Guíame a un Alma Hoy

Guíame a un Alma Hoy

Benjamin Franklin dijo: “Si quiere que se le recuerde después de su muerte, escriba algo que valga la pena leer, o haga algo de lo cual valga la pena escribir”. ¿Está haciendo algo de lo cual vale la pena escribir? Marcus Aurelius dijo: “Se mide el valor real de un hombre por los objetivos que persigue”.

¿Qué objetivos está persiguiendo este día—un cheque de pago, una victoria, un placer, un elogio o una palmada de aprobación en la espalda? Tal vez todo eso y mucho más. ¿Pero no hay algo más emocionante, más importante, más significativo y más permanente?

¡Sí! ¡Podemos buscar a un alma hoy! Según la perspectiva de Jesús, una de las búsquedas más importantes en el mundo es un alma (Marcos 8:36).

La palabra “Evangelio” comienza con “ir” y termina con la vida eterna (cf. Juan 3:16). Para realizar el mandato de ir y guiar al cielo, se necesita una persona; ¿será esa persona usted?

  • Si lo es, será una de las estrellas de Dios. Daniel escribió: “Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (12:3).
  • Si lo es, será considerado sabio (Proverbios 11:30).
  • Si lo es, será como Jesús (Lucas 19:10), ya que a Jesús Le gustaba contar la bella historia. Estudie Su vida y siga Sus pasos mientras viajaba a través de Galilea, “enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino” (Mateo 4:23). Según Josefo, un historiador judío del primer siglo, en el tiempo que Jesús vivió en la Tierra, había alrededor de 240 villas en Galilea, así que alcanzar a cada villa no era una tarea fácil. Véale viajar por el mismo territorio por segunda vez (Lucas 8:1). Lea otra vez mientras hace un tercer viaje a través de toda Galilea (Mateo 9:35).
  • Si lo es, producirá gozo en la vida de alguien (Hechos 8:39).
  • Si lo es, dará inicio a una celebración en el cielo (Lucas 15:4-7).
  • Si lo es, acumulará un gran tesoro en el cielo para usted (Mateo 6:19-21). ¿Quién recibirá una bienvenida más calurosa en el cielo que aquel que ha enviado allá a otra persona antes que él?

¿Qué características se necesitan para tener éxito en aprovechar las oportunidades para enseñar a la gente?

Debemos ser vigilantes (Juan 4:35).

Jesús dijo: “[B]ienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen” (Mateo 13:16). El conocimiento de que hay un Dios en el cielo cuya providencia se desarrolla en la Tierra causa que la vida del cristiano sea muy interesante (Romanos 8:28; cf. Ester 4:14).

Dios conoce lo que sucede en el corazón de los seres humanos (Proverbios 15:11; Juan 2:25; Hebreos 4:13). “Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono; sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres” (Salmos 11:4). Él puede organizar en Su providencia una reunión entre los pecadores interesados en aprender la verdad y los cristianos interesados en enseñarla. Dios hizo que Onésimo y Pablo se encontraran (Filemón 15). Dios juntó a Felipe y el tesorero de Candace (Hechos 8:26,30).

“Expectativo” puede ser una mejor palabra que “vigilante”. Si oramos al comienzo del día para que Dios nos dé una oportunidad de enseñar el Evangelio a alguien, debemos esperar una respuesta a esa oración. Jesús dijo: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21:22). Pero si no abrimos nuestros ojos espirituales, podemos pasar por alto la respuesta a nuestra oración. Un proverbio inglés dice: “Algunos hombres atraviesan un bosque y no encuentran leña”. Igualmente, algunos cristianos pasan un día sin ver candidatos. Pueden permitir que la persona que Dios está dirigiendo para que le conozcan pase sin que ellos incluso le miren o le saluden. Un axioma de administración ilustra este punto:

Mirar es algo.
Ver lo que mira es otra cosa.
Entender lo que mira es una tercera cosa.
Aprender de lo que entiende es algo diferente.
Pero actuar según lo que aprende es lo que realmente importa.

Debemos ser flexibles.

La mayoría de nosotros tiene horarios ocupados—agendas, listas de quehaceres y citas. Muchas de nuestras oportunidades para enseñar a otros vendrán en tiempos inoportunos. Siempre que sea posible, debemos ser lo suficientemente flexibles para decir: “Esta es mi prioridad ahora. Tomaré tiempo para esta conversación, estudio y alma”. Un hombre dijo: “Tengo una nota en mi espejo que miro cada mañana cuando me levanto. Esta dice: ‘¿Qué tomará parte de tu tiempo hoy? ¿Dios? Me gustaría tener parte de tu tiempo. Gracias por amarme’”.

Felipe puso término a una reunión evangelística exitosa para ir a enseñar al hombre de Etiopía (Hechos 8:12,16-27). El samaritano en la parábola de Jesús retrasó su viaje para ayudar a un hombre necesitado (Lucas 10:33-35). Cuando el samaritano se detuvo a ayudar, ensució sus manos al curar las heridas del hombre. Puso al hombre en su animal, lo cual significa que él tuvo que caminar. Le llevó a un hospedaje, se quedó a cuidarle en la noche y dejó dinero para que cuidaran de él en los siguientes días. Él fue flexible; fue desinteresado (Mateo 16:23; Gálatas 2:20).

En contraste, considere al sacerdote y el levita. El hombre que había sido asaltado hubiera muerto a causa de la negligencia de ellos como por las heridas que los ladrones le causaron. Ellos no fueron flexibles. No quisieron involucrarse. Tal vez tuvieron buenas excusas.

  • “Si toco a un hombre muerto, seré inmundo y no podré dirigir la adoración”.
  • “Salí tarde, y estoy apurado”.
  • “Hay asuntos importantes de los cuales debo hacerme cargo inmediatamente”.
  • “Mi familia espera que regrese a casa pronto”.
  • “No hay nada que pueda hacer; probablemente él morirá de todos modos”.

Podemos llamar a estos personajes el “sacerdote pasajero”, el “levita observador” y el “samaritano compasivo”. ¿Cuál de ellos deseamos ser?

Debemos tener confianza.

Cuando lidiamos con oportunidades, no tenemos tiempo de comenzar a desarrollar nuestra valentía y comenzar a pensar exactamente lo que diremos. Usualmente es en ese momento o nunca. Evangelizar a los extraños no es para los que tienen corazones cobardes. Entonces, es algo bueno que el hombre justo esté “confiado como un león” (Proverbios 28:1). Pedro y Juan tuvieron confianza (Hechos 4:13). Los santos antiguos oraban para predicar la Palabra con denuedo (Hechos 4:29); Dios respondió sus oraciones (4:31). Pablo y Bernabé hablaron “con denuedo” y determinaron llevar el Evangelio a los gentiles (Hechos 13:46). Pablo no permitió que el trato vergonzoso le intimidara; permaneció confiado en medio del sufrimiento (1 Tesalonicenses 2:2; cf. Filipenses 1:20). Se regocijaba cuando los hermanos mostraban valentía (Filipenses 1:14). Los diáconos deben sentir confianza (1 Timoteo 3:13). En Cristo, todos “tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 3:12).

Parece que Pablo sintió temor cuando fue a evangelizar a la ciudad impía de Corinto, así que el Señor le habló en la noche por medio de una visión, diciendo: “No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hechos 18:9-10). Pablo continuó allí por 18 meses con gran éxito.

¿Qué nos puede ayudar a hablar con denuedo?

  1. Pasar tiempo con Jesús (Hechos 4:13), leyendo en cuanto a Él en las Escrituras y meditando en Él.
  2. Estudiar las enseñanzas bíblicas sobre el temor. Alguien observó que la frase “no temáis” (o frases similares) se encuentra 365 veces en la Escritura—una por cada día del año. Entre esas escrituras se encuentran las palabras de Jesús: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lucas 12:32). ¡Dios quiere que tengamos éxito en desarrollar Su reino!
  3. Recuerde la importancia de nuestro trabajo: “No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos” (2 Reyes 7:9). ¡Los cristianos tienen noticias demasiado buenas como para guardarlas! No debemos ser como el adolescente tímido que se sienta al otro lado del aula con miedo de preguntar a una joven para salir. Debemos dejar nuestro temor y simplemente hacerlo. Frederick Wilcox dijo: “El progreso siempre involucra el riesgo. No puede llegar a la meta si no decide correr”.
  4. Recuerde la promesa de Dios de estar con nosotros (Mateo 28:20). “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). James Hudson Taylor dijo: “Todos los gigantes de Dios han sido hombres débiles que hicieron grandes cosas por Dios, ya que consideraron que Dios estaba con ellos”.
  5. Ore (Hechos 4:29).

Debemos tener conocimiento.

El conocimiento es importante (1 Pedro 2:2; 2 Pedro 3:18). Cuando evangelizamos a un extraño, usualmente no tenemos una segunda oportunidad. No hay tiempo para ir a casa y buscar una escritura o nuestras notas del sermón del domingo. Debemos estar “siempre preparados para presentar defensa” (1 Pedro 3:15).

Esto requiere estudio cuidadoso de muchos temas, ya que no sabemos qué tema abrirá las puertas de la oportunidad. Esto puede ser el decline moral de nuestro país o algún tema político popular. Puede ser un problema familiar o matrimonial que la persona está enfrentando. Puede ser un tema doctrinal o solamente una pregunta bíblica sobre un hecho o personaje. Cuanto más conocimiento tengamos, estaremos mejor equipados para ser útiles y ganar la confianza de otros.

Debemos ser agradables.

Una sonrisa, una palabra buena (Proverbios 25:11) y una personalidad cálida son herramientas útiles en el evangelismo de extraños. “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo” (Proverbios 18:24), y de la misma manera un hombre que desea ganar almas.

Antes de salir de su cuarto esta mañana, ¿pensó en orar: “Guíame a un alma hoy”?

“A Diferencia de los Naturalistas, los Creacionistas Tienen Fe Ciega”

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“¡Los que Fuman Están Locos!”

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