El Baile Nupcial

El Baile Nupcial

Pregunta:

“¿Sería correcto que un cristiano o cristiana bailara en su boda?”.

Respuesta:

Hay muchas cosas que serían correctas entre un esposo y su esposa en la privacidad de su hogar que no son apropiadas en público. El tipo de baile o comportamiento que el Nuevo Testamento prohíbe es el sensual (“inmundicia”, Gálatas 5:19), que despierta el deseo sexual (“lascivia”, Gálatas 5:19), que es comportamiento inmoral, usualmente relacionado con la bebida alcohólica (“orgías”, Gálatas 5:21).

Aunque Dios espera que el esposo y su esposa participen en la sensualidad, y ellos tienen derecho de despertar el deseo sexual mutuo (1 Corintios 7:2-5), esto no es algo que Dios les permita hacer públicamente. Tal comportamiento que fuera inmoral en público no lo es en privado entre un esposo y su esposa (Hebreos 13:4). La sensualidad entre esposos no debe ser un espectáculo público. Además, el baile que puede guiar predeciblemente a la sensualidad o al deseo sexual no es algo que los esposos deban compartir con otros. Incluso si un esposo y su esposa bailaran exclusivamente entre ellos en su boda, ¿qué tipo de aprobación estarían concediendo a todos los que están presentes? Sea en una boda, o en otras ocasiones en público cuando un esposo y su esposa bailan, ¿qué clase de ejemplo estuvieran dando? Generalmente también el alcohol está presente en los lugares donde se realiza bailes, incluyendo en algunas bodas. Lo cierto es que este no es el tipo de ambiente en que un hijo de Dios debería buscar la familiaridad íntima con su cónyuge.

Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras (1 Pedro 2:11-12).
Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan (1 Pedro 4:1-4).
La Historia “Infalible” del Papado

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