¿Leyes Alimentarias del Antiguo Testamento para Hoy?

¿Leyes Alimentarias del Antiguo Testamento para Hoy?

Pregunta:

“En el Antiguo Testamento, se lee varias prohibiciones en cuanto al consumo de ciertos alimentos. ¿Se aplican tales prohibiciones hoy?”.

Respuesta:

Dios tuvo el propósito que Israel fuera diferente a las demás naciones. Con este propósito, les dio los Diez Mandamientos y cientos de otras leyes. Muchas de esas leyes prohibían el consumo de ciertos alimentos.

Ciertos alimentos eran “inmundos” para Israel. Levítico 11 menciona varios, incluyendo la liebre, el cerdo, los peces sin aletas y escamas, y aves como el águila y el azor (11:6-15). Entre los alimentos “limpios” estaban la langosta, el langostín y el hagab (11:22). Dios explicó que para que ellos fueran santos, debían “hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se podían comer y los que no se podían comer” (Levítico 11:45-47).

Dos razones principales de las restricciones alimentarias de Dios fueron mantenerles separados de las naciones circundantes y proteger su salud. Levítico contiene numerosas leyes que lidian con temas de salud. Muchas fueron contrarias a las costumbres de Egipto, donde Moisés había crecido. Por ejemplo, ahora sabemos que el cerdo era muy peligroso para ellos porque porta enfermedades que solamente la ciencia moderna ha podido detectar y controlar.

Seguir esta dieta no sería equivocado o dañino hoy, pero tales leyes ya no rigen para los cristianos. Jesús nos libertó de la ley antigua, incluyendo las restricciones alimentarias (Colosenses 2:14). Pablo dijo: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo” (Colosenses 2:16-17).

Pedro tuvo una visión de un lienzo lleno de animales “impuros”, y una voz le dijo: “Levántate, Pedro, mata y come”. Pedro respondió: “Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás”. El Señor le dijo: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hechos 10:13-15). Por ende, Pedro entendió que el Evangelio incluía a los gentiles, y que los gentiles no tenían que guardar las leyes alimentarias de los judíos. Las únicas restricciones para los cristianos fueron que se abstengan “de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación” (Hechos 15:19). [Nota del Editor: Para una investigación sobre la prohibición al consumo de sangre, vea “El Consumo de Sangre y el Nuevo Testamento”].

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