Jesús No Quiere Ser Su Amuleto Político

Jesús No Quiere Ser Su Amuleto Político

Cuando se trata de temas sociales que la gente abriga con pasión, no es una sorpresa ver que generalmente se usa a “Jesús” como un amuleto para proponer la preferencia política. Note algunas formas en que se usa el nombre de Jesús en este sentido:

“Jesús fue refugiado”.

Aunque un ángel apareció a José, diciéndole que él y su familia debían huir a Egipto para salvar a su Hijo de Herodes (cf. Mateo 2:13-15), el enunciado “Jesús fue refugiado” no tiene relevancia en la política nacional de inmigración—así como el enunciado “Jesús comió pescado” no tiene relevancia contra la política del Departamento de Agricultura. “Jesús fue refugiado” simplemente es un enunciado neutral; es comparable a decir que “Jesús usó sandalias”. Este enunciado no tiene importancia política. Lo cierto es que Jesús no habló en cuanto a la política de borde de ninguna nación. Es irresponsable enfocarse en un aspecto de la vida de Jesús y desarrollar una opinión política sin considerar en absoluto lo que la Biblia enseña.

La huida temporal de José y María a Egipto fue el medio para llegar a un fin (Mateo 2:15); no fue lo más significativo que se hizo. Llegamos a ser culpables de secularizar y degradar el mensaje de Cristo cuando usamos a Jesús como un amuleto y declaramos que Él está en contra del derecho de una nación a investigar a los extranjeros que desean ingresar a su tierra.

[Nota del Editor: Dios ha permitido que las naciones establezcan leyes civiles para que los ciudadanos vivan en paz (cf. 1 Timoteo 2:2). Las leyes de inmigración tienen fundamentalmente este propósito y no son inherentemente malas. Cada nación tiene el derecho de establecer sus leyes y cuidar sus bordes (lo cual define el significado mismo de una nación) en armonía con la voluntad de Dios. Sin embargo, esto no quiere decir que no haya defectos en la implementación de una ley, o que el autor de este artículo apruebe tales defectos. Por ejemplo, Jesús y Sus apóstoles inspirados consideraron el pago de impuestos como un requerimiento legítimo (Mateo 22:15-22; Romanos 13:7)—aun cuando el gobierno romano frecuentemente hacía uso incorrecto de estos fondos. Dios condenará al gobierno por el uso e implementación incorrecta de una ley, pero esto no quiere decir que automáticamente esa ley sea mala, y ciertamente no libera a los cristianos de su obligación al gobierno civil (Romanos 13). Para más información sobre este tema, puede leer nuestro libro La Inmigración Ilegal y la Iglesia].

 “Jesús fue socialista”.

No, no lo fue. Es cierto que mandó a Sus seguidores a amar y tener compasión por otros (Juan 13:35; Santiago 2:16) y que los cristianos antiguos compartieron libremente sus bienes con sus hermanos necesitados (Hechos 4:34-35). Pero esto es completamente diferente a la redistribución de bienes que un gobierno impone. Jesús declaró muchas cosas que están en conflicto con la misma fundación del socialismo. En la Parábola de los Talentos (Mateo 25:14-30), Jesús no solamente señaló la importancia de usar nuestros bienes sabiamente, sino también implicó que la gente tiene el derecho de beneficiarse personalmente de sus inversiones. Él mandó en Su Nuevo Testamento: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3:10). Sus apóstoles reconocieron que la gente tenía la libertad de controlar el uso de sus bienes (Hechos 5:4).

“Jesús fue feminista”.

El ministerio de Jesús tuvo implicaciones revolucionarias en cuanto a la manera en que los hombres y las mujeres se trataban mutuamente. Todo lo que Jesús hizo y enseñó fue un ataque al orgullo que hace que los hombres y las mujeres se menosprecien entre ellos. Jesús condenó el orgullo en el liderazgo, y la opresión en la sumisión. Llamó “adulterio” a la lascivia y advirtió del fuego eterno a los culpables (Mateo 5:28-29). Condenó el divorcio por cualquier razón (Mateo 19:8-9). Habló de la responsabilidad en cada palabra (Mateo 12:36), y mandó que tratáramos a otros de la manera que queremos ser tratados (Mateo 7:12).

Enseñó a las mujeres, las mujeres Le acompañaron en Su ministerio, y ellas dieron testimonio de Su resurrección. Entonces, Él amaba a cada mujer. Trató a las mujeres con dignidad, ya que tanto ellas como los hombres son creadas a la imagen de Dios.

Pero Jesús no fue feminista—especialmente en el sentido moderno de la palabra. No defendió el feminismo en la igualdad de roles (en el hogar o en la iglesia), el aborto y la sexualidad. Jesús dijo que todos—incluyendo aquellos en el vientre desde el momento de la concepción—son hechos a la imagen de Dios (Génesis 1:26-27; 9:6). Mandó en Su Nuevo Testamento que las mujeres se sometan a sus esposos como Cristo Se somete al Padre (Efesios 5:22; 1 Corintios 11:3). Su Testamento enseña que las relaciones sexuales están reservadas para el lecho matrimonial (Hebreos 13:4). Su voluntad fue que los hombres cristianos lideraran a la iglesia (1 Timoteo 2:12), como también que todos se sometieran a las autoridades (Efesios 6:5; Hebreos 13:7,17).

JESÚS NO ES UN AMULETO

La gente no está de acuerdo en los temas como la inmigración, el seguro social o los derechos de las mujeres. Desde luego, no todas las opiniones son igualmente válidas; algunas posiciones son correctas, y otras son incorrectas. Pero si se saca a Jesús del reino espiritual y se Le trae injustificablemente al reino político, Él puede responder: “¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?” (Lucas 12:14).

Después que 5,000 hubieron oído la predicación de Jesús en cuanto a Su reino y hubieron sido alimentados por Él (Lucas 9:11-13), supieron que Él era un profeta especial (Juan 6:14). Pero Jesús tuvo que huir de ellos, ya que ellos quisieron pervertir Su misión espiritual al tratar de hacer un rey político (Juan 6:15).

Esto no quiere decir que a Jesús no Le importó los temas políticos que involucraban la Palabra de Dios, ya que Él predicó en cuanto a la sumisión al gobierno (Lucas 20:22et.seq.), y claramente juzgó la explotación (22:25et.seq.). Él y Sus apóstoles hablaron valientemente en cuanto a los temas que hoy están saturados de enfoques políticos: el aborto, la prostitución, la homosexualidad, el divorcio y las segundas nupcias, el alcohol y las drogas, la educación de los niños, el crimen, el racismo, etc. Pero la ley de Cristo nunca tuvo la intención de clasificar a Sus seguidores en un grupo político en la tierra o convertirles en un grupo político. Así como Jesús rechazó ser un rey político, la iglesia debe rechazar ser una entidad política. Sin embargo, cuando la política entra al campo de la revelación de Dios, siempre debemos escoger el lado de Dios (Gálatas 1:10).

Jesús no es un amuleto. No se someterá a nuestras ideologías políticas, sino nosotros debemos someternos a Su ley.

Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios (Romanos 14:11).
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