Lo que Jesús Me Dijo que Le Dijera

Lo que Jesús Me Dijo que Le Dijera

Justo antes de regresar al cielo, Jesús señaló con una mano herida por clavos a un mundo por el cual había muerto recientemente, y dijo a Sus discípulos: “Id”.

El mensaje que debían llevar era el Evangelio. “Evangelio” significa “buenas nuevas”, y hace referencia a compartir el hecho que, debido al sacrificio de Cristo en el Calvario, todos los hombres pueden ser salvos e ir al cielo.

El mandamiento de “ir” es para todas las generaciones. Los primeros cristianos llevaron el Evangelio a su mundo (Romanos 10:18; Colosenses 1:23); nosotros debemos llevarlo al nuestro. Esta tarea ahora es para mí, juntamente con otros. Por medio de esta comisión, Jesús nos dijo que le contáramos Su mensaje.

¿Me dará la oportunidad de hacerlo?

EL EVANGELIO TIENE TRES HECHOS QUE CREER (1 CORINTIOS 15:1-4).

Hecho 1: Cristo murió por el pecado del hombre.

Aunque el Evangelio es buenas noticias, tiene como mensaje central una tragedia: la muerte de Cristo en la cruz. Dios usó este evento terrible para pagar el precio del pecado del hombre (Isaías 53:11; Romanos 3:26).

La muerte de Jesús incluyó una serie de eventos:

  • Traición y arresto (Mateo 26:47-56).
  • Procesos judíos (26:57-75). Durante estos procesos, Jesús fue burlado, escupido y golpeado (26:67-68; Juan 18:22). Aunque fue hallado inocente, finalmente se Le culpó de blasfemia, lo cual conllevaba pena de muerte bajo la ley judía.
  • Procesos romanos ante Pilato y Herodes. Esta vez se Le condenó de rebelión (Mateo 27:1-25; Lucas 23:7-11).
  • Azotamiento (Mateo 27:26; Juan 19:1). Esto era golpes despiadados con un azote.
  • Abuso en manos de soldados romanos (Mateo 27:27-31). Ellos Le quitaron Sus ropas, Le vistieron de púrpura, pusieron una corona de espinas sobre Su cabeza, Le golpearon en la cabeza con varas, Le escupieron y Le dieron de bofetadas.
  • Procesión al lugar de ejecución, cargando Su cruz (Juan 19:17).
  • Crucifixión (Mateo 27:35-56). Se clavó Sus manos y pies en la cruz, y se Le suspendió en la cruz por seis horas—desde las 9:00 a.m. hasta las 3:00 p.m. (Marcos 15:25-37).

Hecho 2: Cristo fue sepultado.

Isaías predijo que el Señor estaría asociado con los ricos en la muerte y con los impíos en Su sepultura (Isaías 53:9).

Jesús fue crucificado entre dos ladrones; luego “un hombre rico de Arimatea, llamado José”, pidió permiso a Pilato para sepultar el cuerpo de Jesús (Mateo 27:57-58). Con la ayuda de Nicodemo, José “lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue” (Mateo 27:57-60; Juan 19:39).

Hecho 3: Cristo resucitó.

La proposición fundamental de toda la Biblia es Hechos 13:30: “Dios le levantó de los muertos”. Si esto no es cierto, entonces no existe Evangelio. Podemos deshacernos de la Biblia, ya que no contiene esperanza para la humanidad. Pero gracias a Dios, ¡esto es cierto!

¿Qué evidencia existe? Jesús lo prometió, y Él nunca mintió (Mateo 20:19; 27:63; 1 Pedro 2:21-22). Él conservó las cicatrices de Su crucifixión para verificarlo, lo cual nadie podía falsificar (Lucas 24:39; Juan 20:27). La Biblia, la fuente más confiable en el mundo, lo registra (Mateo 28:1-6; 2 Timoteo 3:16-17). Los ángeles lo atestiguaron, y ellos son superiores a cualquier ser humano que diga lo contrario (Lucas 24:1-6).

Hay más evidencia. Pero enfoquémonos en un hecho suficiente e indiscutible: “después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días” (Hechos 1:3). Al menos 515 testigos Le vieron en 12 ocasiones diferentes durante un periodo de 40 días:

  • Los apóstoles (Hechos 1).
  • María Magdalena (Juan 20:16-18).
  • Un grupo de mujeres (Lucas 24:22-24).
  • Dos discípulos en el camino a Emaús (Lucas 24:13-35).
  • Los discípulos, sin Tomás (Juan 20:19-20,24).
  • Los discípulos, con Tomás (Juan 20:26-28).
  • Siete discípulos en el Mar de Galilea (Juan 21:1-23).
  • Los once apóstoles (Mateo 28:16-17).
  • Más de 500 personas a la vez (1 Corintios 15:6).
  • Simón Pedro (Lucas 24:34).
  • Jacobo (1 Corintios 15:7).
  • Pablo (Hechos 9:3-6; 1 Corintios 15:8).
  • Juan en Patmos (Apocalipsis 1:1-20).

Como otros hechos, la resurrección de Cristo es un hecho probado por medio del testimonio creíble. Un autor ha señalado que, si quisiera probar que hizo un hoyo en uno en un juego de golf el día sábado, podría probar esto a amigos incrédulos al llamar a su compañero de juego para confirmar lo que él vio.[1] Pablo apeló a los testigos de la resurrección, y luego demostró que no era posible que tanta gente hubiera sido engañada (1 Corintios 15:5-7). Si 500 testigos no fueran suficientes para probar un hecho, entonces, ninguna cantidad de testigos sería suficiente. Mil o 10,000 no serían más convincentes.

EL EVANGELIO TIENE TRES MANDAMIENTOS QUE OBEDECER.

La Biblia habla en cuanto a obedecer al Evangelio (Romanos 10:16; 2 Tesalonicenses 1:8), lo cual implica que el Evangelio contiene mandamientos (no se puede obedecer a un hecho o promesa). ¿Cuáles son los mandamientos?

Se instruyó a la gente que creyera.

Al carcelero, un romano sin conocimiento de Jesús, se le dijo que creyera en Cristo (Hechos 16:30-31). Luego Pablo le enseñó “la palabra del Señor…y a todos los que estaban en su casa” (16:32), ya que la fe viene por el oír (Romanos 10:17; cf. Hechos 2:36-37). Esto dio como resultado el arrepentimiento (él lavó sus heridas) y el bautismo (la misma hora de la noche, 16:33). Luego se regocijó como un hombre salvo (16:34; Marcos 16:15-16; Hebreos 5:9).

Se dijo a los creyentes que se arrepintieran.

Pedro dijo a aquellos en el Pentecostés, quienes fueron convencidos de que Jesús era el Hijo de Dios, que se arrepintieran de sus pecados y se bautizaran para la remisión de los pecados (Hechos 2:37-38).

Se dijo a los creyentes arrepentidos que se bautizaran.

Debido a su confesión, Felipe bautizó al primer etíope convertido a Cristo (Hechos 8:37). Saulo de Tarso creyó y confesó a Cristo en el camino a Damasco (Hechos 9:6; cf. Romanos 10:9-10). Él estuvo triste por sus pecados (fue penitente), como se evidencia por su ayuno y oración. Por ende, se le dijo que se levantara y se bautizara para el lavamiento de sus pecados (Hechos 22:16; 1 Pedro 3:21).

Ya que Dios es imparcial (Hechos 10:34-35), requiere lo mismo de todos para la salvación. Si usted obedece al Evangelio simple, también será salvo.

EL EVANGELIO TIENE TRES PROMESAS QUE DISFRUTAR.

La primera promesa del Evangelio es la salvación (Marcos 16:16).

Se le conoce como “el evangelio de vuestra salvación” (Efesios 1:13). Pablo escribió: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16).

Siempre se recibe salvación de algo—alguien es salvo de un edificio en llamas o de las aguas peligrosas. Los grandes líderes de los Estados Unidos han salvado a la nación de grandes enemigos; por ejemplo, George Washington en el Valle Forge; Abraham Lincoln en la Guerra Civil; Eisenhower en el Día-D.

Jesús es el Salvador más grande ya que nos salva del villano más grande y nos rescata del peligro más grande. Satanás quiere engañarnos (Juan 8:44), estorbarnos (1 Tesalonicenses 2:18), atraparnos (2 Timoteo 2:26), oprimirnos (Hechos 10:38), condenarnos (1 Timoteo 3:6), devorarnos (1 Pedro 5:8) y destruirnos en el infierno (2 Tesalonicenses 1:9).

Jesús probó que es más poderoso que el diablo (Mateo 4:1-11). Le vence en nuestras vidas al darnos luz (Juan 8:32), ayudarnos (Hebreos 13:5), librarnos (Romanos 8:2), levantarnos (Lucas 1:52), justificarnos (Romanos 8:30), perdonarnos (Colosenses 2:13) y salvarnos en el cielo (Tito 3:5).

La segunda promesa del Evangelio es la paz (Romanos 10:15; cf. Efesios 6:15).

La paz es una de las necesidades más grandes de la humanidad. H.G. Wells describió a un personaje “que era tan inhumano como una guerra civil”.[2] Mucha gente es como guerras civiles vivientes que no gozan de paz.

La gente no tiene paz porque no tiene a Dios, la Fuente de la paz. Isaías registró: “No hay paz para los malos, dijo Jehová” (48:22). Los malos no solamente son aquellos que hacen cosas malas, sino también aquellos que no confiesan y siguen a Dios (Isaías 59:8).

La gente no tiene paz porque la busca en los lugares equivocados. El alcohol, las drogas, el sexo y la nicotina proveen diversión (y destrucción, Proverbios 13:15; 20:1), pero no paz duradera. El trabajo y la recreación nos mantienen ocupados, pero en los momentos de silencio la agitación interior surge. Pablo escribió: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Romanos 8:6).

La gente no tiene paz porque cree que requiere circunstancias pacíficas. El Evangelio promete paz en medio del conflicto (Mateo 5:1-12). Algunas veces el Evangelio incluso nos pone en conflicto con otros (2 Timoteo 3:12).

Sin embargo, la paz de Dios puede “gobernar” en nuestros corazones a pesar de las relaciones externas (Colosenses 3:15). Algunas de las condiciones climáticas más violentas suceden en el mar, pero cuando más profundo se baje, el agua es más tranquila. Los oceanógrafos reportan que el suelo profundo del océano es absolutamente tranquilo. El mundo es violento por todas partes, pero el hombre interior tiene paz que sobrepasa entendimiento (Filipenses 4:7).

La paz con Dios es solamente posible bajo términos de sometimiento incondicional. No podemos dar a Dios los domingos, pero conservar los otros días para nosotros. No podemos renunciar a la mayoría de pecados, pero conservar un pecado favorito. Debemos negarnos para seguirle (Lucas 9:23). Santiago dijo simplemente: “Someteos, pues, a Dios” (4:7).

La tercera promesa del Evangelio es la esperanza (Colosenses 1:23).

Pablo escribió: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres” (1 Corintios 13:13).

  • La fe mira a la cruz y encuentra a Cristo, el Salvador.
  • El amor mira hacia arriba y encuentra a Cristo, el Mediador y Amigo.
  • La esperanza mira hacia el futuro y anticipa el regreso de Cristo, el Rey triunfante.

De todas las grandes virtudes, la esperanza es una de las más distintivas del cristianismo (Tito 1:2; cf. Efesios 2:12).

Alguien puede preguntar: “Si llego al cristianismo, ¿qué hay para mí?”. La respuesta es: El Evangelio le rescatará de las consecuencias de su pecado pasado, le dará paz mental presente, y le llenará de esperanza para el futuro.

¿Está interesado?

[1] LaHaye, Tim (1996), Jesús: ¿Quién Es? [Jesus: Who Is He?] (Nueva York: Doubleday).

[2] Wells, H.G. (1910), La Historia de Mr. Polly [The History of Mr. Polly] (Londres: Thomas Nelson).

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