La Actitud de Dios Ante el Dinero

La Actitud de Dios Ante el Dinero

¿Se puede decir que existe mucha confusión sobre este tema? Cuando alguien tiene mucho dinero, se considera “bendecido”. Por otra parte, a menudo otros consideran a los que tienen mucho dinero como “codiciosos”.  Algunos dicen, “El dinero es la fuente de todos los males”. Pero la realidad es que el dinero proporciona a los seres humanos el alimento, el vestido y la vivienda; así que, ¿cómo puede ser eso cierto? Durante la historia, algunos líderes religiosos incluso han declarado que para ser piadoso, el hombre debe vivir en un estado de pobreza (igualando la piedad con la pobreza). Desde luego, esos mismos líderes luego pasan el receptáculo de la ofrenda y piden a sus seguidores que les den todo ese “mal” para que les venga bien. ¡No hace falta decir que esas personas están equivocadas y probablemente están engañadas en extremo! Entonces, ¿cuál es la actitud de Dios ante el dinero? Si examinamos cuidadosamente lo que la Biblia enseña, podremos reducir la confusión y descubrir la manera en que debemos considerar el dinero.

Pensamiento #1

Dios quiere que la humanidad, el ápice de Su creación (Salmos 8:3-8), prospere. Él es el mismo que “nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6:17). Dios ha dado a cada uno habilidades y oportunidades por las cuales podemos prosperar (Deuteronomio 8:18). Nos ha dado herramientas e instrucciones por las cuales podemos vivir una vida abundante aquí y en el más allá (Juan 10:10). El Salmo 8 enseña que Dios ha puesto todas las cosas bajo nuestros pies, i.e., Dios ha provisto la satisfacción de nuestras necesidades personales. Ciertamente, existen principios que enseñan la relación entre sembrar y segar (2 Corintios 9:6), dar y recibir (Lucas 6:38) y repartir e incrementar (Proverbios 11:24). Pero el punto para hoy es simple: las bendiciones, sí, todas las buenas dádivas (incluyendo las bendiciones monetarias y materiales) vienen de Dios (Santiago 1:17). De hecho, se puede decir que Dios quiere que prosperemos.

Pensamiento #2

Dios quiere que sepamos que las bendiciones materiales no es “todo lo que hay en la vida” (cf. Proverbios 13:7). Todos debemos confrontar este hecho. Piense acerca de la persona que ha perdido su salud; ¿quisiera más dinero, o quisiera más salud? Considere a alguien que ha perdido a su hijo; ¿preferiría una cuenta más grande en el banco, o preferiría tener a su hijo otra vez? Pregunte al que ha perdido todo lo que tiene valor sentimental (fotos, cartas de su cónyuge o hijos, y varios recuerdos) si el cheque del seguro puede quitar el dolor. Mientras confrontaba la tentación de Satanás para convertir piedras en pan, Jesús citó una parte de Deuteronomio 8:3:

Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.

Parafraseando la idea, los seres humanos no debemos preocuparnos solamente por lo temporal—debemos preocuparnos más que por solamente la comida o cualquier otra cosa que se deteriora con el uso. Al mismo tiempo, no se debe reducir el valor de la bendición temporal. Imagine que hubiera sido parte del grupo israelita que vagó en el desierto sin nada que comer. Ciertamente hubiera reconocido el valor que el maná tenía en ese tiempo. El maná no fue nada más que una bendición temporal (su valor se desvanecía con el tiempo—Éxodo 16), pero vino de Dios y tuvo un propósito definido. De igual manera, el dinero es una bendición temporal divina que tiene valor cuando el que lo posee lo usa correctamente. Cuando perdemos la perspectiva adecuada en cuanto al dinero, las riquezas y la prosperidad, nos privamos de gozar el valor verdadero y la vida abundante que Dios quiere que tengamos. En este tiempo de deseo desenfrenado por dinero, debemos mirar y guardarnos “de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Recuerde a Salomón, quien probó todo lo que la vida tiene para ofrecer, pero se dio cuenta que el todo del hombre no era una parte de esos bienes materiales (vea el libro de Eclesiastés).

Pensamiento #3

Dios enfatiza una y otra vez que aunque Él quiere que la humanidad prospere y aunque todas las dádivas buenas vienen de Él, existen peligros marcados asociados con el dinero. Ya que la sociedad ha cambiado a través de los años, el dinero ha llegado a ser cada vez más un símbolo de estatus, poder, prestigio y seguridad. Dios quiere que estemos conscientes de tres peligros:

  1. El peligro del amor al dinero (1 Timoteo 6:9-10). Como se mencionó anteriormente, a menudo se malinterpreta este versículo. Sin embargo, es evidente que existe un peligro: el amor al dinero y el deseo de llegar a ser más rico. Si se permite que esta raíz de maldad crezca en el corazón del hombre, esto causará que los amantes del dinero caigan en muchas tentaciones y trampas, muchas codicias necias y dañinas, y terminen apartándose de la fe a causa de la codicia.
  2. El peligro de la avaricia, que es idolatría (Colosenses 3:5). Como en el caso del rico insensato de Lucas 12:16-21, existe un peligro para nosotros. Aparentemente, mientras el estado de este hombre crecía, también crecía su deseo insaciable de almacenar más y más—para sí mismo (vs. 21). Él era como el hombre que según Eclesiastés 5:10-16, ama el dinero pero el dinero no puede satisfacerle, ama la abundancia pero no puede tener “suficiente”. La avaricia destruye la relación del hombre con Dios (Éxodo 20:3), así como “las riquezas guardadas por sus dueños [acarrean] mal” (Eclesiastés 5:13).
  3. El peligro de confiar erróneamente en las riquezas. En Mateo 19 leemos la conversación de Jesús con alguien que hemos llegado a llamar “el joven rico”. Esta descripción realmente no es mala; no hay nada malo en ser rico. A pesar de la advertencia de Jesús a la multitud que “difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos” (Mateo 19:23), la razón se encuentra en un pasaje paralelo. Marcos 10:24 revela: “¡[C]uán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!”. Las riquezas pueden ser engañosas (Mateo 13:22), y realmente pueden causar que alguien ponga su confianza en su seguridad económica como un dios en vez de confiar en el Dios verdadero.

En resumen, mientras consideramos los pensamientos de Dios en cuanto al dinero, las riquezas y la prosperidad, y tratamos de hacer que Sus pensamientos sean los nuestros, recuerde que Dios quiere que prosperemos “así como prospera tu alma” (3 Juan 2). Él pone todas las cosas buenas en nuestras manos para que las usemos en beneficio nuestro, de nuestras familias y de los menos afortunados. Como Leroy Brownlow una vez escribió, “A menos que el pueblo de Dios consiga y ahorre dinero, nunca tendrá lo suficiente para dar para la causa divina a través del mundo”. Cuando usamos las bendiciones de Dios sabiamente, podemos—y debemos—disfrutarlas abundantemente, teniendo en cuenta la brevedad de la vida y asignando el valor adecuado a tales bendiciones. Mientras navegamos a través y alrededor de los peligros que el dinero puede presentar, y fielmente servimos como administradores de las bendiciones abundantes de Dios, podemos vivir una vida próspera y dar la gloria a Dios. Para el cristiano, ¡es posible tener éxito financiero!

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