¿Es la Enfermedad el Resultado del Pecado?

¿Es la Enfermedad el Resultado del Pecado?

Pregunta:

“¿Indica la enfermedad que una persona sufre que tal persona está pagando las consecuencias de algún pecado que ha cometido?”.

Respuesta:

Dios colocó a Adán y Eva en un ambiente perfecto en el Huerto del Edén. “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:15-17). Adán y Eva tenían un trabajo que hacer, un huerto que disfrutar y solamente una restricción. Ellos tenían todo lo necesario para una buena salud, pero cuando pecaron, la corrupción, incluyendo la enfermedad, entró al mundo.

Dios dijo a Eva, “Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos”, y al hombre dijo, “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra” (Génesis 3:16-19).

Adán y Eva, nuestros antepasados, tuvieron salud perfecta hasta su caída, pero desde entonces la humanidad ha estado sujeta a toda clase de enfermedad y dolencia. Cuando ellos perdieron su acceso al árbol de la vida que estaba en el Huerto, murieron espiritualmente, y sus cuerpos comenzaron a debilitarse. El pecado trajo al mundo todas estas consecuencias.

Sin embargo, esto no significa que todos los que hoy se enferman o experimentan un mal están pagando las consecuencias de sus pecados personales. Ciertamente algunos escogen estilos de vida que abren las puertas a enfermedades y males, pero existen muchas enfermedades que nos afligen independientemente de nuestros mejores esfuerzos por vivir saludablemente y fielmente delante de Dios.

“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9:1-2). Los discípulos expresaron un concepto erróneo común de ese tiempo: que todas las enfermedades, y especialmente una tan seria como la ceguera, eran el resultado del pecado. Pero Jesús respondió, “No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9:3). Después que Jesús le sanó, el hombre adoró a Jesús como Hijo de Dios (Juan 9:35-38).

Jesús, el Gran Médico, ha preparado un lugar para Sus siervos (Juan 14:1-5) donde no existirá la enfermedad. “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4). En el cielo no habrá necesidad de hospitales, ya que se restaurará todo lo que se perdió en la caída del hombre. Habiendo obedecido a Cristo, recibiremos el perdón de los pecados y viviremos eternamente en la presencia del Señor.

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