una figura de expresión (metonimia) en que se reemplaza a la oración por la postura de la oración. Las oraciones debían tener su fuente en vida santas. Por otra parte, se amonestó a las mujeres a enfocarse en el atuendo apropiado y en la actitud sumisa. Note el contraste en este pasaje: Los hombres necesitaban ser líderes espirituales santos en la adoración, mientras que las mujeres necesitaban ser modestas y sumisas. “Silencio” y “sujeción” en este pasaje se relacionan específicamente al ejercicio de la autoridad espiritual sobre los varones adultos en la iglesia. Pablo instruyó a las mujeres a no enseñar ni tener en cualquier otra manera autoridad sobre los hombres en la adoración.

¿Por qué? ¿Por qué un apóstol inspirado pusiera tales limitaciones para las mujeres cristianas? ¿Fue su interés influenciado por la cultura de su tiempo? ¿Estuvo Pablo simplemente adaptándose a un ambiente inculto y hostil, tratando de ganar tiempo y conservar el prejuicio al nivel mínimo hasta que pudiera enseñarles el Evangelio? Absolutamente no. El Espíritu Santo dio la razón para tales limitaciones, y esa razón trasciende a toda cultura y localidad. Pablo declaró que las mujeres no debían ejercer autoridad espiritual sobre los hombres ya que Adán fue creado antes que Eva. Aquí se presenta el punto principal de la voluntad de Dios en cuanto a la manera en que los hombres y las mujeres deben relacionarse. Pero ¿qué tiene que ver la interrelación cronológica del hombre y la mujer?

Fundado en la Creación, No la Cultura

Pablo estaba indicando que el diseño original de Dios para la raza humana implicaba la creación del hombre primero como una señal de su responsabilidad como líder espiritual del hogar. Él fue creado con el propósito de funcionar como cabeza o líder en el hogar y la iglesia. Ese es su propósito funcional. Por otra parte, la mujer fue diseñada y creada específicamente con el propósito de ser una ayuda sumisa—aunque no inferior. Dios pudo haber creado a la mujer primero, pero no lo hizo. Pudo haber creado al hombre y la mujer simultáneamente, pero no lo hizo. Sus acciones tuvieron la intención de expresar Su voluntad con respecto al género en cuanto a la interrelación del hombre y la mujer.

Esta característica de la Creación explica la razón por la cual Dios dio enseñanza espiritual a Adán antes de la creación de Eva, lo cual implica que Adán tenía la responsabilidad de enseñar a su esposa (Génesis 2:15-17). Esto explica la razón por la cual se declara dos veces que la mujer fue creada para ser “ayuda idónea para él” (Génesis 2:18,20, énfasis añadido). Esto explica la razón por la cual el texto en Génesis indica claramente que en un sentido único, la mujer fue creada para el hombre, no el hombre para la mujer. Esto explica la razón por la cual Dios trajo a la mujer “al hombre” (Génesis 2:22), otra vez, como si ella hubiera sido hecha “para él”. Adán confirmó este entendimiento al declarar ante Dios: “La mujer que me diste” (Génesis 3:12, énfasis añadido). Esto explica la razón por la cual Pablo argumentó en la carta a los corintios según la base de esta misma distinción: “[T]ampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón” (1 Corintios 11:9, énfasis añadido). Clarifica adicionalmente la autoridad implicada del hombre sobre la mujer en su acto de dar nombre a la mujer (Génesis 2:23; 3:20). Los judíos entendían este orden designado divinamente, lo cual se puede ver por la práctica de la primogenitura—en el caso del primer varón nacido. La creación divina del hombre antes de la mujer tuvo la intención específica de transmitir el arreglo de autoridad y sumisión de la raza humana (cf. 1 Corintios 11:8).

Observe que lo siguiente que Pablo hace es explicar adicionalmente el principio en 1 Timoteo 2:14 al señalar un ejemplo de lo que pasa cuando el hombre y la mujer alteran las intenciones originales de Dios. Cuando Eva tomó la iniciativa espiritual sobre su esposo, y Adán fracasó en liderar y ejercer la autoridad espiritual sobre su esposa, Satanás pudo causar estragos en el hogar y pudo introducir el pecado al mundo (Génesis 3). Cuando Pablo dijo que la mujer fue engañada, no estuvo sugiriendo que las mujeres son más ingenuas que los hombres. En cambio, cuando los hombres y las mujeres no se limitan a su función creada, sino actúan en violación a los roles divinamente establecidos, naturalmente llegan a ser vulnerables al pecado.

Se puede ver la evaluación divina sobre el tema cuando Dios confrontó a la pareja. Primero habló a la cabeza del hogar—el hombre (Génesis 3:9). Su declaración subsiguiente a Eva confirmó el hecho de que ella no debía ceder a la tendencia de asumir el liderazgo en temas espirituales. En cambio, debía someterse al liderazgo de su esposo (Génesis 3:16; cf. 4:4). Cuando Dios dijo al hombre, “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer” (Génesis 3:17), estuvo enfatizando el hecho que Adán había fracasado en ejercer el liderazgo espiritual, evitando el arreglo divino de la relación entre el hombre y la mujer.

Pablo concluyó sus instrucciones señalando la manera en que las mujeres pueden evitar caer en la misma trampa al asumir el liderazgo desautorizado: “Pero se salvará engendrando hijos” (1 Timoteo 2:15). “Engendrar hijos” es una figura de expresión conocida como sinécdoque, en la cual se usa la parte por el todo. Así que Pablo estuvo haciendo referencia a la totalidad de la responsabilidad femenina. Las mujeres pueden evitar asumir funciones ilícitas al concentrarse en las funciones que Dios les ha asignado—realizándolas con fe, amor y santidad en sobriedad (i.e., dominio propio).

Algunos argumentan que este texto se aplica a los esposos y esposas en vez de a las mujeres y hombres en general. Pero el contexto de 1 Timoteo no es el hogar, sino la iglesia (1 Timoteo 3:15). De la misma manera, el uso del plural con la ausencia del artículo en 2:9 y 2:11 sugiere que se está hablando de las mujeres en general. Nada en el texto guía a la conclusión de que Pablo estaba haciendo referencia solamente a los esposos. Además, ¿restringiría Pablo los roles de liderazgo a las esposas, pero los permitiría para las mujeres solteras?

DIACONISAS

Los partidarios de la expansión del rol de las mujeres en la iglesia apelan a la supuesta existencia de diaconisas en el Nuevo Testamento. Solamente dos pasajes dan indicio de tal oficio: Romanos 16:1-2 y 1 Timoteo 3:11. En Romanos 16:1, el término traducido “diaconisa” en la Versión Reina-Valera 1960 es la palabra griega diakonos, un término indeclinable que significa “alguien que sirve o ministra”. Este tiene un género común (i.e., puede hacer referencia a los hombres o las mujeres), y aparece en los siguientes versículos: Mateo 20:26; 22:13; 23:11; Marcos 9:35; 10:43; Juan 2:5,9; 12:26; Romanos 13:4; 15:8; 1 Corintios 3:5; 16:1; 2 Corintios 3:6; 6:4; 11:15,23; Gálatas 2:17; Efesios 3:7; 6:21; Filipenses 1:1; Colosenses 1:7,23,25; 4:7; 1 Tesalonicenses 3:2; 1 Timoteo 3:8,12; 4:6.

El Nuevo Testamento usa este término en dos sentidos. Primero, se usa como un término técnico para un oficio formal en la iglesia al cual alguien puede ser nombrado al cumplir ciertos requisitos. Segundo, puede usarse como un término que no es técnico para la actividad informal del servicio. Otras palabras en el Nuevo Testamento que tienen un significado técnico y no-técnico incluyen “apóstol”, “anciano” y “pastor”. Para ser consistente en el análisis del tema, el estudiante de la Biblia debe sacar tales conclusiones que la evidencia garantiza. En el caso de las diaconisas, se debe concluir que se está haciendo referencia al oficio del diaconado solamente cuando el contexto muestra claramente que este es el caso.

En Romanos 13:4, se dice que el gobierno civil es el diácono de Dios. En Romanos 15:8, se dice que Cristo es el diácono de los judíos. En 2 Corintios 3:6 y 6:4, se dice que Pablo es un diácono del Nuevo Pacto y un diácono de Dios. Se lista a Apolos y Pablo como diáconos en 1 Corintios 3:5. Obviamente, todos estos son usos no-técnicos del término que hacen referencia al servicio que se rinde.

Nada en el contexto de Romanos 16:1 garantiza la conclusión de que Pablo estaba describiendo a Febe como una diaconisa nombrada oficialmente. “Hermana” designa su membresía en la iglesia, y “diaconisa” (sierva) especifica el esfuerzo especial que realizaba para la iglesia en Cencrea donde era una cristiana muy activa y compasiva. “Diaconisa” no implica un nombramiento oficial, así como esta misma expresión en Colosenses 1:25 no implica más que simplemente el hecho que Pablo era un siervo de la iglesia.

Algunos han insistido en que el término en Romanos 16:2 traducido como “ayudado” implica el uso técnico. Es cierto que prostatis puede significar una ayuda en el sentido de la dirección autoritativa. Pero esta palabra conlleva la misma ambigüedad de diakonos en el hecho que tiene un sentido formal e informal. Ya que el mismo versículo dice que ella también había “ayudado” a Pablo, entonces se debe estar considerando el sentido informal. Ella no hubiera ejercido autoridad sobre Pablo. Incluso sus compañeros apóstoles no hacían eso ya que él ejercía gran autoridad directa del Señor (1 Corintios 14:37-38; Gálatas 1:6-12; 2 Tesalonicenses 3:14). Solamente Cristo ejercía autoridad sobre Pablo.

Romanos 16:2 realmente emplea un juego de palabras. Pablo dijo a los corintios que “ayudaran” (paristemi) a Febe ya que ella había “ayudado” (prostatis) a muchos, incluyendo a Pablo mismo. Aunque el sustantivo masculino prostates puede significar “líder”, el sustantivo femenino prostatis significa “protectora, patrocinadora, ayudante” (Arndt y Gingrich, 1957, p. 718). Pablo estaba diciendo que “ayudaran a Febe” como ella había ayudado a otros y a él mismo. Ella había sido una contribuidora compasiva, generosa y hospitalaria para la obra del Señor. Pablo estaba dándole gran tributo y expresando públicamente honor para ella. Pero él no estaba reconociéndola como alguien que tenía un oficio formal en la iglesia.

El segundo pasaje a los que algunos apelan para encontrar autorización para un oficio de diaconisas en la iglesia es 1 Timoteo 3:11. En medio de los requisitos de los diáconos, Pablo hizo referencia a las mujeres. ¿Cuáles mujeres? ¿Estuvo haciendo referencia a las mujeres de los diáconos de laiglesia, o a mujeres nombradas como diaconisas? Otra vez, el término griego original no brinda ayuda para responder esta pregunta ya que gunaikas (de gune) también tiene un sentido técnico y no-técnico. Puede hacer referencia a una “esposa” o simplemente a una “mujer”. Se usa en ambas formas en 1 Timoteo: “mujer” en 2:9-12,14, y “esposa” en 3:2,12; 5:9.

Sin embargo, cinco observaciones contextuales proveen ayuda para averiguar el significado del pasaje. Primero, las mujeres no pueden ser “maridos de una sola mujer” (3:12). Segundo, en una discusión en cuanto a diáconos varones desde 3:8-13, sería inusual cambiar en el medio para hablar de diaconisas sin ninguna clarificación. Tercero, hacer referencia a las esposas de los hombres nombrados sería apropiado ya que la conducta familiar es un interés de calificación (3:2,4-5,12). Cuarto, “asimismo” (3:11) simplemente pudiera significar que las mujeres deben tener virtudes similares como los diáconos, sin implicar alguna participación de oficio (cf. 1 Timoteo 5:25; Tito 2:3). Quinto, la carencia del genitivo posesivo con gunaikas (“de los diáconos”) o “sus” no descarta a las esposas de los diáconos ya que tampoco se usa en otros casos cuando se está describiendo a los hombres/mujeres como esposas/esposos (Colosenses 3:18-19; Efesios 5:22-25; 1 Corintios 7:2-4,11,14,33; Mateo 18:25; Marcos 10:2).

No existe suficiente evidencia textual para garantizar la conclusión de que el Nuevo Testamento hace referencia a algún oficio de diaconado para mujeres. Fuera del Nuevo Testamento, Plinio, Gobernador de Bitinia, escribió una carta al emperador Trajano alrededor de 110 d.C. haciendo referencia en latín a dos ministrae (ministras). Este término tiene la misma ambigüedad de diakonos. Él pudo haber estado haciendo referencia a personas con algún oficio formal o pudo haber estado haciendo referencia a personas que sirven. De cualquier manera, una referencia casual de un incrédulo poco informado no es evidencia que se pueda confiar. Las fuentes históricas cristianas de este mismo periodo no hacen referencia a la existencia de mujeres nombradas a algún oficio formal aun cuando hablan de la organización de la iglesia (Lewis, 1988, p. 108).

No antes de finales del siglo tercero en la Didascalia siria encontramos referencia a diaconisas. El trabajo de estas mujeres consistía en ayudar en el bautismo de mujeres—yendo a los hogares de gente pagana donde las mujeres creyentes vivían, y en visitar a los enfermos (cuidándoles y bañándoles). No aparece un oficio completo de diaconisas en la iglesia sino hasta los siglos cuarto y quinto. Otra vez, sus responsabilidades consistían en estar a las puertas, ayudar en el bautismo de mujeres y realizar otros trabajos con mujeres (Lewis, pp. 108-109). Aquellos que hoy promocionan el oficio del diaconado en la iglesia para mujeres y la extensión de roles no se contentarían con este tipo de tareas para ellas.

Incluso si hubiera habido diaconisas en la iglesia del Nuevo Testamento, ellas no hubieran tenido ningún tipo de posición de liderazgo o autoridad sobre los hombres. Ellas no debían ser nombradas como pastores en la iglesia. Si Hechos 6:1-5 hace referencia al nombramiento de diáconos en la iglesia en Jerusalén (se usa la forma del verbo, Woods, 1986, p. 199), entonces este texto también indica que todas las personas escogidas fueron varones y que su trabajo específico era la distribución de ayuda física a las viudas.

Simplemente no hay evidencia. No se puede demostrar que existieron diaconisas en el Nuevo Testamento. Los que insisten en el establecimiento de tal oficio lo hacen sin tener ninguna autoridad bíblica de apoyo.

¿DIFERENTE O INFERIOR?

Se necesita decir algo más en cuanto al hecho que los hombres y las mujeres deben recordar que la enseñanza bíblica de los roles diferentes en el género de ninguna manera implica diferencia en honor, valor o capacidad.  Gálatas 3:28 (“no hay varón ni mujer”), 1 Timoteo 2:15 (“se salvará engendrando hijos”) y 1 Pedro 3:7 (“coherederas de la gracia de la vida”) muestran que los hombres y las mujeres son iguales en cuanto a su valor personal y el estado de la salvación. Frecuentemente las mujeres superan a los hombres en talento, intelecto y habilidad. Las mujeres no son inferiores a los hombres, como tampoco Cristo es inferior a Dios, los ciudadanos al presidente o los miembros de la iglesia a los ancianos. El rol de las mujeres en la iglesia no es un asunto de control, poder u opresión; este es un asunto de sumisión de parte de todos los seres humanos a la voluntad de Dios (Efesios 5:21). Es un asunto de voluntad de parte de las criaturas de Dios, sean hombres o mujeres, de someterse a la organización divina en cuanto al género. La diferencia bíblica es simplemente un asunto de función, tareas asignadas y área de responsabilidad. La pregunta para nosotros es: “¿Estamos dispuestos a ajustarnos a la organización de Dios?”.

CONCLUSIÓN

El rol de los géneros, como la mayoría de los valores de la civilización occidental, está en peligro. Los que rechazan las tergiversaciones bíblicas están siendo considerados como misóginos arraigados a la tradición, de mente cerrada y machistas—como si no pudieran aceptar la convicción honesta, imparcial y erudita de tal asunto, y como si se hubiera malentendido la Biblia por muchos años. Si la Biblia autorizara el rol de liderazgo en la iglesia para las mujeres, entonces ningún hombre debería sentir aversión al respecto. De hecho, muchas mujeres talentosas y piadosas poseen habilidades y talentos que les permitiría superar a muchos de los líderes varones de la iglesia de hoy.

Los que rechazan la inspiración de la Biblia no se interesarán en la enseñanza bíblica sobre los roles de los hombres y mujeres. No obstante, la Biblia continúa siendo inmutable y eterna en sus declaraciones de la voluntad de Dios sobre el tema. Por tales palabras seremos juzgados (Juan 12:48). Los que respetan la Biblia como la Palabra de Dios pueden notar que la enseñanza bíblica claramente descarta la noción del liderazgo de la mujer en la iglesia y el hogar. Todos debemos someternos humildemente ante el Dios del cielo.

Referencias

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